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sábado, junio 20, 2009

Noticias del Irán


EL SET

Color: Verde

Eslogan: “¿Dónde está mi voto?”

Actores Principales: Estudiantes y jóvenes de clase media y alta, dirigentes de oposición, medios de comunicación internacionales, nuevas tecnologías (Twitter, Youtube, celulares, mensajes de texto, Internet).

Actores Secundarios: Organizaciones no gubernamentales (ONG) internacionales, Departamento de Estado de Estados Unidos, Freedom House, Centro para la aplicación de la acción no violenta “CANVAS” (antiguo OTPOR), Centro para el Conflicto Internacional No Violento (ICNC), Instituto Albert Einstein, Pentágono, Misión Especial de la Dirección Nacional de Inteligencia de EEUU para Irán.

Escenario: Elecciones presidenciales; el candidato oficialista, Mahmud Ahmadinejad, el actual presidente que mantiene una línea muy dura contra el imperialismo estadounidense y el sionismo israelí y disfruta de un alto grado de popularidad entre las clases populares iraníes por su enfoque e inversión en programas sociales, gana con el 63% del voto; el candidato de la oposición, Mir Hossein Musavi, de clase media-alta, quien prometía (en inglés) durante la campaña que su elección como presidente aseguraría “un nuevo saludo al mundo”, frase que indicaba que cambiará la política exterior con respecto a Washington, perdió por más de 15 puntos; la oposición denuncia fraude electoral y pide el apoyo de la comunidad internacional para intervenir; los estudiantes se manifiestan en las calles, en las zonas de clase media y alta de la capital, Teherán; dicen que son “no violentas”, pero provocan reacciones represivas del Estado con acciones agresivas y luego denuncian presuntas violaciones de sus derechos ante los medios internacionales; dicen que el presidente electo es un “dictador”.

Lugar: Irán, el cuarto productor de petróleo del mundo y el segundo en reservas de gas natural. En plena flagrancia del embargo comercial impuesto por Washington, China firmó un acuerdo con Irán en el año 2004, por un valor de 200.000 millones de dólares, para la compra de gas natural iraní durante los próximos 25 años. En los últimos cuatro años, Irán ha estrechado sus relaciones comerciales con los países de América Latina, a pesar de las amenazas de Washington, y actualmente desarrolla tecnología nuclear con fines pacíficos.

¿Les suena familiar?

Este es más que interesante comienzo del artículo de Eva Golinger en Rebelión que pueden leer completo aquí para contar con más información. Un informe de robert Frisk desde el lugar de los hechos, con un ángulo ligeramente diferente, puede leerse aquí.

Para una visión que estimo equilibrada de la situación cotidiana en Irán, he aquí un blog de un profesor de castellano en Irán. Vale la pena leerlo.

miércoles, abril 29, 2009

¡Esta gripe!


De buenas a primeras el dengue, que parecía ser la gran amenaza del 2009, deja las primeras planas, los titulares y los extensos informes de los noticieros de las ocho… el mosquito parece haber volado lejos, junto con su carga viral que, sólo cuando atacó las grandes ciudades, pareció hacerse visible. De paso digamos que en el Norte ya lo conocían, pero, se sabe, Argentina es un par de puertos y un impreciso interior.

Ahora la estrella es la gripe, influenza barbariza CNN, porcina.

De pronto nos encontramos rodeados de epidemiólogos que dictan cátedra con soltura sobre pandemia, epidemia, cepa y mutaciones. Y los infaltables anuncios de los agoreros, y las sospechas de los desconfiados, y las medidas de propaganda que toman los gobiernos.

 

Escucho a Sergio Massa, Ministro del Interior argentino; “66 millones de pesos más para el Ministerio de Salud”. Enhorabuena, me digo, siempre y cuando llegue a Salud y no se pierda en el Ministerio o, peor, en el de. Me pregunto, también, si  son necesarios, si tales medidas son  tomadas por legítima preocupación (que no descarto, aún no soy tan cínico), si son parte de una puesta en escena mediática, si se actúa, siempre, por espasmos en estos barrios del sur (y en muchos del norte, ¡claro!), si, como dice alguien; se hace lo que se puede con lo poco que hay.

 

Estoy en estos interrogantes cuando un amigo virtual, deduzco que mexicano por sus giros, Enrique Benítez, me acerca la siguiente información.

 

El Oseltamivir, más mentado como Tamiflu, es el medicamento usado para combatir este nuevo brote de gripe. Massa mencionó que en Argentina hay más de 500.000 tratamientos y, según Benítez, entre 2005 y 2006 los gobiernos de muchas partes del mundo compraron enormes cantidades de esta medicina. El Pentágono, por ejemplo, adquirió en 2005 reservas de Tamiflu por 58 millones de dólares.

