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sábado, mayo 03, 2008

The land of the free


Lo diré de una sola vez y sin tomar aire: siento simpatía por los Estados Unidos de América.

Es cierto, considero imperialista y miope (sin contradicción) a su política exterior.
Es verdad, su democracia cojea de ambas piernas y cada vez se parece menos a un gobierno de hombres y mujeres libres.
No lo niego, la economía que promueven es diametralmente opuesta a la que defiendo.
Por último, la perspicacia del "americano promedio" (y que existe, aunque no lo parezca), es deficiente, sus conocimientos generales más que mediocres y su percepción del mundo increíblemente solipsista.

Aún así me caen simpáticos estos brave boys que viven al norte del Río Grande.

Peligrosos, sin duda.

Amenazadores, pero conmovedoramente ingenuos las más de las veces.

Una nación violenta y pendenciera, que cree a pie juntillas que representa la culminación de la civilización mundial, idealista y, a su modo, solidaria. Aún cuando el resto del mundo (¿qué es eso?, diría un americano del norte) tengamos buenos motivos para asustarnos de su especial sentido del deber para con la Humanidad.

Es cierto, como apunta Castoriadis, que el liberalismo y la democracia no han marchado juntos más que por necesidad, pero este matrimonio de conveniencias no tuvo mejor ejemplo de armonía que en los primeros años de la existencia de esta república de origen inconformista.

Hace dos siglos, en el momento de su nacimiento, la Unión era la única república de este continente y una de las pocas en el mundo. Era, también, la nación políticamente más avanzada de su tiempo (aún faltaba poco más de una década para la Revolución Francesa) y un experimento, como diría ochenta años después Abraham Lincoln, basado enteramente en los principios de la Ilustración.


Esos principios, remozados, cuestionados, reformulados muchas veces, y también, es cierto, negados en pro de principios supuestamente trans racionales (que en la práctica terminan siendo irracionales) siguen siendo una buena guía para el mundo actual. Un recordatorio de que no es negando absolutamente el pasado que construiremos un mejor futuro.

  • El ser humano merece nuestra confianza.
    No porque sea bueno por naturaleza, sino porque en sí encierra todas las potencialidades para transformar el mundo. El estado americano se funda en esta confianza, en la creencia de que es el Humano quien protagoniza su propia Historia, no viene dada de lo Alto como don divino.
  • Esta confianza genera optimismo.
    Como dice el Coro de la Antígona de Sófocles, "nada hay más maravilloso que la Humanidad". Todo, pues, es posible a la industria humana. Principio peligroso, en cuanto relega a un lugar de pasividad al mundo natural, pero criterio fundamental para liberarse de la sujeción al tiempo cíclico de la Naturaleza, para hacer Historia, para crear Cultura.
Desde la doble perspectiva de la confianza y el optimismo aparece el elemento puramente político de los principios ilustrados de la Revolución Americana:
  • Toda comunidad humana tiene derecho a su autogobierno.
    Nadie debe estar sujeto a un otro externo, sino más bien a su propia voluntad autónoma expresada en leyes comúnmente consensuadas. Esto está expresado maravillosamente en la constitución del más yanqui de los estados yanquis, Connecticut, que dice: "todo poder político es inherente al pueblo, y todo gobierno libre debe estar basado en la autoridad del pueblo e instituido para su beneficio, por lo cual el pueblo tiene en todo momento el derecho innegable e inalienable de alterar su forma de gobierno del modo que le parezca más conveniente" ( All political power is inherent in the people, and all free governments are founded on their authority, and instituted for their benefit; and they have at all times an undeniable and indefeasible right to alter their form of government in such manner as they may think expedient. Constitution of Connecticut, 2000 First Article, 2nd section)

Estos ideales, que coexistieron con los del liberalismo, que se unieron de tal manera que para muchos no avisados resultan indistinguibles, son los propios de cualquier estado democrático (democracia es un modo de gobierno, liberalismo una teoría de las relaciones humanas, apunta Margolis) y resultan tan vigentes hoy como cuando los formularon los Padres Fundadores de 1780.

Estos ideales, pues, no colisionan con un ideario socialista; antes bien lo apuntalan en un sentido liberador. Es cierto que pueden ser leídos de una manera elitista y conservadora, o de un modo burgués y liberal, pero también son susceptibles de ser expresiones de aspiraciones populares (estaba por escribir proletarias) y democráticas. Más democráticas, de hecho, que sus interpretaciones conservadora y liberal.

