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miércoles, diciembre 07, 2011

Evocación de la Juventud Franciscana

Años oscuros los que van entre 1980 y 1983.

Años de breve primavera aquellos de 1984.

Para mí, y para algunos más, son los años de nuestra adolescencia. Los años en que participamos de la Juventud Franciscana en la Parroquia San Francisco Solano de Rosario.

Recuerdo esos días en la Parroquia. Tarde y noche del sábado, mañana del domingo, algunas veces también durante la semana. Era algo así como un club, algo parecido a un seminario, abierto y mixto, un cruce entre lo religioso, lo comunitario y lo político. Más de cien jóvenes, chicos y chicas, entre trece y dieciocho años; hijos de una sociedad tutelada por las armas, por el dinero y por la fe, hermanos menores de aquellos que, cinco años atrás, habían soñado, y actuado, para cambiar la Historia y ahora, habían desaparecido en casas ocultas o en tumbas sin nombre. Allí, protegidos por el nombre de una Iglesia ambigua, crecíamos, aprendíamos, descubríamos que el mundo era mucho más grande, y complejo, de lo que imaginábamos.

Nos reuníamos por edad, en grupos llamados fraternidades, cada una de las cuales adoptaba sonoros nombres que evocaban algunos de los mitos cristianos. Un sistema organizativo calcado de aquel que tenían los frailes, con capítulos y concejos, nos enseñaba los rudimentos de la democracia en tiempos de despotismo. Los mayores, o los más comprometidos, animaban (así decíamos) a la fraternidad; animar significaba una especie de dirección laxa, basada en el consenso y la capacidad de liderazgo, que determinaba los temas de cada reunión, sus compromisos y, en algunos casos, las tareas en servicio a la comunidad. Uno o dos frailes, en nuestro caso eran también presbíteros, brindaban la asesoría espiritual, cuando podían que era pocas veces. El padre Joaquín Núñez OFM era uno de ellos. Le debo mucho más de lo que él imagina.


Había mucho espacio para el desarrollo personal y para las iniciativas de cada fraternidad. Leíamos la Biblia, cantábamos, tomábamos mate (para algunos era su primera vez), jugábamos a las cartas, discutíamos, nos peleábamos y nos reconciliábamos, comentábamos la actualidad, participábamos, por supuesto, de la misa y, en mi caso, colaborábamos con la redacción de una pequeña revista parroquial llamada Sendero. Algunas fraternidades cantaban en la misa del cercano Hospital Carrasco, donde se alojaban enfermos infecciosos, y otras se acercaban a la capilla de la Villa Miseria, el barrio le decíamos, para descubrir lo mismo que sus hermanos ausentes, habían hallado diez años atrás.

La Juventud Franciscana, por supuesto, no tenía entre sus propósitos crear conciencia social o fomentar el activismo, político o de otra clase. Los que la crearon eran fieles hijos de la Iglesia Católica y, a lo sumo, habían sido alcanzados por la breve e intensa ola de renovación que tuvo lugar entre el Concilio Vaticano II y el advenimiento de Juan Pablo II. La idea era acercar el catolicismo, en su versión franciscana, a los jóvenes con la loable intención de fomentar la vocación religiosa o, en el peor de los casos, formar adultos comprometidos con la ideología de la Iglesia. Las instituciones, se sabe, tienen otra vida que la de aquellos que las pergeñan y están hechas por personas con sus propias agendas y tablas de valores. Los creadores de la JuFra, por ejemplo, no contaron con la conjunción; en la Parroquia San Francisco Solano de Rosario, de un cura marginal y rebelde, pibes ansiosos de participar y que encontraban un cauce para sus sueños juveniles, y el velado recuerdo de la generación anterior.

En otros ámbitos, colegios o ciudades del interior provincial, no sucedió lo mismo; la JuFra era, en esos lugares, un grupo religioso más. En aquella, la que viví durante casi tres años, se creó una escuela para el futuro, un futuro sin vigilantes y transformador.

Algunos, claro está, se quedaron en la escuela sin graduarse jamás; a ellos se les debe la permanencia de la JuFra hasta hoy, nada más.

Otros, estoy orgulloso de contarme entre ellos, nos alejamos cuando fue el momento oportuno y, desde ámbitos, ideales, proyectos y acciones diferentes, nos comprometimos con la construcción de nuestra devastada sociedad. A veces me cruzo con alguno de ellos; trabajadores sociales, activistas, cooperadores escolares o docentes y sé, sabemos, que aquella vieja JuFra fue lo que nos hizo, en gran medida, ser lo que somos.


viernes, agosto 21, 2009

Informe de situación I


Hoy, a los 45 y un par de meses.
Hoy, en la mañana fría y soleada.
Hoy y en este lugar, un modesto bar del centro, afirmo, para quien pudiera interesar, que se ha terminado mi adolescencia.
Tengo para mí que en el decurso de los sucesos humanos (¡vaya solemnidad!) este delicioso y tormentoso período que precede a la vida adulta se prolonga más y más. Alejandro era un rey y general exitoso a los treinta años; hoy, por el contrario, estaría terminando un postítulo y viviendo en la casa de sus padres; el violento Filipo y la manipuladora Olimpia... ¡son dos mil trescientos años de distancia!
Estudié, trabajé, me casé y tuve hijos sin dejar de ser un perfecto púber en muchos aspectos de la vida y, más importante, en mi alma. Como dice Sabri; jugaba a ser grande, pero era un pendejo y hacía, claro, cosas de pendejo.
Fue con la separación (nobleza obliga) que empecé a darme cuenta que se había terminado la joda. No fue hasta esta última semana que caí en la cuenta de que empezaba una vida mejor, adulta, plena y responsable, un placer que supera al mero goce improductivo y torturante.
Asumir esto, tiempo y caricias, golpes y satisfacciones, me llevó un cierto tiempo y tal vez me calumnie a mí mismo retrasándolo tanto. Lo cierto es que hoy dejo ir definitivamente al pibe, melancólico y esquivo, aficionado a la mentirilla tonta y a las excusas tardías, para darle lugar al hombre que quiero ser.
Un tipo masculino sin clichés ni impostaciones de voz, capaz de sostener sus convicciones sin agredir y sin sentirse agredido, que se para frente a un curso y ya no se cree un genio o un idiota.
Orgulloso de ser Gustavo Rubén Bessolo, un hombre común (que no es sinónimo de mediocre) que ya no es "el chico Odol Pregunta" (Gustavito, el que sabe, como decía mi nona y yo, iluso, me lo creía) ni el irresponsable, tortuoso, vago y mal entretenido que aceptaba sin beneficio de inventario.



