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domingo, agosto 05, 2007

Always look on the bright side of Life











Si tuviese, así, de improviso, que elegir la mejor película de todos los tiempos no titubearía en señalarla:
La Vida de Brian (Life of Brian), de los Monty Python, producida por George Harrison; sí, el ex Beatle...

Seguro que existen otras más espectaculares, muchas más profundas, unas pocas realmente memorables. También es verdad que los gustos en cine, como en platos y mujeres (hombres, si así lo quieres), son algo muy personal, mediatizado por experiencias, obsesiones y meras preferencias.

Con todo, La Vida de Brian es una verdadera joya. Una comedia irreverente que te hace pensar.

El filme parodia la vida de Jesús, más bien las representaciones de esa vida, y lo hace con una serie de gags disparatados (algunos se pierden en la traducción pues los juegos de palabras son un recurso favorito del grupo británico) y con enredos delirantes.

La historia central es que un judío nacido el mismo día que Jesús, Brian Cohen, es confundido con el Mesías y, aunque lo niegue, todos persisten en adorarlo pues "¿acaso el verdadero Mesías no negará serlo?" una frase maravillosa que, como la teoría freudiana de la resistencia, imposibilita todo diálogo coherente. Brian, por su parte se involucra con uno de los tantos grupos antirromanos que se suponen existían en la época, por lo cual termina arrestado y condenado a muerte.

Ya en la cruz, uno de los tantos crucificados (Eric Idle) le da ánimos con una canción que, cerrando el filme, es coreada por todos los demás...



Esa es la que quería compertir con ustedes, hay más "sabiduría" en esta letra que en todos los ilusorios sermones de los predicadores (y eso sin hablar de los libros de autoayuda).

Tararaear esta canción es una de mis mejores terapias... y me recuerda lo maravilloso y liberador que es ser ateo.

The bright side of Life

Some things in life are bad
They can really make you mad
Other things just make you swear and curse.

When you're chewing on life's gristle
Don't grumble, give a whistle
And this'll help things turn out for the best...

And...always look on the bright side of life...
Always look on the light side of life...

If life seems jolly rotten
There's something you've forgotten
And that's to laugh and smile and dance and sing.
When you're feeling in the dumps

Don't be silly chumps
Just purse your lips and whistle - that's the thing.

And...always look on the bright side of life...
Always look on the light side of life...

For life is quite absurd
And death's the final word
You must always face the curtain with a bow.

Forget about your sin - give the audience a grin
Enjoy it - it's your last chance anyhow.

So always look on the bright side of death
Just before you draw your terminal breath

Life's a piece of shit
When you look at it

Life's a laugh and death's a joke, it's true.
You'll see it's all a show
Keep 'em laughing as you go

Just remember that the last laugh is on you.

And always look on the bright side of life...
Always look on the right side of life...
(Come on guys, cheer up!)
Always look on the bright side of life...
Always look on the bright side of life...
(Worse things happen at sea, you know.)
Always look on the bright side of life...
(I mean - what have you got to lose?)
(You know, you come from nothing - you're going back to nothing.
What have you lost? Nothing!)
Always look on the right side of life...

Y aquí en una traducción bastante fiel....


Hay cosas malas en la vida
Que pueden volverte loco
Otras te hacen jurar y maldecir
Cuando muerdas en hueso a la vida
No te quejes, sólo silba
Eso ayudará a que las cosas mejoren

Y... mira siempre el lado brillante de la vida...
... mira siempre el lado luminoso de la vida...

Si la vida parece una bonita mierda
Es que has olvidado algo
Reir, sonreir y bailar y cantar
Cuando estés deprimido
No seas tan tonto
Junta tus labios y silba - eso es.

Y... mira siempre el lado brillante de la vida...
... mira siempre el lado luminoso de la vida...


Porque la vida es bastante absurda Y la muerte, la palabra final Enfréntate al telón con una reverencia Olvida eso de tu pecado - da a la audiencia una gran sonrisa Disfruta - a fin de cuentas es tu última oportunidad

Así que... mira siempre el lado brillante de la muerte
Antes de exhalar tu último aliento

La vida es un trozo de mierda
Cuando te paras a pensarlo
La vida es una risa y la muerte una broma, es cierto
Verás como todo es una farsa
Hazlos reir mientras te vas

Recuerda que la última risa será por ti

Y mira siempre el lado brillante de la vida...

Mira siempre el lado bueno de la vida...


(¡Vamos, chicos, arriba ese ánimo!)

Mira siempre el lado brillante de la vida...

Mira siempre el lado brillante de la vida...

