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jueves, agosto 21, 2008

A long time ago, in a galaxy far, far away...

Uno de los post que más comentarios reciben es el dedicado al Libro de Mormón, es evidente que los muchachos LDS (Latter Day Saints=Santos de los Últimos Días) están muy activos en la Red...En éste agrego detalles poco conocidos de su mitología. No tengo intención de ofender, sólo de contar una buena historia...

En algún lugar del espacio profundo se encuentra el planeta (otros dicen estrella) Kolob. Un mundo paradisíaco con un extraño periodo rotatorio de mil días (es decir que un día kolobiano es un milenio terrestre) lo cual seguramente trae serios problemas a su medio ambiente.

En Kolob, o cerca, reside Dios. Un ser maravilloso, de gran poder cuyo cuerpo es el de un hombre maduro, de raza blanca.

La serie televisiva Battlestar Galactica estaba basada, en parte, en los mitos mormones.

Fuerte, autocrático y omnisciente, este súper ser no ha creado el Universo, ni la materia, que es eterna, y convive con miles, quizás millones, de inteligencias espirituales.

El nombre de este Dios es Elohim, pero también se lo conoce como el Padre Celestial y es posible que comenzara siendo un hombre, como nosotros, pero que con el devenir de las edades haya llegado (por caminos de los que poco y nada se nos dice), a convertirse en una divinidad.

De un modo misterioso, o no tanto porque algún himno mormón habla de la Madre Celestial, Elohim creó cuerpos espirituales (sea lo que sea eso) para algunas de esas inteligencias que vinieron a ser, así, su hijos. El primero de estos seres no fue otro que Jehová (el dios hebreo Yahvé), conocido desde su encarnación en el planeta Tierra como Jesús. Jehová, pues, es Dios pero un tanto menor que Dios, un igual no tan igual...

El Padre, quizás en sus noches de insomnio, diseñó una suerte de proyecto o plan director con la finalidad de que todos estos cuerpos espirituales llegasen a tener un cuerpo físico como el suyo y de este modo lograr "la completa felicidad" convirtiéndose en dioses de mundos por venir. Como el régimen de Kolob era una especie de monarquía constitucional, Dios convocó a un concilio de todos sus hijos para exponer los fundamentos de su proyecto. No parece que se tratara de una asamblea deliberativa, sino más bien informativa, y no se registra que, al menos en la sesión, hubiese voceros de la oposición...


El plan divino era de una sencillez asombrosa; los cuerpos espirituales serían enviados a un lejano planeta; la Tierra, donde recibirían un cuerpo físico. Allí, olvidados de su vida previa, deberían hacer la experiencia de ejercitar su libre albedrío escogiendo el bien, es decir la voluntad divina que podía incluir algunas acciones moralmente cuestionables como la guerra, la coerción y el robo de tierras, antes que el mal.

Como un auxiliar para estos seres exiliados; Elohim enviaría a un Líder plenipotenciario de manera que, siguiendo sus enseñanzas, aceptando su autoridad y renunciando al libre albedrío, fuese más fácil el ejercicio de la libertad...

Esquema simplificado, y traducido al inglés, del Plan Divino

Como si de una clase de obsequiosos alumnos se tratase; varias manos se alzaron para solicitar el privilegio de ser nombrado Líder de la misión, la elección divina, empero, recayó en Jehová (el futuro Jesús, ¿me siguen?) quien quedó designado desde entonces como Mesías.

No todos estuvieron de acuerdo con esta decisión. Lucifer, otro de los hijos de Dios, quería el puesto y tenía sus propias ideas al respecto. En efecto, su pretensión era que los futuros humanos fuesen obligados directamente a obedecer, más bien que guiados por sutiles presiones, y que se le otorgase esa misión a él mismo, quien sabría llevarla a buen término. En fin, la vieja disputa entre los incentivos morales y los materiales, condimentada con un debate acerca del liderazgo, lo que prueba que hasta en el Cielo "se cuecen habas".