¿Me preguntás cómo me siento?
Bien, viejo, muy bien.
Hay cosas que faltan (¡y tantas!) pero ellas ya no me impiden crecer, vivir, sentir, amar y ser amado; doy gracias a la Historia (esa divinidad de los ateos) por la falta de esas cosas y de otras que todavía ignoro... de no ser así estaría muerto.

Y estoy vivo, escribiendo, sintiendo, respirando a pleno este aire renovado de la mitad (¿llegaré a tanto?) de mi vida.

Y doy gracias, porque no hice solo este camino, pero de eso escribiré otro día.

domingo, abril 26, 2009

Razones para esperar







Tengo más de cuarenta años y, en estas cinco décadas, he visto pasar a muchos gobernantes. Mi recuerdo más antiguo, sólo un nombre, es el del dictador Onganía y alguna vez vi pasar a Lanusse por la puerta de casa. Recuerdo una infancia marcada por el Tío al gobierno y Perón al poder (la alegría de mi vieja, peronista ella, y el disimulado fastidio de mi padre; gorila culposo), mi adolescencia padeció a la más negra dictadura de nuestra historia y no me conté entre los que festejaron la llegada de Alfonsín porque, ese día, estaba visitando a una novia peronista del conurbano...

Voté, no hay por qué ocultarlo, a un falso caudillo riojano, cosas de ignorancia política y enseñanzas de un cura que unía la ilusión de dios con la ilusión del peronismo, y pude escuchar a "mis hermanos, los obreros de... Pérez" intentar justificar lo injustificable cuando se vendía medio país.

Dejé de lado las veleidades nacionales y populares, me opuse, desde mi lugar, a la entrega que hacía Carlos Saúl; estuve en marchas, carpas y volanteadas... no mucho, pero no me quedé sentado.

De más está decir que no volví a votar pejotistas de ninguna laya y siempre, vocación de perdedor, puse mi voto en la izquierda menos estúpida que pude hallar (difícil que el chancho chifle) esperando que algún diputado de esa bancada tuviera alguna idea para llevar al Congreso.

Soy bastante escéptico respecto del sistema democrático realmente existente, pero por supuesto lo prefiero a cualquiera de las otras alternativas; incluso las que presumen de superadoras. Siento un afecto especial por los anarquistas, aunque me cuido de sus cantos de sirenas; digo, Bakunin, Kropotkin y cía fueron maravillosos, pero demasiado roussonianos para mi gusto.

El Estado  será, siempre, la junta de gobierno de la clase dominante, como decía Illich, o un monstruo que se alimenta de nuestra energía en lo que coinciden Nietzche y Muad'dib, pero, sabido esto, uno puede acampar tranquilo al lado del ogro... cuidándose de sus intenciones y aprovechando sus intersticios. Muchas veces he comprobado que es tan estúpido, y tan cruel, como un troll...

Dicho esto no me gana el pesimismo. ¿Cómo se puede ser pesimista ante el curso de la Historia?. Quejarse, meramente, no resuelve nada, como tampoco lo soluciona actuar siempre al todo o nada. 

Entre los idiotas que mandan cadenas de mail contra este u otro gobierno y los cretinos que viven proclamando su intención de acabar con el sistema sólo hay, a mi modo de ver, una diferencia de ignorancia; los primeros no saben y se basan en antipatías personales (mirá la cartera de Cristina, por ejemplo), los segundos no entienden y sueñan con la famosa coyuntura revolucionaria (unámonos a los burgueses del campo, con ellos comienza la revolución, dicen)

Soy optimista porque los cambios dan comienzo lentamente, no por acción de un gobernante iluminado, tampoco por la  militancia de tipas y tipos angelicales y abnegados, sino por el trabajo colectivo de muchos y muchas que actúan, casi siempre, sin saber muy bien que están haciendo la Historia. 

Soy optimista porque los humanos nos perfeccionamos día a día y porque, basta haber pasado algunos días en los siglos que nos precedieron, el mundo actual hubiese sido considerado casi una utopía por cualquiera de los pensadores que vivieron entre los tiempos de Moro y los de Wells.  Casi una utopía, digo, y no ignoro las hambrunas, las epidemias, la formidable corrupción, el desencanto y la mentira... pero estos árboles, amenazadores y todo, no me tapan el bosque.

