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domingo, marzo 14, 2010

El desapego como ejercicio político



Haz el siguiente ejercicio.

Despeja tu mente de todo cuanto sabes, o crees saber, sobre la historia reciente de la Argentina.
Olvida, en un gesto voluntario, preferencias y tradiciones familiares, discursos recibidos y aceptados y el hecho, fundamental, de ser argentina o argentino.
Encierra entre paréntesis todo aquello que te implica personalmente con este país sudamericano y camina, mira, oye, lee, siente las calles familiares como si fueses un turista.
Deja a salvo de la omisión tu inteligencia: esto es muy importante.
¿Lo hiciste?

Bien, ahora abre las páginas de un diario (cualquiera, recuerda que no tienes pre juicios sobre ellos) y lee. Lee con toda tu lucidez pero, atención, sin involucrarte; eres un extranjero que se interesa por conocer la realidad de ese país exótico llamado Argentina.

Con el mismo distanciamiento enciende la radio, o la televisión, navega por las páginas locales de Internet, asómate a la puerta.
Pasea, también por la ciudad, devenida ajena por un acto de tu voluntad.
Escucha a los taxistas (si es que existe, nuestro inconsciente colectivo radica en ellos), a la chica de la panadería, al kiosquero, a uno y otro (público y priovado) joven universitario, a los militantes y a los indiferentes, a este, a aquel, al de más allá...
Visita a tus parientes que, ignorando tu decisión, buscarán que seas cómplice de sus apreciaciones sobre lo mal o bien que van las cosas ahora que tal o cual está en el gobierno.


Cuando hayas terminado tu experiencia.
Cuando regreses a tu identidad real.
Cuando vuelvas a ser el argentino quejoso, solidario y ligeramente cínico, o la argentina avispada y un poco paranoica que eras, que somos.
Cuando, en fin, regreses de tu viaje mental, quizás puedas descubrir, con asombro, más de un par de cosas que no sabías sobre tu propio país.

Verás que no todo es tan tremendo como algunos lo pintan, ni tan maravilloso como otros quieren demostrar.
Verás que hay mucho de bueno y demasiado de malo en este suelo; como en todos los otros suelos del mundo.
Verás que se grita más de lo deseable, que se entablan batallas absurdas con una lógica propia de críos.
Que los malos, de aquí o de allá, también pueden tener buenas ideas.
Que los buenos, nuestros o ajenos, suelen equivocarse más de lo que nos gusta admitir.
Que...

No vale la pena seguir. Si hiciste la experiencia lo habrás descubierto por vos mismo y tus conclusiones, no necesariamente idénticas a las mías y tal vez opuestas, serán infinitamente más sensatas, más valiosas sobre todo, porque has logrado, mediante esta sencilla técnica de desapego, superar un mal endémico.
Pudiste, por un rato, salir de esa lógica facciosa que nos ahoga en la Argentina. Tal es, compatriota, el primer paso para que podamos ser una República.

miércoles, febrero 03, 2010

No eran tan buenos los tiempos 2

(Nota: Como dije antes, este es un artículo sobre política local Por mi incapacidad de síntesis lo he dividido en 3 partes, de las cuales, esta es la segunda)



Desde finales de 2007 el Frente Progresista Cívico y Social, liderado por el Partido Socialista, rige la provincia de Santa Fe. Hermes Binner, ex intendente de Rosario, es el gobernador.
Su lema, durante la campaña electoral, fue “Buenos Tiempos”, pero la realidad, al comenzar su tercer año de gestión, indica otra cosa.

Un intento de análisis de esta situación debe comenzar, sin duda, por conocer el escenario en el cual se desarrolla.


La provincia de Santa Fe tiene diecinueve departamentos. Más interesantes que esta división administrativa son, sin embargo, las cuatro o cinco regiones que la componen, cuyos rasgos económicos, sociales y hasta culturales determinan intereses no siempre coincidentes.
Al sur y sobre el litoral del Paraná; Rosario y su región (que se extiende, dicho sea de paso, incluso un poco fuera de la provincia). Complejo agro industrial, es uno de los centros del poder económico provincial. Fuertemente autonomista es, además, el más desarrollado en materia de acción política. Epicentro de huelgas y reclamos, sede de lobbistas, usina de pensamiento tanto para los representantes del poder económico y social (derecha decíamos antes), como para los que quieren construir alternativas de contra poder (eso que se llamaba izquierda). Creyendo, no siempre con razón, ser el motor de la provincia.

Más al sur, y hacia adentro, la región con centro en Venado Tuerto. La pampa gringa. Lejana de la capital, cercana hasta cierto punto a Rosario, preocupada por sus propios intereses agrarios. Los sectores medios, los más dinámicos de la región, están estrechamente vinculados a la explotación agropecuaria, la vida cotidiana de las ciudades y pueblos gira en torno del “campo” pues de su prosperidad depende la de ellos mismos. Los chacareros constituyen un colectivo de por sí heterogéneo, no apto para reducción simplistas o descriptivas como la presente, pero al menos se puede decir que engloban desde el pequeño productor, apenas a salvo de las deudas, hasta el propietario de grandes extensiones, próspero (muy próspero en algunos casos) gracias a la soja, por producirla o por alquilar sus tierras para la siembra, pero no siempre protegido ante imprevisibles desplomes del mercado o esperables gabelas del Estado. Rubros productivos, cercanía a las terminales, acceso al crédito, calidad de los campos son factores que matizan estos gruesos trazos, y determinan opciones políticas.

El centro administrativo y decisorio está centrado en Santa Fe de la Vera Cruz, no en vano cito su nombre colonial, con su proverbial parsimonia (a menudo exageradas desde el sur), con su tradición burocrática del “así se hizo siempre” y con cierto orgullo desdeñoso ante el resto de la provincia.
También con sus gentes olvidadas, como los trabajadores de río, los migrantes venidos desde la pobreza interior, con los que resisten casi de forma refleja.


El norte, con Reconquista y Vera como referentes. Aquí sólo hay dos clases; los que tienen y pueden, los que no tienen ni pueden.



A la primera se la identifica por su tez blanca, sus apellidos de corte centro europeo y sus campos de algodón, antes, de soja, hoy. Funcionarios, burócratas y docentes pertenecen a ella que colonizó, con ayuda del Rémington, la Cruz y la Forestal, aquella región indómita hace exactamente un siglo. La segunda poco cuenta; son más bien morochos y revelan la tenacidad del ADN nativo, criollos se denominan, otros epítetos les son dados desde fuera; trabajan pero no pueden protestar, sólo escuchar y seguir a sus supuestos dirigentes, mientras esperan las dádivas de los que saben, los que tienen o los que pueden.

