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miércoles, noviembre 16, 2011

Engage!









Otra vez parto hacia
la segunda estrella
más allá de la Luna.
Sólo para ver que hay.
Sólo para poder contar historias.Por el mero placer de la navegación.

¿De qué hablar tras tan larga ausencia?

El Universo.
El Universo siempre es un buen tema. Está allí y nos complace pensar que no cambia, de hecho nos complace pensar que existe. Uno y diverso: acabo de enterarme que debemos esta palabra a Lucrecio; me encanta que sea así. Lucrecio es uno de mis autores favoritos, pertenece a ese grupo de griegos y romanos con los cuales hubiera podido conversar. No suelo lamentarme por el curso de la historia, pero cuando releo a los romanos y a los griegos pienso en todo cuanto perdimos al aceptar el cristianismo y su moral...

Volvamos, ahora, al Universo.
Sostengo la arrogante opinión, contraria a las Escrituras, de que todo eso que nos rodea (galaxias y demás, ya saben) no ha sido creado para nosotros, que somos sólo una gota en un océano más vasto. Sostengo también otra arrogante opinión, esta vez contraria a la necesidad de afecto de muchos de mis lectores, quizás seamos la primera especie inteligente del Universo, quizás estemos solos, quizás la autoconciencia de la materia (la mejor definición de lo que somos) ha surgido, por vez primera, en este olvidado rincón del Cosmos.
Y esta porción de materia, que mira y se mira, está comenzando a desentrañar los misterios de ese mismo universo que le dio origen. Esta es una visión maravillosa y un motivo de orgullo más legítimo que todas las supersticiones y pesimismos de la Historia.

Acerco la lente a realidades más cercanas.

El planeta Tierra (incluidos los objetos actualmente en órbita)








No estamos bien, todo es un desastre. Hambre, a pesar de que con al dinero que se les concedió como salvataje a los Bancos en 2009 se podría garantizar la alimentación a toda la Humanidad por seis (otros dicen doce) siglos, guerras, y lo peor de todo, guerras religiosas, crisis económica, desilusión, la maldad campando por sus respetos... La gente ya no cree en nada, se pierde el respeto, barbaridades como el matrimonio homosexual o la despenalización del aborto son aceptadas sin más.



Y el planeta se enferma, mutilamos, devastamos, ofendemos, matamos a la buena Gea que nos ha dado a luz. Saqueos, pillajes, devastaciones, opresión de todos tipo, racismo encubierto, nuevas enfermedades y endemias que se ceban en los más débiles. El mundo está interconectado, pero el ser humano está solo; trata de blancas (y de otros tonos de piel, por cierto), se expande la pornografía más grosera; la de la vida expuesta a la mirada pública, por contrato muchas veces. Ya nadie lee, los video juegos reemplazan a la realidad, la cultura se vuelve superficial y en los blogs se satisface el onanismo de escritores mediocres. Violencia, maldad y pecado; el escenario previo a ese Apocalipsis, que tantas veces han anunciado, está montado.



Estamos a las puertas de un gran cambio, todo hace presumir un nuevo amanecer para la Raza Humana. Solidaridad, objetivos globales para eliminar la pobreza, movimientos sociales que se plantean la posibilidad de construir un nuevo mundo, más justo, más solidario, más libre. Emergen los nuevos derechos; mujeres, homosexuales, indígenas, niños toman conciencia de su poder, se liberan de opresiones seculares, salen a la plaza pública para decir su palabra. El mundo está interconectado, miles de millones tenemos acceso a verdaderas bibliotecas virtuales, nuevas formas de socialización, de expresión multimedia, videojuegos que nos transportan a universos imaginados, se acelera la capacidad de procesar información de nuestra especie. Tiempos de abundancia; nunca tantos vivieron tan bien como en los tiempos actuales (lo que no significa que todos vivan tan bien) y la expectativa de vida entra en una curva ascendente. Si hay un resurgimiento religioso, también es verdad que el ateísmo se ha puesto de moda (y eso siempre es una buena noticia). Las guerras mundiales son un recuerdo del pasado, como van en camino de serlo el racismo, la discriminación, el pillaje y la indiferencia.
Cada vez son más los que se comprometen con el cuidado del medio ambiente. Las bases materiales para superar el capitalismo están puestas. El futuro no puede ser más promisorio.

Las dos visiones son reales.
Ambas hablan de nuestros (no siempre los comparto) temores y esperanzas.
Podría decirse que son el punto de vista pesimista y optimista, pero yo no elegiría esta solución simplista; prefiero pensar que se trata de un intento de ver la dialéctica de la cosa.
Negativo, positivo.
Retroceso, avance.
Sombra, luz.
Palabras que tratan de mostrar que la historia se sigue escribiendo y que carece de conciencia, excepto la que podemos crear nosotros con nuestras acciones u omisiones.
Palabras balbuceantes, por lo demás.

Claro que, vale aclarar, considero más real, no real no, ¿verdadera?, ... a la segunda visión.

En el desarrollo de la civilización, que todavía no ha salido de su prehistoria, creo que se construye más de lo que se destruye. El mero hecho de ser concientes de todo cuanto nos falta, la simple posibilidad de cuestionarnos a nosotros mismos (algo que nuestros predecesores escasamente practicaban) es un indicio de que estamos en buen camino...