 

Hasta aquí todo parece claro y hasta razonable; es bueno que los gobiernos se preocupen por sus ciudadanos, si hay un remedio (aunque el Zanamivir o Relenza también me dicen que sirve) entonces hay que adquirirlo, si aparece un peligro, pues que se incremente la producción de preparados para atenuarlo.

 

Ahora bien, el Tamiflu es un específico derivado del anís estrellado que, fermentado con bacterias de escherichia colli (sí esas mismas) produce fosfato de oseltamivir la panacea, dicen, que nos salvará de la gripe asesina; que hasta ahora ha matado meros mexicanos los cuales, como decía Billy the Kid; “no cuentan”.  

 

El proceso descripto fue patentado y es propiedad de Gilead Sciences (nombre bíblico, noto al pasar) uno de cuyos accionistas mayoritarios es Donald Rumsfeld, ex Secretario de Ataque, perdón, Defensa de los Estados Unidos de América. Cuando el Pentágono compró las dosis mencionadas, el valor de las acciones de Gilead Sciences aumentó de $ 35 a $ 57 (siempre dólares, of course) lo que representó un incremento de algunos millones en las cuentas personales de este funcionario… (detalle interesante, además, para los que creen que la corrupción es un producto autóctono). Del mismo modo el valor del producto, comercializado por Roche, aumentó de unas cuatro decenas a más de cuatro centenas de dólares, según me informa Enrique.


Es también notable que las últimas partidas masivas se hayan adquirido en 2005 y que la caducidad de la presentación en comprimidos (en polvo es el doble) sea de cuatro años; ¡justo cuando estalla la pandemia! ¿Alcanzarán las dosis? ¿Habrá que salir corriendo a comprarle a Roche? 

 

Según la red de emisoras independientes de Estados Unidos;  Radio Pacífica, en base a un trabajo elaborado por el colectivo Pueblos sin Fronteras, unas muestras enviadas por Indonesia a la OMS fueron usadas por un laboratorio estadounidense en Los Álamos para fabricar un arma biológica, dichas muestras eran de la, hace cuatro años, famosa gripe aviar. Nadie puede acusar de nada a nadie, claro está, todo se mueve en el silencio y la sospecha, pero los memoriosos podemos recordar que en los años 70 del siglo pasado, el gobierno de Washington proveyó de virus de fiebre porcina a algunos grupos de exiliados cubanos; el gobierno de la isla debió, poco después, sacrificar a millones de puercos infectados.

 

También hay informes acerca de los primeros casos de esta gripe, Carlos Martínez de la revista electrónica Rebelión, informa que tuvieron lugar en la zona donde cría cerdos una empresa mexicano – estadounidense que tiene prohibido, por sus prácticas contaminantes, actuar en territorio de los EE UU. Tampoco aquí hay evidencias y uno, respetuoso de la navaja de Occam, no puede asegurar lo que no se puede probar pero…

 

Sea que el virus lo hayan producido como ensayo para la guerra biológica (¿por qué creer en las afirmaciones de inocencia hechas por el único estado de la Tierra que utilizó alguna vez armas nucleares en una guerra?), sea que se origine por malas prácticas de cría, por negligencia o por el interés de los laboratorios.

 

Sea, quizás, que los efectos de la enfermedad hayan sido sobredimensionados con el fin de crear miedo, seguros de su difusión masiva por los medios interesados en el sensacionalismo.

 

Sea que la gripe tenga causas naturales y que su propagación corresponda a lo que los casuistas anglosajones llaman “Act of God” (este God que tan pocas veces actúa para el bien) y no haya segundas intenciones…

 

Lo cierto es que los ceros en la cuenta corriente de tipos como Rumsfeld, el control social que reclama el Imperio (aunque ahora nos digan que reina un Trajano negro) y el miedo, compañero inseparable del sistema, aumentan y que la gripe, real o no, fabricada o regalo de Dios, nos hace acurrucar en nuestras camas, quedarnos quietecitos y rogar, a ellos les gusta que recemos, que pase de largo por nuestra puerta.

 

martes, enero 13, 2009

Gaza, sin simplismos





Desde el comienzo de la ofensiva militar, murieron 917 palestinos y más de 4.300 resultaron heridos en la Franja de Gaza, según informes palestinos.

Por el lado israelí han muerto 13 personas, nueve soldados y cuatro civiles alcanzados por los cohetes de milicianos palestinos. (Télam)

En su concisión la noticia es clara ¿qué clase de guerra es ésta donde mueren 900 de un bando y 13 del otro?

Asimétrica, la llaman los teóricos del ¿arte? de la guerra. Injusta podrían decir los primeros tratadistas del derecho de gentes. Otros apelativos se me ocurren pero uno sólo engloba a todos: tragedia.