El resto de la provincia, habría que mencionar el centro oeste por ejemplo, participa un poco de las características de estas cuatro.


Hay explotación en Santa Fe, aunque no se diga en voz alta, hay feudalismo en muchas regiones, hay clientelismo y no siempre es de origen peronista, y no siempre es practicado por los partidos políticos.

miércoles, abril 29, 2009

¡Esta gripe!


De buenas a primeras el dengue, que parecía ser la gran amenaza del 2009, deja las primeras planas, los titulares y los extensos informes de los noticieros de las ocho… el mosquito parece haber volado lejos, junto con su carga viral que, sólo cuando atacó las grandes ciudades, pareció hacerse visible. De paso digamos que en el Norte ya lo conocían, pero, se sabe, Argentina es un par de puertos y un impreciso interior.

Ahora la estrella es la gripe, influenza barbariza CNN, porcina.

De pronto nos encontramos rodeados de epidemiólogos que dictan cátedra con soltura sobre pandemia, epidemia, cepa y mutaciones. Y los infaltables anuncios de los agoreros, y las sospechas de los desconfiados, y las medidas de propaganda que toman los gobiernos.

 

Escucho a Sergio Massa, Ministro del Interior argentino; “66 millones de pesos más para el Ministerio de Salud”. Enhorabuena, me digo, siempre y cuando llegue a Salud y no se pierda en el Ministerio o, peor, en el de. Me pregunto, también, si  son necesarios, si tales medidas son  tomadas por legítima preocupación (que no descarto, aún no soy tan cínico), si son parte de una puesta en escena mediática, si se actúa, siempre, por espasmos en estos barrios del sur (y en muchos del norte, ¡claro!), si, como dice alguien; se hace lo que se puede con lo poco que hay.

 

Estoy en estos interrogantes cuando un amigo virtual, deduzco que mexicano por sus giros, Enrique Benítez, me acerca la siguiente información.

 

El Oseltamivir, más mentado como Tamiflu, es el medicamento usado para combatir este nuevo brote de gripe. Massa mencionó que en Argentina hay más de 500.000 tratamientos y, según Benítez, entre 2005 y 2006 los gobiernos de muchas partes del mundo compraron enormes cantidades de esta medicina. El Pentágono, por ejemplo, adquirió en 2005 reservas de Tamiflu por 58 millones de dólares.

 

Hasta aquí todo parece claro y hasta razonable; es bueno que los gobiernos se preocupen por sus ciudadanos, si hay un remedio (aunque el Zanamivir o Relenza también me dicen que sirve) entonces hay que adquirirlo, si aparece un peligro, pues que se incremente la producción de preparados para atenuarlo.

 

Ahora bien, el Tamiflu es un específico derivado del anís estrellado que, fermentado con bacterias de escherichia colli (sí esas mismas) produce fosfato de oseltamivir la panacea, dicen, que nos salvará de la gripe asesina; que hasta ahora ha matado meros mexicanos los cuales, como decía Billy the Kid; “no cuentan”.  

 

El proceso descripto fue patentado y es propiedad de Gilead Sciences (nombre bíblico, noto al pasar) uno de cuyos accionistas mayoritarios es Donald Rumsfeld, ex Secretario de Ataque, perdón, Defensa de los Estados Unidos de América. Cuando el Pentágono compró las dosis mencionadas, el valor de las acciones de Gilead Sciences aumentó de $ 35 a $ 57 (siempre dólares, of course) lo que representó un incremento de algunos millones en las cuentas personales de este funcionario… (detalle interesante, además, para los que creen que la corrupción es un producto autóctono). Del mismo modo el valor del producto, comercializado por Roche, aumentó de unas cuatro decenas a más de cuatro centenas de dólares, según me informa Enrique.


Es también notable que las últimas partidas masivas se hayan adquirido en 2005 y que la caducidad de la presentación en comprimidos (en polvo es el doble) sea de cuatro años; ¡justo cuando estalla la pandemia! ¿Alcanzarán las dosis? ¿Habrá que salir corriendo a comprarle a Roche? 

 

Según la red de emisoras independientes de Estados Unidos;  Radio Pacífica, en base a un trabajo elaborado por el colectivo Pueblos sin Fronteras, unas muestras enviadas por Indonesia a la OMS fueron usadas por un laboratorio estadounidense en Los Álamos para fabricar un arma biológica, dichas muestras eran de la, hace cuatro años, famosa gripe aviar. Nadie puede acusar de nada a nadie, claro está, todo se mueve en el silencio y la sospecha, pero los memoriosos podemos recordar que en los años 70 del siglo pasado, el gobierno de Washington proveyó de virus de fiebre porcina a algunos grupos de exiliados cubanos; el gobierno de la isla debió, poco después, sacrificar a millones de puercos infectados.

 

También hay informes acerca de los primeros casos de esta gripe, Carlos Martínez de la revista electrónica Rebelión, informa que tuvieron lugar en la zona donde cría cerdos una empresa mexicano – estadounidense que tiene prohibido, por sus prácticas contaminantes, actuar en territorio de los EE UU. Tampoco aquí hay evidencias y uno, respetuoso de la navaja de Occam, no puede asegurar lo que no se puede probar pero…

 

Sea que el virus lo hayan producido como ensayo para la guerra biológica (¿por qué creer en las afirmaciones de inocencia hechas por el único estado de la Tierra que utilizó alguna vez armas nucleares en una guerra?), sea que se origine por malas prácticas de cría, por negligencia o por el interés de los laboratorios.

 

Sea, quizás, que los efectos de la enfermedad hayan sido sobredimensionados con el fin de crear miedo, seguros de su difusión masiva por los medios interesados en el sensacionalismo.

 

Sea que la gripe tenga causas naturales y que su propagación corresponda a lo que los casuistas anglosajones llaman “Act of God” (este God que tan pocas veces actúa para el bien) y no haya segundas intenciones…

 

Lo cierto es que los ceros en la cuenta corriente de tipos como Rumsfeld, el control social que reclama el Imperio (aunque ahora nos digan que reina un Trajano negro) y el miedo, compañero inseparable del sistema, aumentan y que la gripe, real o no, fabricada o regalo de Dios, nos hace acurrucar en nuestras camas, quedarnos quietecitos y rogar, a ellos les gusta que recemos, que pase de largo por nuestra puerta.