Y basta por hoy. En el próximo post comentaré algo sobre temas más próximos; nuestro lugar en el mundo; Sudamérica y, en particular, Argentina.

viernes, diciembre 31, 2010

Durante la primera década del siglo…


Así hablarán los historiadores del futuro, es decir dentro de unos cuatro días, acerca de los últimos diez años que acabamos de vivir. Parecen remotos aquellos sucesos que nos marcaron, mundo, continente, nación, desde el 2001. ¿Y qué decir de los misterios que, para todos los que tenemos más de 30, llevaba aparejada la misteriosa cifra del año 2000; ya en el siglo pasado?
La memoria es selectiva, no hay dudas, puestos a recordar se agolpan imágenes que, a veces, ni siquiera se pueden situar claramente en el tiempo. Cada uno rememora aquello que le impactó, pero también aquello de lo que tanto oyó hablar. Imágenes propias, implantadas por los medios, generadas por el azar de los recuerdos. También, ¿por fortuna?, ¿por instinto de supervivencia?, ¿lamentablemente?, escojan ustedes el adverbio, olvida muchas, muchas cosas.





Esta es mi propia cosecha de comienzos de siglo…
En julio de 2001, acaban de robar mi casa, recibí por esas compensaciones del acaso la maravillosa noticia de que Mariana, entonces mi esposa, estaba embarazada por segunda vez. Daniel, un hermoso renuevo del viejo tronco Bessolo, estaba formándose en su vientre. Aún no imaginaba la maravilla de verme reflejado en sus ojos, en sus manitas aferrándome, en sus preguntas y, ahora, en su pertinaz interés por la mitología. Todavía no sabía de la turbación de encontrar en sus gestos, sus enojos, sus rabietas y sus risas el eco de aquellas que suelen dominarme más de lo que quisiera admitir.

¿Dónde estabas el 11 de septiembre de 2001? Es el recuerdo común más antiguo que puedo lograr sin recurrir a la extensión de mi memoria que tengo en la punta de los dedos. Día del maestro, recuerdos permanentes de un desgraciado 11 chileno, estaba en casa. Mi hija tomaba, sin demasiado entusiasmo, su desayuno. Escuchaba radio; ¿Cuál es? me gustaba entonces; comentarios sobre Nueva York, frases sueltas, la imprecisa sensación de no saber que estaban hablando y el recurso a la tele, en esos tiempos en que Internet (dial up) era un lujo para unas pocas horas nocturnas… La imagen de las Torres Gemelas, el humo, el impacto en vivo del segundo avión. Las sensaciones fueron contradictorias; un desastre siempre nos conmueve pero en este caso, y sé que muchos compatriotas coincidieron conmigo, era un ataque (no sabíamos quiénes o por qué) al corazón del Imperio.
 Los telespectadores de Tatooine ¿habrán lamentado la destrucción de la Estrella de la Muerte? Por primera vez desde 1941 los eternos agresores (obviamente siempre con Dios y la Justicia de su lado) eran agredidos, por primera vez desde 1812 los que habían bombardeado cada continente del mundo (y algún océano también) sufrían unas ofensiva en su propio territorio continental. Imágenes fílmicas de incontables catástrofes, generosamente provistas por ellos mismos, fueron evocadas de inmediato. Mi hija preguntaba: ¿qué pasó papá? No sé si se lo dije, ya mencioné la selectividad de la memoria, pero creo que respondí: las cosas están cambiando.




En 2001 otras varias tornas se volvieron.







































El gobierno de la Alianza en la Argentina (si no sabés que fue la Alianza porque vivís en un termo chino hay una cosa llamada Wikipedia) se encaminaba hacia la catástrofe. Había despertado algo más que tibias expectativas después de los diez años de pública almoneda menemista. No había cumplido ni siquiera un décimo de las expectativas, justificando una vez más aquella vieja verdad: “los radicales no saben gobernar”, cuyo corolario, no escindible, es: “los peronistas no dejan gobernar”. 




El censo, previsto para septiembre de 2001, fue para mí la prueba final del fracaso; que un gobierno no pueda siquiera 
asegurar el cumplimiento de un censo (algo que ya hacía cualquier rey de la Edad de Bronce) era una demostración más que suficiente de que le quedaba poco tiempo de vida. 
No esperaba, claro, lo que vino después: corralito, saqueos, violencia urbana, represión, piquetes (por ese entonces incorporamos la palabra la léxico habitual), cacerolazos, riesgo país (otra frase popular), estado de sitio, acefalía…



Y muertes, como la de Pocho Lepratti, como la de tantos otros.
Fui en familia, y un poco a regañadientes porque me evocaban esa clase media a la que no quiero pertenecer, y protestas muy otras en un país trasandino, a algunos de tantos cacerolazos casi espontáneos de aquellos días. Belu se entusiasmaba con un silbato, yo cuidaba esa vieja olla que, más tarde, usaría para cocinar, Daniel, en la panza, ¿quién sabe lo que sentiría? ¿Gritaría también desde su confortable comarca: ¡qué se vayan todos!?
Las memorias vienen solas a las puntas de los dedos. Renuncia y huída del presidente De la Rúa. 


