miércoles, junio 03, 2009
Ex abundantia cordis, os loquitur...
miércoles, abril 29, 2009
¡Esta gripe!

De buenas a primeras el dengue, que parecía ser la gran amenaza del 2009, deja las primeras planas, los titulares y los extensos informes de los noticieros de las ocho… el mosquito parece haber volado lejos, junto con su carga viral que, sólo cuando atacó las grandes ciudades, pareció hacerse visible. De paso digamos que en el Norte ya lo conocían, pero, se sabe, Argentina es un par de puertos y un impreciso interior.
Ahora la estrella es la gripe, influenza barbariza CNN, porcina.
De pronto nos encontramos rodeados de epidemiólogos que dictan cátedra con soltura sobre pandemia, epidemia, cepa y mutaciones. Y los infaltables anuncios de los agoreros, y las sospechas de los desconfiados, y las medidas de propaganda que toman los gobiernos.
Escucho a Sergio Massa, Ministro del Interior argentino; “66 millones de pesos más para el Ministerio de Salud”. Enhorabuena, me digo, siempre y cuando llegue a Salud y no se pierda en el Ministerio o, peor, en el de. Me pregunto, también, si son necesarios, si tales medidas son tomadas por legítima preocupación (que no descarto, aún no soy tan cínico), si son parte de una puesta en escena mediática, si se actúa, siempre, por espasmos en estos barrios del sur (y en muchos del norte, ¡claro!), si, como dice alguien; se hace lo que se puede con lo poco que hay.
Estoy en estos interrogantes cuando un amigo virtual, deduzco que mexicano por sus giros, Enrique Benítez, me acerca la siguiente información.
El Oseltamivir, más mentado como Tamiflu, es el medicamento usado para combatir este nuevo brote de gripe. Massa mencionó que en Argentina hay más de 500.000 tratamientos y, según Benítez, entre 2005 y 2006 los gobiernos de muchas partes del mundo compraron enormes cantidades de esta medicina. El Pentágono, por ejemplo, adquirió en 2005 reservas de Tamiflu
por 58 millones de dólares.
Hasta aquí todo parece claro y hasta razonable; es bueno que los gobiernos se preocupen por sus ciudadanos, si hay un remedio (aunque el Zanamivir o Relenza también me dicen que sirve) entonces hay que adquirirlo, si aparece un peligro, pues que se incremente la producción de preparados para atenuarlo.
Ahora bien, el Tamiflu es un específico derivado del anís estrellado que, fermentado con bacterias de escherichia colli (sí esas mismas) produce fosfato de oseltamivir la panacea, dicen, que nos salvará de la gripe asesina; que hasta ahora ha matado meros mexicanos los cuales, como decía Billy the Kid; “no cuentan”.
El proceso descripto fue patentado y es propiedad de Gilead Sciences (nombre bíblico, noto al pasar) uno de cuyos accionistas mayoritarios es
Donald Rumsfeld, ex Secretario de Ataque, perdón, Defensa de los Estados Unidos de América. Cuando el Pentágono compró las dosis mencionadas, el valor de las acciones de Gilead Sciences aumentó de $ 35 a $ 57 (siempre dólares, of course) lo que representó un incremento de algunos millones en las cuentas personales de este funcionario… (detalle interesante, además, para los que creen que la corrupción es un producto autóctono). Del mismo modo el valor del producto, comercializado por Roche, aumentó de unas cuatro decenas a más de cuatro centenas de dólares, según me informa Enrique.
Es también notable que las últimas partidas masivas se hayan adquirido en 2005 y que la caducidad de la presentación en comprimidos (en polvo es el doble) sea de cuatro años; ¡justo cuando estalla la pandemia! ¿Alcanzarán las dosis? ¿Habrá que salir corriendo a comprarle a Roche?
Según la red de emisoras independientes de Estados Unidos; Radio Pacífica, en base a un trabajo elaborado por el colectivo Pueblos sin Fronteras, unas muestras enviadas por Indonesia a la OMS fueron usadas por un laboratorio estadounidense en Los Álamos para fabricar un arma biológica, dichas muestras eran de la, hace cuatro años, famosa gripe aviar. Nadie puede acusar de nada a nadie, claro está, todo se mueve en el silencio y la sospecha, pero los memoriosos podemos recordar que en los años 70 del siglo pasado, el gobierno de Washington proveyó de virus de fiebre porcina a algunos grupos de exiliados cubanos; el gobierno de la isla debió, poco después, sacrificar a millones de puercos infectados.