Y la tragedia no es solamente para los cientos de muertos de Gaza, abarca más, mucho más. La tragedia es la de una tierra demasiado santa, la de dos tradiciones religiosas que son traicionadas en lo más puro que pueden tener, la de naciones y culturas milenarias, la de la Humanidad incapaz de salir del círculo de hierro de las armas.

La condena a las acciones de Israel es casi unánime, poco ayuda a comprender la postura del Estado judío (apoyado por gran parte de su población) el apoyo, solitario, de los Estados Unidos. Las imágenes hablan por sí solas y sesenta años de terrorismo, ocupación, jactancias, invocaciones al dioses ausentes, resoluciones incumplidas y desprecio por los derechos humanos en ambos "lados" hacen que en este tema, en esta tragedia, haya poco lugar para la reflexión.

Intentaré, empero, no ser simplista. Hace tiempo que quiero escribir sobre la situación en el Cercano Oriente y, realmente, suspendí varias veces la redacción del artículo con "temor y temblor".

Admiro profundamente la tradición judía. Respeto en gran medida, aunque la conozco menos, la cultura islámica; especialmente la de los sufíes. Reconozco valores propios en la herencia cristiana que ha contribuido a formarme. No creo en sus dioses, pero encuentro mucho de bueno en la moral de las religiones abrahámicas.

Es por eso que esta guerra, en un plano diferente al de la cuestión humanitaria, me resulta especialmente dolorosa. Si es un crimen, y lo es, matar a un ser humano ¿no es criminal también destruir una cultura? ¿no es un acto salvaje tracionar lo mejor de nosotros mismos, de nuestras tradiciones y valores?

Sería muy fácil, amén de mentiroso, quedarme con las sentencias al uso.

Israel el agresor y las víctimas palestinas en una versión; lamentablemente no desprovista de veracidad.



Así lo ve el mundo árabe (http://www.youtube.com/watch?v=IfhI9qln4M8)

El islamismo terrorista que pone a sus ciudadanos como escudos humanos frente a un pueblo pacífico que sólo quiere defenderse, en la otra forma de contar la historia, tampoco ésta ¡ay! del todo incorrecta.

Así lo ve Israel (Aish Latino)

Sería cómodo ponerse en la posición de aquel juez que decía a uno y a otro que ambos tenían la razón. Hamas es terrorista e Israel es agresor; escuchando a cada uno, por encima de las bombas, cuentan versiones tan diferentes en su parecido que uno se siente tentado a conceder a los dos la razón en este conflicto interminable.

Quizás esto suceda porque la razón, o la lógica occidental, tengan poco que hacer aquí. Quizás desde el momento en que se hace intervenir a esa entidad fantástica llamada Dios, todo discurso meramente humano queda destruido desde su base. Quizás suceda que se peque de ingenuidad al analizar el conflcito en términos de pueblos en lucha, o aún de tradiciones culturales, cuando la realidad es que en ese tablero de ajedrez (nunca mejor empleada la comparación) de montes, desiertos y nombres evocadores intervienen jugadores ajenos que manipulan pasiones, mitos, esperanzas y vidas en procura de diminutos intereses económicos.

La historia, que siempre he considerado mi aliada, se vuelve también poco menos que inútil en estas regiones de Oriente. No sólo porque judíos y palestinos han dado una nueva confirmación, rotunda esta vez, a ese viejo dicho que señala que "la verdad es la primera víctima de toda guerra" sino porque la misma historia de Canaán, Israel, Abar Nahara, Judea, Samaría y Galilea, Palestina, Tierra Santa y tantos nombres más está ocultra tras montañas de escorias mitológicas y construcciones hipotéticas.

Nombres antiguos para nuevas realidades, apelación a dudosas continuidades, reescritura de los testimonios, mapas fraguados y versiones contradictorias entorpecen cualquier intento de pensar históricamente la realidad de estas tierras. Si le añadimos la falacia de los anacronismos, los nacionalismos inventados, las frases fuera de contexto y los párrafos de los libros santos tergiversados, aumenta geométricamente la imposibilidad de entender los orígenes de este conflicto.

Y esto es terrible, porque no hablamos de cuestiones ociosas, sino de la vida, y la muerte, de millones de personas. De nosotros mismos, por más lejanos que nos sintamos de esta guerra ¿o nos hemos olvidado de la AMIA?

Un esfuerzo, menor en medio de tanta muerte, vale la pena para entender lo que sucede.

Mañana: Breve (e imparcial) historia de un conflicto

jueves, diciembre 04, 2008

Vientos de guerra


La palabra ha sido dicha una vez más.
¡¡Guerra!!