Los depósitos congelados, varios presidentes en una semana (Google me recuerda que fueron cuatro y olvidables) y una frase del último regente de la abatida República: La Argentina está quebrada. La Argentina está fundida. Este modelo en su agonía arrasó con todo... Olvidándose, claro está, de que había apoyado con todo su esfuerzo tal “modelo” (en Argentina todo plan económico y político, o la ausencia del mismo, se llama modelo). 
El país se incendiaba, los medios masivos eran antiguos hechiceros profetizando sobre las ruinas desgracia tras desgracia, los economistas jugaban a ver quien preanunciaba la peor catástrofe, los grupos de izquierda releían en sus viejas biblias los pronósticos de la revolución proletaria y se preguntaban ¿cuándo tomaremos el Palacio de Invierno? 
Proliferaban los clubes de trueque, que para algunos eran el despertar de la nueva sociedad, y las asambleas barriales; se gritaba, todavía, piquete y cacerola; la lucha es una sola y se soñaba con una alianza de clases, onda Revolución Francesa, que guillotinaría a la podrida aristocracia (en mi país, como no hay aristocracia, se suele odiar a la oligarquía, pero en esos tiempos el odio era unánime contra la llamada “clase política”) e implantaría la República de los Iguales como proclamaba, con acentos de Babeuf y algo de Savonarola, la profetisa Carrió. 
Duhalde, en tanto seguía hablando: quien depositó pesos, recibirá pesos. Y quien depositó dólares, recibirá dólares.
Los hechos se agolpan. El espacio de palabras es acotado y debo resumir. Ustedes, botella al mar al fin, suplirán lo que falta si es que deciden comentar.


El 2002 comenzó bajo el signo del desconcierto. También de la expectativa que suele parecerse mucho a la esperanza. Mi hijo Daniel abre sus ojos a un mundo en el cual lo único seguro es el cambio.

El Euro, la primera moneda de una federación de naciones, entra en circulación en Europa y muy pronto será una seria competencia para el dólar imperial. Entre guerras, atentados suicidas, tomas de rehenes, calentamiento global y asteroides que pasan peligrosamente cerca de nuestro planeta ¿recuerda alguien la explosión sobre el Mediterráneo Oriental que, por tres horas de diferencia, no causó la muerte de millones de personas? Yo, al menos, no…


Años sazonados aquellos. En mi propia vida, digo, con los condimentos más variados. Incienso de mis últimos años al servicio de la Santa Madre (varias madres debe uno dejar en el camino, pero dejemos esto para las sesiones de los martes), canela del Cercano Oriente (una me intoxicó hasta la alergia, otra todavía endulza recuerdos que serán sólo eso), mirra (demasiada), pimienta en exceso y toques de mostaza en los últimos tiempos. Deliciosa mostaza que, a veces, no saboreo como debiera… pero de la cual ¡estoy enamorado!


Un país arrasado era lo que amanecía en la primera década del siglo. Un país muy diferente es el que amanecerá en los primeros segundos de la segunda. ¿El país soñado?, no, ciertamente pero al menos la política ha vuelto a las calles, poco a poco se definen posturas y, no es un dato menor, estamos sobrellevando con relativa indemnidad la peor crisis del presente siglo.
 No digo que todo está bien (otro día hablaremos de ello) pero tampoco todo está tan mal. Hay mucho para cuestionar a la administración K y muchísimo más a la llamada oposición; pero el clima es diferente y, cuando el mundo parece derrumbarse en las geografías que nuestros argiropolitanos acostumbraban a admirar, uno encuentra motivos para la esperanza. Sin obviar todo aquello que duele; la miseria, el hambre (con la cosecha de tres días, ¡tres días!, comerían por un año todos los que están bajo la línea de indigencia), la falta de viviendas, y la lista sigue…

En diez años acuñamos nuevos verbos; googlear, bloguear, colgar, loguear, nuevas costumbres a la hora de volver a casa o del insomnio; facebook, you tube, Wikipedia para los más frikis…














Los celulares pasaron de ser  aparatos para hablar por teléfono a dispositivos sofisticados que, además, permiten la comunicación (o incomunicación andá a saber) telefónica.






























Ya no confiamos tanto en lo que se dice, somos más críticos.



No nos esforzamos tanto por lograr las cosas, ¿más holgazanes quizás?

Los ideales están tan lejos como hace una década.


Los caminos se desbrozan sobre la marcha y cunado se vuelve la vista… ya lo dijo Machado, ¿se acuerdan?

Tanto en diez años…
Tenía treinta y seis, entonces
Viví el frenesí de los cuarenta, me separé, encontré lo más parecido al verdadero amor (o quizás sea el Verdadero, si nunca lo viví tal vez necesite tiempo para reconocerlo) y hallé mi lugar en el mundo en una escuela que, cada día, se mete más y más en mis afectos… Compañer@s de trabajo, y de estudio, entrañables, chic@s maravillosos, mis hijos creciendo y la amorosa mirada de Sabrina.
Tengo cuarenta y seis, ahora.
¡Y lo mejor  todavía está  por venir!

viernes, febrero 05, 2010

No eran tan buenos los tiempos 3 y último





El socialismo (versión posmoderna) gobierna la provincia de Santa Fe desde el 11 de diciembre de 2007. Después de las promesas de la campaña nos encontramos con un importante déficit en materia económica y, lo que es más importante, social. La administración Binner está lejos de satisfacer las expectativas que despertó en un sector importante de la población. Rojo en las cuentas provinciales, incumplimiento de compromisos asumidos, imposibilidad de llevar adelante la Reforma Tributaria (ni hablar de la constitucional), crisis energética, crecimiento del delito... No es cuestión de buscar "culpas", entiendo muy bien lo que representa, estructuralmente, el Estado y por eso no espero demasiado de este o aquel partido; pero tampoco vale el cómodo expediente de decir el Estado es la junta de administración de la clase dominante... y quedarse tranquilo con la cita de Illich, pues si es ciertamente eso, también es mucho más y clasificar no nos exime del trabajo de entender. El propósito de este artículo es, apenas, comprender cómo una administración que llegó al poder con el 48% de los votos, con la intención de modificar el rumbo de la provincia pueda encontrarse en esta situación crítica y esperando fondos del gobierno nacional para evitar una masiva huelga de estatales...




