Buscar este blog

Mostrando las entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas

jueves, julio 07, 2011

Decíamos ayer...

Algunos principios que guían mi (modesto) análisis político.

No soy neutral, no soy objetivo, no soy "independiente", ni K, por si quedan dudas, pero vivo en la polis y, por lo tanto, hago política; todo lo menuda que se quiera, con cada acción. Padezco, también, la política de los otros que no son, todos, políticos (¿o los empresarios no hacen política? ¡y sin haber sido elegidos!).



Tomo distancia, intento analizar con precisión, me aparto de las "primeras impresiones" o de las falacias "ad hominem". 
Busco entablar un diálogo, por lo tanto me abro a todos los argumentos posibles. A todos. Argumentos, repito, no injurias o prejuicios.
Observador participante; me sitúo en el polo de los subordinados. Mi lugar es el de la clase trabajadora,  a la cual pertenezco. Clase trabajadora argentina, para más datos. 
Observador que intenta ser inteligente; si no lo soy, al menos aprovecho las mejores herramientas disponibles. Marx y Engels, sin duda, son mis "proveedores" favoritos, a más de siglo y medio, sus hallazgos e intuiciones siguen siendo geniales. No desprecio, empero, otros aportes; sean científicos o, simplemente, lúcidos. 
Mis ojos se han acostumbrado a mirar de una manera diferente, con un sesgo poco común; dialéctica se llama. Es un modo de captar la realidad que proporciona panoramas reveladores, permite comprender mucho mejor la Historia y la Sociedad  ¡y hasta la cotidianidad si me apuran!, pero para una persona acostumbrada al juicio expeditivo o o para quienes resuelven su vida a base de listas de pro y contra resulta desconcertante. Es tan evidente, a poco que se mire, que puede deslumbrar...



Cuando analizo, como pretendo hacer en este blog, considero que el avance y el retroceso,  la construcción y la destrucción, la liberación y la sujeción, son dos caras de una misma moneda. Da para mucho más, pero no ahora.












De todo lo dicho; mis principios de trabajo, digamos, surgen (a modo de corolarios) algunas proposiciones  que conforman una toma de posición personal:



  • La política es lucha de poderes, lucha de clases si se prefiere, pero una pelea callejera la representa mejor que una guerra tradicional. No hay grandes ejércitos, no existen “comandos centrales”, no se ve un campo de batalla, ni siquiera los bandos están marcados claramente. Y esto vale tanto para Argentina, como para Botswana, Alemania o los E.U.A. Los que mandan, tal vez, parezcan tener más clara la cosa; por lo menos hay que ver como se abroquelan para mantener su poder; pero esto no los salva de emprenderla, a menudo, a golpes de puño contra cualquiera …
  • Se combate, se debate puede ser una alternativa aceptable a veces, en  diversos escenarios. La cultura, los imaginarios y la comunicación son algunos de ellos… y no los menos importantes. Dígase lo mismo de las religiones.
  • El Estado está concebido como un instrumento de poder. Su lugar natural es al lado de los poderosos, de lo contrario amenazaría su propia existencia, pero su agenda no es idéntica a la de ellos. No es monolítico y está abierto a generar espacio de lucha (debate, si prefieren). Conocer cuales son sus límites, entender sus posibilidades y sus carencias, aprovecharlo sin hacerse ilusiones es la postura que regula mis relaciones con el “más frío de los monstruos fríos”. Anarquista en el fondo de mi corazón, no espero ver la desaparición del Leviatán creado junto con la Historia… no en mis días, al menos.


  • La Historia es barro. No hay olores agradables en ella, tampoco nada parecido a asepsia. Y la hacen minas y tipos, o sea gente capaz de tanta grandeza y tanta miseria como uno mismo, pero algunos de ellos con voluntad de poder, lo que los hace un poco más cínicos y bastante más estúpidos que el promedio.







  • El poder es un instrumento, como el Estado, pero no se circunscribe a él. LO ejercen muchos y de muchas maneras. Es maravilloso en cuanto permite hacer cosas que cambian nuestra vida. Es terrible en cuanto permite hacer cosas que cambian nuestra vida. Es, también, una droga dura, altamente adictiva, que no admite abstinencia y de la cual casi nadie se recupera. En pequeñas dosis, repartido, compartido, nos potencia. El problema es que nadie, por lo común, se conforma con pequeñas dosis…


  • La Economía es la expresión de las relaciones sociales, de la más básica, para ser precisos; la producción de todo aquello que necesitamos para continuar viviendo. Es el lugar donde estamos desnudos y a solas con nuestros deseos, donde el poder del amo se muestra sin velos y por eso, quizás resulta aterradora.


  • La Cultura, esa tintura compuesta de lenguas, historias, mitos, orgullos varios, narcisismos, religiones muertas y genialidades nos determina mucho más de lo que imaginamos. Es indeleble y no podemos salir de ella impunemente. Para ceñirme a la Argentina el “tinte cultural” explica, a veces, mucho más que la economía, Aunque, claro, ésta pesando a la hora, íntima, de tomar decisiones. Cultura y Economía, juntas, pueden aclarar algunos pequeños enigmas locales tales como el discurso cultural “de izquierda” de muchos argentinos y su fervor oculto por el capitalismo más duro, o el evidente desprecio de amplios sectores sociales por un peronismo que no sólo votan, sino que apoyan tácitamente.



De todo ello extraigo unas pocas conclusiones sobre las que abundaré en otra ocasión pero que resumo aquí de manera epigráfica.