Unos pasos, unos siglos, más adelante están 
los ateos, 
los socialistas sinceros (más allá de eqtiquetas), 
los que se juegan por las libertades más básicas, 
los y las activistas gays y lesbianas, 
los científicos que asumen el compromiso de ahuyentar las tinieblas de la falsa conciencia, 
los delegados sindicales que se juegan por sus compañeras y compañeros, 
los maestros, 
las actrices y los actores que crean mundos alternativos para mostrar que el cambio es la única realidad, 
los filósofos, 
los políticos (pocos) que entienden su tarea como la construcción de una democracia en la que ya no sean necesarios, 
los obreros de las fábricas recuperadas, 
los músicos, 
los jóvenes que escriben canciones contra el sistema, 
las putas que se organizan para pelear por su dignidad, 
las Madres, 
los Escritores, 
hasta algún que otro religioso que, atrevido, rompe los moldes de su represiva fe...


Y también están los que no dan la talla, para ciertos exquisitos que la juegan de inspectores de corrección política (potables o no , como decía allá por los ochenta una buena amiga), los que hacemos lo que podemos. Los que no somos de esos indispensables que reclamaba Brecht, pero que también avanzamos a tientas por la floresta en busca de un claro desde donde vislumbrar un mundo en el que valga la pena vivir.
Y sí, no somos lo mejor ni de lejos, pero día a día hacemos lo que podemos para que los valores en los que creemos sean moneda corriente en nuestro pequeño espacio de vida.


domingo, marzo 08, 2009

En tu silencio...

En tu silencio, blanco, suave,

se agita la conciencia y un camino.

En tus pupilas, oscuras y nocturnas,

se esconden propósito y destino.

En tu vientre brota el sueño.

En tus pechos

(pimpollos rosados de estío)

el deseo se estremece

en un milagro.

Palpita tu sangre en mis abrazos;

Y se hace vida,

alma, anhelo, risa y desafío.

Se llena todo el cielo con tu risa.

Principio y fin.

Certeza y cometido.



En un nuevo aniversario de aquellas que murieron no por ser mujeres, sino por obreras y revolucionarias...

Gustavo, un compañero de lucha.

miércoles, febrero 04, 2009

Esperanzándonos


Me niego, lo dije, a ser un desencantado.


Tampoco es que quiera ser su contrario, un encantado.


Me basta con la esperanza y la realidad.


Una me da aliento para la carrera de fondo, la otra sofrena mis ímpetus y me susurra al oído; ya, pero todavía no…


No creo en el Estado, pero aspiro a transformarlo tanto que termine desapareciendo, desconfío profundamente de los que hacen de la política una profesión, pero soy capaz de reconocer que a veces, por error, por distracción o porque se lo proponen, pueden lograr avances en lo que realmente importa: que la gente (digo la gente, quiero decir, como los brasileños, todos nosotros) viva mejor.


Creo, sí y profundamente, en el ser humano y estoy convencido de que en cada uno de ellos (ellas) hay algo bueno, algo noble, algo magnífico; salvo excepciones que no son sino eso, excepcionales. Nadie es, repito la salvedad, malo por naturaleza por mucho que nos inculquen el cuento ese del pecado original. Mejores y peores, seguro, abominables, sólo unos pocos.


Me he dado cuenta de que no existen vías rectas para llegar a alguna meta, también inexistente; la Historia avanza en espirales, a veces ni siquiera parece moverse, pero siempre termina por dejar atrás nuestro pasado más brutal. Creo en el futuro, es claro, y si me prevengo de algo es de aquellos que disfrazan el pasado con las ropas de lo más moderno; quienes dicen, sin saber de que hablan, antes era mejor, volvamos a lo primitivo, temamos la tecnología, adoremos de nuevo a la Naturaleza… Estos tales no se dan cuenta de lo crueles que son las fuerzas primordiales. No por rechazar a Jehová no voy a volver a Baal.


Este mundo no es, ciertamente, el mejor de los posibles; pero tampoco está condenado sin remedio.


Cuando me muestran con mórbido gozo, como hacen los desencantados, el hambre, la miseria, las guerras, la sordidez y la estulticia meneo la cabeza y afirmo, para su escándalo; hemos mejorado.


El hambre es un crimen, la Humanidad tardó dos mil años en aprenderlo, pero antes las hambrunas eran una política de estado y la indiferencia de muchos.


La guerra es el abandono de toda razón en nombre de dioses inexistentes, llámense Nación, llámense Tierra Prometida, llámense Reivindicación; pero sólo ahora lo creemos, durante siglos la guerra fue natural, evidente y permanente.


Sórdida era Roma, con sus proletarios sin esperanza, sórdido el Medioevo europeo en sus tres órdenes inmutables, sórdidas las calles londinenses en los tiempos del vapor y todos estaban convencidos de que así debía ser; sórdidos son nuestros tiempos en muchos rincones del mundo, pero ahora sabemos que no debe ser así.


Hemos mejorado, el mundo en su conjunto ha mejorado, falta mucho, muchísimo, demasiado, Utopía está distante, si es que llegamos a ella alguna vez, pero no tanto como lo estaba cuando Moro, el primero, la describió.


En mi tierra, en la Argentina que amo y que me duele tantas veces, tampoco es tan oscuro el panorama como afirman los desencantados.


La estúpida soberbia de los Kirchner y la soberbia estúpida de la sedicente oposición, léase Carrió y el rejunte de falsos chacareros, no son afortunadamente todo el panorama, por más que lo digan Radio 10, TN y el “tontuelo” de Novaresio (nota de color local si las hay).


Más allá de peronistas reciclados, o no, de los contestatarios de Barrio Norte, de la media docena de pequeños partidos políticos cuyo único objetivo, tan, pero tan chiquito, es hacer caer al señor y señora K, de la indecisión socialista, buenos muchachos, por los que conozco, pero tan tímidos como una colegiala (de las novelas de la tarde, claro), más allá de la izquierda ciega de las siglas y de los que identifican a la revolución con el kilombo hay mucho, mucho más.