Pues bien, los Estados Unidos llegaron a constituir la primera sociedad humana basada en esos tres principios (y algunos otros, claro está, en no siempre feliz convivencia), sociedad que alcanzó el éxito en los momentos posteriores a la Guerra Civil y que se vio envuelta en la lucha por su vigencia durante el siglo y medio largo que siguió.

Hoy, pese a los ataques de los fundamentalistas (que prefieren hablar de republic antes que democracy), a las embestidas de los teóricos del liberalismo (muy poco neos a decir verdad), a las presiones del complejo militar industrial (presente en cada aspecto de la sociedad americana) y al descrédito de los "profesionales de la política" estos principios siguen siendo lo mejor de la herencia norteamericana.

Son estos principios los que le dieron grandeza a la historia de los Estados Unidos, principios que están detrás de sus mentirosos discursos, principios que aún movilizan a sus ciudadanos...

Principios, en fin, que cuando (como todos los Imperios) U.S.A. caiga, constituirán, junto al rock and roll y al cine de entretenimiento, uno de los motivos por los cuales serán recordados.

Es por eso que siento simpatía por ellos, con la consciente paradoja de considerarlos enemigos, pues los veo desde una perspectiva histórica y se que algún día se dirá:

Roma nos dejó el Derecho,
los Estados Unidos, la primera forma moderna de gobierno libre.

Y aunque ambas fallaron muchas veces,
aunque al final traicionaron sus ideales,
no por eso éstos dejaron de ser igualmente gloriosos.

lunes, agosto 13, 2007

Historia del Imperio

Creo que es Carlos Fuentes quien le hace decir a Cortés, en imaginario diálogo con Moctezuma; "El imperio no ha hecho sino pasar de una mano a otra, de Alejandro hasta Carlos".

Supongo que, cum grano salis, tiene su cuota de razón.

Yo lo modificaría así: "El imperio no ha hecho sino variar de amo, desde César hasta Bush"

Sin remontarnos hasta los macedonios, mucho menos a los asirios, se puede perfectamente sostener que el Imperio Romano nunca cayó, que aún permanece y que su actual "manifestación" no es sino el Imperio (norte) Americano.

Cuando Teodosio, allá por el 395, divide el Imperio Romano entre sus hijos, a los efectos de un mejor gobierno, no pretende crear dos estados (aún cuando así resultase en la práctica) sino uno solo con jurisdicciones diferentes. De resultas de este hecho una de las partes del Imnperio, concretamente la Oriental, pervivirá durante más de un milenio y la otra, la del Oeste, bien que invadida por supuestos "aliados", conservará la nostalgia de la unidad imperial.

En 476 no cae Roma, sino que es depuesto el último emperador occidental y, formalmente, el Imperio vuelve a tener un solo soberano Zenón, residente en Constantinopla. Justiniano, con desastrosas consecuencias, intentará convertir esta realidad jurídica en fáctica pero fracasará por su estrechez de miras.

En el 800, un descendiente de estos reyezuelos germánicos, Carlos, llamado el Magno... es coronado como Emperador de Occidente. En efecto, el imperio que llamamos carolingio no es sino un nuevo avatar del romano, recurre a su tradición, recoge su ideología y se considera continuador de los Césares. Pese a la protesta de los Autocratores de Bizancio, ambas cabezas del doble Imperio continuarán coexistiendo con ocasionales alianzas o breves momentos de tensión.

El Medioevo y el Renacimiento heredan esta idea de que sólo puede haber un Imperio; el Romano, y que tanto Constantinopla, hasta su caída, como el soberano electo por los príncipes germánicos y coronado en Roma (sea cual fuere) son herederos de esa tradición.

El Imperio Oriental

El Imperio Occidental

Una sola Roma

Cuando cae la ciudad de Constantino muchos se apresuran a reclamar su prestigiosa sucesión. Lo hace el mismo Mahomet, su conquistador (pero no entusiasma a sus súbditos musulmanes), lo hacen los príncipes de Moscovia (la Tercera Roma) y lo hace, tácitamente, el Emperador germánico.