Como resultado de esta discrepancia estalló la Guerra Celestial. Lucifer logró el apoyo de un gran número de rebeldes y se enfrentó con Jehová y sus tropas leales. No hay crónicas certeras de este conflicto, pero se sabe que Jehová fue el vencedor y que los rebeldes fueron expulsados de Kolob, quitándoseles la Tarjeta Verde (o su equivalente) que les permitiría encarnarse en cuerpos físicos.

Lucifer se convirtió de este modo en Satán, y sus aliados en demonios, dirigiéndose raudamente a la Tierra para molestar a sus futuros moradores e incitarlos a escoger el Lado Oscuro. Algunos añaden que, en consonancia con esta elección, su apariencia se volvió desagradable; es decir que se convirtieron en ángeles de piel negra.

El caso es que la Tierra no estaba todavía creada, por lo cual Elohim tuvo que proceder a formarla.

La tarea fue confiada a Jehová, para lo cual le fue otorgado el sacerdocio de Melquisedec (el mismo que hoy ostentan muchos líderes mormones), sacerdocio que es definido como un "dominio soberano".

En este trabajo de construcción, que hace recordar al Demiurgo gnóstico, Jehová contó con el auxilio de varios seres espirituales, ansiosos por ornamentar su futuro hogar, entre los cuales estaba Miguel, el famoso arcángel que se había destacado en la Guerra Celestial.

Una vez que se terminó de formar la Tierra, Dios mismo, con la asistencia de Jehová, hizo el cuerpo del primer hombre: Adán, tomando como modelo su propia persona, es decir que Adán era rubio, alto y de ojos celestes... ¡bueno tal vez, verdes!.

En cuanto al espíritu o alma del primer hombre, el propio arcángel Miguel se encarnó en él.

En cuanto a Eva no se sabe quien sirvió de modleo, ¿la Madre Celestial tal vez?, pero lo cierto es que recibió el espíritu de una de las hijas de Dios.

Adán y Eva, como se sabe, fueron colocados en el hermoso Jardín del Edén, (que no estaba, según una errada y extendida interpretación, ubicado en algún lugar del Medio Oriente sino en las cercanías de Independence, Missouri, Estados Unidos) y allí Dios les dio dos órdenes fundamentales; una de ellas positiva: tengan chicos (habría que imaginarlo a Dios con la voz del Padrino) y la otra negativa, la relativa al famoso Árbol del Conocimiento.


Es de público dominio que Eva y Adán tentados, según declararon el juicio sumario que siguió, por Satán comieron del fruto, fueron expulsados del Paraíso y tuvieron que avenirse, ellos y sus descendientes, a sufrir la muerte. Hete aquí, sin embargo, que esto no fue tan malo después de todo.


En efecto, los LDS aseguran que todo ya estaba previsto y que la caída les permitió, además de conocer el bien y el mal, ser capaces de hacer bebés…por lo cual se considera que el pecado de Adán fue la condición necesaria para que los humanos existiéramos, así lo afirma la misma Eva en el Libro de Moisés (inútil buscarlo, no está en la Biblia):

"Y,Eva su esposa, oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: De no haber sido por nuestra trasgresión, nunca habríamos tenido posteridad ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes".

Es decir que por ser desobedientes lograron el premio de aquellos que son obedientes ¿está claro?

Como sea, el caso es que los nuevos nacidos no podían regresar a la presencia de Dios, por lo cual el Plan se estaba cumpliendo y sólo faltaba la llegada del Mesías.

Unos cuatro mil años después de que Adán fuese enterrado en Adam-ondi-Ahman (un valle de Missouri ¿dónde sino?) Jehová vino al mundo en "el país de Jerusalén", engendrado por Elohim en María (dicen que de un modo parecido al que utilizaba Zeus con las mujeres mortales), momento en el cual tomó el más conocido nombre de Jesús.