No hay que hacerse ilusiones.

No hay que desilusionarse.

Hay que estar atentos. Ser sagaces. Sacar ventaja. Buscar aliados. Entender que la realidad no se acomoda a nuestros esquemas.

El futuro no está escrito en ningún lado, hay metas que uno quisiera alcanzar, pero la Historia está abierta, siempre, a lo inesperado.

Y a los comentarios…

domingo, marzo 14, 2010

El desapego como ejercicio político



Haz el siguiente ejercicio.

Despeja tu mente de todo cuanto sabes, o crees saber, sobre la historia reciente de la Argentina.
Olvida, en un gesto voluntario, preferencias y tradiciones familiares, discursos recibidos y aceptados y el hecho, fundamental, de ser argentina o argentino.
Encierra entre paréntesis todo aquello que te implica personalmente con este país sudamericano y camina, mira, oye, lee, siente las calles familiares como si fueses un turista.
Deja a salvo de la omisión tu inteligencia: esto es muy importante.
¿Lo hiciste?

Bien, ahora abre las páginas de un diario (cualquiera, recuerda que no tienes pre juicios sobre ellos) y lee. Lee con toda tu lucidez pero, atención, sin involucrarte; eres un extranjero que se interesa por conocer la realidad de ese país exótico llamado Argentina.

Con el mismo distanciamiento enciende la radio, o la televisión, navega por las páginas locales de Internet, asómate a la puerta.
Pasea, también por la ciudad, devenida ajena por un acto de tu voluntad.
Escucha a los taxistas (si es que existe, nuestro inconsciente colectivo radica en ellos), a la chica de la panadería, al kiosquero, a uno y otro (público y priovado) joven universitario, a los militantes y a los indiferentes, a este, a aquel, al de más allá...
Visita a tus parientes que, ignorando tu decisión, buscarán que seas cómplice de sus apreciaciones sobre lo mal o bien que van las cosas ahora que tal o cual está en el gobierno.


Cuando hayas terminado tu experiencia.
Cuando regreses a tu identidad real.
Cuando vuelvas a ser el argentino quejoso, solidario y ligeramente cínico, o la argentina avispada y un poco paranoica que eras, que somos.
Cuando, en fin, regreses de tu viaje mental, quizás puedas descubrir, con asombro, más de un par de cosas que no sabías sobre tu propio país.

Verás que no todo es tan tremendo como algunos lo pintan, ni tan maravilloso como otros quieren demostrar.
Verás que hay mucho de bueno y demasiado de malo en este suelo; como en todos los otros suelos del mundo.
Verás que se grita más de lo deseable, que se entablan batallas absurdas con una lógica propia de críos.
Que los malos, de aquí o de allá, también pueden tener buenas ideas.
Que los buenos, nuestros o ajenos, suelen equivocarse más de lo que nos gusta admitir.
Que...

No vale la pena seguir. Si hiciste la experiencia lo habrás descubierto por vos mismo y tus conclusiones, no necesariamente idénticas a las mías y tal vez opuestas, serán infinitamente más sensatas, más valiosas sobre todo, porque has logrado, mediante esta sencilla técnica de desapego, superar un mal endémico.
Pudiste, por un rato, salir de esa lógica facciosa que nos ahoga en la Argentina. Tal es, compatriota, el primer paso para que podamos ser una República.

viernes, febrero 05, 2010

No eran tan buenos los tiempos 3 y último





El socialismo (versión posmoderna) gobierna la provincia de Santa Fe desde el 11 de diciembre de 2007. Después de las promesas de la campaña nos encontramos con un importante déficit en materia económica y, lo que es más importante, social. La administración Binner está lejos de satisfacer las expectativas que despertó en un sector importante de la población. Rojo en las cuentas provinciales, incumplimiento de compromisos asumidos, imposibilidad de llevar adelante la Reforma Tributaria (ni hablar de la constitucional), crisis energética, crecimiento del delito... No es cuestión de buscar "culpas", entiendo muy bien lo que representa, estructuralmente, el Estado y por eso no espero demasiado de este o aquel partido; pero tampoco vale el cómodo expediente de decir el Estado es la junta de administración de la clase dominante... y quedarse tranquilo con la cita de Illich, pues si es ciertamente eso, también es mucho más y clasificar no nos exime del trabajo de entender. El propósito de este artículo es, apenas, comprender cómo una administración que llegó al poder con el 48% de los votos, con la intención de modificar el rumbo de la provincia pueda encontrarse en esta situación crítica y esperando fondos del gobierno nacional para evitar una masiva huelga de estatales...




El peronismo gobernó Santa Fe desde el retorno de la democracia, vale decir durante casi 25 años, un cuarto de siglo, una generación, demasiado tiempo.
Sus administraciones fueron desde pésimas hasta medianamente correctas; lo mejor que se puede decir de ellas es que mantuvieron "la cosa" funcionando, llevaron adelante algunas obras públicas, pagaron los sueldos, condonaron impuestos a los poderosos, intentaron una torpe política sanitaria, social y educativa, otorgaron contratos exorbitantes a los "amigos", siguieron fielmente las directivas del gobierno federal de turno y su lema, quizás calcado sin saber del de París, fue "Fluctuat nec mergitur", flota sin sumergirse. Si la provincia no se hundía, decían Vernet, Reviglio, Reutemann y Obeid, entonces todo estaba bien.