Fábricas recuperadas y experiencias, todo lo tumultuosas que se quiera, de autogestión en serio.


Sindicatos horizontales, debates, asambleas, construcciones silenciosas.


Jóvenes que piensan el futuro sin atarse a modelos del pasado, gestiones locales que ensayan nuevas maneras de encarar la cosa pública (res publica si prefieren el viejo latín), una sociedad que se organiza para vigilar a sus representantes, pueblos olvidados que emergen, nuevas formas de sociabilidad y, hay que decirlo porque pocos lo ven, un empuje y una fuerza que son el síntoma de una nación en crecimiento.


Hay que salir de delante de la pantalla, de la notebook o de la tele, para verlo, pero están ahicito nomás, créanme.


No, no estamos tan mal como nos quieren hacer creer y en el rincón más yermo uno encuentra, si sabe buscar, una flor que desafía a la ceguera del acaso.

martes, julio 22, 2008

About yourself…

Es casi imposible entrar a un sitio de Internet, sea blog, sea portal de compras o sea periódico on line, sin que te pidan, rueguen, exhorten, supliquen o amenacen que te suscribas.

Ya lo he hecho tantas veces que tengo serios problemas para recordar las más variopintas contraseñas (y eso que las repito frecuentemente) y muchos más para estar seguro si me registré con tal o cual apodo (nick) .

En casi todas ellas aparece un apartado donde te piden que hablés de vos mismo, que escribas, como dicen, un perfil...

Hace poco intenté, invitación mediante, crear un blog en wordpress (que no usaré, pues se administra en inglés y blogger me resulta más amigable) y, terminado el registro, aparece la frasecilla:

About yourself.

Esto es lo que escribí...

About yourself, dice el encabezado, casi evocando el frontispicio de Delfos...

No es que escribir about myself sea especialmente difícil, es que a veces ni uno mismo sabe muy bien de quien se trata cuando dice myself (¡mucho menos yourself, herself o himself!) porque solemos ser varios los que convivimos en este espacio indeterminado que se llama "persona".

¿De qué Gustavo puedo hablar?

¿Del hombre de cuarenta y largos años, separado, padre de una hermosa preadolescente y un revoltoso superhéroe de seis años?

¿Del tipo que tuvo la inmensa suerte, y dicha, y placer y maravilla, de encontrar a Sabrina y enamorarse de ella?

¿Del zarpado de hace cinco años atrás, viviendo al límite de la osadía?

¿Del docente que siente una verdadera concupiscencia por enseñar?

¿Del laburante que a veces mintió para zafar?

¿De aquel que dejó de lado a la Santa Iglesia, sus pompas y sus obras, y, sin odio, abrazó la liberadora causa del ateísmo?

¿Del que alza su puño cada vez que oye la Internacional y acunó a sus hijos con la esperanza de que "la tortilla se vuelva"?

¿Del nostálgico de viejos dibujos animados, defensor incondicional de Silvestre y del Coyote?

¿Del que se acuerda de "la más maravillosa música" y tiene 30.000 hermanos menos?

¿Del tipo que no puede ver un documental de The History Channel sin exclamar en cada comercial "eso es inexacto"?

¿Del que prepara los mejores desayunos (y arroces pilaf también) de la zona sur y los lleva a la cama de su somnolienta novia o de sus adormilados hijos?

¿Del que disfruta estar con amigos pero, es tan tímido, que parece una versión moderna de Simeón, el estilita?

¿Del que suele usar palabras como thymos, outremer, innacuracy o L'Shana habaah b'yerushalayim en la conversación cotidiana, no por pedantería, sino porque el punto considera que son expresiones comunes?

¿Del que se irrita con facilidad pero, según dicen Mary Fer y S.B. de consuno, puede ser desactivado tomándolo en solfa?

¿De quien, en fin, tengo que escribir cuando leo "about yourself"?

¿De tierno, del irascible, del erudito, del aburrido, del simpático, del incomprensible Gustavo?

Kaltrum es el nombre que prefiero usar en Internet, pero me llamo Gustavo.


Y, de todos esos Gustavo que nombré, de todo cuanto a ellos (a mí) les (me) interesa escribo aquí...

miércoles, junio 25, 2008

Una leyenda, una historia




Hace mucho tiempo y hace apenas un instante, vivieron, viven aún, una hermosa mujer y un hombre.

Ambos habían recorrido largos caminos, cercanos a veces, muy alejados, otras pero intensos y tumultuosos.

Ella, cabellos de estrellas y ojos dulces como la miel, había levantado su tienda a orillas del río y, desde allí, contemplaba a las barcas deslizándose por la mansa corriente.

Él, ojos mansos y corazón atormentado, recién desembarcaba de un viaje por tierras de soles extraños y ardientes y aún traía en la mirada los fuegos de los volcanes que había visitado, las canciones bárbaras que había escuchado y mil cuentos de esos que relatan los viajeros y uno debe creer sólo a medias.

Ella lo vio desde su tienda y supo que en él había algo más de lo que se veía a simple vista... los rastros de una pena muy honda y el ansia negada de un puerto donde reposar.

Él la vio, apenas puso el pie en tierra, y sintió que debía correr a su lado y escuchar, de sus labios, esas palabras que en vano había buscado en tierras de lunas lejanas.

Se acercaron y murmuraron unas pocas palabras de saludo.

- Has llegado- dijo ella, como anunciando algo esperado.

- He llegado, mas no sé a donde...- respondió él.

- Has tardado demasiado, pero sea bienvenida la hora que te acerca a mis playas.