En el plano jurídico el Imperio cesa de existir recién el 6 de agosto de 1806, pues en esa fecha el último emperador romano; Francisco II, derrotado por Napoleón, renuncia al título y se conforma con ser Francisco I de Austria.


Un poco antes de la renuncia de Francisco; en 1804, el Gran Corso se propone recoger la herencia vacante. No se titula, por supuesto, Emperador de los Romanos, sino de los Franceses, pero se hace coronar por el Papa (bueno, se corona a sí mismo en presencia del atónito Pontífice) y representar con los emblemas de los Césares.

Este Imperio, hijo de una revolución que reivindicaba consientemente la herencia romana (república, cónsules, tribunos y demás), no logra permanecer y es desplazado por una coalición europea liderada por un nuevo imperio naciente; el británico.

Así es, "the largest empire that the world had ever known", como decían sus publicistas, fue el Británico. Un imperio basado en el comercio y el gobierno indirecto, al cual, ya en su época, comparaban con Roma, la ciudad de las siete colinas no dejó nunca de ser una referencia, con mucho de razón.

El Imperio Británico fue, en varios sentidos, el heredero y continuador de la tradición de los Césares; con cambios, por supuesto y en un mundo radicalmente diferente, tras el doble trauma de la Revolución Burguesa y la Revolución Industrial.

Rivales hubo, por supuesto; el Imperio Ruso de los Césares (Zares) concientemente embanderado en la tradición Romana Oriental, el Imperio Prusiano de Bismarck, cuyo soberano llevaba el título de César (Kaiser) y hasta esa broma escolar que fue el Segundo Imperio de Napoleón III, sin embargo sólo el Reino Unido de Gran Bretaña puede ostentar con orgullo el dominio universal en una época en que ser imperialista no era vergonzoso.

Las cosas cambian con el nuevo siglo. Las guerras erosionan el poder de los británicos y, después de 1945, culmina su dominio mundial. Una nueva entidad se prepara para tomar el relevo del poder:

Estados Unidos de América.

Las Trece Colonias, surgidas en el clima ideológico de la Ilustración, recurren de manera deliberada a la tradición romana como manera de legitimar su existencia. De hecho dos tradiciones son las que confluyen en la creación de la primera autoconciencia americana; la del origen sajón, que enfatiza las instituciones libres de los antiguos germanos, su "inconformismo" y su espíritu de empresa, y la del origen grecorromano que hace hincapié en la cultura clásica, la formación humanista y los conceptos de república, respeto por el derecho y ética elevada; ambas coinciden en exaltar el papel del individuo, en el rechazo a la tiranía y en la sobriedad de las costumbres.

A estos valores vuelven los ojos los llamados Padres Fundadores en 1776 y formarán el núcleo del pensamiento americano, de su ideología. Estados Unidos es, así, la tierra donde se realizan los ideales tanto de la libertad anglosajona (anterior al norman yoke) como de la República Romana (en los tiempos previos al imperio). El Capitolio, el Senado, las líneas clásicas de los edificios de la Avenida Pennsilvania, entre tantos ejemplos, son testimonios de este entronque conciente con la tradición de la Roma de Bruto, de Publícola y de Cincinato (Cincinnati, es el nombre de una de las más importantes ciudades de Ohio), América se considera legítima sucesora de Grecia y de Roma.

Sin embargo donde más se nota esta continuidad no es en las instituciones o en la arquitectura, sino en la política expansiva de la naciente república.

Así fueron creciendo desde 1800 hasta 1900 (click para animar)


Nuevas tradiciones como la del Destino Manifiesto y la de la Frontera se suman a los viejos mitos sajón y romano, operación en la que ambos se articulan de manera tal que justifican la expansión hacia el sur y el oeste como el cumplimiento de una ley universal (por esos mismos años el viejo Hegel acababa de decir que la civilización seguía el curso del sol)... América, que ya había usurpado el nombre de un continente, comenzaba a apoderarse del mundo.

Con grandes zancadas los pioneros y los capitalistas (norte) americanos dominan los territorios que habían sido franceses y españoles, presionan sobre posesiones aún británicas y terminan de arrebatar las tierras a sus primeros habitantes.

Una nueva ideología se forma en las mentes de los ciudadanos de esta sedicente democracia. Ella les dice que son el producto directo de una doble tradición de justicia y libertad, les augura un futuro venturoso y les garantiza que su modo de vivir es el paradigma al cual se dirige la humanidad.