(Cosas peores ocurren en el mar, ¿sabes?.)
Mira siempre el lado brillante de la vida...
(Me explico - ¿Qué tienes que perder?)
(¿Sabes?, vienes de la nada - vuelves a la nada. ¿Qué has perdido?

¡Nada!)

Mira siempre el lado brillante de la vida...


jueves, agosto 02, 2007

Argentina, tierra de la plata

Los tiempos de Ñaupapacha
Primera parte









Mi patria es joven y es antigua.
Tiene más de diez mil años y, sin embargo, aún no ha llegado a los doscientos. Más que una paradoja; un cruce de historias.
Las primeras gentes que llegaron a este territorio lo hicieron desde el cálido norte. Sus ancestros, y los ancestros de sus ancestros, cazaban bestias de pesadilla y recolectaban frutos dulces en las selvas, bajo los árboles, bajo los bejucos.
Ellas y ellos habían atravesado pasmosas distancias en busca, quizás, de esa utopía que nos ha llevado a pergeñar religiones y morir por ellas.
Nada marcó su ingreso al territorio que sería la Argentina, las fronteras no existen si no que los humanos cargamos con ellas y las imponemos, fuerza o convencimiento, a los demás.
Entraron por la puna y por la quebrada.
Cruzaron la cordillera y bajaron por el río.
Una tierra inmensa, una esperanza intacta.
Y pasaron largos siglos.

Cueva de las manos, Santa Cruz, 9000 años antes de la Era.




Por los tenebrosos tiempos en que la soberbia de Roma era abatida, cuando las tinieblas cubrían Europa y en las arenas de Arabia se incubaba una revolución en el pensamiento.
Cuando la luz de Zarathustra lanzaba sus últimos brillos en la tierra de los arios, y se agitaban incesantemente las estepas.
En los años en que florecían refinados poetas en la India y los sabios de la dinastía Tang disertaban con elegancia en los pabellones de alguna de las capitales del Imperio del Medio.
Cuando en el lejano norte, Pacal bajaba a su ornamentada tumba y Teotihuacan se convertía en un silencioso recuerdo...


Andina...



En esos años luminosos las gentes de lo que hoy es mi tierra habían alcanzado un alto desarrollo cultural y estético.

Cultivaban su quinua, su papa y su maíz en las "imposibles" laderas de las montañas, pastoreaban llamas y comerciaban con la costa del Pacífico y con los ríos que desaguan en el desolado Atlántico Sur.
Amasaban el barro, tallaban la piedra, forjaban el bronce.

Keru o vaso: Cultura de La Aguada siglo VII.



Otros vagaban por dilatadas llanuras, cazaban el guanaco y el guasuncho, bebían su sangre, reverenciaban a un dios lejano y ocioso, pero no se inclinaban ante ningún hombre por muy fuerte que fuese.

Chaqueña


Muchos surcaban los ríos más caudalosos del globo en frágiles canoas monoxilas o en elaboradas almadías, mientras trenzaban el junco o la totora se preguntaban sobre la tierra y sus misterios, sobre el camino de los seres humanos, sobre los rumbos de las estrellas e indagaban si era posible que el paraíso pudiese existir en este mundo.

En sus ojos Ivy mara ey



Yámana



En el sur las mujeres eran diosas y señoras;

Selk'nam


los hombres las temían y respetaban sus decisiones soberanas cuando salían con sus botes de piel a desafiar las tormentas que, en siglos por venir, hundirían flotas enteras de galeones. Los varones, ciertamente, planeabn rebelarse alguna vez; pero lo cierto es que en aquel helado confín de la que sería mi tierra no había guerra ni matanzas.


Tehuelche

En toda la extensión de la Tierra del Sur, en el vasto espacio comprendido entre la Cordillera y el Mar, no había reyes, no había amos, no había señores. Había comunidades libres, con sus conflictos, sus luchas, sus amores y sus temores... pero todas ellas se cuidaban muy bien de confiar el poder en manos de unos pocos.
Algunas familias, no obstante, en los valles, en las faldas de los Andes, en la puna y la quebrada, tuvieron un acceso privilegiado a los bienes y las prestaciones de sus iguales, se convirtieron en kurakakuna, pero debieron, a cambio, proporcionar albergue, materias primas y elaborados regalos a los demás mimebros de la comunidad. Minga, se llamaría más tarde esa re distribución de bienes, y ni siquiera los poderosos inka, aún por llegar, podrían osar desobedecer esta costumbre que establece que, el que quiere mandar, debe hacer obsequios valiosos a los que pretende dirigir.
Sin embargo en el norte una gran ciudad crecía sin cesar, era grande y quería serlo más, era poderosa y soñaba con dominar el mundo de los Andes, era astuta y sabia y paciente. No amaba la guerra, pero tampoco la temía, y prefería imponer su hegemonía por medio de la persuación y el ejemplo; Taypicala, la llamaban, es decir Tiawanaku, y ya la Puerta del Sol había abierto el espacio andino para la hora de su grandeza.