También hay informes acerca de los primeros casos de esta gripe, Carlos Martínez de la revista electrónica Rebelión, informa que tuvieron lugar en la zona donde cría cerdos una empresa mexicano – estadounidense que tiene prohibido, por sus prácticas contaminantes, actuar en territorio de los EE UU. Tampoco aquí hay evidencias y uno, respetuoso de la navaja de Occam, no puede asegurar lo que no se puede probar pero…
Sea que el virus lo hayan producido como ensayo para la guerra biológica (¿por qué creer en las afirmaciones de inocencia hechas por el único estado de la Tierra que utilizó alguna vez armas nucleares en una guerra?), sea que se origine por malas prácticas de cría, por negligencia o por el interés de los laboratorios.
Sea, quizás, que los efectos de la enfermedad hayan sido sobredimensionados con el fin de crear miedo, seguros de su difusión masiva por los medios interesados en el sensacionalismo.
Sea que la gripe tenga causas naturales y que su propagación corresponda a lo que los casuistas anglosajones llaman “Act of God” (este God que tan pocas veces actúa para el bien) y no haya segundas intenciones…
Lo cierto es que los ceros en la cuenta corriente de tipos como Rumsfeld, el control social que reclama el Imperio (aunque ahora nos digan que reina un Trajano negro) y el miedo, compañero inseparable del sistema, aumentan y que la gripe, real o no, fabricada o regalo de Dios, nos hace acurrucar en nuestras camas, quedarnos quietecitos y rogar, a ellos les gusta que recemos, que pase de largo por nuestra puerta.
lunes, febrero 02, 2009
Desencantados
Es mentira, no puedo creerles, murmura la desencantada, mientras sube el volumen de la radio.
Los desencantados no son un espécimen local, están repartidos por todo el mundo, pero lo cierto es que la variedad argentina es notable por dos motivos, a saber; se consideran progresistas y sienten que el escepticismo más soso es en sí, delicioso.
Ningún desencantado ha nacido por generación espontánea, las circunstancias históricas; el fracaso repetido, las altas esperanzas defraudadas, la sequedad de la rutina, los han configurado como lo que son: delicadamente resentidos.
El miedo también ha configurado la conciencia, e inconsciencia si vamos a ello, del desencantado. Miedo a que lo baleen en cualquier descampado, miedo a que le roben lo trabajosamente conseguido, miedo a caerse de esa posición social que ha podido lograr, miedo, en fin, a su propio rostro en el espejo.
El (la) desencantado/a cree que todo tiene precio excepto él (ella) mismo/a.
Mira con sonrisa torva a los funcionarios del Estado, de sus tiempos de izquierda ha aprendido a desconfiar de ese instrumento de la clase dominante y tiene a gala no olvidarlo nunca, porque intuye que ellos le robarán el saldo de sus esfuerzos.
Se sonríe ante los movimientos sociales; locos lindos, siempre y cuando no corten la ruta cuando se va de vacaciones.
Porque se va de vacaciones, los desencantados nunca son tan pobres que no puedan disfrutar de su merecido descanso.
Apuesta a la protesta porque sí, porque queda bien, porque es una forma de mostrar su disconformidad ante el ascenso de lo vulgar. Protesta desde su casa, desde su departamento golpeando una cacerola, desde el living mirando TN, desde el sitio web enviando burlones comentarios. Nunca participa en construir, no le interesa, ¿para qué si todo sale mal?
Por eso disfruta de las malas noticias, goza cuando aparecen problemas, de la izquierda que fue mantiene ese viejo y tonto lema: cuanto peor, mejor.
Se entusiasma con el discurso racional, sólo un momento, sólo por unos instantes, y desprecia a cualquiera que no sepa usar con corrección la preposición “de”.
Elitista en su concepción, reniega de esa falta oculta para proclamar su amor por el pueblo. Nada lo demuestra mejor que esa cerámica que se trajo, por pocos pesos, del noroeste…
El desencantado lee Noticias, Crítica y Perfil, abomina de los K y tiene la secreta esperanza de que Carrió no lo defraude, apoya al campo sólo porque éste comparte sus fobias y se imagina de izquierda porque ha pasado por la universidad.
Hay mucho de bueno en los desencantados.
El escepticismo es bueno, la crítica también y ni hablar de la desconfianza.
Hay mucho de hojarasca, es una lástima, en los desencantados, trivialidad y una fundamental incapacidad de comprender los procesos históricos. Están acostumbrados a pensar las cosas en blanco o negro, en gris a lo sumo, y no pueden, simplemente no pueden, ser dialécticos; eso les suena a traición.