- Vine como he podido- dijo él- no escogí ni el día, ni la hora de este viaje y, en verdad, de haber podido elegir nunca lo hubiese emprendido... - era seca la voz del hombre, y por un momento su rostro se puso duro y frío como los acantilados en los cuales había jugado su vida.

Ella guardó silencio, porque las palabras eran duras y dolían. Al fin, sin embargo, habló y dijo:

- Hay viajes que, aún demorados, son beneficiosos no por su meta, sino por emprenderlos. Los vientos te empujaron hacia mí, ¿te arrepientes de ello?

- Ningún hombre- contestó con una sonrisa que borraba su ceño adusto- contaría como pérdida el viaje que le lleve hacia tí. Estoy cansado, perdona mi rudeza y concédeme el refugio de tu tienda, mujer.

Ella accedió y él durmió toda aquella tarde, y la noche siguiente, en los aduares de la mujer.

Ella veía como su rostro se tornaba dulce y sereno mientras descansaba, y como las arrugas desparecían del rostro del hombre.

Él soñaba, por primera vez en mucho tiempo, sueños placenteros y bienvenidos...

Cuando despertó no hubo necesidad de palabras.

Besos apasionados los unieron, caricias anhelantes y abrazos deseantes los traspasaron, los cuerpos, desnudos, se fundieron en uno solo y no hubo lugar para la duda, la desesperanza o la tristeza.

Así fue durante largos días.

Pero una mañana él sintió la nostalgia del mar y de las tierras ásperas de donde procedía y una invencible necesidad de viento y sal se apoderó de su alma y no hubo más sueños tranquilos ni despertares apasionados.


- No quiero que te vayas- dijo ella.

- Cuento como perdida cada hora que permanezco en esta playa- respondió él, fingiendo dureza, pero en realidad ahora que las velas estaban izadas no tenía deseos de partir y, sin embargo, ardía por dejar atrás el manso río y las costas donde ella vivía.
Y no sabía a que impulsos obedecer.

Y ella guardó sus lágrimas en silencio.

Y él partió.

Mientras se alejaba ella, sin que él la escuchase, murmuró:


Vous avez été celui pour moi…

Pero su barca ya se había perdido en los recodos del río.

Un día, después de no mucho tiempo, la barca volvió.

Y él sonreía frente al timón, y su cabellera estaba coronada de estrellas, y sus ojos brillaban como el sol del amanecer.

Y ella supo que volvía en su busca.

Y enjugó sus lágrimas.

Y fue a su encuentro.

De un salto él bajó de la nave de alto bordo y la tomó en sus brazos. No hubo palabras, sólo un beso muy hondo y muy diferente a los que solían darse en los primeros días, de sudor y ansias desmedidas.


Desde entonces ella y él pasan muchas horas en los aduares a orillas del ancho río.
De cuando en cuando, empero, él parte en demanda de mares lejanos, de soles extraños y de tempestades a las que desafiar.


Ella, también, parte a veces en corceles alados a tierras lejanas, de ensueño y montañas, que él ignora.

Puede que no se vean por largos días.

Puede que él la busque en sus montes o que ella lo siga por los mares.

Puede que reposen juntos.

Puede que se vuelvan a alejar.

Pero lo que ambos saben, y no dudan, es que siempre volverán a encontrarse.

Escrita originalmente en la madrugada del martes 17 de julio de 2007, pero mucho más cierta hoy que nunca...

lunes, junio 09, 2008

De regreso, otra vez...

Dicen que siempre se vuelve.
Dicen que nunca uno se va del todo de los lugares donde ha amado.
Dicen que hay un camino de retorno en cada recodo del Gran Camino hasta que, un día, el Gran Camino se termina del todo... para cada uno de nosotros.

Dicen también, pero son menos, que nunca se puede volver porque el mismo lugar no existe sino como convención literaria.
Dicen, aunque la mayoría de nosotros prefiere cerrar los oídos a estos dichos, que el cambio es lo único permanente y que ser y no ser bailan juntos una precaria danza de final tan cierto como el aumento global de la entropía.
Dicen muchas cosas que se desdicen en esos mundos sin dios.

Y ahora dicen que vuelvo a insistir con el blog.

Y que será asiduamente.

No les crean demasiado.

Sólo dicen...

miércoles, abril 23, 2008

La visión de un goy sobre Pésaj



Dicen que dicen, está en el Talmud pero no sé donde, que una vez en los tiempos en que imperaba Roma, un Rabino, desilusionado por tanta miseria habló con el profeta Elías y le preguntó:

- Eliahu Hanavi ¿dónde está el Mashiaj, cuando llegará?

Elías, el profeta, accedió a responderle.

- Está aquí, en las puertas de Roma, con los enfermos, los leprosos, los excluidos…

De inmediato el Rabino salió al encuentro del Mesías, lo encontró donde Elías había dicho y le preguntó:

- ¿Cuándo vas a venir?

- Hoy… - respondió el Mesías.

Sin esperar más, el Rabino, feliz partió hacia Israel. Tanta era su prisa, nos dice el cuento, que llegó esa misma noche.

Esperó todo aquel día la llegada del Mesías. Paciente, confiado.

Pero el Mesías no vino.

Pasó un tiempo y el Rabino volvió a encontrarse con Elías.

- El Mashiaj es un mentiroso- le dijo- pues me prometió venir haiom, hoy, y no llegó.

- En tu apuro sólo escuchaste el principio del versículo: Haiom, im bekolo tishmanu, es decir, Hoy, si escuchas Su Voz.

Soy gentil, pero si eligiera creo que optaría por el judaísmo, y hablo de estas cosas con temor y temblor.

Soy ateo y, por lo tanto, no creo en voces divinas.