El peronismo gobernó Santa Fe desde el retorno de la democracia, vale decir durante casi 25 años, un cuarto de siglo, una generación, demasiado tiempo.
Sus administraciones fueron desde pésimas hasta medianamente correctas; lo mejor que se puede decir de ellas es que mantuvieron "la cosa" funcionando, llevaron adelante algunas obras públicas, pagaron los sueldos, condonaron impuestos a los poderosos, intentaron una torpe política sanitaria, social y educativa, otorgaron contratos exorbitantes a los "amigos", siguieron fielmente las directivas del gobierno federal de turno y su lema, quizás calcado sin saber del de París, fue "Fluctuat nec mergitur", flota sin sumergirse. Si la provincia no se hundía, decían Vernet, Reviglio, Reutemann y Obeid, entonces todo estaba bien.

Durante la mayor parte de esos años la oposición consistía en dos partidos de escasa diferencia a la hora de actuar, o no hacerlo, uno de ellos de alcance nacional; el radicalismo, y el otro provincial; la democracia progresista ambos nombres notablemente equívocos (pero de eso hablaremos otro día). La coexistencia era pacífica y civilizada; los peronistas sabían que siempre iban a ser gobierno, controlando también el poder legislativo, y los otros que estaban destinados a contentarse con sus discursos.

De carambola, y casi como en una película de enredos, el Partido Socialista, minoritario, histórico pero desvaído, llegó a la Intendencia de Rosario. Los rosarinos se acordarán como fue pero ahora no hay tiempo para contarlo...

Como sea, los muchachos amarillos hicieron bien las cosas. Se aferraron a la oportunidad, pusieron énfasis en la Salud, en (un poco menos) la asistencia social, y la Cultura. Capitalizaron el orgullo local (el insportable ego rosarino) y buscaron una fructífera alianza con los medios de comunicación, la Universidad y los lobbies locales. El socialismo en Rosario fue fiel a su tradición y su proyecto: progresismo de pequeño burgués con educación universitaria algo así como el despotismo ilustrado mezclado con retórica académica.
La política quedó a un lado; hubo mucho de gestión y bastante de comunicación y mercadeo. No es que fueron desastrosos (para eso está el PJ), pero lo cierto es que sus mejores iniciativas, por ejemplo el Presupuesto Participativo, siempre quedaron a mitad de camino. No se atrevieron, los "mormones", nunca se animan...
El deterioro de la imagen peronista en la provincia, el crecimiento de Rosario (tema para otro artículo), las alianzas con la oposición, un discurso inteligente y algo de suerte allanaron el camino de Binner a la Casa Gris.

Si bien en las formas se trata de un frente (Frente Progresista Cívico y Social, ¿vaya nombre!) el PS, partido de cuadros, controla las principales áreas de gobierno. En Diputados cuenta con la mayoría, pero no ocurre lo mismo en la Cámara de Senadores donde diversas facciones peronistas retienen el poder.

Hasta aquí la descripción del escenario.




El socialismo, hay que saberlo, carece de ideología y no tiene un programa claro de gobierno, en lo cual se parece al PJ. Lo distingue del peronismo un respeto casi fetichista por los grados universitarios, el amor inextinguible por los proyectos y la disciplina interno des sus cuadros, nutrida por una mística difusa que subordina (y justifica) todas las acciones en función del Partido. No en vano el calificativo de “mormones” que se les endilga. Para un PS no hay nada mejor que otro PS, excepto un PS con título académico.

Es claro que estos cuadros no se sienten, salvo en un diluido sentido histórico, expresión de la clase trabajadora; más bien encarnan un tipo social bastante difundido. Son profesionales con cierto barniz intelectual, respetuoso de los derechos civiles, cultor de los valores democráticos y burgueses y genuinamente conmovido por las desigualdades sociales. Como no tienen ninguna teoría acerca de la sociedad o la economía, aceptan al capitalismo como aceptan al clima o la hidrografía; datos inmodificables de la realidad. En una palabra, son auténticos liberales en el sentido más pleno de la palabra.

Que, pese a ello, sean considerados de centro izquierda habla claramente de nuestras anomalías políticas.

No sabían, cuando “tomaron el poder”, que no cumplirían con sus promesas de campaña; se reunieron, porque les gusta juntarse y charlar durante horas (sin pagar horas extra, por supuesto) y elaboraron planes políticamente correctos y emplearon profusamente la jerga de los cientistas sociales y crearon cargos de coordinación y…

Escasos fueron los resultados. Organizar un barrio era algo que podían hacer, una ciudad les costaba un poco más pero se apañaban para salir airosos, ¿una provincia?, bueno, es algo más complicado.