A veces me tienta ser un desencantado más; quejarme todo el día, burlarme de “la clase política” y exclamar triunfalmente cuando, como es de suponer, algo salga mal: te lo dije.
Me tienta, de verdad, pero entonces me paro, voy al baño, y me miro en el espejo.
miércoles, abril 23, 2008
Ō tempora! Ō mōrēs!
Variaciones de principios de siglo sobre un tema “Fin de siècle”.
Hace un tiempo comentábamos con amigos acerca del aumento de los síndromes depresivos, la permanente insatisfacción que se palpa en la calle, los reclamos contrapuestos de distintos sectores y el aumento de la delincuencia (para emplear una palabra que suena antipática pero es concisa y clara) y de pronto alguien evocó aquel consabido:
- Pero nuestros abuelos, inmigrantes muchos de ellos, vivían pobremente, padecían situaciones de indigencia a veces y, sin embargo, no salían por ahí a robar o matar.
Y otro agregó:
- Y mis viejos tampoco la pasaron bien, pero no por eso estaban deprimidos todo el tiempo.
Para que un tercero confirmase:
- Cuando era pibe no siempre tenía todo lo que quería y de hecho carecía de las cosas que tienen mis hijos, con todo no me sentía triste, ni sufría por no tener entradas para un recital de Soda, por ejemplo.
Antes de que la cosa se transformase en un beati illo témpore y cayésemos en los tópicos de todo lo pasado fue mejor, mi amigo Edgardo intervino:
- Pongamos cada cosa en su lugar -dijo a guisa de introito- por un lado es una tentación habitual proyectar sobre el pasado nuestros sueños sobre un mundo mejor, si así no fuera no habría mitos sobre la Edad de Oro o esas insoportables presentaciones de Power Point que evocan, dulzonas, nuestra infancia como un tiempo de alegrías... No seamos obvios, muchachos, que somos pocos y nos conocemos mucho. Teníamos depresiones, angustias, deseos insatisfechos y sufríamos lo que nos faltaba como el que más. Concedo que no cargábamos esas frustraciones con dramatismo (¡al menos no siempre!, recuerdo algunas charlas de adolescente que...) y reconozco también que teníamos a mano más de un par de recursos para salir de malas y no siempre eran "un caño" o "una birra" como parece ser el caso ahora, pero tampoco abominábamos de estas soluciones, ¿eh?
Los viejos vivían en lo que parecía ser una sociedad en ascenso, aun cuando éste se hubiera frenado hacía ya algún tiempo, y los nonos contaban con la esperanza de "facere l'America" o de "ritornare al paese". En todo caso siempre estaban presentes los mitos y las utopías para hacerlos soñar más que con un pasado maravilloso con un futuro luminoso como coronación del oscuro presente; se llamasen "socialismo", "anarquismo", "peronismo" u "hombre nuevo" existía la convicción, en ese siglo XX que fue nuestro territorio común de origen, de que no sólo podía cambiarse el mundo sino de que ese cambio ya había comenzado y que valía la pena luchar por él. Había aliados y había enemigos claros, había un sentido de pertenencia; fuese a la nación, fuese a la clase, fuesen, siquiera, a los colores del club.
Guardó silencio y nos miró como diciendo: No se hagan los giles.
Entonces prosiguió:
- Si nos ponemos a ver las cosas desde cierta perspectiva, imitando verbigracia a un historiador del siglo XXII, podemos considerar que en los últimos ocho años (dieciocho si me apuran, desde 1990) todo ese andamiaje se vino abajo y, curiosamente, sin demasiado estrépito. No repetiré la sandez del Fin de la Historia, pero sí les digo que entonces, ustedes y yo teníamos veintitantos, dejamos de creer...
- Nos des/ilusionamos- agregó Edgardo marcando la cesura- pues descubrimos que, como quería Nietzsche, "aún el mejor de nosotros era demasiado humano". Crímenes horrendos de regímenes que se presentaban como el alba de la nueva sociedad, mentiras y oportunismo de quienes habían proclamado su opción por la justicia, robo aquí y saqueo allá, intereses mezquinos un poco por todas partes, partidos políticos que se revelaban como gigantes con pies de barro, religiones acosadas por denuncias otrora silenciadas, sujetos antes invisibles que salían a la luz y cuyos reclamos no cabían en los viejos moldes. Derrota, desgano, hastío y, por encima de todo; un Papa que era puro espectáculo, un par de Emperadores medio locos y asesinos, Ayatollás que nos devolvían al pasado medieval y la aterradora posibilidad de saberlo todo y, peor, de que todo fuese una mentira.
