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sábado, febrero 14, 2009

El hijo del General (un cuento)


El General Medina, el atezado héroe de la Guerra Civil, volvía a su cuartel cuando paró en La Posta de las Tres Hermanas.

El maestro de posta tenía una hija única, linda como el entrevero, que pasó la noche con el General. Él partió por la mañana dejando sólo promesas y uno de sus raídos uniformes.

Esa noche ella soñó amores imposibles y se dejó tomar por un deseado y rubio ángel.

Pasaron dieciséis años.

Una mañana se presentó ante el General, ahora Ministro, un muchacho de piel blanca luciendo un descolorido uniforme pasado de moda.

El mozo quería conseguir.

El milico deseaba evocar.

Se miraron con desconfianza pero, al fin, terminaron abrazados. Hubo, dicen algunos, una cierta vergüenza en ambos y se separaron con brusquedad.

El recién llegado fue adoptado por Medina, que no tenía otros hijos pero sí demasiados sobrinos, y pronto se hizo conocido en la Capital. Se volvió jefe de partido, en virtud de su apellido y de su empuje.

Una tarde partió de la casa familiar luciendo inmerecidos entorchados y se internó en el Desierto del Oeste.

Regresó después de muchas mañanas, al frente de tropas victoriosas y saludó con altanería al viejo militar, protagonista de guerras poco gloriosas. Dicen que volvieron a abrazarse por última vez.

El joven y rubio general Medina se presentó como candidato a la Presidencia, a la cual el viejo y morocho Medina había aspirado dieciséis años atrás sin poder lograr su deseo.

La misma noche en que el joven fue elegido se escuchó un pistoletazo en la vieja residencia de los Medina.

Su hijo le brindó los honores del caso e hizo enterrar su cuerpo en el cementerio donde reposaban los ilustres del país.

Luego, tomó el poder.

No fue, reconozcamos, el peor gobernante de la República.



jueves, agosto 21, 2008

A long time ago, in a galaxy far, far away...

Uno de los post que más comentarios reciben es el dedicado al Libro de Mormón, es evidente que los muchachos LDS (Latter Day Saints=Santos de los Últimos Días) están muy activos en la Red...En éste agrego detalles poco conocidos de su mitología. No tengo intención de ofender, sólo de contar una buena historia...

En algún lugar del espacio profundo se encuentra el planeta (otros dicen estrella) Kolob. Un mundo paradisíaco con un extraño periodo rotatorio de mil días (es decir que un día kolobiano es un milenio terrestre) lo cual seguramente trae serios problemas a su medio ambiente.

En Kolob, o cerca, reside Dios. Un ser maravilloso, de gran poder cuyo cuerpo es el de un hombre maduro, de raza blanca.

La serie televisiva Battlestar Galactica estaba basada, en parte, en los mitos mormones.

Fuerte, autocrático y omnisciente, este súper ser no ha creado el Universo, ni la materia, que es eterna, y convive con miles, quizás millones, de inteligencias espirituales.

El nombre de este Dios es Elohim, pero también se lo conoce como el Padre Celestial y es posible que comenzara siendo un hombre, como nosotros, pero que con el devenir de las edades haya llegado (por caminos de los que poco y nada se nos dice), a convertirse en una divinidad.

De un modo misterioso, o no tanto porque algún himno mormón habla de la Madre Celestial, Elohim creó cuerpos espirituales (sea lo que sea eso) para algunas de esas inteligencias que vinieron a ser, así, su hijos. El primero de estos seres no fue otro que Jehová (el dios hebreo Yahvé), conocido desde su encarnación en el planeta Tierra como Jesús. Jehová, pues, es Dios pero un tanto menor que Dios, un igual no tan igual...

El Padre, quizás en sus noches de insomnio, diseñó una suerte de proyecto o plan director con la finalidad de que todos estos cuerpos espirituales llegasen a tener un cuerpo físico como el suyo y de este modo lograr "la completa felicidad" convirtiéndose en dioses de mundos por venir. Como el régimen de Kolob era una especie de monarquía constitucional, Dios convocó a un concilio de todos sus hijos para exponer los fundamentos de su proyecto. No parece que se tratara de una asamblea deliberativa, sino más bien informativa, y no se registra que, al menos en la sesión, hubiese voceros de la oposición...