Se perdieron en el día a día y, cuadros al fin, fueron incapaces de forjar alianzas políticas útiles o siquiera funcionales, subestimaron a sus adversarios y, sobre todo, no pudieron construir poder; apenas un 5 en táctica y un reprobado en estrategia.

La inercia del peronismo unido en la obstrucción y los vaivenes de la economía provincial (atada a la producción agrícola) hicieron el resto.

El déficit en las cuentas públicas es producto tanto del manejo errado de los fondos como de la incapacidad para desmontar los mecanismos económicos y políticos de sus predecesores.

Conciente de ello, el PJ les marca la cancha y juega en el terreno que más le gusta. Poco les importa que Binner los exponga ante una sociedad indiferente, lo que cuenta es que se corte la luz, falle la seguridad y haya protestas sociales. Ya se sabe, si el gobierno no gobierna, ellos vuelven.

Es que llegar al poder es fácil, lo difícil es mantenerse en él.

¿Entonces?




Entonces el camino es casi intransitable para la asepsia del PS.

En tanto confunda gobierno con gestión, en tanto deje de lado la política, digo la construcción de poder, no de alianzas electorales, en tanto desconozca la complejidad de esta provincia y, sobre todo, en tanto no se atreva a comprometerse para lograr una mayor justicia social los tiempos en Santa Fe irán de mal en peor.

Es una lástima que suceda pero, cuando llueva, deberán recordar que fueron ellos mismos quienes empeoraron los tiempos...





miércoles, febrero 03, 2010

No eran tan buenos los tiempos 2

(Nota: Como dije antes, este es un artículo sobre política local Por mi incapacidad de síntesis lo he dividido en 3 partes, de las cuales, esta es la segunda)



Desde finales de 2007 el Frente Progresista Cívico y Social, liderado por el Partido Socialista, rige la provincia de Santa Fe. Hermes Binner, ex intendente de Rosario, es el gobernador.
Su lema, durante la campaña electoral, fue “Buenos Tiempos”, pero la realidad, al comenzar su tercer año de gestión, indica otra cosa.

Un intento de análisis de esta situación debe comenzar, sin duda, por conocer el escenario en el cual se desarrolla.


La provincia de Santa Fe tiene diecinueve departamentos. Más interesantes que esta división administrativa son, sin embargo, las cuatro o cinco regiones que la componen, cuyos rasgos económicos, sociales y hasta culturales determinan intereses no siempre coincidentes.
Al sur y sobre el litoral del Paraná; Rosario y su región (que se extiende, dicho sea de paso, incluso un poco fuera de la provincia). Complejo agro industrial, es uno de los centros del poder económico provincial. Fuertemente autonomista es, además, el más desarrollado en materia de acción política. Epicentro de huelgas y reclamos, sede de lobbistas, usina de pensamiento tanto para los representantes del poder económico y social (derecha decíamos antes), como para los que quieren construir alternativas de contra poder (eso que se llamaba izquierda). Creyendo, no siempre con razón, ser el motor de la provincia.

Más al sur, y hacia adentro, la región con centro en Venado Tuerto. La pampa gringa. Lejana de la capital, cercana hasta cierto punto a Rosario, preocupada por sus propios intereses agrarios. Los sectores medios, los más dinámicos de la región, están estrechamente vinculados a la explotación agropecuaria, la vida cotidiana de las ciudades y pueblos gira en torno del “campo” pues de su prosperidad depende la de ellos mismos. Los chacareros constituyen un colectivo de por sí heterogéneo, no apto para reducción simplistas o descriptivas como la presente, pero al menos se puede decir que engloban desde el pequeño productor, apenas a salvo de las deudas, hasta el propietario de grandes extensiones, próspero (muy próspero en algunos casos) gracias a la soja, por producirla o por alquilar sus tierras para la siembra, pero no siempre protegido ante imprevisibles desplomes del mercado o esperables gabelas del Estado. Rubros productivos, cercanía a las terminales, acceso al crédito, calidad de los campos son factores que matizan estos gruesos trazos, y determinan opciones políticas.

El centro administrativo y decisorio está centrado en Santa Fe de la Vera Cruz, no en vano cito su nombre colonial, con su proverbial parsimonia (a menudo exageradas desde el sur), con su tradición burocrática del “así se hizo siempre” y con cierto orgullo desdeñoso ante el resto de la provincia.
También con sus gentes olvidadas, como los trabajadores de río, los migrantes venidos desde la pobreza interior, con los que resisten casi de forma refleja.


El norte, con Reconquista y Vera como referentes. Aquí sólo hay dos clases; los que tienen y pueden, los que no tienen ni pueden.



A la primera se la identifica por su tez blanca, sus apellidos de corte centro europeo y sus campos de algodón, antes, de soja, hoy. Funcionarios, burócratas y docentes pertenecen a ella que colonizó, con ayuda del Rémington, la Cruz y la Forestal, aquella región indómita hace exactamente un siglo. La segunda poco cuenta; son más bien morochos y revelan la tenacidad del ADN nativo, criollos se denominan, otros epítetos les son dados desde fuera; trabajan pero no pueden protestar, sólo escuchar y seguir a sus supuestos dirigentes, mientras esperan las dádivas de los que saben, los que tienen o los que pueden.

El resto de la provincia, habría que mencionar el centro oeste por ejemplo, participa un poco de las características de estas cuatro.