Nos quedamos callados pensando en los días pasados, pero Edgardo no nos dio tiempo a reaccionar, siguió pegando:
- La era de prosperidad de los años 60 y 70, que en algunos lugares alcanzó a los 80, se terminaba junto con los sueños del Estado Benefactor, de la Sociedad Socialista o de la Liberación de los Condenados de la Tierra... Fueron días duros aquellos en los que nos casamos, engendramos hijos o comenzamos a ser, nos gustase o no, adultos. Quizás por eso a nuestra generación le cueste tanto dejar de comportarse, en algunos casos, como adolescentes eternos. Hace frío, allá afuera, y no hay nadie.
Nos quedamos en silencio porque eran palabras duras las de Edgardo y nadie sabía como responder.
viernes, febrero 15, 2008
Fragmentos de cerámica. Ensayo de arqueología personal.

Advertencia: Esto es netamente personal... y quizás algo oscuro.
Lasciate ogni speranza voi ch'intrate
El montículo tiene ya un altura respetable; acumulación de desechos y de rastros, es un tell que se alza solitario en una región poco hollada. Los nómades pasan a distancia prudencial de las embrujadas, piensan, estancias de los reyes de antaño.
Aquí vivió un pueblo. Aquí tuvo su morada mi espíritu durante más de cuatro décadas. Aquí fui feliz. Aquí lloré.
La melancolía se apodera de mi piqueta al iniciar la excavación. Los primeros niveles, casi al ras del suelo, son los más dolorosos. Los más profundos, en contacto con la roca (no vanamente llamada) madre resultan los determinantes. En el tramo medio se superponen los estratos de mi vida.
Las convenciones y la obligación me imponen atravesar casi diariamente la aparentemente lisa superficie del tell. Cuando voy a buscar a mis hijos, pero también cuando releo las crónicas de los últimos días del desaparecido asentamiento, resuenan monocordes los caramillos de antaño. Pan domina a veces entre las ruinas pobladas de búhos ululantes. Otras, es Lilith quien se insinúa, pero la más de las veces se trata del desdichado espectro del Si Hubiera; nefasta aparición que eriza mis cabellos y enerva mi ánimo.
Nivel 43. El último y más doloroso. Restos de proyectiles de una guerra perdida de antemano, un ábaco de suma cero, rotos mosaicos imposibles de recomponer a menos que se acepte que esa mueca horrorosa sea, en realidad, mi propio rostro en el año de la Lamentación.
Nivel 40. La decadencia y la bacanal. Orgiásticos murales ornan la fachada de un palacio cuajado de arabescos. Caracteres hebreos; mene, tequel, ufarsin y Belzazar sintió miedo…
Érase un mercader que ofertaba, insensato, sus bienes más preciados. Érase un osado soberano que imitó la torpeza de Candaules; por la ventana Giges espía y la Reina, inocente y lasciva, lo convoca. De nada servirá culpar a los oráculos, fueron claras las advertencias de la Pitia, Zeus enceguece a quienes quiere destruir.
Nivel 30, o algo así. Cerámica pintada a mano de tosca elaboración. Anuncios de preñez y edificaciones restauradas. Se añade un ala al Palacio Viejo, los conflictos están ocultos bajo la laca descascarada. Todo pende de un hilo, el espectro abominable agita su sombra de Balrog.
¿Qué hubiéramos sido si hubiésemos sabido? Como dioses, dijo Nehustán, si tuvieseis presciencia.
Nivel 25. Los cimientos del Palacio Viejo. Ánforas pintadas al esmalte con escenas religiosas. Indicios del culto al Hijo y a la Diosa. Himnos escritos en las paredes con letras miniadas. Estilo clásico incipiente en búsqueda de expresión. Revueltas sofocadas por la acción de los Pontífices, restos quemados.
Niveles 16 a 20. Preclásico. Primeras cerámicas de torno, inseguridad en el diseño y los motivos. Influencias externas con elementos locales predominantes. Fin del Culto Patriarcal. Manuscritos en palimpsestos. Dichos de Epicuro y Leyes de Moisés. Los pueblos que olvidan su Historia están condenados a repetirla. Reprimid, mes amis, reprimid, siempre quedará algo. Los deseos ocultos se agazapan, rabisu, en las sombras sicut leonis, buscando a quien devorar. Testimonios de las Leyes de Roma y las ofrendas de Cartago. Serás lo que debas ser, dijo el Pater Patriæ, y sino, no serás nada, nada, nada, nada como la de Artaud…
Me detengo un instante. Estoy en el nivel quince, un joven con polera de cuello alto eternizado en una escultura de recuerdo y alabastro. Hierático, mira con ojos de Ejnatón en busca de una improbable Nefertiti a quien adorar; como no la encuentra dirige su oración al dios del Disco Solar (Jata, llamado Atón, llamado Yahvé, llamado Padres de la Orden del Seráfico Padre San Francisco) y se aliena en la mejor tradición feuerbachiana.