Durante la mayor parte de esos años la oposición consistía en dos partidos de escasa diferencia a la hora de actuar, o no hacerlo, uno de ellos de alcance nacional; el radicalismo, y el otro provincial; la democracia progresista ambos nombres notablemente equívocos (pero de eso hablaremos otro día). La coexistencia era pacífica y civilizada; los peronistas sabían que siempre iban a ser gobierno, controlando también el poder legislativo, y los otros que estaban destinados a contentarse con sus discursos.

De carambola, y casi como en una película de enredos, el Partido Socialista, minoritario, histórico pero desvaído, llegó a la Intendencia de Rosario. Los rosarinos se acordarán como fue pero ahora no hay tiempo para contarlo...

Como sea, los muchachos amarillos hicieron bien las cosas. Se aferraron a la oportunidad, pusieron énfasis en la Salud, en (un poco menos) la asistencia social, y la Cultura. Capitalizaron el orgullo local (el insportable ego rosarino) y buscaron una fructífera alianza con los medios de comunicación, la Universidad y los lobbies locales. El socialismo en Rosario fue fiel a su tradición y su proyecto: progresismo de pequeño burgués con educación universitaria algo así como el despotismo ilustrado mezclado con retórica académica.
La política quedó a un lado; hubo mucho de gestión y bastante de comunicación y mercadeo. No es que fueron desastrosos (para eso está el PJ), pero lo cierto es que sus mejores iniciativas, por ejemplo el Presupuesto Participativo, siempre quedaron a mitad de camino. No se atrevieron, los "mormones", nunca se animan...
El deterioro de la imagen peronista en la provincia, el crecimiento de Rosario (tema para otro artículo), las alianzas con la oposición, un discurso inteligente y algo de suerte allanaron el camino de Binner a la Casa Gris.

Si bien en las formas se trata de un frente (Frente Progresista Cívico y Social, ¿vaya nombre!) el PS, partido de cuadros, controla las principales áreas de gobierno. En Diputados cuenta con la mayoría, pero no ocurre lo mismo en la Cámara de Senadores donde diversas facciones peronistas retienen el poder.

Hasta aquí la descripción del escenario.




El socialismo, hay que saberlo, carece de ideología y no tiene un programa claro de gobierno, en lo cual se parece al PJ. Lo distingue del peronismo un respeto casi fetichista por los grados universitarios, el amor inextinguible por los proyectos y la disciplina interno des sus cuadros, nutrida por una mística difusa que subordina (y justifica) todas las acciones en función del Partido. No en vano el calificativo de “mormones” que se les endilga. Para un PS no hay nada mejor que otro PS, excepto un PS con título académico.

Es claro que estos cuadros no se sienten, salvo en un diluido sentido histórico, expresión de la clase trabajadora; más bien encarnan un tipo social bastante difundido. Son profesionales con cierto barniz intelectual, respetuoso de los derechos civiles, cultor de los valores democráticos y burgueses y genuinamente conmovido por las desigualdades sociales. Como no tienen ninguna teoría acerca de la sociedad o la economía, aceptan al capitalismo como aceptan al clima o la hidrografía; datos inmodificables de la realidad. En una palabra, son auténticos liberales en el sentido más pleno de la palabra.

Que, pese a ello, sean considerados de centro izquierda habla claramente de nuestras anomalías políticas.

No sabían, cuando “tomaron el poder”, que no cumplirían con sus promesas de campaña; se reunieron, porque les gusta juntarse y charlar durante horas (sin pagar horas extra, por supuesto) y elaboraron planes políticamente correctos y emplearon profusamente la jerga de los cientistas sociales y crearon cargos de coordinación y…

Escasos fueron los resultados. Organizar un barrio era algo que podían hacer, una ciudad les costaba un poco más pero se apañaban para salir airosos, ¿una provincia?, bueno, es algo más complicado.

Se perdieron en el día a día y, cuadros al fin, fueron incapaces de forjar alianzas políticas útiles o siquiera funcionales, subestimaron a sus adversarios y, sobre todo, no pudieron construir poder; apenas un 5 en táctica y un reprobado en estrategia.

La inercia del peronismo unido en la obstrucción y los vaivenes de la economía provincial (atada a la producción agrícola) hicieron el resto.

El déficit en las cuentas públicas es producto tanto del manejo errado de los fondos como de la incapacidad para desmontar los mecanismos económicos y políticos de sus predecesores.

Conciente de ello, el PJ les marca la cancha y juega en el terreno que más le gusta. Poco les importa que Binner los exponga ante una sociedad indiferente, lo que cuenta es que se corte la luz, falle la seguridad y haya protestas sociales. Ya se sabe, si el gobierno no gobierna, ellos vuelven.

Es que llegar al poder es fácil, lo difícil es mantenerse en él.

¿Entonces?




Entonces el camino es casi intransitable para la asepsia del PS.

En tanto confunda gobierno con gestión, en tanto deje de lado la política, digo la construcción de poder, no de alianzas electorales, en tanto desconozca la complejidad de esta provincia y, sobre todo, en tanto no se atreva a comprometerse para lograr una mayor justicia social los tiempos en Santa Fe irán de mal en peor.

