


Reflexiones, berretines, ideas sueltas,palabras peligrosas. Una mirada personal, una revista; pequeña, breve, artesanal; casi como aquellas, las del añorado mimeógrafo. Aquí estoy yo, Gustavo, esperando que llegués a este blog, te detengas donde tengas ganas, leas un poco y me dejés tus comentarios. Es un espacio para compartir.



Los telespectadores de Tatooine ¿habrán lamentado la destrucción de la Estrella de la Muerte? Por primera vez desde 1941 los eternos agresores (obviamente siempre con Dios y la Justicia de su lado) eran agredidos, por primera vez desde 1812 los que habían bombardeado cada continente del mundo (y algún océano también) sufrían unas ofensiva en su propio territorio continental. Imágenes fílmicas de incontables catástrofes, generosamente provistas por ellos mismos, fueron evocadas de inmediato. Mi hija preguntaba: ¿qué pasó papá? No sé si se lo dije, ya mencioné la selectividad de la memoria, pero creo que respondí: las cosas están cambiando.
No digo que todo está bien (otro día hablaremos de ello) pero tampoco todo está tan mal. Hay mucho para cuestionar a la administración K y muchísimo más a la llamada oposición; pero el clima es diferente y, cuando el mundo parece derrumbarse en las geografías que nuestros argiropolitanos acostumbraban a admirar, uno encuentra motivos para la esperanza. Sin obviar todo aquello que duele; la miseria, el hambre (con la cosecha de tres días, ¡tres días!, comerían por un año todos los que están bajo la línea de indigencia), la falta de viviendas, y la lista sigue…

El peronismo gobernó Santa Fe desde el retorno de la democracia, vale decir durante casi 25 años, un cuarto de siglo, una generación, demasiado tiempo.
Sus administraciones fueron desde pésimas hasta medianamente correctas; lo mejor que se puede decir de ellas es que mantuvieron "la cosa" funcionando, llevaron adelante algunas obras públicas, pagaron los sueldos, condonaron impuestos a los poderosos, intentaron una torpe política sanitaria, social y educativa, otorgaron contratos exorbitantes a los "amigos", siguieron fielmente las directivas del gobierno federal de turno y su lema, quizás calcado sin saber del de París, fue "Fluctuat nec mergitur", flota sin sumergirse. Si la provincia no se hundía, decían Vernet, Reviglio, Reutemann y Obeid, entonces todo estaba bien.
Durante la mayor parte de esos años la oposición consistía en dos partidos de escasa diferencia a la hora de actuar, o no hacerlo, uno de ellos de alcance nacional; el radicalismo, y el otro provincial; la democracia progresista ambos nombres notablemente equívocos (pero de eso hablaremos otro día). La coexistencia era pacífica y civilizada; los peronistas sabían que siempre iban a ser gobierno, controlando también el poder legislativo, y los otros que estaban destinados a contentarse con sus discursos.
De carambola, y casi como en una película de enredos, el Partido Socialista, minoritario, histórico pero desvaído, llegó a
Como sea, los muchachos amarillos hicieron bien las cosas. Se aferraron a la oportunidad, pusieron énfasis en
La política quedó a un lado; hubo mucho de gestión y bastante de comunicación y mercadeo. No es que fueron desastrosos (para eso está el PJ), pero lo cierto es que sus mejores iniciativas, por ejemplo el Presupuesto Participativo, siempre quedaron a mitad de camino. No se atrevieron, los "mormones", nunca se animan...
El deterioro de la imagen peronista en la provincia, el crecimiento de Rosario (tema para otro artículo), las alianzas con la oposición, un discurso inteligente y algo de suerte allanaron el camino de Binner a
Si bien en las formas se trata de un frente (Frente Progresista Cívico y Social, ¿vaya nombre!) el PS, partido de cuadros, controla las principales áreas de gobierno. En Diputados cuenta con la mayoría, pero no ocurre lo mismo en
Hasta aquí la descripción del escenario.
El socialismo, hay que saberlo, carece de ideología y no tiene un programa claro de gobierno, en lo cual se parece al PJ. Lo distingue del peronismo un respeto casi fetichista por los grados universitarios, el amor inextinguible por los proyectos y la disciplina interno des sus cuadros, nutrida por una mística difusa que subordina (y justifica) todas las acciones en función del Partido. No en vano el calificativo de “mormones” que se les endilga. Para un PS no hay nada mejor que otro PS, excepto un PS con título académico.