Tiawanaku


Mis ancestros norteños, ¿quien en mi tierra puede negar tener algo de sangre indígena? ¿quien puede ser tan miope de pensar que la herencia viene por un solo carril genético? ¿quien puede, en fin, ignorar que el ADN de los argentinos corresponde, en 56 un por ciento, a los haplotipos nativos? , como decía, mis ancestros se fascinaron ante el poder de la reina del Altiplano, de la Señora del Titikaka, de la distibuidora de riquezas y prestigio. No se sometieron, con todo, mantuvieron su independencia dentro de una especie de alianza de señoríos y ciudades, pactaron la paz con sus vecinos y aprovecharon el control tiawanaqueño del espacio para expandir su comercio. Esos fueron los años dorados de lo que, andando el tiempo, se llamaría Kollasuyu y ese fue el comienzo de la historia argentina.

viernes, julio 27, 2007

Un hermoso embuste

Uno de los engaños más bonitos de la Historia es, sin duda alguna, el del Libro de Mormón.
Otros habrá que lo superen en elaboración, ya que es bastante elemental, y quizás también en difusión, aunque totaliza más de 80 ediciones, pero el hecho de inventar, casi de la nada, un libro sagrado no es, como se dice, moco de pavo...
Una época y un país que cree en la Biblia a pie juntillas, una mente comercialmente astuta y algunas hipótesis sin fundamento pueden ser tan buen material para inciar el negocio religioso como cualquier otro. Ahí tenemos varios pastores, y algunos curas (estos últimos con una franquicia demasiado onerosa) para probarlo.
José Smith Jr., creo, los supera a todos.
Silvestri, Palau, Ignacio deben atenerse a la Biblia en sus prédicas... y la Biblia, libro crecido durante milenios en el seno de pueblos lejanos, se les vuelve en contra en algunas frases, no lo pueden evitar...
El yanqui dio con la solución.
Se inventó su propia Biblia y la puso al lado de la "recibida" como una igual; más clara, más coherente, menos complicada... como quien dice un clásico "dios por uno", perdón, "dos por uno" quise decir.

La trama del engaño (ya Smith había enfrentado procesos por fraude pero, ¿quien no mintió alguna vez?) es simple, como buen producto americano.

El Profeta Joseph Smith Jr.

Smith Jr., un típico chico de campo, ve aparecer un mensajero divino. Son los años 30 del siglo XIX y Roswell aún está lejos.
El ángel, un antiguo americano resucitado, indígena diríamos, pero Smith no lo dice, le revela que en una colina pequeña y poco notable del estado de Nueva York se encuentran unas tablas de oro que contienen la historia de los antiguos habitantes del Nuevo Mundo.

Las planchas de oro: el Libro de Mormón original.
Actualmente se encuentran en...
el cielo


El mensajero se llama Moroni hijo de Mormón, de allí el nombre dado al libro, y era el responsable, después de la muerte de todo su pueblo, de haber ocultado los antiguos escritos.
Todo sucede como se ha anunciado, nos cuentan Smith y unos testigos que son, también, creyentes de la nueva fe; en una caja de piedra en el cerro que los americanos de antaño llamaron Cumorah están escondidas las crónicas del pueblo desaparecido.
El texto, claro, es indescifrable, en esos tiempos recién comienzan a conocerse las antiguas lenguas egipcias y mesopotámicas, pero Dios ha pensado en todo; adjunta al kit profético no una, sino dos piedras luminosas (suerte de lentes para visionarios), que permiten traducir la obra.
El idioma es el nunca antes, ni después, conocido "egipcio reformado" y parece, por las copias que subsisten, una colección arbitraria de signos que poco tienen que ver con los jeroglíficos. Por motivos desconocidos los autores, de origen judío como se verá, prefirieron escribir en esta extraña lengua antes que en hebreo... quizás porque en la América de 1830 ¡había mucha gente capaz de entenderlo!
Como sea, cuando algún seguidor de Smith muestra los enigmáticos caracteres a los "eruditos", estos no les encuentran ni pies ni cabeza... ¡tanto mejor!, los profetas tienen a gala no ser creidos por sus contemporáneos.