El plan divino era de una sencillez asombrosa; los cuerpos espirituales serían enviados a un lejano planeta; la Tierra, donde recibirían un cuerpo físico. Allí, olvidados de su vida previa, deberían hacer la experiencia de ejercitar su libre albedrío escogiendo el bien, es decir la voluntad divina que podía incluir algunas acciones moralmente cuestionables como la guerra, la coerción y el robo de tierras, antes que el mal.

Como un auxiliar para estos seres exiliados; Elohim enviaría a un Líder plenipotenciario de manera que, siguiendo sus enseñanzas, aceptando su autoridad y renunciando al libre albedrío, fuese más fácil el ejercicio de la libertad...

Esquema simplificado, y traducido al inglés, del Plan Divino

Como si de una clase de obsequiosos alumnos se tratase; varias manos se alzaron para solicitar el privilegio de ser nombrado Líder de la misión, la elección divina, empero, recayó en Jehová (el futuro Jesús, ¿me siguen?) quien quedó designado desde entonces como Mesías.

No todos estuvieron de acuerdo con esta decisión. Lucifer, otro de los hijos de Dios, quería el puesto y tenía sus propias ideas al respecto. En efecto, su pretensión era que los futuros humanos fuesen obligados directamente a obedecer, más bien que guiados por sutiles presiones, y que se le otorgase esa misión a él mismo, quien sabría llevarla a buen término. En fin, la vieja disputa entre los incentivos morales y los materiales, condimentada con un debate acerca del liderazgo, lo que prueba que hasta en el Cielo "se cuecen habas".


Como resultado de esta discrepancia estalló la Guerra Celestial. Lucifer logró el apoyo de un gran número de rebeldes y se enfrentó con Jehová y sus tropas leales. No hay crónicas certeras de este conflicto, pero se sabe que Jehová fue el vencedor y que los rebeldes fueron expulsados de Kolob, quitándoseles la Tarjeta Verde (o su equivalente) que les permitiría encarnarse en cuerpos físicos.

Lucifer se convirtió de este modo en Satán, y sus aliados en demonios, dirigiéndose raudamente a la Tierra para molestar a sus futuros moradores e incitarlos a escoger el Lado Oscuro. Algunos añaden que, en consonancia con esta elección, su apariencia se volvió desagradable; es decir que se convirtieron en ángeles de piel negra.

El caso es que la Tierra no estaba todavía creada, por lo cual Elohim tuvo que proceder a formarla.

La tarea fue confiada a Jehová, para lo cual le fue otorgado el sacerdocio de Melquisedec (el mismo que hoy ostentan muchos líderes mormones), sacerdocio que es definido como un "dominio soberano".

En este trabajo de construcción, que hace recordar al Demiurgo gnóstico, Jehová contó con el auxilio de varios seres espirituales, ansiosos por ornamentar su futuro hogar, entre los cuales estaba Miguel, el famoso arcángel que se había destacado en la Guerra Celestial.

Una vez que se terminó de formar la Tierra, Dios mismo, con la asistencia de Jehová, hizo el cuerpo del primer hombre: Adán, tomando como modelo su propia persona, es decir que Adán era rubio, alto y de ojos celestes... ¡bueno tal vez, verdes!.

En cuanto al espíritu o alma del primer hombre, el propio arcángel Miguel se encarnó en él.

En cuanto a Eva no se sabe quien sirvió de modleo, ¿la Madre Celestial tal vez?, pero lo cierto es que recibió el espíritu de una de las hijas de Dios.

Adán y Eva, como se sabe, fueron colocados en el hermoso Jardín del Edén, (que no estaba, según una errada y extendida interpretación, ubicado en algún lugar del Medio Oriente sino en las cercanías de Independence, Missouri, Estados Unidos) y allí Dios les dio dos órdenes fundamentales; una de ellas positiva: tengan chicos (habría que imaginarlo a Dios con la voz del Padrino) y la otra negativa, la relativa al famoso Árbol del Conocimiento.