Es una lástima que suceda pero, cuando llueva, deberán recordar que fueron ellos mismos quienes empeoraron los tiempos...





miércoles, febrero 03, 2010

No eran tan buenos los tiempos 2

(Nota: Como dije antes, este es un artículo sobre política local Por mi incapacidad de síntesis lo he dividido en 3 partes, de las cuales, esta es la segunda)



Desde finales de 2007 el Frente Progresista Cívico y Social, liderado por el Partido Socialista, rige la provincia de Santa Fe. Hermes Binner, ex intendente de Rosario, es el gobernador.
Su lema, durante la campaña electoral, fue “Buenos Tiempos”, pero la realidad, al comenzar su tercer año de gestión, indica otra cosa.

Un intento de análisis de esta situación debe comenzar, sin duda, por conocer el escenario en el cual se desarrolla.


La provincia de Santa Fe tiene diecinueve departamentos. Más interesantes que esta división administrativa son, sin embargo, las cuatro o cinco regiones que la componen, cuyos rasgos económicos, sociales y hasta culturales determinan intereses no siempre coincidentes.
Al sur y sobre el litoral del Paraná; Rosario y su región (que se extiende, dicho sea de paso, incluso un poco fuera de la provincia). Complejo agro industrial, es uno de los centros del poder económico provincial. Fuertemente autonomista es, además, el más desarrollado en materia de acción política. Epicentro de huelgas y reclamos, sede de lobbistas, usina de pensamiento tanto para los representantes del poder económico y social (derecha decíamos antes), como para los que quieren construir alternativas de contra poder (eso que se llamaba izquierda). Creyendo, no siempre con razón, ser el motor de la provincia.

Más al sur, y hacia adentro, la región con centro en Venado Tuerto. La pampa gringa. Lejana de la capital, cercana hasta cierto punto a Rosario, preocupada por sus propios intereses agrarios. Los sectores medios, los más dinámicos de la región, están estrechamente vinculados a la explotación agropecuaria, la vida cotidiana de las ciudades y pueblos gira en torno del “campo” pues de su prosperidad depende la de ellos mismos. Los chacareros constituyen un colectivo de por sí heterogéneo, no apto para reducción simplistas o descriptivas como la presente, pero al menos se puede decir que engloban desde el pequeño productor, apenas a salvo de las deudas, hasta el propietario de grandes extensiones, próspero (muy próspero en algunos casos) gracias a la soja, por producirla o por alquilar sus tierras para la siembra, pero no siempre protegido ante imprevisibles desplomes del mercado o esperables gabelas del Estado. Rubros productivos, cercanía a las terminales, acceso al crédito, calidad de los campos son factores que matizan estos gruesos trazos, y determinan opciones políticas.

El centro administrativo y decisorio está centrado en Santa Fe de la Vera Cruz, no en vano cito su nombre colonial, con su proverbial parsimonia (a menudo exageradas desde el sur), con su tradición burocrática del “así se hizo siempre” y con cierto orgullo desdeñoso ante el resto de la provincia.
También con sus gentes olvidadas, como los trabajadores de río, los migrantes venidos desde la pobreza interior, con los que resisten casi de forma refleja.


El norte, con Reconquista y Vera como referentes. Aquí sólo hay dos clases; los que tienen y pueden, los que no tienen ni pueden.



A la primera se la identifica por su tez blanca, sus apellidos de corte centro europeo y sus campos de algodón, antes, de soja, hoy. Funcionarios, burócratas y docentes pertenecen a ella que colonizó, con ayuda del Rémington, la Cruz y la Forestal, aquella región indómita hace exactamente un siglo. La segunda poco cuenta; son más bien morochos y revelan la tenacidad del ADN nativo, criollos se denominan, otros epítetos les son dados desde fuera; trabajan pero no pueden protestar, sólo escuchar y seguir a sus supuestos dirigentes, mientras esperan las dádivas de los que saben, los que tienen o los que pueden.

El resto de la provincia, habría que mencionar el centro oeste por ejemplo, participa un poco de las características de estas cuatro.


Hay explotación en Santa Fe, aunque no se diga en voz alta, hay feudalismo en muchas regiones, hay clientelismo y no siempre es de origen peronista, y no siempre es practicado por los partidos políticos.

lunes, febrero 01, 2010

No eran tan buenos los tiempos




(Nota: Regreso al espacio virtual con un texto sobre política que hace tiempo quería escribir. La síntesis, o la banalización vaya uno a saber, no es mi fuerte; por eso divido este artículo en 3 partes a publicar de forma sucesiva)

No son tan buenos los tiempos en la provincia de Santa Fe, pero tal vez sí sea bueno tratar de entender por qué.
El gobierno (la gestión como les gusta mentarla a ellos) socialista del Dr. Binner comienza su tercer, y penúltimo, año. Lo hace en un escenario poco favorable: crisis energética, agravada por las altas temperaturas, pero…, déficit fiscal, irresoluble según pretenden con los instrumentos fiscales vigentes, conflictos laborales con los empleados estatales, en especial los docentes, a punto de estallar.
A los que habría que sumarle la cerrazón de la oposición justicialista, felices cuando ven tambalear al rival pues entienden la política en clave de fútbol, los cortocircuitos al interior del propio Frente Progresista, donde a los demás partidos y pequeñas siglas les molesta no ser tenidos en cuenta por el hegemónico Partido Socialista, el cansancio y la desilusión de la población y, por último, más bien como marco general (pues Santa Fe, suele ser olvidado, es parte de esta República), la imprecisa situación nacional que podríamos llamar de “crisis contenida” (de la cual espero escribir otro día) que se caracteriza por el mantenimiento de las variables macroeconómicas, la erosión de los salarios, las pequeñas intrigas, la retórica va cía y la crispación efímera de uno u otro de los actores del “sistema” (1) .

