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sábado, febrero 03, 2007

666 un número apocalíptico

666, segunda parte.

Ya hemos hablado del 666 en el contexto de la numerología, mi disgresión acerca de la Cábala no tenía más objeto que ilustrar el modo de pensar de los autores de la época; no olvidemos que el Nuevo Testamento es un libro escrito en su mayor parte por judíos del siglo I, para un público de judíos, prosélitos y una minoría de "gentiles" también del siglo I, en diferentes contextos socioeconómicos y culturales. Es cierto que la lengua elegida fue el griego, sólo una versión anterior de Mateo fue redactada en arameo, pero existe un fuerte trasfondo hebreo en muchas de las frases y giros de los textos.
El Nuevo Testamento fue escrito para servir a necesidades bien concretas, nadie hasta los tiempos de Marción, pensó en utilizarlo como un canon de libros "sacros", pues para eso los cristianos compartían con los judíos el llamado más tarde Antiguo Testamento, bien que en versión griega y con una halajá diferente... alguna vez hablaremos de ello. Lo cierto es que entre los libros que formarían el Nuevo Testamento (escritos en el perído entre el 40 y el 100, grosso modo) el Apocalipsis ocupa un lugar único.
La datación tradicional de esta obra corresponde a los años del imperio de Domiciano (hermano de Tito, el destructor de Jerusalén), es decir a mediados de la década del noventa del primer siglo. Se supone que su autor, quien dice llamrse Juan y ha sido identificado con un discípulo de Jesús; Johannan bar Zebedai, fue desterrado a la isla griega de Patmos donde recibió revelaciones (apocalipsis) acerca "de lo que acontecerá pronto"... como los primeros cristianos esperaban que el Reino de Dios se presentaría inminentemente, esta afirmación fue interpretada en el sentido de "lo que sucederá al fin de los tiempos", de donde nuestra acepción de apocalipsis.
En realidad un apocalipsis es un escrito en el cual, bajo imágenes más o menos veladas, se hace una crítica de la sociedad y la política del tiempo del autor(esto en una definición muy amplia, el tema da para un par de seminarios). Generalmente es pseudoepígrafico, es deicr escrito en nombre de un autor prestigioso, y contiene numerosas descripciones del mundo celestial, de las regiones infernales y de los sucesos por venir. El libro de Daniel, escrito hacia el 160 a.C., es uno de los primeros ejemplos de apocalipsis... pero también existen testimonios de este género en la literatura egipcia, bajo la dominación griega, babilónica y persa.
Como les decía se supone que Juan, fuese quien fuese, escribió o dictó su obra en los años 90. César Vidal Manzanares, mal bicho y escritor indigesto, hace no obstante la plausible sugerencia de que la verdadera datación de este escrito es la década del 60, bajo el imperio de Nerón y en la crisiss que desembocó en la subida al poder de los Flavios. Es cierto que no es su teoría, no lo creo capaz de teorizar demasiado por sí mismo, sino que la toma de autores como Thomas B. Slater y Harold W. Attridge pero resulta plausible. Domiciano, a quien se referencia como uno de quienes lo condenan al destierro, también ocupó un cargo importante en los comienzos del reinado de Vespasiano, de manera que la fecha podría aceptarse.
Mi propia teoría, que aún no considero sólida y sólo expongo para que se debata, es que las partes más antiguas del Apocalipsis fueron escritas durante la Guerra de Liberación que libraron los judíos de Palestina (porque los de otros lugares no dijeron ni mu) contra el Imperio. Más tarde se añadieron otras secciones, para explicar la aparente derrota de Dios frente al César, y por último las famosas cartas a las 7 iglesias de Asia.
En este contexto puede entenderse que sea una obra virulentamente antirromana, mucho más que las ambigüedades de Pablo (pero bueno, él escribe cuando las relaciones Roma - Judíos, no eran tan tirantes) y la descarada lealtad al Imperio de Clemente de Roma.

La clave, entonces, para entender el número de la Bestia es esta:
Hay una guerra contra Roma (expresada simbólicamente como Babilonia) y el objetivo del autor es reforzar la esperanza de los cristianos de origen judío en esta lucha que va a decidir su destino.

Próxima entrada:

El 666, develado ¿o no?

jueves, febrero 01, 2007

El Seiscientos Sesenta y Seis o 666

666

PRIMERA PARTE

Aclaremos, dijo Lemos...

Alguno me ha escrito en el Foro de Historia Antigua que el número 666 no existe en la Biblia, pues y cito: "... los números árabes solo entraron en la cultura occidental después del 1200, es decir toda la numeración que aparece en La Biblia es ROMANA (originalmente griega)."