¡Egipcio reformado!, vaya, vaya

Al margen, unos años después Smith se animó a traducir un texto realmente egipcio; lo llamó el Libro de Abraham y dijo que era una autobiografía del Patriarca, ¡más confusión!, cien años después se probó que era una copia vulgar del conocido Libro de los Muertos y que tenía tanto que ver con el decano de los Patriarcas como con una receta de nachos...

El libro en sí es notable.
Notablemente aburrido; intenta mostrarse como bíblico (y por eso después le agregaron versículos) pero se cae en las primeras líneas y no vuelve a levantarse más que en contadas ocasiones.
Se trata de una compilación de textos, que datan de un período comprendido entre el 600 a. C. y el 400 d.C., en los que se relata la historia de Lehi, su familia y sus descendientes.

Lehi, por supuesto, era bueno, justo y todo eso por lo cual Dios, que es sabido tiene debilidad por estos ancianos que critican a "la juventud perdida de ahora", lo eligió para salvarlo de la inminente ruina de Jerusalén e iniciar, de nuevo, otro pueblo escogido.
Lehi con sus hijos, entre ellos el buenazo de Nefi y el tiro al aire de Lamán, se pone en marcha hacia Arabia y tanto camina que va a dar a la costa del Océano Índico.
Una vez allí Dios, que también tiene predilección por la naútica, le ordena construir un barco y cruzar con él el océano hasta la Tierra Prometida.
El navío, con toda la familia dentro, cruza el Índico y el Pacífico (unos trece mil kilómetros apenas) guiado por la Liahona, una especie de brújula maravillosa, llegando, por fin, a las costas de un país desconocido.
Que no era otro que América.
Una extraña América, casi deshabitada, con vacas, cerdos, caballos, trigo, lino y gusanos de seda (aunque no maíz, llamas, bisontes o magüey); equipada, en fin, con todo lo necesario para armar una civilización.
Una América como la querían los colonos; sin molestos indios.
En la nueva tierra la familia de Lehi prospera. Según se infiere del libro santo se dedican a dos actividades primordiales; la procreación dado que en pocos años suman miles de personas y la construcción de toda la infraestructura necesaria para dar marco a los relatos que vendrán a continuación. En el tiempo que les deja libre la reproducción de la especie y la tala de bosques, cultivo de la tierra, pastoreo de ganado, minería, fundiciones, ebanistería, talla de la piedra, construcción de ciudades, templos, caminos y letrinas, se dedican a guerrear entre ellos.
Se sabe, los que Dios elige no siempre están a la altura de las circunstancias.
Muerto Lehi los hermanos se dividen en bandos irreconciliables. El bueno de Nefi da origen a los ilustrados, creyentes y honestos Nefitas, mientras que su hermano Lamán es el tronco de los arteros y despreciables Lamanitas... por lo menos es lo que dicen Nefi y sus hijos.
El Señor comparte estos prejuicios, por lo tanto, nos cuenta Smith en su traducción; transforma físicamente a los Lamanitas en un pueblo de aspecto horrible, piel oscura, pómulos salientes y aficción por la guerra, en una palabra: los convierte en indios.
Los nómades Lamanitas...
y los nobles Nefitas




Pasan muchos y monótonos siglos.
Hay reyes y reinos, profetas y sacerdotes, guerreros y escribas.
Pirámides, guerras, éxodos y deportaciones.
El profeta Alma, en una "típica" escena de la América precolombina!!!

Zarahemla, ciudad americana, con carros y corceles

Los Lamanitas traman conjuras y constituyen ligas de agnósticos.
Los Nefitas aprenden los misterios del cristianismo aún antes del nacimiento de Jesús y cuando este, por fin, resucita; realiza un breve tour de cuarenta dias por las tierras americanas.

Jesus in America!!!

Y los famosos indios con barba...


Lamanitas y Nefitas se reconcilian y viven largos años como hermanos, pero la ambición y el odio no mueren. Ya en el siglo IV se vuelven a separar hasta que, en una gran batalla en la cual perece Mormón, los Nefitas son exterminados por los victoriosos Lamanitas y sólo sobrevien sus palabras en las planchas de oro.
No se dice, pero se insinúa con claridad meridiana, que los indios actuales son, de hecho, los degenerados descendientes de los malvados Lamanitas, mientras que las grandes obras de arquitectura que empiezan a asombrar a los americanos en Yucatán o Perú son obra de los bondadosos y rubios herederos de Nefi.