Hay explotación en Santa Fe, aunque no se diga en voz alta, hay feudalismo en muchas regiones, hay clientelismo y no siempre es de origen peronista, y no siempre es practicado por los partidos políticos.

lunes, febrero 01, 2010

No eran tan buenos los tiempos




(Nota: Regreso al espacio virtual con un texto sobre política que hace tiempo quería escribir. La síntesis, o la banalización vaya uno a saber, no es mi fuerte; por eso divido este artículo en 3 partes a publicar de forma sucesiva)

No son tan buenos los tiempos en la provincia de Santa Fe, pero tal vez sí sea bueno tratar de entender por qué.
El gobierno (la gestión como les gusta mentarla a ellos) socialista del Dr. Binner comienza su tercer, y penúltimo, año. Lo hace en un escenario poco favorable: crisis energética, agravada por las altas temperaturas, pero…, déficit fiscal, irresoluble según pretenden con los instrumentos fiscales vigentes, conflictos laborales con los empleados estatales, en especial los docentes, a punto de estallar.
A los que habría que sumarle la cerrazón de la oposición justicialista, felices cuando ven tambalear al rival pues entienden la política en clave de fútbol, los cortocircuitos al interior del propio Frente Progresista, donde a los demás partidos y pequeñas siglas les molesta no ser tenidos en cuenta por el hegemónico Partido Socialista, el cansancio y la desilusión de la población y, por último, más bien como marco general (pues Santa Fe, suele ser olvidado, es parte de esta República), la imprecisa situación nacional que podríamos llamar de “crisis contenida” (de la cual espero escribir otro día) que se caracteriza por el mantenimiento de las variables macroeconómicas, la erosión de los salarios, las pequeñas intrigas, la retórica va cía y la crispación efímera de uno u otro de los actores del “sistema” (1) .

[1] Elipsis cómoda para referirme al colectivo: “gobierno-oposición-empresarios-grupos de presión-medios-banca-operadores políticos”



Volviendo a Santa Fe hay, por cierto, análisis simplistas que no pueden ser obviados pero de escasa capacidad explicativa.
La izquierda minoritaria por vocación, la de los panfletos ilegibles, considera que el gobierno de Binner y los suyos es un falso socialismo; socios funcionales de los grupos de poder económico. Más de lo mismo como suelen decir, ufanándose de su ceguera, o su pereza, conceptual.
Los propios socialistas, devotos de la causa y de los proyectos, nos dicen que la oposición peronista no los deja gobernar (dificultan la gestión, aclaran), que el déficit es producto de veintitantos años de descontrol, que tienen en su haber muchas iniciativas importantes y que todo sería maravilloso si no fuese que, ¡ah mundo consumista!, hace falta dinero para pagarlo. En fin, que su gestión es impecable y sería perfecta sin peronistas a la vista y una buena cuenta en el banco, que es como decir; “seríamos grandiosos en Suecia”.
Los justicialistas, uno para todos y todos contra uno, no buscan más explicación que la queja feliz: son un desastre, dicen, y agregan por lo bajo, peores que nosotros. Minimizan cualquiera de los, escasos pero reales, logros del gobierno y exageran hasta la hipérbole todos y cada uno de los errores de Binner, que son bastantes, sin omitir los discursivos en los que incurre una y otra vez. Así entienden ser oposición y, con su lógica de barrabrava, esperan ansiosos la caída de los socialistas: ¡se van para la B!
Mentira, crisis económica, ineptitud; las tres explicaciones al uso para entender la realidad provincial en febrero de años diez. Creo que podemos avanzar un poco más para comprender mejor, análisis de coyuntura le decíamos en otra época, la política en Santa Fe.

Continuará

jueves, noviembre 12, 2009

Law abiding citizen


El tipo razona así: Hoy todo está mal. El mundo ya no es lo que era, antes (y se sonríe evocando su infancia) había orden y respeto y justicia y buenos programas en televisión, antes (y evoca una vez más) yo era feliz.

El tipo sigue pensando (sintiendo) y se dice: ¿Qué pasó en estos años? ¿Dónde está ese pibe que se veía dueño del futuro? El pelado, incipiente, y algo barrigón que me mira en el espejo ¿soy yo?

El tipo se enoja. Abre el diario, o la página web equivalente, y encuentra la cotidiana miseria de éste, un país con luces y con sombras, con héroes y traidores, con desconocidas hazañas y demasiado públicas vilezas. El mundo se ha tornado muy oscuro para el tipo. El diario, o la tele, o la versión digital, o la radio, o la vecina que comenta le dicen que es cierto, que todo está mal, que la infancia ha quedado definitivamente atrás y que nada bueno le espera en los, pocos o muchos, años que quedan por delante.

El tipo siente un gran cansancio. Está viejo, está vencido, está rodeado por la miseria cotidiana.

Nunca se sumó a un proyecto colectivo, era un tipo promedio, nunca creyó en demasiadas cosas desde que dejó de esperar a los Reyes Magos, nunca confió en los demás, nunca osó cuestionar de frente a los que tenían el poder (podían lastimarlo), muchas veces pagó por quebrar esas pequeñas normas que, ya se sabe, son sólo excusas para recaudar …

Mira a su alrededor. Algunos de sus sueños sí se han logrado. Esfuerzo, alguna que otra agachada, fines de semana tapados de laburo, la vista para otro lado cuando fuera necesario, paciencia, muchas horas en el yugo. No es un santo, tampoco el demonio (de hecho para ambas se necesita más grandeza de la que, reconoce, posee) sólo un tipo común.