 

domingo, enero 11, 2009

12 Mitos Sobre el Hambre






A veces, cuando uno no puede hilar dos frases coherentes, es mejor copiar y pegar lo que escriben otros, más lúcidos o menos obsesivos a la hora de redactar...

Esta es la traducción del breve resumen preparado por Food First del libro World hunger: 12 Myths, Segunda Edición, de Frances Moore Lappé, Joseph Collins y Peter Rosset con Luis Esparza. Grove Press y Food First Books, Octubre 1998.

El hambre no es un mito,
son los mitos que nos impiden acabar con el hambre.
Por lo menos 780 millones de personas no tienen lo suficiente para comer.
Cada año el hambre mata 12 millones de niños en todo el mundo.
Porque hay tanta hambre?
Que podemos hacer acerca de esto?


Para responder estas preguntas necesitamos desaprender mucho de lo que nos ha sido enseñado.

Solamente liberándonos de la manera de concebir este problema que es ampliamente divulgada a través de mitos, podremos entender las raíces del hambre y ver que podemos hacer para terminar con ella.

Mito 1: No hay suficientes alimentos para todos.

Realidad: Abundancia, no escasez, es lo que mejor describe la disponibilidad de comida en el mundo. Suficiente trigo, arroz y otros granos son producidos para proveer a cada ser humano 3.500 calorías al día. Esto sin considerar siquiera muchos otros alimentos consumidos comúnmente, como vegetales, frijoles, nueces, tubérculos, frutas, carnes o pescados. Hay suficientes alimentos disponibles para proveer por lo menos dos kilogramos de comida por persona al día en todo el mundo! El problema es que mucha gente es muy pobre para comprar los alimentos que hay disponibles. Inclusive muchos de los "países con hambre" tienen suficiente comida para toda su población en este momento. Muchos de ellos son exportadores netos de alimentos y de otros productos agrícolas.

Mito 2: La naturaleza es culpable de la hambruna

Realidad: Es muy fácil culpar a la naturaleza. Fuerzas creadas por los seres humanos están haciendo a la gente cada vez más vulnerable a los caprichos de la naturaleza. Hay siempre comida disponible para aquellos que puedan pagarla y la hambruna, en los tiempos difíciles golpea solamente a los más pobres. Millones viven al borde del desastre en el sur de Asia, Africa y otras partes, porque fueron despojados de sus tierras por una minoría poderosa, y están atrapados permanentemente por la presión de las deudas o recibiendo salarios miserables. Los eventos naturales rara vez explican las muertes; ellos son simplemente el empujón final sobre el abismo. Instituciones y políticas, hechas por seres humanos, determinan quienes comen y quienes pasan hambre en los tiempos difíciles. Asimismo, en los Estados Unidos, muchos de los que no tienen casa mueren de frío cada invierno y a pesar de esto la responsabilidad última no la tiene el clima. Los reales culpables son una economía incapaz de ofrecer a todos oportunidades y una sociedad que coloca la eficiencia económica por encima de la compasión.


Mito 3: Hay demasiada gente

La Realidad es que las tasas de nacimiento están decreciendo rápidamente en todo el mundo. En algunas regiones del Tercer Mundo se empieza a tener una transición demográfica cuando las tasas de crecimiento caen como respuesta a una caída en las tasas de mortalidad. Aunque el rápido crecimiento de la población sigue siendo una seria preocupación en muchos países, en ninguna parte la densidad de la población explica el hambre. Por cada país densamente poblado y con problemas de hambre como Bangladesh, encontramos países como Nigeria, Brasil o Bolivia, donde abundantes recursos alimentarios coexisten con el hambre. Costa Rica, únicamente con la mitad de hectáreas de cultivo por persona de Honduras, tiene una expectativa de vida--uno de los indicadores de nutrición--once años superior a la de Honduras y muy cerca de la de los países desarrollados.

El rápido crecimiento de la población no es la causa originaria del hambre. Como el hambre misma, resulta de las desigualdades básicas que despojan a las personas, especialmente a las mujeres pobres, de oportunidades económicas y seguridad. El rápido crecimiento de la población y del hambre son endémicos a las sociedades donde la propiedad de las tierras, los trabajos, la educación, el cuidado de la salud y la seguridad de las personas de la tercera edad están fuera del alcance de la mayoría de las personas. Aquellas sociedades del Tercer Mundo con éxitos impresionantes y rápidas reducciones de la tasa de crecimiento de la población como China, Sri Lanka, Colombia, Cuba y el estado de Kerala en la India, demuestran que la vida de los pobres, especialmente de las mujeres pobres, debe mejorar antes de que pueda escoger tener menos hijos.

Mito 4: Más alimentos a costa del medio ambiente.

Realidad: Debemos estar alarmados de que la crisis del medio ambiente está disminuyendo los recursos para la producción de alimentos, pero el tener que escoger entre nuestro medio ambiente y la necesidad del mundo por alimentos no es inevitable. Los esfuerzos por alimentar a los hambrientos no están causando la crisis ambiental. Grandes corporaciones son las principales responsables de la deforestación porque crean, y se benefician de, la demanda de maderas tropicales y alimentos exóticos o fuera de estación para los consumidores de los países desarrollados. La mayoría de los pesticidas usados en el Tercer Mundo son aplicados a los cultivos de exportación, que juega un rol muy pequeño en la alimentación de los hambrientos, mientras que en los Estados Unidos estos son utilizados para darle una impecable apariencia cosmética a los productos, sin ninguna mejoría en su valor nutricional.

Existen alternativas en este momento y muchas más son posibles. El éxito de los agricultores orgánicos en los Estados Unidos, ofrece una idea de las posibilidades. El éxito reciente de Cuba al superar su crisis alimentaria a través de autoabastecimiento y de una agricultura sostenible y casi totalmente libre de pesticidas, es otro buen ejemplo. Realmente, alternativas agrícolas ecologicamente sustentables pueden ser más productivas que las que destruyen el medio ambiente.

Mito 5: La Revolución Verde es la respuesta

Realidad: Los avances productivos de la Revolución Verde no son un mito. Gracias a las semillas mejoradas, muchos más millones de toneladas de granos están siendo cosechadas por año. Pero enfocándose solamente en el incremento de la producción no puede aliviar el hambre porque falla en la alteración de la apretada concentración de la distribución del poder económico que determina quienes pueden comprar los alimentos adicionales. Es por esto que en varios de los países en que los que ha tenido mayores éxitos la Revolución Verde--India, México y las Filipinas--la producción de granos y en algunos casos las exportaciones han aumentado, mientras que el hambre ha persistido y la capacidad productiva de los suelos a largo plazo se ha degradado. Ahora debemos combatir las amenazas de una "Nueva Revolución Verde" basada en la biotecnología, la cual amenaza con acentuar mucho más las desigualdades.