Soy persona, me atrevo a opinar entonces.

Tal vez sea cierto que no hay una Kol Elohim, pero lo cierto es que existe una Voz.

Es la Voz de un Pueblo, es la Voz de todos los hombres y mujeres que están en el mundo, que soportan al mundo, que aman al mundo pero, a la vez, que quieren salir fuera de él, que buscan su transformación.

Esta es la Voz que se debe escuchar para hacer real la venida del Mesías. Esta es la Voz que resonó por primera vez en aquel Egipto imperialista del siglo XIV antes de nuestra era. Esta es la Voz que se actualiza en cada Pésaj.

La Voz está estrechamente unida al concepto de liberación, de gueulá.

La Voz debe ser escuchada, la Voz debe resonar y ese es el principio de la liberación.

Es ponerse en movimiento, es pasar de ser mudo a ser hablante, de ser un objeto a protagonizar la propia historia. Es osar enfrentar a Faraón y decirle: Deja ir a mi Pueblo.

Dicen los sabios de Israel que Pésaj se puede dividir en dos palabras: pe la boca y saj la que habla. Pésaj es la Voz y allí está el paso, la liberación, el camino, la salida de Egipto.

Hablar, decir, poner en palabras, dar Voz he aquí el comienzo de toda verdadera libertad. No sólo la libertad de un pueblo, también nuestra propia libertad interior.

Jag Sameaj

jueves, marzo 20, 2008

No es Fellini, Bergman o Buñel... ¡es mucho más!

Puede que (seguramente) sea el orgullo de padre el que dicta estas líneas.
Puede que (con certeza) necesite un babero ante los primeros pasos de mi hija; Belén, con la cámara.
Puede que (es un hecho) escriba demasiado y no deje lugar a lo importante.

Un video hecho por Belén y colgado en You tube (y sí, las chicas crecen...)

domingo, marzo 16, 2008

..., de regreso

Como cantaba Juan Carlos allá por los ochenta.

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Now playing: Juan Carlos Baglieto - Mirta, de regreso
via FoxyTunes

Días movidos, éstos, inicio de clases, debates gremiales, ordenamiento de la vida cotidiana, amor, pasión, descanso, nuevos rumbos y nuevas perspectivas.

Mucha lectura.

Relecturas, en realidad.

Una visita al siempre completo Apolodoro, chapoteo en las bocas del Nilo con el inquisitivo Heródoto, embriagantes deleites junto a Omar Khayyam. Nada de textos sacros, poco de los Foros (apenas unas ojeadas), morosas tardes leyendo los interminables power points que me envían Graciela y Miriam, los correos siempre bien recibidos de Laura y Gabriel, a veces una cadena descolgada de Marcela... Nunca nada, por supuesto, de Mariana.

Tardes enteras con Sabrina, dejándome llevar por sus ternuras. Oyendo sus detallados relatos; es una excelente narradora y tiene el don de hacerte revivir las situaciones que refiere. El corolario es, claro, la excesiva duración de tales cuentos, su enhebre uno con otro al mejor estilo Sherezade (al igual que ella, Sabri también se interrumpe avanzada la noche) y la exuberante arborescencia que me obliga a repetir, quizás un poco demasiado ofuscado; "bueno, ¿y...? terminá la historia"

Días completos con mis hijos, descubriendo el mundo con los ojos de Daniel, dialogando casi de igual a igual con Belén y su tremenda dialéctica preadolescente.

Momentos, breves pero no menos importantes con mis padres. Escuchándoles, asintiendo a sus tozudas opiniones, discrepando pocas veces; jugando a ser el hijo compañero (me pregunto si Belu no dirá lo mismo de mí, es moralmente cierto que lo hace) que desean. Buen juego en el que no hay, aunque lo parezca, nada de doblez.

A veces me cruzo con mi hermana.

A veces tengo una mentira parecida al diálogo con Mariana.

Todos los días bromeo, no pocas veces escondiéndome tras de los chistes sosos, con mis compañeros de escuela.

Doy clases, no sólo porque es lo único que sé hacer,Now playing: sino porque, aunque no me lo crean, me gusta mucho y (que no se enteren las autoridades del MEC) ¡amo mi trabajo!

Así pasan los días.

Una tarde me llega un mensaje de texto de Daniel, evoco viejos días con cierta nostalgia que no implica, el deseo del retorno... pero deja una cierta amargura (¡dulce!) en el recuerdo. ¡Carajo que la pasamos bien, digan lo que digan los traficantes de culpas!

Vuelvo a mis libros (¿será cierto, como dice mi doux carolorégienne, que rehuyo la comunicación con los demás?) y paseo de la mano de Marx por el París de Luis Napoleón (sin poder evitar la evocación del General, de Hugo Chávez y de Néstor K), me dejo llevar a las alturas vertiginosas por Nietzsche y me entusiasmo siguiendo a John Reed en las vibrantes (y tan extrañas para nosotros, gente sin fe, ni ideal,) asambleas de la Revolución de Octubre.

Nunca dejo de visitar a M.F. quien, por un no tan módico pago me escucha, me golpea duramente a veces, me hace trepar oteros que desconocía o descender a cavernas que, de buen grado, dejaría de frecuentar...

Y por fin llegan días, como hoy, en que me siento frente a la pantalla, aporreo el teclado, me alejo de todo (aún de la que amo) y me dejo llevar por el placer intenso y penetrante de escribir.

Aún cuando sea para todos y para nadie.

De regreso, pues, en este weblog.

jueves, febrero 21, 2008

El mate


Lo encontré por ahí, no lo escribí, aunque me hubiera gustado.

No obstante, no puedo menos que compartirlo con ustedes.