Jesús, de quien también se dice que estuvo casado, organizó no una, sino dos iglesias como puntales para su misión terrestre, que consistía, como vimos, en preparar el regreso al planeta Kolob de los hijos de Dios; ahora con cuerpo físico.

Una de estas iglesias estuvo ubicada en el Mediterráneo Oriental, la otra en algún lugar de América (el istmo de Tehuantépec para algunos, la región de los Grandes Lagos para otros).

Ambas, sin embargo, fracasaron en su cometido.

La iglesia del Viejo Mundo fue presa temprana de la corrupción y se volvió una entidad abominable.

Más pura, la iglesia americana duró casi cuatrocientos años hasta ser destruida por sus enemigos, los indios lamanitas...

El plan parecía fracasar, Lucifer era ahora el Líder indiscutible del planeta Tierra y el retorno a Kolob parecía imposible para los hijos de Dios.

No todo, sin embargo, estaba perdido, mil ochocientos años después surgía una nueva esperanza destinada a reparar los errores de Jesucristo.

Érase un joven granjero, que vivía en un remoto rincón del condado de Wayne, estado de Nueva York…



Todo cuanto se cuenta aquí ha sido tomado, y chequeado, en fuentes del movimiento LDS y se basa, sobre todo, en las traducciones que hizo José Smith de unos papiros egipcios que resultaron ser escritos de la "propia mano" de Abraham, el Patriarca bíblico. Investigadores modernos, incrédulos, sostienen que en realidad se trataba de vulgares copias de un texto egipcio tradicional; El Libro de los Muertos pero, por supuesto

¡ellos no han orado para recibir sabiduría!

Facsímil de una parte de los papiros traducidos por Smith. Según él es una escena de la estancia de Abraham en Egipto, según los egiptólogos parte de los rituales funerarios en el país del Nilo.


Este video, un joyita, resume muy bien las creencias mormonas y lo hace en forma de dibujos animados. Tengo entendido que ha sido "prohibido" por la Iglesia LDS, pero vale la pena verlo (aunque esté en inglés)


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gadores modernos, incrios. odo enpados morales y los materiale ha llegado por caminos porco

jueves, enero 31, 2008

De ilusión también se vive… o la ironía del neopositivismo



Dedicado a Sabrina, cuyas charlas inspiraron este texto...


El neopositivismo, o empirismo lógico o escepticismo racionalista, que de todas estas maneras podemos llamarlo, es un loable intento por sanar la escisión básica del ser humano a través de la racionalidad. Simpatizo de veras con él y acepto con agrado muchas de sus sugerencias; al cabo es un hermano mayor, un hijo del siglo de la Modernidad, y fue uno de mis primeros guías en el combate contra los mixtificadores de lo sobrenatural; los anunciadores de trasmundos.


Dicho esto, por entera justicia, debo declarar también que los neopositivistas se equivocan cuando creen que la división que todos padecemos, ese corte fundante entre razón y pulsión, puede ser superada por medio del hiperracionalismo.


Estas buenas gentes suponen, más bien asumen, que negando toda entidad al inconsciente, a los simbólico, a lo totalmente irracional, el sujeto devendrá en un ser racional, objetivo, capaz de elecciones fundadas en juicios lógicos y completamente sano. Es una ilusión, pero se empeñan en mantenerla. Los teóricos del escepticismo al estilo Mario Bunge y muchos neurobiólogos como J.P. Changeux que atacan al psicoanálisis son cabales representantes de esta visión sesgada y peligrosa.

Bunge, neopositivista, cultor del cientificismo y un poco gorila...

Las banderas de estos científicos son dos: la causalidad genética y la expulsión de lo simbólico. Todas las enfermedades, todas las rupturas del supuesto equilibrio, todos los desajustes de la homeostasis ideal del ser humano pueden, nos dicen, ser explicadas por determinaciones genéticas o “por la movilización interna de un conjunto topológicamente definido de células nerviosas” en palabras del citado Changeux (en http://www.arp-sapc.org/publicaciones/lar6.html). Somos lo que nuestros genes y nuestras sinapsis nos mandan ser.