El moribundo Mormón se despide de su pueblo

Hasta aquí el libro.
Inútil buscar precisiones históricas, geográficas o arqueológicas. No existen y en cada página pueden señalarse contradicciones y errores que, pacientes, los eruditos del mormonismo intentan explicar.
Cuando leés la Biblia, creyente o no, encontrás nombres conocidos y una topografía familiar, podés saber con certeza donde estaban Jerusalén, Samaria o Babilonia, encontrás descripciones o alusiones a elementos arqueológicos que corresponden a esas culturas antiguas y hasta puede que des con algún texto que confirme parte del relato.
Nada de esto pasa con el Libro de Mormón.
A los nombres inventados, la falta de verosimilitud del ambiente, la nula relación que tiene con la arqueología americana y la ausencia de referencias externas, se suma la imprecisión geográfica.
Nadie sabe donde estaban asentados estos Nefitas y sus rivales.
Tres escuelas de pensamiento dibujan tres geografías diferentes. Los que dicen que Nefitas y Lamanitas vivieron en toda América, habiendo desembarcado en Chile, los que sostienen que se limitaron a ocupar un área pequeña de América Central y, más audaces, los que les atribuyen como hogar unas supuestas tierras sumergidas en el Golfo de Méjico.

Una de las interpretaciones propuestas para la "geografía" mormona. Obsérvese la Tierra de la Promesa.

Y otra, de Sorenson, quizás la más coherente... o menos incoherente

De este libro surge la (o las porque existen una docena de "iglesias" mormonas) Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cuya sede principal está en Utah y cuyos rubios misioneros son una presencia común en nuestras calles.
Pero eso será, alguna vez, objeto de otro artículo.

¿La venganza de los Nerds?

domingo, julio 22, 2007

Evita, esa mujer...

La foto de Evita que conocí en mi infancia


El próximo 26 de julio (dia caro a los latinoamericanos revolucionarios por cubanos motivos), a las 20 y 25, se cumplirán cincuenta y cinco años de, como decían los locutores de la época, "el paso a la inmortalidad" de Eva Perón.

Me han preguntado a menudo sobre ella.

Amigos de otras tierras, jóvenes para los cuales es sólo un eco, compañeros que saben que a uno le gusta la Historia y quieren conocer una versión, supuestamente, más objetiva.

Es difícil, claro, ¿qué puedo escribir yo, aquí y ahora, sobre Eva Perón, Evita, Esa, La Abanderada de los Humildes, La P…, Jefa Espiritual de la Nación; que de todas estas maneras, y más, la llamaron?

Intentaré una aproximación desde el punto de vista de quien, por su edad, nunca la conoció pero, por su origen y su interés, ha tenido un trato intenso con el difuso punto donde el mito se encuentra con la historia.


La Razón de mi Vida, autobiografía "oficial" de Evita

Tenía diez o doce años cuando dí con La Razón de mi Vida, una autobiografía de ella que mi abuela atesoraba y sólo me dejaba leer después de un correspondiente permiso. Me fascinó, aún después de saber que no la había escrito Evita y que esas frases, simples pero contundentes, porvenían de algún redactor a sueldo. Era casi mágico leer lo que, suponía, había escrito esa mujer de la cual había oído hablar durante toda mi infancia. Era maravilloso imaginar esa Argentina que soñaba un futuro de prosperidad y justicia social, tan alejado de lo que comenzaba a descubrir a mi alrededor. Era desafiante casi escuchar esas frases encendidas llamando a la vindicación de los olvidados entre los cuales, lo sabía, estaba yo mismo...


Desde entonces data un interés que ha crecido a medida que me enamoraba de la Historia.

Interaré, pues, más desde la sensibilidad de un argentino que, cosa extraña, ama y está orgulloso de su patria y de su pueblo, esbozar algunas apreciaciones sobre Eva Perón.

John William Cooke ha dicho que el peronismo es el hecho maldito del país burgués, si es así, entonces Evita es el núcleo central de ese “hecho”.


Evita, antes de ser Evita


Los datos de su vida; hija de Juana Ibarguren y de Juan Duarte (ambos de ascendencia vasca), no reconocida por su padre, pobre, marginada, aspirante a actriz; no muy buena, por cierto aunque, cuando su escenario fue todo el país, magistral (aunque quizás ya no actuaba, era), esposa de un líder popular de difícil catalogación, impulsora de un programa de asistencia social inédito para aquellos años, tradicionalista y revolucionaria, promotora del voto femenino, muerta de cáncer a los treinta y tres años, santa, odiada, amada… ni siquiera después de muerta pudo descansar en paz, un cuerpo profanado, una bandera de lucha social, un símbolo y un emblema para manipular… un musical, una moda, un recuerdo y una presencia que no se va de la historia argentina.