Un mural muestra la llegada de Marx con su séquito entre los que destacan Engels y Lasalle (este último un poco apartado), los espartaquistas y Lenin, Trotsky, el Che y, curiosamente, el Padre Joaquín Núñez OFM combatiente. Toda la escena es una mala copia de la Cœna Ciprianii regurgitada por Umberto Eco.
Biblioteca Básica del Asentamiento: obras dispersas en ladrillos de barro cocido, sucio y sin glosar.
¡Circulen, circulen, no hay nada para ver!
Sigamos descendiendo a ver que encontramos.
Niveles inferiores. Aquí comenzó todo. Hic Verbo Caro Factum Est (la inscripcipon está dañada y no es segura su lectura). Culpa, llanto, masturbación y sangre; la letra con sangre entra (¿vale la recíproca?). Polinomios y binomio cuadrado perfecto. Gustavo es taaaaaaaaaaannnnnnnnn inteligente. Gusti, Gustito siempre vas a ser el bebito de mamá. ¡Mamá, tenés cuernos!. Mami, te sacaste un muy bien. ¡Idiota!. ¿Para qué habrá nacido esta chica? ¿Por qué no vas a Odol Pregunta? Sabe tanto, vos que sabés, eso, eso, hínchate como un pavo real. Sos el mejor. Sos el peor. Pobrecito, capaz que sos el único a quien invitó y vos no vas a ir… sentite culpable de las decisiones que tomás. Todo mal. Incesto y trío, amalgama de mierda en torno a la Roca Madre. No hay Dioses y Edipo es Rey en Tebas al fin y al cabo CENSURADO es como decir Yocasta ¿no?
¡Y se acaba!
Figurinas de ángeles en el nivel 2, manchas de semen si eso fuera posible a tan tierna edad.
lascualesnosepuedeintroducirsiquieralahojadeuncuchillo
decastrarcomoelqueusóCronosenelmiembrovirilde
UranoquienhabíavioladoasumadreGaia(oGea)
enelmismoactoquedionacimientoaAfrodita VenusimposiblenoimaginarelcuadrodeBoticelli
enestaSacsahuamándeandesitaysangrey lutoyllantoymuerteesparcid
nolesveísdevorandocualfierastodopuebloquelogranrendir;Potosí, Cochabamba y La Paz, Rodríguez y Virasoro, el taxi me deja bien… y a todos les va bien menos a mí que nada tengo, nada soy y miro la vida pasar por la telé donde canta Marcel Torrant le chanteur de la téle…
En el nivel 0 hay una sugerente imagen de una madre-diosa que aplana las orejas de su hijo mientras le repite: vos me vas a querer…
Más allá sólo el silencio, la noche y la nada de la cual todos venimos.
Subo la escalera. Cuarenta y tres niveles hasta la cima arrasada del tell.
En la tienda, mate y soledad deseada, hago el inventario. Es extenso como lista de compras de domingo, cómo deseos de pequeño burgués. Prolijo y detallado ocupa 52 páginas de nombres y fechas. Apenas termino de redactarlo enciendo un cigarrillo y quemo los papeles. El humo entra, acre, en mis pulmones y me fumo con fruición de adicto todo mi pasado. Echo bocanadas al aire. Un mate, por favor.
De las ruinas rescaté numerosas estatuas de la Diosa. De las ruinas extraje una hoz de oro manchada de sangre paterna que es, lo supe sólo a los doce años, mi propia sangre. De las ruinas recuperé manuscritos apolillados. De las ruinas aprendí mucho aunque eran cosas que ya sabía.
He decidido acampar aquí. Nivelar el terreno y roturarlo a ver si crecen algunas hortalizas en la tierra abonada por quince mil (más o menos) días de Vida; del Neolítico a la Era del Desencanto del Mundo.
Un pozo me proveerá de agua y de recuerdos, que son tan necesarios como el agua, pero uno puede enfermarse si toma demasiada agua…


