Cualquier discurso que haga hincapié en las honduras invisibles de lo irracional, señalan, debe ser proscrito. No hay tal cosa como pulsiones ni, por tanto, goce, no existen simas inquietantes en la tersa superficie de la máquina mente – cuerpo. Se trata, aventuran, de un programa totalmente libre, de código abierto y susceptible de ser modificado con ayuda de transmisores neuroquímicos.

El humano es, concluyen, un sistema en equilibrio ideal, cualquier desperfecto se soluciona por medio de una medicación específica:

- Tómese usted una de éstas y toda su escisión constituyente desaparecerá por la mañana…

Detrás, o al lado, están las grandes compañías farmaceúticas y los fabricantes de equipos de diagnósticos por imágenes.

Detrás, o al lado, están los amigos y amigas neoliberales.

Detrás, o por encima, están el Estado y el Mercado.


Los neopositivistas no los ven, o no quieren, o no pueden verlos. Su cruzada contra los oscurantismos (nobleza obliga; ímproba tarea) los absorbe de tal modo que hacen abstracción de todo lo demás. Así se enfrentan contra los que deberían ser sus obvios aliados en esta lucha contra la superstición; el marxismo, del cual hablaré en otra ocasión, y el psicoanálisis.

La ironía es que muchos de los descubrimientos de estos científicos bien podrían integrarse en una explicación que no negase, que no proscribiese de entrada, la emergencia del inconsciente. Eric Kandel, excepción a esta regla, ha mostrado brillantemente lo que esta colaboración puede lograr.

Kandel, un neurobiólogo abierto al diálogo

La ironía es que mientras los empiristas creen liberar a la mente humana de los resabios metafísicos, la reducen a una dimensión unilateral y actualizan, por medio de la negación, la alienación de quién no sabe que hay mucho en su interior que ignora.

La ironía es, en fin, que lejos de lograr ese imposible ser racional y autónomo, fomentan el empobrecimiento de la capacidad simbólica en beneficio de una crítica superficial y un discurso sólo aparentemente libre.

No me sorprende, claro.


Es que algunos, hijos rebeldes de la Modernidad, hemos encontrado que la realidad es siempre irónica y dialéctica.


Freud, por razones que se cuentan aquí, un verdadero "argento"

viernes, julio 27, 2007

Un hermoso embuste

Uno de los engaños más bonitos de la Historia es, sin duda alguna, el del Libro de Mormón.
Otros habrá que lo superen en elaboración, ya que es bastante elemental, y quizás también en difusión, aunque totaliza más de 80 ediciones, pero el hecho de inventar, casi de la nada, un libro sagrado no es, como se dice, moco de pavo...
Una época y un país que cree en la Biblia a pie juntillas, una mente comercialmente astuta y algunas hipótesis sin fundamento pueden ser tan buen material para inciar el negocio religioso como cualquier otro. Ahí tenemos varios pastores, y algunos curas (estos últimos con una franquicia demasiado onerosa) para probarlo.
José Smith Jr., creo, los supera a todos.
Silvestri, Palau, Ignacio deben atenerse a la Biblia en sus prédicas... y la Biblia, libro crecido durante milenios en el seno de pueblos lejanos, se les vuelve en contra en algunas frases, no lo pueden evitar...
El yanqui dio con la solución.
Se inventó su propia Biblia y la puso al lado de la "recibida" como una igual; más clara, más coherente, menos complicada... como quien dice un clásico "dios por uno", perdón, "dos por uno" quise decir.

La trama del engaño (ya Smith había enfrentado procesos por fraude pero, ¿quien no mintió alguna vez?) es simple, como buen producto americano.

El Profeta Joseph Smith Jr.