Mito 6: Las fincas mas grandes son las mas eficientes.

Realidad: Grandes propietarios que controlan gran parte de las mejores tierras con frecuencia dejan muchas de ellas improductivas. Sistemas injustos de producción, dejan las tierras agrícolas en manos de los productores más ineficientes. En contraste, pequeños agricultores normalmente obtienen entre cuatro y cinco veces más rendimiento por hectárea, en parte porque trabajan sus tierras en una forma más intensiva y emplean sistemas productivos integrados, y con frecuencia más sostenibles. La redistribución de tierras puede favorecer la producción. Reformas agrarias integrales han incrementado notablemente la producción en países tan diversos como Japón, Zimbabwe y Taiwan. Un estudio del Banco Mundial del nordeste del Brasil, estima que redistribuyendo las tierras en pequeñas parcelas se incrementaría la producción hasta en un sorprendente 80 por ciento.

Mito 7: El libre mercado puede terminar con el hambre

Realidad: Desafortunadamente, la fórmula: "el mercado es bueno, el gobierno es malo" nunca puede ayudar a dirigir los esfuerzos hacia las causas del hambre. Esta posición dogmática nos lleva a pensar equivocadamente que una sociedad puede optar por uno o por otro, cuando de hecho toda economía en el mundo combina el mecado y el gobierno en la designación de recursos y distribución de bienes. De todas maneras, las eficiencias maravillosas del mercado solamente pueden trabajar para eliminar el hambre, cuando el poder de compra esté ampliamente repartido. Entonces todos aquellos que creen en la inutilidad del mercado y en la necesidad de terminar con el hambre deben concentrarse en la promoción no en el mercado, sino en los consumidores! En esta tarea, el gobierno tiene un rol muy importante contrarrestando la tendencia hacia la concentración económica, a través de impuestos reales, créditos y reformas agrarias para distribuir el poder de compra hacia los pobres. Las recientes tendencias hacia la privatización y desregulación no son definitivamente la respuesta.

Mito 8: El comercio libre es la respuesta

Realidad: La fórmula de promoción del comercio ha probado ser uno de los peores fracasos para aliviar el hambre. En casi todos países del Tercer Mundo las exportaciones se han incrementado mientras que el hambre continua e inclusive ha empeorado. Mientras que las exportaciones de soya se han incrementado en Brasil--para alimentar el ganado Japonés y Europeo--el hambre se ha ampliado de un tercio a dos tercios de la población. En donde la mayoría de la población ha sido empobrecida tanto que no pueden comprar los alimentos producidos en las tierras de su propio país, aquellos que controlan los recursos productivos, orientan su producción a los mercados más lucrativos en el exterior. La producción de cultivos de exportación ocupa el lugar de la producción de alimentos básicos. Las políticas en favor del comercio como NAFTA y GATT pone a competir a las clases trabajadoras de diferentes países unos contra otros, en condiciones desfavorables, donde las bases de competencia son quien trabajará por menos pago, sin un cubrimiento adecuado de salud o sin un mínimo de condiciones ambientales. México y los Estados Unidos son un ejemplo relevante: desde que empezó el TLC se ha tenido una pérdida neta de 250,000 trabajos en USA, mientras en México se han perdido 2 millones de empleos y el hambre está aumentando en los dos países.



Mito 9: Demasiado hambrientos para poder luchar por sus derechos

Realidad: Bombardeados por imágenes de personas pobres, muy débiles y pasando hambre, hemos perdido de vista lo obvio: para aquellos con pequeños recursos la simple supervivencia requiere de un esfuerzo tremendo. Si los pobres fueran verdaderamente pasivos, muy pocos de ellos podrían sobrevivir. Alrededor del mundo, desde los Zapatistas en Chiapas, México, hasta el movimiento de los agricultores en India, en cualquier parte donde la gente esta sufriendo innecesariamente, se encuentran movimientos que quieren cambiar las cosas. Los pueblos se alimentarán por si mismos, si se les permite hacerlo. No es nuestro trabajo arreglar las cosas para los otros. Nuestra responsabilidad es remover los obstáculos de su camino, obstáculos creados con frecuencia por grandes corporaciones y las políticas de Estados Unidos, el Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

Mito 10: Más ayuda de los EEUU ayudará contra el hambre

Realidad: Casi todas las ayudas de los EEUU trabajan empeorando el hambre. La ayuda extranjera únicamente puede reforzar, y no cambiar, el "statu quo". Donde los gobiernos responden únicamente a las élites, la ayuda de EEUU no solo falla en alcanzar a las personas con hambre, también soporta las propias fuerzas que están trabajando en contra de ellos. La ayuda estadounidense es usada para imponer libre intercambio y libres políticas de mercado, para promover los exportaciones a expensas de la producción de alimentos y para proveer armamentos que los gobiernos represivos usan para permanecer en el poder. Inclusive la ayuda de emergencia, o humanitaria, que alcanza solamente el 5 por ciento del total, con frecuencia termina enriqueciendo a las compañías estadounidenses de granos mientras fracasa en llegar a aquellos con hambre y puede disminuir peligrosamente la producción local de alimentos en el país que la recibe. Sería mejor utilizar el presupuesto de ayuda internacional de EEUU para aliviar incondicionalmente la deuda, ya que es el peso de la deuda externa lo que está forzando a muchos países del Tercer Mundo a hacer recortes en los servicios básicos de salud, educación y programas de lucha contra la pobreza.

Mito 11: Nosotros (EEUU) nos beneficiamos de su pobreza

Realidad: La más grande amenaza al bienestar de la gran mayoría de Estadounidenses no es el avance del hambre pero si el continuo despojo de los hambrientos. Los bajos salarios--tanto en los otros países como en EEUU--pueden significar bananos, camisetas, computadores y comidas rápidas más baratas para muchos estadounidenses, pero de otra forma en EEUU se paga un precio muy alto por el hambre y la pobreza. La pobreza impuesta en el Tercer Mundo amenaza los trabajos, salarios, y las condiciones de trabajo en EEUU ya que las corporaciones buscan mano de obra mas barata en el exterior. En una economía global, lo que los trabajadores estadounidenses han conseguido en empleo, niveles salariales, y en sus condiciones de trabajo, pueden ser protegidos únicamente cuando las clases trabajadoras en cada país son liberadas de la desesperación económica.