[1] Elipsis cómoda para referirme al colectivo: “gobierno-oposición-empresarios-grupos de presión-medios-banca-operadores políticos”



Volviendo a Santa Fe hay, por cierto, análisis simplistas que no pueden ser obviados pero de escasa capacidad explicativa.
La izquierda minoritaria por vocación, la de los panfletos ilegibles, considera que el gobierno de Binner y los suyos es un falso socialismo; socios funcionales de los grupos de poder económico. Más de lo mismo como suelen decir, ufanándose de su ceguera, o su pereza, conceptual.
Los propios socialistas, devotos de la causa y de los proyectos, nos dicen que la oposición peronista no los deja gobernar (dificultan la gestión, aclaran), que el déficit es producto de veintitantos años de descontrol, que tienen en su haber muchas iniciativas importantes y que todo sería maravilloso si no fuese que, ¡ah mundo consumista!, hace falta dinero para pagarlo. En fin, que su gestión es impecable y sería perfecta sin peronistas a la vista y una buena cuenta en el banco, que es como decir; “seríamos grandiosos en Suecia”.
Los justicialistas, uno para todos y todos contra uno, no buscan más explicación que la queja feliz: son un desastre, dicen, y agregan por lo bajo, peores que nosotros. Minimizan cualquiera de los, escasos pero reales, logros del gobierno y exageran hasta la hipérbole todos y cada uno de los errores de Binner, que son bastantes, sin omitir los discursivos en los que incurre una y otra vez. Así entienden ser oposición y, con su lógica de barrabrava, esperan ansiosos la caída de los socialistas: ¡se van para la B!
Mentira, crisis económica, ineptitud; las tres explicaciones al uso para entender la realidad provincial en febrero de años diez. Creo que podemos avanzar un poco más para comprender mejor, análisis de coyuntura le decíamos en otra época, la política en Santa Fe.

Continuará

jueves, noviembre 12, 2009

Law abiding citizen


El tipo razona así: Hoy todo está mal. El mundo ya no es lo que era, antes (y se sonríe evocando su infancia) había orden y respeto y justicia y buenos programas en televisión, antes (y evoca una vez más) yo era feliz.

El tipo sigue pensando (sintiendo) y se dice: ¿Qué pasó en estos años? ¿Dónde está ese pibe que se veía dueño del futuro? El pelado, incipiente, y algo barrigón que me mira en el espejo ¿soy yo?

El tipo se enoja. Abre el diario, o la página web equivalente, y encuentra la cotidiana miseria de éste, un país con luces y con sombras, con héroes y traidores, con desconocidas hazañas y demasiado públicas vilezas. El mundo se ha tornado muy oscuro para el tipo. El diario, o la tele, o la versión digital, o la radio, o la vecina que comenta le dicen que es cierto, que todo está mal, que la infancia ha quedado definitivamente atrás y que nada bueno le espera en los, pocos o muchos, años que quedan por delante.

El tipo siente un gran cansancio. Está viejo, está vencido, está rodeado por la miseria cotidiana.

Nunca se sumó a un proyecto colectivo, era un tipo promedio, nunca creyó en demasiadas cosas desde que dejó de esperar a los Reyes Magos, nunca confió en los demás, nunca osó cuestionar de frente a los que tenían el poder (podían lastimarlo), muchas veces pagó por quebrar esas pequeñas normas que, ya se sabe, son sólo excusas para recaudar …

Mira a su alrededor. Algunos de sus sueños sí se han logrado. Esfuerzo, alguna que otra agachada, fines de semana tapados de laburo, la vista para otro lado cuando fuera necesario, paciencia, muchas horas en el yugo. No es un santo, tampoco el demonio (de hecho para ambas se necesita más grandeza de la que, reconoce, posee) sólo un tipo común.

A la sonrisa que brota cuando reconoce sus logros le sustituye un rictus de temor. ¿Qué fue ese ruido en el patio? La villa está cerca y ese negrito que pasa en bicicleta y lo mira…

El tipo retoma el hilo de sus sentimientos; tiene miedo, está cansado, el tiempo futuro se le escurre entre los dedos, el diario (radio, tele, vecina o lo que sea) murmura en sus oídos sortilegios de aprensión, de rencor, de resentimiento. Vienen por vos, dice, vienen por tus cosas, vienen por tu vida, vienen por todo eso que lograste…

Mira a su alrededor. No ve sueños sino ruinas. El Estado, ese impotente padre, ya no lo protege, la villa está cerca, su calvicie aumenta, viene tormenta y los años avanzan.

Todo esto ha pasado en unos pocos segundos.

El tipo se vuelve hacia el vecino lo mira y le dice: ¡qué país de mierda!

lunes, octubre 19, 2009

Escuela media 3 y último



El mismo día en que escribía la entrada anterior, el jueves pasado, tuve que dictar clases (es un decir) en una escuela media. Es un reemplazo semanal pero, después de haber pensado el tema, lo viví de una manera diferente.

La escuela en la cual reemplazo no es, seguramente, la más "difícil" de la ciudad, pero puede servir como ejemplo de la decadencia del Secundario.