El enemigo, el nuevo enemigo, es una construcción ideal; el Islam y el mundo oriental en su conjunto. El oponente, de cuyo lado por supuesto está la justicia, es otra entelequia; Occidente.

No faltarán filósofos que justifiquen los aprestos bélicos. Nunca faltan, por supuesto. Ellos nos dirán que es una lucha por la civilización y contra la barbarie, faltaba más.

Uno podría descartarlos pensando que son simples sicofantes del Imperio si no fuera que, en muchos casos, tienen razón. Es verdad que los combatientes islámicos no se destacan por su respeto por las convenciones que, en mejores días, acordaron los pueblos del Oeste; en la guerra que libran contra el Gran Satán las víctimas parecen ser lo de menos, su propio pueblo perece (véase Irak, léanse las crónicas de Gaza ocupada), los militantes se inmolan, la guerra es llevada a las calles y las casas de manera brutal; pero también es cierto que, humillados y ofendidos, han sido empujados a abrazar el islamismo más radical para resistir el avance de los nuevos cruzados.

¿Justificación?.
¡De ningún modo y para nadie!

La religión, esa especie de travesura de la mente cansada que ha prohijado tanta belleza como fealdad, fue invitada al convite y ya no puede ser expulsada de él. Todos invocan a sus dioses, todos encuentran en sus libros sagrados los motivos para emprender una lucha que, si fuera por el petróleo (esa adicción del Occidente), la geopolítica y los recursos naturales que se agotan, tendría menos atractivo para las masas desposeídas y para los propagandistas del odio.

Al fin y al cabo ya el propio Agamenón tuvo que recurrir al fantasma de Helena para arrebatar a los troyanos el control del Helesponto...

Así vimos constituirse (Israel) un estado nacional, y cada vez menos laico, es decir, menos racional, en nombre de viejas escrituras y fallidas profecías.

Así la resistencia (la nación árabe abusivamente identificada con el Islam) que comenzó en nombre de un pueblo despojado se convirtió en una guerra santa (magnífica pero atinada contradicción).

Así el mosaico étnico y cultural del Cercano Oriente estalló en pedazos a los cuales ni el más paciente de los restauradores puede recomponer.

Israel y Palestina, Irak, Siria y Líbano, los fundamentalistas estadounidenses que votan según las profecías bíblicas y un Papa que desempolva viejas anécdotas de emperadores se mezclan...
La intolerancia en nombre de la tolerancia, cuando se impide el uso del velo...

La violencia con la máscara de la paz, cuando se argumenta que, puesto que ellos no respetan nuestras “sabias leyes”, tampoco nosotros debemos respetarlas

La libertad acotada por leyes de vigilancia, al crecer la manía de ver al enemigo en cada barba, turbante o caftán.

¿Es eso todo? ¿Estamos ante una nueva, y al parecer inevitable, guerra en el Oriente?
¿Es ese Islam que busca armarse con dispositivos nucleares, el gran culpable?

¿Son las apetencias imperialistas, y el hambre de combustibles, de los países avanzados el origen de esta espiral que parece no tener fin?

¿Regresamos, cinco siglos después, a las Guerras de Religión?


La Historia puede darnos pistas, siempre que no la miremos a través de los mitos que supimos construir.



El mundo musulmán, multiforme, posee una gran riqueza espiritual; sus filósofos fueron, alguna vez, maestros de Occidente.

Los países árabes, que no se superponen con los primeros, constituyeron alguna vez una escuela de tolerancia.

El judaísmo sembró valores que aún hoy se cuentan entre las más elevadas creaciones de la Humanidad.

Cristianos fueron quienes derribaron, otrora, las supersticiones que trababan el avance de la ciencia.

No toda religión es, o debería ser, negativa.


Sin embargo hemos visto en los últimos ciento cincuenta años como el avance de Occidente sobre el mundo doblegó y demonizó al otro, hemos asistido a la pérdida de los mejores valores de las tradiciones monoteístas en beneficio de concepciones tribales que hubiesen hecho sonreír, o retroceder espantados quién sabe, a los pensadores del medioevo y que los mejores de los filósofos del siglo diecinueve considerarían caducas.


Un nacionalismo cargado de leyendas, el fin de las grandes utopías transformadoras y la presencia ubicua del más arcaico misticismo han servido de coartada a las ambiciones y los negociados de un puñado de empresas fundamentadas, ¡paradoja!, en el cálculo racional y la maximización de los beneficios.

Ahora parece casi imposible desandar el camino.

No hay soluciones fáciles, tampoco resultan viables, una vez que se invocaron Absolutos, la negociación o la misma política.

Condiciones todas que, otra vez habla la Historia, siempre han llevado a esa palabra quizás la más mala palabra de todas: ¡Guerra!