Educándonos acerca de los intereses comunes que muchos estadounidenses comparten con los pobres del Tercer Mundo y en los EEUU, nos permite ser compasivos sin caer en la lástima. Trabajando para despejar el camino por el que los pobres puedan liberarse ellos mismos de la opresión económica, nos libera también a nosotros.

Mito 12: Restringir la libertad para acabar con el hambre

Realidad: No hay razón teórica o práctica para que la libertad, asumida para significar libertades civiles, sea incompatible con terminar con el hambre. Examinando el mundo, no vemos correlación entre el hambre y las libertades civiles. Sin embargo, una estrecha definición de libertad--el derecho a la acumulación ilimitada de propiedad productora de riqueza y el derecho a utilizar esa propiedad de la cualquier manera que a uno le parezca--está en conflicto fundamental con la tarea de acabar con el hambre. En contraste, una definición de libertad más consistente con la visión fundadora de la nacionalidad estadounidense sostiene que la seguridad económica para todos es la garantía de la libertad para todos sus ciudadanos. Esta comprensión de la libertad es esencial para acabar con el hambre.



Traducción:
María Isabel Gutiérrez.
Alfredo José Parra.
IMCA, Buga, Colombia.

Food First/Institute for Food and Development Policy
398 60th Street
Oakland, CA 94618 USA
foodfirst@foodfirst.org
www.foodfirst.org

martes, septiembre 09, 2008

Toyotismo

El toyotismo corresponde a un cambio notable en el sistema de producción industrial.
Después de la crisis del petróleo del ‘73 comenzó a desplazar al fordismo como modelo referencial para la producción en serie.

Los conceptos centrales del modelo son:
  • Flexibilidad laboral y alta rotación en los puestos de trabajo/roles.
  • Estímulos sociales a través del fomento del trabajo en equipo y la identificación transclase entre jefe-subalterno.
  • Lógica de menor control del obrero en la cadena productiva y un aceleramiento de la demanda que acerca al "stock cero" y permite prescindir del almacenamiento.
El sistema toyotista se complementó con la serie de reformas neoliberales que el mundo presenció en la década de los 80 y que maduraron en los años 90 bajo la idea de globalización.
Este complemento ha sido exitoso al cumplirse efectivamente las metas de expansión del consumo y reducción de costos derivados. A la vez que ha derivado en la destrucción de la clase obrera como tal.


Otras consecuencias negativas están a la vista; la desaceleración en la innovación tecnológica en términos de creatividad. Lo que algunos llaman el fin de la era de “los grandes inventos”.

La desaparición del Estado de Bienestar, la intensificación del individualismo y el desempleo estructural son otros de esos “efectos colaterales” y…

Bla, bla, bla… ¿A qué tantas palabras?

Miren bien esta publicidad.

Esto es el toyotismo!


jueves, mayo 22, 2008

Antiensayo sobre ciertos militantes sociales

El militante social, reconocida trayectoria, prestigio en ciertos medios académicos y gran capacidad discursiva, hace sus declaraciones en la prensa.

Habla de desgranamiento escolar, de baja de matrícula, de pibes expulsados del sistema educativo. Ensaya, más bien afirma con cierta suficiencia, diagnósticos y respuestas.


El militante, de origen cristiano, nos dice que la escuela proscribe las diferencias de las chicas y chicos “pobres”, exige de ellos el cumplimiento de ciertas obligaciones que son incapaces de cumplir, los somete a exigencias imposibles y termina por lanzarlos a la calle, provocando que abandonen esa institución, la escuela, incapaz de comprender las diferencias. La imagen es conmovedora; los chicos huyen de las aulas, espacios cerrados, no democráticos, tristes y represivos. “"No pueden soportar la exigencia de la excelencia y se quedan en el camino”, nos dice otro militante de la misma cantera ideológica, “Son los chicos que están en los bordes, en el costado y en realidad son incluidos pero no integrados”, apunta en una frase tan cierta como vacía de contenido.

El militante resume claramente su postura; la escuela no los comprende; son los pobres.

El pobre es una categoría de raigambre cristiana.

Ya en tiempos del Nuevo Testamento se lo menciona y resurge de tiempo en tiempo en el discurso religioso católico.

El pobre es aquel que es centro de la predilección divina, aquel que ha sido despojado, “humillado y ofendido”, y que no tiene otro vindicador que el Señor.

El pobre es aquel que se pone en las manos divinas y espera todo de Él.

El pobre es quien salvaguarda ciertos valores que los otros, los no pobres, han perdido al adquirir riquezas.

El pobre es el elegido.

El pobre es, también, el otro que interpela a la sociedad satisfecha.

Objeto y no sujeto del accionar de las buenas gentes; llámense Damas de la Caridad o Promotores Sociales. El pobre es alguien que padece, alguien incapaz, alguien careciente, diferente y víctima a la vez. Inocente, inimputable, eje de la acción de las conciencias que se remuerden.

En los años formativos de este militante social, años de utopías y esperanzas, el cristianismo elaboró una ideología en la cual la imagen socialista del proletario se convertía en El Pobre. Con derroche de erudición, multiplicando las citas de la Biblia (y ocultando aquellas que revelan lo que decía Don Ata: “que Dios almuerza en la mesa del Patrón”), buscando apoyo en el marxismo europeo, en la antropología y en las corrientes más profundas del pensamiento latinoamericano; los “cristianuchis” (como les decían los militantes agnósticos) construyeron un poderoso mito; la Teología de la Liberación. La aceptación por parte de la izquierda de estos “compañeros de ruta” y la furibunda crítica de la derecha, expresada en fulminantes sentencias de la Santa Sede, contribuyeron a su prestigio. El indudable valor de que hicieron gala sus mejores cuadros, su entereza y su entrega que llegó hasta dar la vida, la aureolaron de una más que merecida estimación que trascendía su endeble estructura.

Durante todo este tiempo no era de buen tono criticar a estas mujeres y hombres, militantes, comprometidos con las causas populares. Durante muchos años vivieron a la sombra de un bien ganado respeto; su solo nombre era, muchas veces, garantía para un subsidio estatal o aval para crear un centro comunitario. Amigos de los pobres, como en aquellos viejos eslóganes de las revoluciones premodernas, comprometidos con el pueblo, heroicos, maravillosos… pero también autoritarios, ilustres y mesiánicos.