En rigor no es cierto que el número 666 no exista en la Biblia, sino que no aparece escrito con cifras arábigas; en términos matemáticos el número seiscientos sesenta y seis sí aparece, pero no el numeral 666. Tampoco es correcto que toda la numeración, más bien los numerales, que leemos en las Escrituras Hebreas, como bellamente dice Cecilio (siguiendo a los Testigos de Jehová, con quienes poca afinidad tengo, pero me gusta esa terminología) o en las Escrituras Griegas Cristianas (la Biblia, bah) estén expresados en el sistema romano de notación.

Es preciso apuntar que en la Antigüedad se carecía de un sistema único de notación para los numerales, si bien la escritura surgió como un procedimiento contable lo cierto es que durante mucho tiempo las cifras se expresaron con el simple expediente de los palotes, las marcas o los puntos (como casi todos hemos hecho en nuestra infancia). Más adelante, sin embargo, se idearon signos especiales para señalar algunos números, los más conocidos son los usados en las inscripciones de la antigua Roma donde el I indicaba el uno, repetido dos veces el dos y tres veces, el tres, la V señalaba el cinco, etcétera. Los egipcios disponían de un sistema de este tipo, también. Los mesopotámicos, por su parte, perfeccionaron un sistema que se acercaba al posicional que utilizamos actualmente pero carecía de un componente esencial: el cero. Sólo dos pueblos, por lo que sé, llegaron a esta conclusión trascendente para el futuro de la matemática; los mayas y los indios; según todos los indicios arribaron al concepto de manera independiente. La numeración maya tuvo cierta influencia en Mesoamérica, pero su probable influjo fue abortado por la invasión europea. La numeración india tuvo mejor suerte, fue tomada por los árabes (más bien por los musulmanes, a tener en cuenta hoy que se los estigmatiza como oscurantistas) y de éstos a los epañoles e italianos quienes la impusieron en Europa; ya se encargarían los colonizadores en difundirla por todo el mundo...

Una tercera manera de escribir los números era dar a cada letra un valor numérico, es decir convertirlas en numerales. Si lo empleásemos en la actualidad tendríamos, por ejemplo, que la letra A vale 1, la B, 2, la C 3 y así sucesivamente hasta llegar a la J que valdría 10, la K sería el 20 y, siguiendo el orden, la S valdría 100 y, por así decir, la T podría representar el 500 o el 1000. En este sistema mi edad podría escribirse MB y el número de la Bestia sería TSÑF...

Griegos y hebreos usaban esta manera de escribir los números; letras con valor numérico. En nuestro caso, en griego: χξς

De más está decir que existía una cuarta manera de escribir un número, y era, obviamente, escribir su nombre con letras. Seiscientos sesenta y seis, por ejemplo... ἑξακόσιοι ἑξήκοντα ἕξ

En las diferentes copias de la Biblia encontramos los cuatro sistemas, sólo las más modernas emplean el posicional indoarábigo (o indomusulmán), mientras que las antiguas ora usan el sistema romano, ora el de los valores numérico, ora escriben el número completo... a veces también los manuscritos presentan formas híbridas. Por supuesto como los autógrafos han desaparecido no sabemos como lo escribió el autor del texto.

Las cosas se complican si recordamos que para los antiguos el número era más que un simple atributo de los objetos; el número era tanto un símbolo, es decir expresaba realidad oculta o aludida, como una cualidad mística que poseía, en sí, valores de índole espiritual. Esta creencia dio lugar a la gematría, o gematría, una oscura rama del saber que rozaba la teología, la angelología, la alegoría, la hermeútica o interpretación de textos, la criptografía y la matemática.

Para el cultor de esta disciplina las letras ocultaban y a la vez develaban algo del mundo espiritual. Alef, por ejemplo, no era sólo la primera letra del alefato hebreo, sino la notación del número uno y, por ende, una expresión de la Unicidad de Dios y del Universo como un todo (mi compatriota Jorge Luis Borges se refiere a esto en su cuento El Aleph). El gematrista gustaba, entonces, de buscar claves ocultas en las letras y para tal fin no dudaba en operar algebraicamente con ellas a fin de extraer su valor numérico. Por ejemplo, el valor numerico de la letra Shin, Sh, es 300 y es el equivalente de la suma de los valores numéricos de las letras de las palabras Ruaj Elohim, el Espíritu de Dios, siendo por lo tanto SH un símbolo del espíritu divino. Del mismo modo la frase de Génesis 18, 2 Vehenna Shalisha (Y eran tres hombres) vale como Elo Mikael, Gabriel VeRafael, es decir: Estos eran Miguel, Gabriel y Rafael. En efecto, cada frase, recordemos que el hebreo no escribe las vocales, vale 701.

De paso sea dicho, este tipo de juegos tiene el mismo valor científico que los cálculos de Drosnin sobre el supuesto código secreto de la Biblia; cero, en numerales arábigos:0

Un concepto similar subyace en la tan manida frase del Apocalipsis; de hecho se trata de uno de los más antiguos juegos guemátricos, que conocemos; en efecto la Cábala es uno o dos siglos posterior al Apocalipsis.

En una próxima entrada les cuento sobre el Apocalipsis en sí...