A la sonrisa que brota cuando reconoce sus logros le sustituye un rictus de temor. ¿Qué fue ese ruido en el patio? La villa está cerca y ese negrito que pasa en bicicleta y lo mira…

El tipo retoma el hilo de sus sentimientos; tiene miedo, está cansado, el tiempo futuro se le escurre entre los dedos, el diario (radio, tele, vecina o lo que sea) murmura en sus oídos sortilegios de aprensión, de rencor, de resentimiento. Vienen por vos, dice, vienen por tus cosas, vienen por tu vida, vienen por todo eso que lograste…

Mira a su alrededor. No ve sueños sino ruinas. El Estado, ese impotente padre, ya no lo protege, la villa está cerca, su calvicie aumenta, viene tormenta y los años avanzan.

Todo esto ha pasado en unos pocos segundos.

El tipo se vuelve hacia el vecino lo mira y le dice: ¡qué país de mierda!

martes, octubre 13, 2009

Escuela media?


Estuve tentado, confieso, de hacer algún torpe juego de palabras con el titulo de la entrada: algo así como media escuela o escuela secundaria; escuela de segunda... pero me contuve (no tanto como se ve por este párrafo) porque el tema no da para bromitas tontas...

Mi paso por la Secundaria no puede evitar la referencia a aquellos años oscuros de dictadura, integrismo y sospecha. Tiempos en que la directora advertía a los padres sobre denuncias al Ejército si hablábamos de más, en que el preceptor nos revisaba el cuello para verificar el largo del pelo, en que celebrábamos el genocidio de los mapuches o íbamos a misa (era una escuela pública) para celebrar un aniversario. Días de represión e ignorancia.

La Secundaria que he visto como docente, con origen y raíces en la Primaria, o la que percibo como padre de una adolescente es bien diferente. Más abierta, más libre, menos exigente, permisiva podría decir, si este término significase algo.

Hey! Teachers! Leave them kids alone! escucho mientras escribo. Han pasado unos, muchos, años desde The Wall, han transcurrido siglos, parece, desde los reclamos de Iván Illich y la corriente anti escuela; cuando la utopía estaba al alcance de la mano.

La escuela media tiene el difícil deber de trabajar con chicas y chicos en el nunca sencillo tránsito hacia la vida adulta; digo mal, chicas y chicos que empiezan a vivir por sí mismos, demasiado inexpertos como para desarrollar una ética propia, con caprichos y obsesiones propias de esa maravillosa (o terrible, es lo mismo) edad de las desmesuras, con ideales difusos o insistentemente monótonos, seguros de que el futuro les pertenece, son inmortales y nadie los comprende (y lo más duro para nosotros es que tienen razón). ¡Menuda misión la de la vapuleada secundaria!

A este caos propio de la adolescencia, caos que, como todos puede crear un mundo o destruirlo "en la misma y sencilla operación" se le suma, se le carga, el peso de las reformas que ilusos, iluminados, impostores y/o ignorantes nos hicieron padecer ante la indiferencia de buena parte de la sociedad. Demasiadas reformas que destruyeron un sistema nunca del todo formulado. Si la primaria, mal que mal, pudo sobrevivir (el mérito es compartido por los docentes y la vieja y querida ley 1420) la secundaria se perdió del todo en los experimentos de las últimas dos décadas. Reconstruirla no será fácil ni obra de la buena voluntad.

Ante todo un diagnóstico.
Nuestra sociedad es muy diferente de aquella en la que nos formamos. El corte, la escisión, debe colocarse en los comienzos de los años 90. Esta década marca el verdadero final del siglo XX, con luces y con sombras, con un desencanto que no necesariamente es siempre negativo, con posibilidades que apenas comenzamos (veinte años después) a discernir, con nuevas maneras de ser y de relacionarse, con la pérdida de saberes que parecían evidentes, con el naufragio de valores que todos dábamos por sentados. The Wall, que sigo escuchando, habla de una realidad escolar que ya no existe y en la misma línea deben leerse la mayor parte de los ensayos pedagógicos al uso. Es como si pretendiésemos seguir hablando latín al día siguiente de la caída de Roma...

No es este, claro, el lugar para señalar los aspectos más relevantes de la sociedad del siglo XXI, sociedad fragmentada además, que atraviesa clases y fronteras de una manera que nos resulta hasta chocante para los NyCs en el siglo pasado. Sin embargo, me atrevo a decir que podemos inventariar en el haber de los jóvenes post noventa ciertas notas relevantes: una genuina preocupación por la igualdad, una saludable desconfianza por los sistemas cerrados y totalizadores y una actitud más realista, y de a ratos desesperanzada, acerca del mundo que los rodea. Incertidumbre, inercia, dificultades para enfocarse en un problema, gusto por las soluciones fáciles y un dejo de orfandad son, tal vez, el anverso de la moneda. Rápida mirada a un paisaje mucho más abigarrado pero que sirve como panorama general, así, a vuelo de pájaro.

En esta realidad, apenas, repito, esbozada. En este mundo cambiante, pletórico de tecnología (con su cortejo de miedos y esperanzas), manipulable y escéptico a la vez. En este arrabal del mundo (como bien dice Carlitos del Frade) poblado de compadritos, cajetillas y maulas en versión 2.0... ¿qué lugar tiene, si acaso, la escuela secundaria?