En el discurso de estos militantes el pobre es un objeto de piedad, no importa que invoquen a la promoción social, la conciencia de clase o, últimamente, la construcción de ciudadanía, el pobre es un careciente, una persona que debe ser ayudada, pues ha caído, un ser incapaz de valerse por sí mismo. Ellos, identificados con lo que llaman la kénosis de su Mesías quien “se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y … se humilló a sí mismo”, han descendido desde su lugar social para acercarse al pobre, para defenderlo, para protegerlo, para indicarle, también, cuál es el camino que debe seguir “para ser salvo”.

Ellos le enseñan al pobre su pobreza, le muestran su opresión y le instan a terminar con esta situación de injusticia. Lo invitan a formar aburridas comunidades donde leerán la Biblia en clave social, comentarán lo mal que se vive y se irán a su casa sin el incentivo que ofrecen los pentecostales de, al menos, esperar un milagro. Lo saturarán de información, pero desgarrados entre su pertenencia a una Iglesia que los desprecia y una lúcida conciencia social, no serán capaces de instarlos a participar neta y claramente en procesos de cambio. Son Mesías sin un Reino de los Cielos que prometer.

El pobre es, para este militante, alguien que está por debajo de él; nunca lo escogería como amigo y ni siquiera sabe como hablarle, aunque es capaz de dictar cátedra a otros acerca del tema. Vive en el barrio como una opción, imponiendo su presencia ajena y marcando su generosidad. Es heroico, claro, pero vacío.

El pobre es, también, objeto de su misericordia, no hay verdadero amor, no existe legítima igualdad, por el contrario, hay compasión, lástima, vergüenza e ingenuidad. Y con razón se ha dicho que son “los misericordiosos los que cometen las mayores necedades”.

Respecto de la escuela el militante mantiene una posición ambigua

En el fondo la desprecia porque es característico de cierta corriente cristiana el odio a la inteligencia, y esto es más que manifiesto en aquellos que han llegado a ser intelectuales dentro de la Iglesia ligada a los sectores populares. Se sienten culpables y proclaman su desconfianza hacia toda sabiduría como un modo de expiar de esa culpa original; el saber. No en vano el árbol prohibido era el del Conocimiento.

Por otro lado reconoce el valor de la escuela como lugar de reunión social que supera, obligatoriedad mediante, a la capilla del barrio o al centro comunitario. En la escuela encuentra público para su prédica, colaboradores de su cruzada y un ámbito para congregar al redil. No es, tampoco, casual, que la imagen del cristiano sea una mansa oveja.

Así pues la escuela no es el lugar donde se construye conocimiento, porque el pobre, argumenta, no necesita conocimiento sino revelación. El pobre debe recibir ciertas verdades dogmáticas que, dice, son más importantes que cualquier saber instrumental. En la escuela hay que trasmitir valores de solidaridad, cooperación, abnegación y misericordia; la matemática, la lengua, las ciencias son, a lo sumo, molestos complementos de esa tarea fundamental: la liberación del pobre.

La escuela debe parecerse a un patio de juegos sin reglas, a un lugar donde la bondad natural del pobre “sin pecado concebido” aflorará espontáneamente… y si no lo hace allí están los militantes sociales para, sermón mediante, conducirlo a la buena senda.

La escuela debe ser un lugar de reunión para todos los excluidos, a los que debe tratar como lo que son; carecientes, discapacitados, objetos de piedad e irresponsables de sus actos.

La escuela, en fin, debe estar compuesta por docentes a los que no les preocupe la enseñanza de contenidos científicos, que desprecien profundamente el saber y que, esgrimiendo un supuesto discurso crítico, trasmitan la buena nueva a los pobres.

En una mirada superficial la praxis del militante parece progresista.

Habla en el mismo lenguaje de los filósofos críticos, de aquellos que aspiran a transformar el mundo, y semeja tener la misma meta: el Hombre Nuevo.

Denuncia la injusticia.

Promueve la equidad.

Defiende los Derechos Humanos.

Canta versiones cristianas de las viejas consignas de los revolucionarios y hace un lugarcito para Marx y el Che en el altar de la capilla.

Nada más lejos, sin embargo, de un compromiso revolucionario. Él, seguramente, no lo sabe, pero su accionar termina siendo tradicionalista en las formas y reaccionario en los objetivos.

No busca mujeres y hombres libres, sino mujeres y hombres que actúen según su particular visión de lo que debe ser, no pretende fomentar una conciencia crítica (por el contrario, y como buen religioso, no soporta el disenso) sino conciencias moldeadas por una prédica moral, no quiere personas capaces de tomar su destino en sus propias manos, sino adultos siempre dependientes de la palabra del otro, que casualmente es él mismo.

Por supuesto que no son estos sus objetivos declarados, claro que negará enfáticamente que le quepa esta descripción, evidentemente refutará estas conclusiones y, con todo, no hay nada más evidente.

El pobre, nos dice, huye o es expulsado de la escuela. Es que la escuela quiere enseñar y el pobre no necesita otra enseñanza que la de los valores. La escuela exige un rendimiento, pero el pobre no puede rendir porque es un discapacitado, la escuela proclama un método, pero el método es fruto de la inteligencia, y el pobre no posee inteligencia, o posee otra, de orden diferente, que debe ser contemplada con misericordia, la escuela, en fin, pretende el esfuerzo personal, pero el pobre, ya suficientemente castigado, no es capaz de esforzarse porque carece hasta de fuerza.

Es así que el militante se explaya contra la escuela expulsiva y hace uso, y abuso, de los viejos mitos populistas. Es así que el militante, cuando hay un pobre que descuella por su inteligencia, su capacidad, o su esfuerzo, intenta captarlo para su causa, haciendo que abandone el estudio a favor de la militancia, o lo deja de lado pues él, como Cristo, ha sido enviado a rescatar a la oveja perdida… que las demás se arreglen como puedan.

Y lo más terrible de todo esto es que su solicitud con la “oveja” no genera más que resentimiento en ella, a nadie le gusta ser objeto, ni siquiera objeto de la solicitud de otro.

Alguna vez el militante social debería preguntarse qué papel cumple su paternalismo en la violencia cotidiana… sospecho que, como es inteligente, se sorprendería de la respuesta.



Nada más lejos de todo esto que el ideario socialista.