Una imagen poco conocida de Evita

Datos.

Pueden obtenerlos de la Wikipedia, de alguna enciclopedia, de los libros que escribieron quienes la amaron y quienes la odiaron.

Y muchos de ellos les ayudarán a entender a esta mujer extraordinaria.

Voy a contarles, empero, de la Evita que llegó a mí, una Evita que no conocí pero fue una presencia permanente en mi infancia.

Evita en calle Córdoba y Sarmiento, Rosario, en torno a los años '50

Mi madre proviene de una familia peronista; de esas que, dice el chiste, nunca se meten en política; siempre fueron peronistas. Ser peronista no era, para ellos, una adscripción ideológica, era un sentimiento, una relación visceral, afectiva, irracional si se quiere, de amor, como prefiero llamarla. Mi abuela provenía de un tronco radical, ligado al caudillo popular Irigoyen, sus raíces más lejanas se hundían, creo, en el federalismo.

Mi padre proviene de una familia radical (que el nombre no llame a engaño, un radical sólo lo es por su apoyo irrestricto a la Constitución, nada más) y antiperonista.

Ser antiperonista, “contreras” se los llamaba entonces, “gorilas”, después, también era una cuestión afectiva, más bien cultural. Un antiperonista era alguien que pertenecía a la pequeña burguesía, o bien quien ejercía una profesión liberal, en definitiva; una persona que se enorgullecía de ser culta, blanca, racional y con un pasar económico más o menos desahogado.

Un típico libro "contrera"

Cuando murió Evita, los pobres la lloraron y la llamaron santa. Durante varios días hicieron cola frente al Congreso Nacional donde velaban sus restos.

Cuando murió Eva Duarte, los ricos festejaron, descorcharon botellas de champagne y escribieron en las paredes, contra su costumbre de no ensuciar la propiedad privada: “viva el cáncer”.

¿Quién era? ¿Cómo una mujer podía despertar esos sentimientos?

Gigantografía en Rosario, que evoca la visita de Evita en la entonces Jefatura de Policía

En el siglo XXI se nos hace difícil entender la importancia del liderazgo, nadie ya grita consignas en la que se dé la vida por tal o cual gobernante, nadie habla de “padrecitos”, caudillos o führers, no se rinde, salvo excepciones, culto a la “clarividencia” del dirigente; somos más escépticos, menos esperanzados, incrédulos, quizás. Por suerte.

En el siglo XX era diferente. Los fervores se desataban por cuestiones donde la política, la cultura, la fe y el anhelo de un mundo mejor se mezclaban confusa y apasionadamente.

Esta era la Argentina de los años cuarenta de ese siglo pasado tan movido:

Una Argentina rica en materias primas y profundamente desigual; donde pocos lo tenían todo, y lo derrochaban en los burdeles de París, y muchos no tenían nada, donde la república era poco menos que una ficción y los políticos se jactaban de practicar el “fraude patriótico”, donde, en fin, coexistían tres países diferentes; el de los nativos marginados, los inmigrantes más o menos integrados y los terratenientes (la oligarquía vacuna se la llamaba) dueños del poder político, cultural y económico.

Evita era hija de esa Argentina.

El peronismo surge como respuesta y reacción a la realidad.

Orígenes confusos, donde se mezcla la admiración de los militares por el orden de los regímenes autoritarios, una vaga defensa de la industrialización, la antipatía por Inglaterra, considerada colonial y rapaz, el desprecio por las instituciones republicanas, la defensa de la religión católica entendida como matriz cultural en peligro frente al avance “judeomasónico”.

Perón sintetiza esa difusa ideología (nacionalismo, tradicionalismo e industrialización en un marco autoritario) y le agrega dos elementos: una respuesta, paternalista pero eficaz en lo inmediato, a los reclamos de los sectores obreros y su propia capacidad personal para manejar a los grupos antagónicos. Un tipo hábil y mentiroso, taimado pero sencillo en el trato, campechano; capaz de sonrisas, como sólo se encuentran entre los amigos del barrio, y también de escarmientos ejemplares.

Eva Perón, sin embargo, proporciona algo más.

Una mística.

Una sensación de revancha.