La palabra que mejor la describe es anomia; chicos y chicas que deambulan por el salón o, al menor descuido, por los pasillos; celulares sonando con algo parecido a la música (pese a estar formalmente prohibidos), alumnas que se recuestan, insinuantes, sobre sus compañeros (o compañeras, en una mezcla adolescente de juego y lascivia), estudiantes que no quieren cumplir con la más mínima indicación, buscando ora el conflicto, ora la complicidad, normativas (fundadas o absurdas) que, igualmente, no se cumplen, docentes que hacen su mejor esfuerzo y logran o no transmitir, contadas veces construir, algún saber; una preceptora que es muy buena persona pero no conoce su rol, al igual que la Vice directora, ya cansada y francamente expulsiva... Y como ruido de fondo las indicaciones ministeriales que suenan lejanas, irreales, imposibles.

Tan imposibles como pueden sonar mis propias sugerencias. ¿Hablar del secundario? ¿Ahora?

Decía que uno de los elementos centrales de toda educación media que se quiera proyectar es el currículo; los contenidos que se desea enseñar. El otro es la normativa.

La adolescencia es el glorioso momento de la rebeldía, es un tiempo privilegiado para el poner en cuestión todo aquello que hemos aceptado como natural, para saltarse las normas o para infringir la Ley, sin embargo, ¿cómo transgredir cuando la transgresión está socialmente aceptada? ¿ante qué rebelarse si los que ofician de "guardianes" son también rebeldes? ¿cómo violar una norma que ya ha sido violada?
La represión es una gran creadora de cultura, dicen, ¿qué sucede cuando la represión es obliterada? ¿qué hacer si todo vale y nada está prohibido?

Si es cierto que
we don’t need no education… we don’t need no thought control…


entonces desaparece cualquier tipo de civilización, pues la condición humana está basada en la educación, la transmisión y construcción colectiva del conocimiento, y en el control, primero externo, luego interno, del flujo caótico de nuestros pensamientos. La norma es inseparable de la humanidad o, más bien, la Norma es inseparable de la Humanidad.



Esto no implica abogar por un orden represivo, ni suscribir ideologías negadoras de la la libertad, por el contrario; se trata de posibilitar una ética autónoma pero fundada en la racionalidad y en el desarrollo progresivo de la conciencia.Entenderlo todo no implica justificarlo todo y la Ley es fundamental para la existencia de cualquier comunidad de personas.

El mejor ejemplo que se me ocurre es el de las drogas, en especial las enteógenas. Toda cultura tiene incorporado el consumo de drogas, se hace en conexión con rituales específicos y en tiempos también determinados por la tradición, marcan momentos fuertes en la vida comunitaria e individual, son controladas y compartidas por un colectivo social y cultural, pierden de este modo el aspecto más nocivo y refuerzan sus propiedades, por así decir, culturales. No obstante, cuando la droga se vuelve objeto de consumo y es tomada fuera de todo ritual, simplemente como un pasatiempo, pierde todo sentido liberador y se convierte en un trampa, mortal, para la conciencia... y para el propio consumidor. Dígase lo mismo de los rituales religiosos, del fútbol a toda hora o de cualquier uso inmoderado y fuera de contexto.

Es lo que ocurre con la rebelión, nos hemos habituado a ella y con la rutina desaparece su función creadora para convertirse en un capricho sin limites. Sociedad descentrad y anómica, seguidora de un anarquismo liberal (tan lejano del anarquismo libertario como lo está Murray Newton Rothbard de Mijail Bakunin) es (somos) incapaz de construir, mucho menos de educar.

La Normativa es central en la Escuela Media . Normativa basada, sí, en una libre aceptación que implica acatarla y, eventualmente, cumplir lo que ella imponga. Normativa que es garantía de libertad (recuérdese que la democracia, históricamente, aparece cuando la Ley deja de ser la voluntad del gobernante, o del dios, y se plasma en un acuerdo de la comunidad) y de respeto mutuo. Normativa que contempla sanciones reales que llevan al desarrollo de la personalidad. Normativa, en fin, falible y susceptible de perfección, contra la cual es posible rebelarse...

Imagino una escuela donde existen leyes claras y aceptadas tanto por los docentes como por los padres y, también, por los estudiantes. Leyes racionales que implican el respeto por las diferencias, la no discriminación y también la obligatoriedad de cumplirlas.









jueves, septiembre 17, 2009

Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales, ¡sí, estoy de acuerdo!


El primer paso está dado... quedan muchos más por caminar.

La Ley de Medios Audiovisuales, impulsada por el gobierno en los tiempos de su agenda política, pero que fue precedida por un extenso debate; hoy ninguneado por los medios (empresas) masivos ha recibido la media sanción en Diputados.

¿Un triunfo?

Depende de como se lo mire.

Los puristas de izquierda, siempre nostálgicos de los viejos mitos, nos llaman la atención sobre las carencias del gobierno de Kirchner (Mr. and Mrs.) y se entretienen en decirnos que nada cambiará hasta que, con su guía, se lleve adelante la Revolución. Podemos dejarlos de lado, no se debe despertar a los sonámbulos, les hace mal...

Las empresas que han hecho de la comunicación su negocio nos advierten en tono apocalíptico de la dictadura que el gobierno de Kirchner (curioso como evocan en su discurso las más furibundas tradiciones del gorilismo de los años 50) impondrá sobre los ciudadanos que no podremos elegir entre Tinelli y CQC, que soportaremos las canciones que el poder político prefiere (me preocupa poco, comparto buena medida de los gustos musicales del gabinete K... y hasta tal vez tenga suerte y se prohíba a Arjona), que, desde el interior, veremos desaparecer glorias de la prensa libre como De 12 a 14 o La Capital (nota de color local pero comprensible con alguna sustitución de términos) y que, horresco referens, ya no se escuchará más el dulzón buen día del Dr. Novaresio... Cuando el zorro está acorralado siempre invoca la ley, que no dudó en violar mil veces.