Un ideario que rechaza, por igual, dogmatismos y sermones. Un ideario que habla tanto al corazón, indignado ante la injusticia, como a la inteligencia (Estudien mucho para poder dominar la técnica” decía el Che), un ideario, en fin, democrático, que no proclama la piedad o la compasión, sino la justicia, que no habla de “pobres”, sino de trabajadores, que no necesita dioses, mucho menos salvadores, sino protagonistas.



POST DATA

No ha sido agradable escribir este artículo.

Alguna vez fui parte de aquella gente y aprendí mucho de ellos. Luego dejé de lado dioses y mitos, con los que ahora, tal vez, ajusto cuentas.

Si los que participan de este modo de pensar llegan a leer estas palabras sin duda se indignarán, con su característico autoritarismo (el gen católico romano pesa demasiado) intentarán imponerme sus sanciones, muchos buscarán sus términos favoritos para motejarme y podrán preguntar, con sorna, ¿de dónde viene éste a darnos lecciones?

De antemano digo que tienen razón, no pienso defenderme porque lo sé inútil, un debate tal vez sería interesante pero dudo mucho que quieran tenerlo, su idea de intercambio de ideas es la rendición absoluta del otro; la conversión… y yo no soy bueno haciendo el papel de Galileo.

Que quede claro, sí, que los respeto muchísimo; han hecho mucho bien y la vida ha sido mejor donde ellos han estado. Han sido heroicos y abnegados, comprometidos hasta límites a los que pocos somos capaces de llegar (yo no, desde luego) y han debido sacrificar demasiadas cosas en el camino, quizás por eso son tan intolerantes con los que no queremos hacer nuestra kénosis. No obstante todo mi aprecio, debo decir que en poco han contribuido a la liberación de los “pobres”; no han hecho más que remachar sus cadenas.


miércoles, abril 23, 2008

Ō tempora! Ō mōrēs!

Variaciones de principios de siglo sobre un tema “Fin de siècle”.

Hace un tiempo comentábamos con amigos acerca del aumento de los síndromes depresivos, la permanente insatisfacción que se palpa en la calle, los reclamos contrapuestos de distintos sectores y el aumento de la delincuencia (para emplear una palabra que suena antipática pero es concisa y clara) y de pronto alguien evocó aquel consabido:

- Pero nuestros abuelos, inmigrantes muchos de ellos, vivían pobremente, padecían situaciones de indigencia a veces y, sin embargo, no salían por ahí a robar o matar.


Y otro agregó:

- Y mis viejos tampoco la pasaron bien, pero no por eso estaban deprimidos todo el tiempo.

Alineación a la derecha

Para que un tercero confirmase:

- Cuando era pibe no siempre tenía todo lo que quería y de hecho carecía de las cosas que tienen mis hijos, con todo no me sentía triste, ni sufría por no tener entradas para un recital de Soda, por ejemplo.

Antes de que la cosa se transformase en un beati illo témpore y cayésemos en los tópicos de todo lo pasado fue mejor, mi amigo Edgardo intervino:

- Pongamos cada cosa en su lugar -dijo a guisa de introito- por un lado es una tentación habitual proyectar sobre el pasado nuestros sueños sobre un mundo mejor, si así no fuera no habría mitos sobre la Edad de Oro o esas insoportables presentaciones de Power Point que evocan, dulzonas, nuestra infancia como un tiempo de alegrías... No seamos obvios, muchachos, que somos pocos y nos conocemos mucho. Teníamos depresiones, angustias, deseos insatisfechos y sufríamos lo que nos faltaba como el que más. Concedo que no cargábamos esas frustraciones con dramatismo (¡al menos no siempre!, recuerdo algunas charlas de adolescente que...) y reconozco también que teníamos a mano más de un par de recursos para salir de malas y no siempre eran "un caño" o "una birra" como parece ser el caso ahora, pero tampoco abominábamos de estas soluciones, ¿eh?

Los viejos vivían en lo que parecía ser una sociedad en ascenso, aun cuando éste se hubiera frenado hacía ya algún tiempo, y los nonos contaban con la esperanza de "facere l'America" o de "ritornare al paese". En todo caso siempre estaban presentes los mitos y las utopías para hacerlos soñar más que con un pasado maravilloso con un futuro luminoso como coronación del oscuro presente; se llamasen "socialismo", "anarquismo", "peronismo" u "hombre nuevo" existía la convicción, en ese siglo XX que fue nuestro territorio común de origen, de que no sólo podía cambiarse el mundo sino de que ese cambio ya había comenzado y que valía la pena luchar por él. Había aliados y había enemigos claros, había un sentido de pertenencia; fuese a la nación, fuese a la clase, fuesen, siquiera, a los colores del club.

Guardó silencio y nos miró como diciendo: No se hagan los giles.

Entonces prosiguió:

- Si nos ponemos a ver las cosas desde cierta perspectiva, imitando verbigracia a un historiador del siglo XXII, podemos considerar que en los últimos ocho años (dieciocho si me apuran, desde 1990) todo ese andamiaje se vino abajo y, curiosamente, sin demasiado estrépito. No repetiré la sandez del Fin de la Historia, pero sí les digo que entonces, ustedes y yo teníamos veintitantos, dejamos de creer...

- Nos des/ilusionamos- agregó Edgardo marcando la cesura- pues descubrimos que, como quería Nietzsche, "aún el mejor de nosotros era demasiado humano". Crímenes horrendos de regímenes que se presentaban como el alba de la nueva sociedad, mentiras y oportunismo de quienes habían proclamado su opción por la justicia, robo aquí y saqueo allá, intereses mezquinos un poco por todas partes, partidos políticos que se revelaban como gigantes con pies de barro, religiones acosadas por denuncias otrora silenciadas, sujetos antes invisibles que salían a la luz y cuyos reclamos no cabían en los viejos moldes. Derrota, desgano, hastío y, por encima de todo; un Papa que era puro espectáculo, un par de Emperadores medio locos y asesinos, Ayatollás que nos devolvían al pasado medieval y la aterradora posibilidad de saberlo todo y, peor, de que todo fuese una mentira.

Nos quedamos callados pensando en los días pasados, pero Edgardo no nos dio tiempo a reaccionar, siguió pegando:

- La era de prosperidad de los años 60 y 70, que en algunos lugares alcanzó a los 80, se terminaba junto con los sueños del Estado Benefactor, de la Sociedad Socialista o de la Liberación de los Condenados de la Tierra... Fueron días duros aquellos en los que nos casamos, engendramos hijos o comenzamos a ser, nos gustase o no, adultos. Quizás por eso a nuestra generación le cueste tanto dejar de comportarse, en algunos casos, como adolescentes eternos. Hace frío, allá afuera, y no hay nadie.