Es claro que estos cuadros no se sienten, salvo en un diluido sentido histórico, expresión de la clase trabajadora; más bien encarnan un tipo social bastante difundido. Son profesionales con cierto barniz intelectual, respetuoso de los derechos civiles, cultor de los valores democráticos y burgueses y genuinamente conmovido por las desigualdades sociales. Como no tienen ninguna teoría acerca de la sociedad o la economía, aceptan al capitalismo como aceptan al clima o la hidrografía; datos inmodificables de la realidad. En una palabra, son auténticos liberales en el sentido más pleno de la palabra.
Que, pese a ello, sean considerados de centro izquierda habla claramente de nuestras anomalías políticas.
No sabían, cuando “tomaron el poder”, que no cumplirían con sus promesas de campaña; se reunieron, porque les gusta juntarse y charlar durante horas (sin pagar horas extra, por supuesto) y elaboraron planes políticamente correctos y emplearon profusamente la jerga de los cientistas sociales y crearon cargos de coordinación y…
Escasos fueron los resultados. Organizar un barrio era algo que podían hacer, una ciudad les costaba un poco más pero se apañaban para salir airosos, ¿una provincia?, bueno, es algo más complicado.
Se perdieron en el día a día y, cuadros al fin, fueron incapaces de forjar alianzas políticas útiles o siquiera funcionales, subestimaron a sus adversarios y, sobre todo, no pudieron construir poder; apenas un 5 en táctica y un reprobado en estrategia.
La inercia del peronismo unido en la obstrucción y los vaivenes de la economía provincial (atada a la producción agrícola) hicieron el resto.
El déficit en las cuentas públicas es producto tanto del manejo errado de los fondos como de la incapacidad para desmontar los mecanismos económicos y políticos de sus predecesores.
Conciente de ello, el PJ les marca la cancha y juega en el terreno que más le gusta. Poco les importa que Binner los exponga ante una sociedad indiferente, lo que cuenta es que se corte la luz, falle la seguridad y haya protestas sociales. Ya se sabe, si el gobierno no gobierna, ellos vuelven.
Es que llegar al poder es fácil, lo difícil es mantenerse en él.
¿Entonces?
Entonces el camino es casi intransitable para la asepsia del PS.
En tanto confunda gobierno con gestión, en tanto deje de lado la política, digo la construcción de poder, no de alianzas electorales, en tanto desconozca la complejidad de esta provincia y, sobre todo, en tanto no se atreva a comprometerse para lograr una mayor justicia social los tiempos en Santa Fe irán de mal en peor.
Es una lástima que suceda pero, cuando llueva, deberán recordar que fueron ellos mismos quienes empeoraron los tiempos...
(Nota: Como dije antes, este es un artículo sobre política local Por mi incapacidad de síntesis lo he dividido en 3 partes, de las cuales, esta es la segunda)
Desde finales de 2007 el Frente Progresista Cívico y Social, liderado por el Partido Socialista, rige la provincia de Santa Fe. Hermes Binner, ex intendente de Rosario, es el gobernador.
Su lema, durante la campaña electoral, fue “Buenos Tiempos”, pero la realidad, al comenzar su tercer año de gestión, indica otra cosa.
Un intento de análisis de esta situación debe comenzar, sin duda, por conocer el escenario en el cual se desarrolla.
Al sur y sobre el litoral del Paraná; Rosario y su región (que se extiende, dicho sea de paso, incluso un poco fuera de la provincia). Complejo agro industrial, es uno de los centros del poder económico provincial. Fuertemente autonomista es, además, el más desarrollado en materia de acción política. Epicentro de huelgas y reclamos, sede de lobbistas, usina de pensamiento tanto para los representantes del poder económico y social (derecha decíamos antes), como para los que quieren construir alternativas de contra poder (eso que se llamaba izquierda). Creyendo, no siempre con razón, ser el motor de la provincia.