Como dijo Momigliano: Concludere non è facile... pero lo intentaremos en la próxima entrada.

jueves, septiembre 17, 2009

Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales, ¡sí, estoy de acuerdo!


El primer paso está dado... quedan muchos más por caminar.

La Ley de Medios Audiovisuales, impulsada por el gobierno en los tiempos de su agenda política, pero que fue precedida por un extenso debate; hoy ninguneado por los medios (empresas) masivos ha recibido la media sanción en Diputados.

¿Un triunfo?

Depende de como se lo mire.

Los puristas de izquierda, siempre nostálgicos de los viejos mitos, nos llaman la atención sobre las carencias del gobierno de Kirchner (Mr. and Mrs.) y se entretienen en decirnos que nada cambiará hasta que, con su guía, se lleve adelante la Revolución. Podemos dejarlos de lado, no se debe despertar a los sonámbulos, les hace mal...

Las empresas que han hecho de la comunicación su negocio nos advierten en tono apocalíptico de la dictadura que el gobierno de Kirchner (curioso como evocan en su discurso las más furibundas tradiciones del gorilismo de los años 50) impondrá sobre los ciudadanos que no podremos elegir entre Tinelli y CQC, que soportaremos las canciones que el poder político prefiere (me preocupa poco, comparto buena medida de los gustos musicales del gabinete K... y hasta tal vez tenga suerte y se prohíba a Arjona), que, desde el interior, veremos desaparecer glorias de la prensa libre como De 12 a 14 o La Capital (nota de color local pero comprensible con alguna sustitución de términos) y que, horresco referens, ya no se escuchará más el dulzón buen día del Dr. Novaresio... Cuando el zorro está acorralado siempre invoca la ley, que no dudó en violar mil veces.

La oposición, rejunte de reciclados, místicos y globos inflados con gas, se rasga las vestiduras... cosa fácil, pues ya las tienen preparadas para la ocasión, como se dice de los miembros del Sanhedrín.

El gobierno, feliz por su estrategia, celebra por anticipado. Otra vez han tomado una causa justa, un reclamo de los sectores más lúcidos de la sociedad, y la emplean en su provecho, que para algo son gobierno y tienen el poder del Estado detrás. Que para algo, también, son netamente peronistas.

Nosotros, que no somos ni K, ni anti K (más cerca de lo segundo que de lo primero porque muchas cosas no nos gustan de este gobierno) también estamos felices por la aprobación, por la mitad, de esta norma.

La ley que nos regía, pergeñada por la dictadura, era torpe y anacrónica. La bronca de Clarín, de Daniel Vila o de sus corifeos, es siempre un motivo de alegría. Que se les quite poder, que se promueva el uso comunitario de las frecuencias, que se abra el juego a más medios de comunicación es positivo y deseable, ninguna retórica puede ocultar esto, ninguna "reserva mental" que podamos tener hacia los que tienen el poder del Estado, ninguna conciencia clara de los intereses económicos y políticos que se esconden detrás de la política de los K, puede deformar el hecho de que la aprobación (parcial) de la ley de medios es un avance sustancial en la construcción de una sociedad democrática.

Esto lo han visto claramente los diputados, en funciones como Lozano o electos como Pino Solanas, que apoyaron críticamente la sanción. Coherentes con una postura democrática, consecuentes con la verdadera libertad de expresión y lo suficientemente perspicaces como para comprender como se deben dar las batallas por la contra hegemonía tuvieron en claro cuál era el eje del debate y sostuvieron, después de lograr la anulación de uno de los aspectos más controvertidos de la nueva ley (el "privilegio" de las telefónicas), el nuevo marco legal para las comunicaciones en Argentina.

La sociedad está en parte convencida por el discurso de los multimedios; ayer pude notarlo cuando una persona (muy inteligente pero con prejuicios gorilas) cuestionaba el voto favorable de una diputada socialista, sin advertir que repetía el discurso de la corporación mediática hábilmente disfrazado, y por otra parte se siente indiferente ante una cuestión que trasciende lo cotidiano. Sin embargo no son pocas las voces que intuyen una verdad que, de tan evidente, no se suele notar: la peor ley de la democracia es preferible a la mejor (y esta ciertamente no lo era) de la dictadura.

La ley está, entonces, casi aprobada; por una inteligente jugada (de esas que sólo los peronistas, nobleza obliga, saben hacer) Cristina estará de viaje cuando se trate el proyecto en Senadores y, por lo tanto, Cobos (globo de gas si los hay) no podrá recurrir a su consabido "no positivo"... se pierde ser tapa ¡pobre!

Ahora está claro que una ley no destruye el poder de estos grandes gigantes de los medios y que hace falta, urgente, que nos pongamos a pensar por nosotros mismos sin dejarnos llevar por los discursos del poder... político pero también, y sobre todo, económico.

Podés leer más en:
Radios Nacidas En Democracia
Bar de Moe
Agencia Nexo
Argentina.ar (Lanata sobre la ley... ¡y eso que no me gusta demasiado!)
Alejandro Apo

O podés quedarte con el discurso de... E pluribus unum

PD: Para otra ocasión hablaremos de la política posible... de la cual este debate es un ejemplo interesante.