Un cuento de hadas, quizás, pero que no afecta sólo a su protagonista, sino a todos los demás: Un cuento de hadas con contenido social…

"María Eva Duarte, Primera Dama de la República"

Fue la única Reina que tuvimos, como dijo María Elena Walsh (http://www.lapatriagrande.com.ar/eva.htm)

Reina al mejor estilo de aquellas que dieron origen a leyendas en la joven Europa del Medioevo.



Evita, joven, reina, hermosa...

Fue esta la Evita que conocieron en la hambrienta y aislada España de Franco. La que quedó ligada, para siempre, a las manifestaciones “espontáneas” de la Plaza de Oriente. Poco se sabe, empero, de la relación tirante que mantuvo con Carmen Polo al recordarle el origen “impuesto” del poder de su esposo o la conmutación de pena que logró para la militante comunista Juana Doña.



Evita junto a Franco en la España aislada de los últimos '40. "Qué bronca le va a dar a Trumman (el presidente norteamericano) vernos juntos"... dicen que dijo

Así era ella. No hay coherencia, dirá alguno, quizás no haya que buscarla en ninguno de nosotros…

Cuando, después del golpe militar que se dio en llamar “Revolución Libertadora” (fusiladora sería más acorde con sus prácticas), se exhibieron públicamente los vestidos y joyas de “esa mujer”, hubo un incesante ir y venir de personas sencillas, de pueblo si así lo quieren, para contemplarlas. Con cariño, con devoción, con tristeza y hasta con ternura. Eran las joyas de la corona usurpadas por los dueños de la tierra, por los mismos que decían; al derrocar al peronismo: “ahora vamos a volver a tener sirvientas gratis”. El pueblo no veía mal que una de sus hijas se engalanase de aquella manera, por el contrario, era motivo de orgullo que María Eva, hija natural, actriz, dudosa y pobre luciese esos adornos que, desde una mirada más racional, y fría, estaban muy lejos de la sencillez republicana.

Evita, no obstante, no era sólo una mujer de orígenes humildes que llegaba al poder. Era, también, una revolucionaria.



Evita, joven, revolucionaria, hermosa...

Instintiva, sin teoría, alejada a años luz del sesudo marxismo argentino que, como todos los de los países periféricos, conocía a pie juntillas la realidad de la Rusia zarista pero lo ignoraba todo de la de los peones de campo argentinos. No sabía de política social, pero la ejecutaba con eficacia.

"En la Nueva Argentina de Evita y de Perón, los únicos privilegiados son los niños" se decía en esos tiempos...

Evita era una mujer visceral y plena de contradicciones. Su cultura política, hecha al lado del milico que era Juan Domingo, mezclaba conceptos y se guiaba más por el sentimiento que por la razón. En sus discursos y sus escritos, incluida la “apócrifa” Razón de mi Vida, siempre se mezclan el amor por Perón y el amor por el pueblo, la reforma y la revolución, el odio a los explotadores y el mantenimiento del status quo ante, las posturas avanzadas sobre los derechos de la mujer y una concepción tradicional de ella como “madre de familia”.

Perón al piano y Evita ¿sonriendo?

Era y no era parte del gobierno.

No pudo, no la dejaron, su propio esposo incluso, ser vicepresidente.

El llamado Cabildo Abierto del Justicialismo, en el cual Evita "debió" renunciar a ser candidata a Vice presidente de la Nación

Logró, a fuerza de un trabajo que se llevó su vida, usar los recursos que el país había acumulado después de la Segunda Guerra, para concretar lo más parecido a un estado de bienestar que hubo en América Latina. No desmerezco con esto las medidas “sociales” e incluso “progresistas” de Perón, pero ella hizo mucho más que complementarlas desde su Fundación, desde sus planes de asistencia, desde su “revancha” social.

Murió, agotada, unos pocos años antes de la caída del peronismo como partido gobernante. Siguió presente de mil maneras diversas.

Funerales de Evita, un pueblo de luto, y algunos festejando...

Su cuerpo, embalsamado, fue robado, mutilado, vejado y enterrado en secreto en un perdido cementerio italiano, para ser devuelto, años más tarde a su viudao, ya vuelto a casar con esa antítesis de Evita que se llamó Isabel o María Estela (ni nombre pudo tener).

Si tienen tiempo les sugiero que lean el “cuento” de Rodolfo Walsh; Esa mujer, donde esta historia se relata de manera insuperable.(http://www.literatura.org/Walsh/rwmuje.html)

(¡Qué curioso los dos textos que cito son de dos "parientes" María Elena Walsh, antiperonista y "bienpensante" y Rodolfo Walsh, peronista y revolucionario...!. Así es la Argentina)

El cuerpo embalsamado de Evita

En los años ’70 se cumplió una supuesta “profecía” de Evita: Volveré, y seré millones.