La pampa gringa. Lejana de la capital, cercana hasta cierto punto a Rosario, preocupada por sus propios intereses agrarios. Los sectores medios, los más dinámicos de la región, están estrechamente vinculados a la explotación agropecuaria, la vida cotidiana de las ciudades y pueblos gira en torno del “campo” pues de su prosperidad depende la de ellos mismos. Los chacareros constituyen un colectivo de por sí heterogéneo, no apto para reducción simplistas o descriptivas como la presente, pero al menos se puede decir que engloban desde el pequeño productor, apenas a salvo de las deudas, hasta el propietario de grandes extensiones, próspero (muy próspero en algunos casos) gracias a la soja, por producirla o por alquilar sus tierras para la siembra, pero no siempre protegido ante imprevisibles desplomes del mercado o esperables gabelas del Estado. Rubros productivos, cercanía a las terminales, acceso al crédito, calidad de los campos son factores que matizan estos gruesos trazos, y determinan opciones políticas.
También con sus gentes olvidadas, como los trabajadores de río, los migrantes venidos desde la pobreza interior, con los que resisten casi de forma refleja.
A los que habría que sumarle la cerrazón de la oposición justicialista, felices cuando ven tambalear al rival pues entienden la política en clave de fútbol, los cortocircuitos al interior del propio Frente Progresista, donde a los demás partidos y pequeñas siglas les molesta no ser tenidos en cuenta por el hegemónico Partido Socialista, el cansancio y la desilusión de la población y, por último, más bien como marco general (pues Santa Fe, suele ser olvidado, es parte de esta República), la imprecisa situación nacional que podríamos llamar de “crisis contenida” (de la cual espero escribir otro día) que se caracteriza por el mantenimiento de las variables macroeconómicas, la erosión de los salarios, las pequeñas intrigas, la retórica va cía y la crispación efímera de uno u otro de los actores del “sistema” (1) .
[1] Elipsis cómoda para referirme al colectivo: “gobierno-oposición-empresarios-grupos de presión-medios-banca-operadores políticos”
El tipo razona así: Hoy todo está mal. El mundo ya no es lo que era, antes (y se sonríe evocando su infancia) había orden y respeto y justicia y buenos programas en televisión, antes (y evoca una vez más) yo era feliz.
El tipo sigue pensando (sintiendo) y se dice: ¿Qué pasó en estos años? ¿Dónde está ese pibe que se veía dueño del futuro? El pelado, incipiente, y algo barrigón que me mira en el espejo ¿soy yo?
El tipo se enoja. Abre el diario, o la página web equivalente, y encuentra la cotidiana miseria de éste, un país con luces y con sombras, con héroes y traidores, con desconocidas hazañas y demasiado públicas vilezas. El mundo se ha tornado muy oscuro para el tipo. El diario, o la tele, o la versión digital, o la radio, o la vecina que comenta le dicen que es cierto, que todo está mal, que la infancia ha quedado definitivamente atrás y que nada bueno le espera en los, pocos o muchos, años que quedan por delante.
El tipo siente un gran cansancio. Está viejo, está vencido, está rodeado por la miseria cotidiana.
Nunca se sumó a un proyecto colectivo, era un tipo promedio, nunca creyó en demasiadas cosas desde que dejó de esperar a los Reyes Magos, nunca confió en los demás, nunca osó cuestionar de frente a los que tenían el poder (podían lastimarlo), muchas veces pagó por quebrar esas pequeñas normas que, ya se sabe, son sólo excusas para recaudar …
Mira a su alrededor. Algunos de sus sueños sí se han logrado. Esfuerzo, alguna que otra agachada, fines de semana tapados de laburo, la vista para otro lado cuando fuera necesario, paciencia, muchas horas en el yugo. No es un santo, tampoco el demonio (de hecho para ambas se necesita más grandeza de la que, reconoce, posee) sólo un tipo común.
A la sonrisa que brota cuando reconoce sus logros le sustituye un rictus de temor. ¿Qué fue ese ruido en el patio? La villa está cerca y ese negrito que pasa en bicicleta y lo mira…
El tipo retoma el hilo de sus sentimientos; tiene miedo, está cansado, el tiempo futuro se le escurre entre los dedos, el diario (radio, tele, vecina o lo que sea) murmura en sus oídos sortilegios de aprensión, de rencor, de resentimiento. Vienen por vos, dice, vienen por tus cosas, vienen por tu vida, vienen por todo eso que lograste…
Mira a su alrededor. No ve sueños sino ruinas. El Estado, ese impotente padre, ya no lo protege, la villa está cerca, su calvicie aumenta, viene tormenta y los años avanzan.
Todo esto ha pasado en unos pocos segundos.
El tipo se vuelve hacia el vecino lo mira y le dice: ¡qué país de mierda!
El primer paso está dado... quedan muchos más por caminar.