La república deja paso al imperio en los días previos a la primera guerra mundial.

Como lo hiciera Atenas en los tiempos de Pericles, los Estados Unidos intentan combinar un sistema democrático en el interior con una política exterior inspirada en la dominación más cruda. Esto lleva, por supuesto, a una contradicción que no puede resolverse sino con el colapso de uno de los dos términos. La democracia americana, nunca demasiado abierta, adquiere entonces rasgos de caricatura; cuando los poderes económicos deciden presionar el ingreso de los Estados Unidos en la Gran Guerra el pasaje de un gobierno republicano a un estado imperial se consuma en la política interior. Desde entonces serán los lobbys, desde la Segunda Guerra el llamado "compejo militar industrial" el que dirija los destinos de los americanos, igual que en Roma, después de las Guerras Púnicas, habían sido los grandes mercaderes esclavistas junto al ejército quienes imponían los cónsules...

En lo externo la caida de Britannia, marcada por los acuerdos de Bretton Woods, 1944, señala el momento del ascenso al poder del nuevo imperio.


La era de la primera pax americana se caracteriza por la amenaza permanente del poder soviético; la Guerra Fría, y por un avance permanente de los Estados Unidos sobre la soberanía de los demás estados. Aún la caída del sistema de Bretton Woods en los setenta no origina la caída del imperio, sino a lo sumo una retirada táctica. La victoria, cultural e ideológica, sobre el mundo socialista y el establecimiento de una virtual hegemonía mundial desde los años 90 del siglo pasado abren un segundo período para el Imperio, el cual aún estamos viviendo.

Bases militares de los EE UU, guardianes del Imperio

Una interpretación del Imperio Americano, con las fechas de "sumisión" a sus dictados (click para ampliar)



Cronología del Imperio Romano

    1. 500 -200 a.C. : Roma se constituye como republica y se anexiona todos los territorios de Italia.
    2. 200 - 100 a C: Después de las Guerras Púnicas y Macedónicas Roma controla el Mediterráneo.
    3. 100 - 50 a C: Roma avanza en el frente occidental dominando los territorios de Hispania y Galia
    4. 100 a C - 70 d.C.: Apoyando pretendientes desplazados y gobiernos amigos Roma controla los estados surgidos del quiebre del Imperio de Alejandro.
    5. 1 - 110 dC: Roma dirige su atención hacia las regiones septentrionales logrando, pese a derrotas parciales como Teutoburgo, un importante control militar sobre Britania, Germania, Dacia y Pannonia.
    6. 100 - 150: Destruido el Imperio Parto, Roma controla los estados de la Alta Mesopotamia y Armenia, incluyue a los bárbaros en sus ejércitos y comienza a crear una comunidad cultural: la Romania, basada en las mismas formas culturales y políticas.

Cronología del Imperio Americano

  1. 1800-1898: Los Estados Unidos se constituyen como república y se anexionan todos los territorios al oeste de las Trece Colonias originales.
  2. 1899-1932: Después de la guerra contra España, 1898, se apoderan de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, extendiendo informalmente su control sobre América Central.
  3. 1945-1953: A continuación de la Segunda Guerra Mundial ocupan Europa Occidental y controlan los gobiernos de la región, así como el Japón.
  4. 1948-1976: Apoyando golpes militares y dictadores los Estados Unidos controlan las naciones surgidas del quiebre del Imperio Español y Lusitano en América del Sur.
  5. 1954-1975: Estados Unidos dirige su atención hacia la región de Asia y el Pacífico Sur logrando, pese a derrotas paciales como Vietnam, un importante control militar sobre esta zona.
  6. 1990-2006: Al día siguiente del colapso de la URSS los Estados Unidos controlan las elecciones, por el fraude de ser necesario, en Europa del Este y expanden la OTAN. En el Cercano y Medio Oriente, apoyando a su peón Israel, el Imperio busca apropiarse de las reservas energéticas e impedir el avance de potencias emergentes como China o, más remotamente, Europa. Hegemonía cultural de los Estados Unidos e intento de imponer su interpretación de la cultura occidental como la única posible.
¿El pasado se proyecta al futuro?
(hacé click aquí para ver una impresionante animación, "cortesía" del Partido Expansionista de los EEUU: http://www.expansionistparty.org/)