En el peronismo se habían formado numerosos grupos de acción política que reivindicaban el accionar de Eva y la consideraban una precursora del “socialismo nacional”.

"Yo sé que ustedes tomarán mi nombre y lo llevarán como bandera la victoria" imposible escribirlo y no oír las aclamaciones por detrás, imposible leerlo y no entonar, en secreto, aquel cantito: "Si Evita viviera, sería montonera"

Una corriente de izquierda, conocida genéricamente como La Tendencia, propugnaba entender al peronismo como parte de un proceso de liberación social y económica, análogo al sandinismo nicaragüense (la ironía era que Perón tuvo una cierta amistad con Somoza) o al castrismo cubano. Para ellos Evita, la evita de traje sastre o de camisa descubierta y melena al viento (hermosa si se me permite una apreciación muy personal), era la abanderada de la Revolución. Evita era la precursora de las columnas montoneras, se recordaba a menudo su propuesta, rechazada por Perón, de armar a los obreros en defensa del régimen, era la compañera por antonomasia (compañera o compañero, en el lenguaje peronista, equivale al camarada de los soviéticos) y se cantaba en las manifestaciones:


¡Perón, Evita, la Patria Socialista!

A lo cual los militantes de izquierda, no peronistas, respondían con sorna:

¡Perón evita la Patria Socialista!

Los años setenta vieron el mayor genocidio de la historia argentina. El que nos hizo autores de una palabra que, en el mundo entero, se escribe en “argentino”: desaparecidos…

El peronismo desapareció convirtiéndose en lo que es hoy, un ritual en el cual ya no hay fieles y donde la nostalgia reemplaza al sentimiento fervoroso de otras épocas. Donde conviven los negociados y los negocios, la izquierda reciclada y la derecha con rostro más o menos humano.

Evita ha trascendido todo aquello.

Sigue siendo la mujer que partió en dos nuestra joven Historia.

La de los derechos, la de la revolución inconclusa, la del sueño eterno de llegar a ser.

Las dos candidatas a la presidencia de la nación; Cristina Fernández De Kirchner, de extracción peronista, y Elisa Carrió, de origen radical y una concepción progresista moderada, la reivindican en sus discursos y, secretamente, apelan al inconsciente colectivo donde se instala esa mujer.

Candidata al puesto: CFK ¡hummm!
Candidata al puesto (2): Lilita Carrió ¡seguramente no se puede decir "sería montonera"!

Esa mujer llamada Evita.

jueves, julio 19, 2007

Palabras no dichas



No te vayas

Es temprano para huir

Y muy tarde para faltar a nuestra cita.

No te vayas

No te pido palabras

Ni siquiera pretendo una caricia.

No te vayas

Simplemente permanece

Que en este mundo

Donde todo

Todo

Se desvanece sin remedio

Me gustaría saber que estás

A mi lado en esta tarde

miércoles, julio 18, 2007

Encuentro familiar (un cuento)

Belén disfrutaba su torta de manzana cuando lo vio.

Miró de reojo hacia él y no dijo nada.

El joven, sonriendo, se sentó en una mesa cercana, justo detrás de un vidrio que separa en dos al local.

Belén, disimulando ante su papá, absorto en la lectura del diario, le devolvió la sonrisa. Con delicadeza, él levantó un vasito plástico y brindó con la niña de apenas once años que tan bien conocía. Ella saboreó gustosa un trozo más bien grande de la torta, era un gesto que él recordaba muy bien de años por venir y puso una cómica expresión que Belén, por supuesto, todavía no podía reconocer; pero que la hizo contener la risa y, es cierto, atragantarse un poco.

Unieron un instante los ojos, tan parecidos, tan grandes y tan llenos de ternura.

Belén ya sabía quien era aunque, como se podrá imaginar, aún no lo conocía. Miró a su papá, que tomaba distraído un sorbo de café casi frío, y estuvo a punto de contarle todo; pero decidió guardar el secreto.

Un secreto para ella sola, para abrigarla en días de invierno y dejarse llevar en siestas por venir.

Detrás del vidrio la figura de aquel muchacho, dieciocho o tal vez veinte años de satisfecha vida, se desvanecía lentamente.

Belén dibujó una perfecta O (mayúscula, se dijo) con sus labios cuando él desapareció del todo. Ella sabía que no lo volvería a ver así hasta dentro de unos treinta años, más o menos.

Y no le dijo a su papá que, desde muy lejos, su futuro hijo había pasado para saludarlos.