Con una dedicatoria muy especial:

A Sabrina, con mis mejores deseos para hoy, preciosa!


En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión. Te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás sola/o.

Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es "hola" y la segunda "¿unos mates?".
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian.

Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.

Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos.
Los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un pedacito de tu sangre empieza a chupar mate.
Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.


Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: ¿Dulce o amargo? El otro responde: -Como tomes vos.

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas.

Siempre.
Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas.

Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da.
La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.
Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es porque ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera. Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solos. Pero debe haber sido un día importante para cada uno.
Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena, la charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y viceversa.
Es la sinceridad para decir: basta, cambiá la yerba!
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, ¿está caliente, no?
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

Ahora vos sabes, un mate no es sólo un mate...
Y si no hay yerba... ¿que hacemos? ;-)

lunes, febrero 18, 2008

Si no quieres que te cuelguen...

Tomado de Jardín de las Sonrisas y adaptado por GRB

Las muchas acusaciones del Fiscal resultaron convincentes.

Rubén, conocido como El Palabrero, fue hallado culpable de

· seducción mental

· manipulación semántica

· fascinación lingüística

· deslumbramiento léxico

En una palabra, de ser escritor, es decir; mentiroso incorregible.

La sentencia del Juez parecía concluyente:

«¡Que le cuelguen!».

«Pero, —continuó el Juez— daré al señor Rubén una última oportunidad de enmienda.

Si en el día de la ejecución firma un documento con una declaración verdadera, entonces se le conmutará la pena.

Ahora bien, la más pequeña duda sobre la verdad de su declaración supondrá la ejecución inmediata.

Señor Palabrero, está usted advertido: nada de mentiras ni juegos lingüísticos».

Rubén se sonrió como sólo los que saben pueden sonreír...

Llegó en el día de la ejecución.

Ante el Fiscal, Rubén, el Palabrero, firmó un documento y lo entregó al Juez. Éste lo recogió lentamente, lo leyó e inmediatamente se enfureció.

Después, desconcertado, dijo en voz baja:

«¡Se suspende la ejecución!».

¿Cuál de éstas fue la declaración de Rubén?

  1. No he hecho nada de lo que me acusa el Fiscal.
  2. Prometo no mentir nunca más.
  3. Hoy, según la sentencia del Juez, seré colgado.
  4. Si soy culpable, también lo son ustedes.

Espero sus respuestas…



viernes, febrero 15, 2008

Caricias




¿Por qué escribir acerca del sexo y del erotismo?

¿Por qué en esta Red mundial saturada, al parecer, de sexualidad publico estos comentarios?

La primer respuesta que me viene a la mente es: “Porque realmente me gusta el sexo”, porque la sexualidad es una de las más completas vías de comunicación entre las personas, porque, en fin, sólo los seres humanos podemos hacer del sexo una experiencia plena.

Cuando lo pienso un poco más, confieso, descubro a mi alrededor a mucha gente que vive el sexo como una carga, o como una compulsión a la que no puede escapar, incluso como un misterio que les atrae pero a la vez les provoca temor.

Y lo es, es un misterio cotidiano que damos por sentado sin detenernos a considerar la maravilla que encierra.

Por eso quiero demorarme en la sexualidad, en los caminos que llevan a ella.

Un cuerpo desnudo, imagínalo, el de tu amado, el de tu amada.

Mira su piel.

Mira tu propia piel.

Allí comienza el sendero.

Poca atención le prestamos a la piel.

Es evidente, está allí y nos protege del mundo exterior. Cuando más, cuidamos su apariencia o nos preocupamos por algún defecto visible. Y, sin embargo, la piel es nuestro más extenso órgano sexual, la vía de comunicación entre nuestra más profunda intimidad y aquella o aquel que nos ama.

La piel es contacto es el contacto lo que nos hace personas.

Si quieres ciencias, puedes decir que los estudios de etología demuestran que las caricias, los masajes y hasta el mero roce son indispensables para la supervivencia en numerosas especies animales; humanos incluidos.

Lo cierto es que en el mundo moderno, preocupado por la asepsia y los límites, hemos olvidado todo cuanto nuestros ancestros sabían acerca del poder de las caricias.

Un roce puede ser el camino más directo hacia la comunicación, hacia la pasión y, en definitiva, hacia el goce.

Redescubramos, ahora, el valor de la piel, del tacto, de las caricias.

El contacto es como una exploración, avanzas en un terreno a medias conocido, pídele a él, dile a ella que te describa sus sensaciones, cuéntale las tuyas, no temas decir cuánto te fascina ser rozado… ¡justo en ese preciso lugar!

Cierra los ojos.

Déjate llevar y siente como sus dedos te acarician. Al eludir todo contacto visual no sólo evitarás la distracción, también las sensaciones se harán más intensas.

Recuerda que no son las manos las únicas que pueden estremecer la piel de tu pareja: los labios, la lengua y hasta el cabello son parte del juego; invítalos a participar.

Nuestra infancia, nuestras experiencias, nuestras fantasías, tienen mucho que ver con los puntos de mayor excitación. Recuerda, evoca, revive…

Con todo, en la mayor parte de los seres humanos los lóbulos de las orejas, el cuello y los labios son especialmente receptivos.

Nunca olvides que los pies y la cara interna de los muslos ansían, desean, anhelan casi con dolor ser rozados. Bébete los dedos de sus pies, rasga con tus uñas la entrepierna, busca los muslos.

El último lugar es para los genitales, no lo veas como un complemento, amarlos puede ser una experiencia sublime.

Y ahora piensa:

¿dónde te gusta más ser acariciada?