Smith Jr., un típico chico de campo, ve aparecer un mensajero divino. Son los años 30 del siglo XIX y Roswell aún está lejos.
El ángel, un antiguo americano resucitado, indígena diríamos, pero Smith no lo dice, le revela que en una colina pequeña y poco notable del estado de Nueva York se encuentran unas tablas de oro que contienen la historia de los antiguos habitantes del Nuevo Mundo.

Las planchas de oro: el Libro de Mormón original.
Actualmente se encuentran en...
el cielo


El mensajero se llama Moroni hijo de Mormón, de allí el nombre dado al libro, y era el responsable, después de la muerte de todo su pueblo, de haber ocultado los antiguos escritos.
Todo sucede como se ha anunciado, nos cuentan Smith y unos testigos que son, también, creyentes de la nueva fe; en una caja de piedra en el cerro que los americanos de antaño llamaron Cumorah están escondidas las crónicas del pueblo desaparecido.
El texto, claro, es indescifrable, en esos tiempos recién comienzan a conocerse las antiguas lenguas egipcias y mesopotámicas, pero Dios ha pensado en todo; adjunta al kit profético no una, sino dos piedras luminosas (suerte de lentes para visionarios), que permiten traducir la obra.
El idioma es el nunca antes, ni después, conocido "egipcio reformado" y parece, por las copias que subsisten, una colección arbitraria de signos que poco tienen que ver con los jeroglíficos. Por motivos desconocidos los autores, de origen judío como se verá, prefirieron escribir en esta extraña lengua antes que en hebreo... quizás porque en la América de 1830 ¡había mucha gente capaz de entenderlo!
Como sea, cuando algún seguidor de Smith muestra los enigmáticos caracteres a los "eruditos", estos no les encuentran ni pies ni cabeza... ¡tanto mejor!, los profetas tienen a gala no ser creidos por sus contemporáneos.

¡Egipcio reformado!, vaya, vaya

Al margen, unos años después Smith se animó a traducir un texto realmente egipcio; lo llamó el Libro de Abraham y dijo que era una autobiografía del Patriarca, ¡más confusión!, cien años después se probó que era una copia vulgar del conocido Libro de los Muertos y que tenía tanto que ver con el decano de los Patriarcas como con una receta de nachos...

El libro en sí es notable.
Notablemente aburrido; intenta mostrarse como bíblico (y por eso después le agregaron versículos) pero se cae en las primeras líneas y no vuelve a levantarse más que en contadas ocasiones.
Se trata de una compilación de textos, que datan de un período comprendido entre el 600 a. C. y el 400 d.C., en los que se relata la historia de Lehi, su familia y sus descendientes.

Lehi, por supuesto, era bueno, justo y todo eso por lo cual Dios, que es sabido tiene debilidad por estos ancianos que critican a "la juventud perdida de ahora", lo eligió para salvarlo de la inminente ruina de Jerusalén e iniciar, de nuevo, otro pueblo escogido.
Lehi con sus hijos, entre ellos el buenazo de Nefi y el tiro al aire de Lamán, se pone en marcha hacia Arabia y tanto camina que va a dar a la costa del Océano Índico.
Una vez allí Dios, que también tiene predilección por la naútica, le ordena construir un barco y cruzar con él el océano hasta la Tierra Prometida.
El navío, con toda la familia dentro, cruza el Índico y el Pacífico (unos trece mil kilómetros apenas) guiado por la Liahona, una especie de brújula maravillosa, llegando, por fin, a las costas de un país desconocido.
Que no era otro que América.
Una extraña América, casi deshabitada, con vacas, cerdos, caballos, trigo, lino y gusanos de seda (aunque no maíz, llamas, bisontes o magüey); equipada, en fin, con todo lo necesario para armar una civilización.
Una América como la querían los colonos; sin molestos indios.
En la nueva tierra la familia de Lehi prospera. Según se infiere del libro santo se dedican a dos actividades primordiales; la procreación dado que en pocos años suman miles de personas y la construcción de toda la infraestructura necesaria para dar marco a los relatos que vendrán a continuación. En el tiempo que les deja libre la reproducción de la especie y la tala de bosques, cultivo de la tierra, pastoreo de ganado, minería, fundiciones, ebanistería, talla de la piedra, construcción de ciudades, templos, caminos y letrinas, se dedican a guerrear entre ellos.
Se sabe, los que Dios elige no siempre están a la altura de las circunstancias.
Muerto Lehi los hermanos se dividen en bandos irreconciliables. El bueno de Nefi da origen a los ilustrados, creyentes y honestos Nefitas, mientras que su hermano Lamán es el tronco de los arteros y despreciables Lamanitas... por lo menos es lo que dicen Nefi y sus hijos.
El Señor comparte estos prejuicios, por lo tanto, nos cuenta Smith en su traducción; transforma físicamente a los Lamanitas en un pueblo de aspecto horrible, piel oscura, pómulos salientes y aficción por la guerra, en una palabra: los convierte en indios.
Los nómades Lamanitas...
y los nobles Nefitas