La oposición, rejunte de reciclados, místicos y globos inflados con gas, se rasga las vestiduras... cosa fácil, pues ya las tienen preparadas para la ocasión, como se dice de los miembros del Sanhedrín.

El gobierno, feliz por su estrategia, celebra por anticipado. Otra vez han tomado una causa justa, un reclamo de los sectores más lúcidos de la sociedad, y la emplean en su provecho, que para algo son gobierno y tienen el poder del Estado detrás. Que para algo, también, son netamente peronistas.

Nosotros, que no somos ni K, ni anti K (más cerca de lo segundo que de lo primero porque muchas cosas no nos gustan de este gobierno) también estamos felices por la aprobación, por la mitad, de esta norma.

La ley que nos regía, pergeñada por la dictadura, era torpe y anacrónica. La bronca de Clarín, de Daniel Vila o de sus corifeos, es siempre un motivo de alegría. Que se les quite poder, que se promueva el uso comunitario de las frecuencias, que se abra el juego a más medios de comunicación es positivo y deseable, ninguna retórica puede ocultar esto, ninguna "reserva mental" que podamos tener hacia los que tienen el poder del Estado, ninguna conciencia clara de los intereses económicos y políticos que se esconden detrás de la política de los K, puede deformar el hecho de que la aprobación (parcial) de la ley de medios es un avance sustancial en la construcción de una sociedad democrática.

Esto lo han visto claramente los diputados, en funciones como Lozano o electos como Pino Solanas, que apoyaron críticamente la sanción. Coherentes con una postura democrática, consecuentes con la verdadera libertad de expresión y lo suficientemente perspicaces como para comprender como se deben dar las batallas por la contra hegemonía tuvieron en claro cuál era el eje del debate y sostuvieron, después de lograr la anulación de uno de los aspectos más controvertidos de la nueva ley (el "privilegio" de las telefónicas), el nuevo marco legal para las comunicaciones en Argentina.

La sociedad está en parte convencida por el discurso de los multimedios; ayer pude notarlo cuando una persona (muy inteligente pero con prejuicios gorilas) cuestionaba el voto favorable de una diputada socialista, sin advertir que repetía el discurso de la corporación mediática hábilmente disfrazado, y por otra parte se siente indiferente ante una cuestión que trasciende lo cotidiano. Sin embargo no son pocas las voces que intuyen una verdad que, de tan evidente, no se suele notar: la peor ley de la democracia es preferible a la mejor (y esta ciertamente no lo era) de la dictadura.

La ley está, entonces, casi aprobada; por una inteligente jugada (de esas que sólo los peronistas, nobleza obliga, saben hacer) Cristina estará de viaje cuando se trate el proyecto en Senadores y, por lo tanto, Cobos (globo de gas si los hay) no podrá recurrir a su consabido "no positivo"... se pierde ser tapa ¡pobre!

Ahora está claro que una ley no destruye el poder de estos grandes gigantes de los medios y que hace falta, urgente, que nos pongamos a pensar por nosotros mismos sin dejarnos llevar por los discursos del poder... político pero también, y sobre todo, económico.

Podés leer más en:
Radios Nacidas En Democracia
Bar de Moe
Agencia Nexo
Argentina.ar (Lanata sobre la ley... ¡y eso que no me gusta demasiado!)
Alejandro Apo

O podés quedarte con el discurso de... E pluribus unum

PD: Para otra ocasión hablaremos de la política posible... de la cual este debate es un ejemplo interesante.

jueves, julio 02, 2009

Gripe, elecciones y algo de reposo

Hoy me quedé en casa.

Prescripción médica y órdenes superiores. Pongo al día mi correo y mi lista de favoritos en You Tube. Alimento al gato ¿qué otra cosa se puede hacer con esa ronroneante bola de pelos?, descanso un buen rato, pienso, no demasiado y leo, más de lo debido.

Curiosamente en el día previo a mi cumpleaños número 45, que demuestra que tengo cinco décadas en mi espalda, no repaso mi vida, no uso esa máquina del tiempo que nos lleva a un inmodificable pasado. El presente y el futuro es lo que me preocupa, lo que me hace levantar cada mañana para dar lo mejor (que no siempre es gran cosa, pero a veces…) en esas dos escuelas donde la vida y la burocracia me han llevado.

La gripe A es un fenómeno notable.

No tanto por la cuestión puramente médica, sino por su funcionamiento en el imaginario colectivo.

Allí está el que vive lavándose las manos (alcohol en gel, artículo de primera necesidad, hasta enseñan como fabricarlo) y también otros tantos “ideal typen”; el indiferente, el audaz, el que cree que todo es una gran mentira, el que aprovecha para dejar en evidencia su agorafobia, el que se las sabe todas y el que agradece a la “peste” por su coartada para el miedo.

Y los medios, claro, y los que comentan en los foros virtuales de los medios, y los funcionarios de diversa laya, y los médicos que entienden del tema, y los médicos que se hacen los expertos.

Y el virus, por debajo de todo, oculto, silencioso, artero, saboteando ciclos lectivos, besos en la boca, mates compartidos, viajes de egresados y estrenos de cine. Hasta las elecciones, estas inútiles elecciones primarias, abiertas y obligatorias, también son víctimas del virus, pequeñito e inconsciente de su inmenso poder.