Nos quedamos en silencio porque eran palabras duras las de Edgardo y nadie sabía como responder.


miércoles, febrero 06, 2008

Gorilismo. Versión argentina de una enfermedad hispanoamericana





Durante los años del menemato (neologismo necesario y lamentable) cuando campaba la ilusión de una mágica prosperidad en un paisaje de photoshop, existía un doble frente en la crítica al entonces Presidente Menem.

Unos veían con espanto sus gestos histriónicos, sus torpes bailes con odaliscas, sus monumentales ignorancias, su chabacanería y su mal gusto. Se horrorizaban de ello, sentían algo muy cercano a la vergüenza o no disimulaban su desprecio. En suma, cuestionaban sus formas.

Otros, en cambio, se preocupaban por sus actitudes entreguistas. Se daban cuenta de que la aplicación de un modelo neoliberal a ultranza en todas las áreas del Estado, educación incluida, no representaba solamente una involución social, sino que destruían por completo los restos de sociedad civil que la dictadura y la inoperancia de Alfonsín habían dejado. Es decir, criticaban el contenido de su política.

Ambas tendencias deploraban también la escandalosa corrupción, el crecimiento de la pobreza, el desarrollo de las formas más perversas de clientelismo político y la ilusión, demasiado extendida, de vivir en un país “del Primer Mundo”.

Un análisis más cercano del discurso descubría, empero, sutiles diferencias enre aquellos que abominaban de esos males en nombre de una imprecisa moralidad republicana y los que se enfrentaban a ellos desde los conceptos de soberanía popular e identidad nacional.

Los primeros veían en Menem a Nerón, la Bestia.

Los segundos encontraban en el riojano la culminación del proyecto económico, cultural y social de la dictadura; no Nerón, sino Milton Friedman vestido de oropeles.

Esta distinción, casi una caricatura, es ilustrativa porque define dos maneras, dos talantes, diría, que existen en la América de tradición española a la hora de pensarse como sociedad.

Al primero, obsesionado con las formas, las buenas maneras, con la estética, en suma, le damos en Argentina el nombre de gorilismo.

Gorilas eran, años ha cuando existía realmente el peronismo, aquellos sectores más recalcitrantes en su odio a este ambiguo movimiento de masas. Odio que, es bueno señalar, estaba determinado más por el carácter multitudinario, masivo, popular en suma, del peronismo que por sus acciones políticas o económicas.


Viñetas antiperonistas de 1945/6

El gorilismo, claro, es anterior al peronismo. Se lo puede rastrear hasta los últimos años de la Colonia. Los “gorilas”, sin este nombre, dominaron al país por más de un siglo, e impusieron, con el poderoso auxilio del sistema educativo, la imagen de la Argentina como un país europeo, culto y formalmente republicano.

Una nación racional, sin conflictos raciales o sociales, tolerante y abierta a la emigración. Representante cabal, en el seno de la supuesta barbarie latinoamericana, de la civilización occidental.

Ni siquiera hacía falta ser miembro de esta siempre renovada oligarquía para ser un gorila. La escuela, los publicistas, los discursos formaban diariamente una suerte de ethos gorila en lo más hondo de cada argentino urbano.

Hubo, hay, gorilas de izquierda y gorilas de derecha. Gorilas que se asumen como tales y gorilas que se esconden con discursos impostados.

De raigambre liberal, el gorila de derecha desconfía de los políticos, recela de todo cuanto huela a intervención estatal y confia ciegamente en la iniciativa privada. Todo esto, por supuesto, no le impide enriquecerse con la función pública, aprovechar los contratos del Estado y reclamar, con obsesión de neonato, subsidios para su propio sector productivo. El doble discurso es, en él, una parte de su personalidad, tanto que no es conciente de practicarlo.

Con idéntica raíz, aunque negándola, el gorila progresista (quizás el más temible) abjura de la masa popular, usa y abusa alegremente del concepto de lumpen acuñado en triste hora por Marx y siente asco por el sudor de “los negros”. Aislado en su isla de saberes y teorías de avanzada, lo ignora todo sobre su tierra y, si acaso, la viste con los ropajes a la moda; buen salvaje en el siglo XIX, masas explotadas a principios y mediados del XX, pueblos originarios en el naciente XXI.

Formado por la lectura de pensadores extranjeros, el gorila rinde culto a la racionalidad, el orden, la limpieza y la mesura. Cree que cree en la democracia representativa, en los debates parlamentarios y en “el cuarto poder”. En realidad ama las formas, la afectación, la hipocresía en suma.


Es que el gorila siempre tiene un ojo puesto en el otro lado del Atlántico o más al norte del Río Grande.

¡Qué dirán ellos, se preguntan obsesivamente, de nosotros!

¡Qué pensarán los ilustrados, los cultos, los avanzados de esta gente rústica y atrasada!

¿Se nos ríen en la cara? ¿Nos desprecian? ¿Acaso nos están mirando?

A quien compuso esta foto de un enfrentamiento entre "bandas" peronistas no le interesa en sí el hecho, sino que fuera visto en todo el mundo... Los logos en los márgenes son suficientemente elocuentes.

De izquierda o de derecha, lo cierto es que el (la) gorila tiene miedo, mucho miedo, y vergüenza, demasiada vergüenza.

Miedo a sus honduras irracionales, que es el miedo al espejo.

La vergüenza es hija de ese temor.

El gorila no quiere exponerse, detesta ponerse en evidencia como no sea destacando por encima de todos. A sus ojos, eso es lo peor, a sus propios ojos; su pueblo y él mismo no son más que bárbaros, patanes, villanos residentes en la periferia del mundo.

El miedo y la vergüenza son exorcizados por medio de la pose, del desprecio y el cómodo expediente de cargar en el otro, su compatriota, toda su frustración por haber nacido en la Argentina.

En la revista Noticias o en los discursos de Elisa Carrió, así como en la charla diaria del taxista o en la práctica de las clases “medias” empobrecidas, el discurso gorila está tan asimilado que ni siquiera es advertido como tal. Lo usan cotidianamente y es su medida para todas las cosas.

Sea Menem o Kirchner, los asambleístas de Gualeguaychú o los piqueteros, sea la cumbia o el cuarteto; el gorila argentino se sube al pedestal de su propio ego, tuerce desdeñosamente el labio y exclama, horrorizado: ¡qué pueblo de mierda!