Pasan muchos y monótonos siglos.
Hay reyes y reinos, profetas y sacerdotes, guerreros y escribas.
Pirámides, guerras, éxodos y deportaciones.
El profeta Alma, en una "típica" escena de la América precolombina!!!

Zarahemla, ciudad americana, con carros y corceles

Los Lamanitas traman conjuras y constituyen ligas de agnósticos.
Los Nefitas aprenden los misterios del cristianismo aún antes del nacimiento de Jesús y cuando este, por fin, resucita; realiza un breve tour de cuarenta dias por las tierras americanas.

Jesus in America!!!

Y los famosos indios con barba...


Lamanitas y Nefitas se reconcilian y viven largos años como hermanos, pero la ambición y el odio no mueren. Ya en el siglo IV se vuelven a separar hasta que, en una gran batalla en la cual perece Mormón, los Nefitas son exterminados por los victoriosos Lamanitas y sólo sobrevien sus palabras en las planchas de oro.
No se dice, pero se insinúa con claridad meridiana, que los indios actuales son, de hecho, los degenerados descendientes de los malvados Lamanitas, mientras que las grandes obras de arquitectura que empiezan a asombrar a los americanos en Yucatán o Perú son obra de los bondadosos y rubios herederos de Nefi.

El moribundo Mormón se despide de su pueblo

Hasta aquí el libro.
Inútil buscar precisiones históricas, geográficas o arqueológicas. No existen y en cada página pueden señalarse contradicciones y errores que, pacientes, los eruditos del mormonismo intentan explicar.
Cuando leés la Biblia, creyente o no, encontrás nombres conocidos y una topografía familiar, podés saber con certeza donde estaban Jerusalén, Samaria o Babilonia, encontrás descripciones o alusiones a elementos arqueológicos que corresponden a esas culturas antiguas y hasta puede que des con algún texto que confirme parte del relato.
Nada de esto pasa con el Libro de Mormón.
A los nombres inventados, la falta de verosimilitud del ambiente, la nula relación que tiene con la arqueología americana y la ausencia de referencias externas, se suma la imprecisión geográfica.
Nadie sabe donde estaban asentados estos Nefitas y sus rivales.
Tres escuelas de pensamiento dibujan tres geografías diferentes. Los que dicen que Nefitas y Lamanitas vivieron en toda América, habiendo desembarcado en Chile, los que sostienen que se limitaron a ocupar un área pequeña de América Central y, más audaces, los que les atribuyen como hogar unas supuestas tierras sumergidas en el Golfo de Méjico.

Una de las interpretaciones propuestas para la "geografía" mormona. Obsérvese la Tierra de la Promesa.

Y otra, de Sorenson, quizás la más coherente... o menos incoherente

De este libro surge la (o las porque existen una docena de "iglesias" mormonas) Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cuya sede principal está en Utah y cuyos rubios misioneros son una presencia común en nuestras calles.
Pero eso será, alguna vez, objeto de otro artículo.

¿La venganza de los Nerds?