¿dónde gozas con mayor intensidad al ser acariciado?

domingo, enero 20, 2008

Calendario


Un nuevo giro del ciclo.

Un comienzo en la estela de un final.
La cuenta renace y los días se enumeran otra vez.



Hace un año mi vida también empezaba un calendario inédito.

Veinte años quedaron atrás.

Un nuevo amor, que como una deliciosa espina se clava más y más en mi cuerpo, una nueva manera de mirar las cosas, proyectos y sueños que parecían olvidados, carencias y nostalgias, pero también esperanzas y bellas realidades; ninguna más bella que los brazos de Sabrina en un tardío amanecer...







lunes, septiembre 03, 2007

Incipit vita nova






Me ha ganado lo personal, pero me invade la alegria en este día... hoy comienzo, de nuevo, a vivir!

She is simply charming


domingo, agosto 05, 2007

Always look on the bright side of Life











Si tuviese, así, de improviso, que elegir la mejor película de todos los tiempos no titubearía en señalarla:
La Vida de Brian (Life of Brian), de los Monty Python, producida por George Harrison; sí, el ex Beatle...

Seguro que existen otras más espectaculares, muchas más profundas, unas pocas realmente memorables. También es verdad que los gustos en cine, como en platos y mujeres (hombres, si así lo quieres), son algo muy personal, mediatizado por experiencias, obsesiones y meras preferencias.

Con todo, La Vida de Brian es una verdadera joya. Una comedia irreverente que te hace pensar.

El filme parodia la vida de Jesús, más bien las representaciones de esa vida, y lo hace con una serie de gags disparatados (algunos se pierden en la traducción pues los juegos de palabras son un recurso favorito del grupo británico) y con enredos delirantes.

La historia central es que un judío nacido el mismo día que Jesús, Brian Cohen, es confundido con el Mesías y, aunque lo niegue, todos persisten en adorarlo pues "¿acaso el verdadero Mesías no negará serlo?" una frase maravillosa que, como la teoría freudiana de la resistencia, imposibilita todo diálogo coherente. Brian, por su parte se involucra con uno de los tantos grupos antirromanos que se suponen existían en la época, por lo cual termina arrestado y condenado a muerte.

Ya en la cruz, uno de los tantos crucificados (Eric Idle) le da ánimos con una canción que, cerrando el filme, es coreada por todos los demás...



Esa es la que quería compertir con ustedes, hay más "sabiduría" en esta letra que en todos los ilusorios sermones de los predicadores (y eso sin hablar de los libros de autoayuda).

Tararaear esta canción es una de mis mejores terapias... y me recuerda lo maravilloso y liberador que es ser ateo.

The bright side of Life

Some things in life are bad
They can really make you mad
Other things just make you swear and curse.

When you're chewing on life's gristle
Don't grumble, give a whistle
And this'll help things turn out for the best...

And...always look on the bright side of life...
Always look on the light side of life...

If life seems jolly rotten
There's something you've forgotten
And that's to laugh and smile and dance and sing.
When you're feeling in the dumps

Don't be silly chumps
Just purse your lips and whistle - that's the thing.

And...always look on the bright side of life...
Always look on the light side of life...

For life is quite absurd
And death's the final word
You must always face the curtain with a bow.

Forget about your sin - give the audience a grin
Enjoy it - it's your last chance anyhow.

So always look on the bright side of death
Just before you draw your terminal breath

Life's a piece of shit
When you look at it

Life's a laugh and death's a joke, it's true.
You'll see it's all a show
Keep 'em laughing as you go

Just remember that the last laugh is on you.

And always look on the bright side of life...
Always look on the right side of life...
(Come on guys, cheer up!)
Always look on the bright side of life...
Always look on the bright side of life...
(Worse things happen at sea, you know.)
Always look on the bright side of life...
(I mean - what have you got to lose?)
(You know, you come from nothing - you're going back to nothing.
What have you lost? Nothing!)
Always look on the right side of life...

Y aquí en una traducción bastante fiel....


Hay cosas malas en la vida
Que pueden volverte loco
Otras te hacen jurar y maldecir
Cuando muerdas en hueso a la vida
No te quejes, sólo silba
Eso ayudará a que las cosas mejoren

Y... mira siempre el lado brillante de la vida...
... mira siempre el lado luminoso de la vida...

Si la vida parece una bonita mierda
Es que has olvidado algo
Reir, sonreir y bailar y cantar
Cuando estés deprimido
No seas tan tonto
Junta tus labios y silba - eso es.

Y... mira siempre el lado brillante de la vida...
... mira siempre el lado luminoso de la vida...


Porque la vida es bastante absurda Y la muerte, la palabra final Enfréntate al telón con una reverencia Olvida eso de tu pecado - da a la audiencia una gran sonrisa Disfruta - a fin de cuentas es tu última oportunidad

Así que... mira siempre el lado brillante de la muerte
Antes de exhalar tu último aliento

La vida es un trozo de mierda
Cuando te paras a pensarlo
La vida es una risa y la muerte una broma, es cierto
Verás como todo es una farsa
Hazlos reir mientras te vas

Recuerda que la última risa será por ti

Y mira siempre el lado brillante de la vida...

Mira siempre el lado bueno de la vida...


(¡Vamos, chicos, arriba ese ánimo!)

Mira siempre el lado brillante de la vida...

Mira siempre el lado brillante de la vida...

(Cosas peores ocurren en el mar, ¿sabes?.)
Mira siempre el lado brillante de la vida...
(Me explico - ¿Qué tienes que perder?)
(¿Sabes?, vienes de la nada - vuelves a la nada. ¿Qué has perdido?

¡Nada!)

Mira siempre el lado brillante de la vida...