Estornudás y te miran mal. Tosés y buscan un barbijo. Amagás un saludo y te mandan, cortésmente, a quedarte en tu casa y no andar molestando a las buenas y sanas gentes.

Las buenas y sanas gentes que hace unos pocos días votaron senadores y diputados de la Nación. Las sanas y buenas gentes que apostaron a uno de los tres; el circunspecto, el carialegre y, en otra categoría pero equiparado, el soldadito fiel. Lejos quedó mi estimado Carlos del Frade, el único tipo que conozco capaz de hacer del periodismo poesía y parábola. Lejos quedó un tipo con coherencia, con un proyecto claro, preciso, realizable, con ganas de construir. Lejos, no estuvo en los medios, no existió.

Cada vez que hay elecciones me viene a la memoria un episodio de los Simpsons (algunos atolondrados todavía creen que son sólo “dibujitos”) Un par de extraterrestres se han apoderado de los cuerpos de los dos candidatos presidenciales y participan de un debate preelectoral donde ambos dicen lo mismo hasta que, por fin, declaran ante la gente que “tienen que votar por uno de los dos, porque el sistema es bipartidista”. Cuando un desubicado comenta que podrían “optar por un tercero”, se burlan: “adelante, echen su voto a la basura”. Es que, al fin y al cabo, no importa tanto por quien se vote, hay que hacerlo y legitimar el ejercicio del poder, buscar una alternativa es para ilusos; no la hay.

Por eso los muchachos del PCR llaman a no votar, curiosa propuesta casi anarquista, pidiendo que reservemos nuestras energías para la inminente revolución que comienza ¡cómo no! con la rebelión agraria como llaman, con libreto equivocado, al heterogéneo amontonamiento de la Mesa de Enlace (latifundistas de hecho y en potencia).

Por eso las chicas (bastante poco agraciadas) y los chicos (ya grandecitos) de todas las otras siglas de izquierda escriben esos panfletos ilegibles; en el fondo ya saben que sus porcentajes de votos no serían mayores si estuvieran en un concurso para elegir la “joven estrella pop”.

Por eso todos votamos sin entusiasmo.

Por eso los medios hacen esas coberturas especiales que nos mantienen pegados a la pantalla para ver si el menos malo le ganó al peor o si el más presentable se impuso sobre el que carga con una historia mucho más conocida…

Por eso los efímeros festejos y los vacíos discursos, llenos de lugares comunes.

Por eso esta política desganada y culposa.

No todo está perdido, digan lo que quieran algunas buenas amigas que me achacan inveterado optimismo, porque todo esto, porque la lentitud, la vacilación y tortuosidad de nuestra democracia, no son sino la visión que tenemos nosotros; prisioneros de lo episódico, de un fenómeno que tiene que ver con esa larga duración que mentaba Braudel. Avanza la cosa, avanza lenta y en espiral, pero lo hace. No es, nunca lo fue, asunto de los gobiernos o de las masas esclarecidas, no tiene que ver con discursos correctos o proclamas insurreccionales, es una revolución mucho más permanente y silenciosa, más agazapada y esquiva, difícil de captar en tonos épicos, escondida en las cotidianas trincheras de la acción concreta y del pensamiento.

Miro a Honduras, no sé que pasará, pero apunto unos datos que no solían aparecer en los guiones similares de antaño; soledad internacional de los conjurados, difusión masiva, los grandes medios forzados a condenar, a regañadientes, la violencia ejercida sobre el mandato popular, alternativas de resistencia subterránea que se difunden por redes impensables y poco permeables al control estatal… tal vez no sea mucho, tal vez no alcance, pero a mí, ¿qué querés que te diga? me llena de esperanza.

Imagino un futuro no tan distante en que convengamos que el voto, necesario, imprescindible, no basta si no se cuenta con el veto en manos del pueblo. Imagino un mañana, ¿lejano?, donde el poder está mucho más repartido y, sobre todo, va quedando afuera de la cabeza de las buenas gentes, espero vivir para ver un socialismo que no sea estatista, que tal vez ni se llame socialismo, pero que ponga en las manos de todos el control de la economía. Vamos hacia allí, lo veo cuando busco la perspectiva de la Historia, vamos hacia allí, lo sé cuando descubro que, de a poco, van saltando los resortes mentales del poder. Vamos, no porque esté escrito, sino porque confío en la especie humana.

Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, que si te enfermás una vez de gripe A no volvés a contraerla.

Dicen que uno crea inmunidad a fuerza de sufrir y que a fuerza de nombrar los miedos pierden su poder… los que hemos padecido el siglo veinte sufrimos demasiado, y aún hoy muchos sufren la injusticia de un sistema inhumano e irracional, pero eso nos está inmunizando.

Pronto dejaremos de creer en mesías y en las viejas consejas que hablaban de héroes y liberadores y entonces nos atreveremos a tomar las fábricas, a actuar en conjunto, a pensar lo impensado y a construir lo imposible.

Más tarde o más pronto nos quitaremos el barbijo individualista y rechazaremos el alcohol narcótico de los medios masivos, más pronto, o más tarde, no lo sé, pero lo espero, la pobreza, la injusticia, la superstición y la opresión pasarán de largo y estaremos inmunizados contra ellos. Serán un triste recuerdo… igual que el virus cuando pase esta gripe.