Es de público dominio que Eva y Adán tentados, según declararon el juicio sumario que siguió, por Satán comieron del fruto, fueron expulsados del Paraíso y tuvieron que avenirse, ellos y sus descendientes, a sufrir la muerte. Hete aquí, sin embargo, que esto no fue tan malo después de todo.


En efecto, los LDS aseguran que todo ya estaba previsto y que la caída les permitió, además de conocer el bien y el mal, ser capaces de hacer bebés…por lo cual se considera que el pecado de Adán fue la condición necesaria para que los humanos existiéramos, así lo afirma la misma Eva en el Libro de Moisés (inútil buscarlo, no está en la Biblia):

"Y,Eva su esposa, oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: De no haber sido por nuestra trasgresión, nunca habríamos tenido posteridad ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes".

Es decir que por ser desobedientes lograron el premio de aquellos que son obedientes ¿está claro?

Como sea, el caso es que los nuevos nacidos no podían regresar a la presencia de Dios, por lo cual el Plan se estaba cumpliendo y sólo faltaba la llegada del Mesías.

Unos cuatro mil años después de que Adán fuese enterrado en Adam-ondi-Ahman (un valle de Missouri ¿dónde sino?) Jehová vino al mundo en "el país de Jerusalén", engendrado por Elohim en María (dicen que de un modo parecido al que utilizaba Zeus con las mujeres mortales), momento en el cual tomó el más conocido nombre de Jesús.

Jesús, de quien también se dice que estuvo casado, organizó no una, sino dos iglesias como puntales para su misión terrestre, que consistía, como vimos, en preparar el regreso al planeta Kolob de los hijos de Dios; ahora con cuerpo físico.

Una de estas iglesias estuvo ubicada en el Mediterráneo Oriental, la otra en algún lugar de América (el istmo de Tehuantépec para algunos, la región de los Grandes Lagos para otros).

Ambas, sin embargo, fracasaron en su cometido.

La iglesia del Viejo Mundo fue presa temprana de la corrupción y se volvió una entidad abominable.

Más pura, la iglesia americana duró casi cuatrocientos años hasta ser destruida por sus enemigos, los indios lamanitas...

El plan parecía fracasar, Lucifer era ahora el Líder indiscutible del planeta Tierra y el retorno a Kolob parecía imposible para los hijos de Dios.

No todo, sin embargo, estaba perdido, mil ochocientos años después surgía una nueva esperanza destinada a reparar los errores de Jesucristo.

Érase un joven granjero, que vivía en un remoto rincón del condado de Wayne, estado de Nueva York…



Todo cuanto se cuenta aquí ha sido tomado, y chequeado, en fuentes del movimiento LDS y se basa, sobre todo, en las traducciones que hizo José Smith de unos papiros egipcios que resultaron ser escritos de la "propia mano" de Abraham, el Patriarca bíblico. Investigadores modernos, incrédulos, sostienen que en realidad se trataba de vulgares copias de un texto egipcio tradicional; El Libro de los Muertos pero, por supuesto

¡ellos no han orado para recibir sabiduría!

Facsímil de una parte de los papiros traducidos por Smith. Según él es una escena de la estancia de Abraham en Egipto, según los egiptólogos parte de los rituales funerarios en el país del Nilo.


Este video, un joyita, resume muy bien las creencias mormonas y lo hace en forma de dibujos animados. Tengo entendido que ha sido "prohibido" por la Iglesia LDS, pero vale la pena verlo (aunque esté en inglés)


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gadores modernos, incrios. odo enpados morales y los materiale ha llegado por caminos porco

viernes, marzo 21, 2008

Esbozo sobre los ángeles





He aquí una posible entrada de diccionario para la voz: ángel.

Ángel: masculino, singular; del griego aggelos (aquí irían los caracteres griegos que nadie lee pero quedan muy bonitos) que significa “mensajero”. Se dice de seres preferentemente varones, blancos, de cabellos rubios y ojos azules, altura superior a la media y, en ocasiones, alas en las espaldas. Forman parte del ejército y de la burocracia celestiales, cumpliendo tareas diversas en una estricta jerarquía.

Las funciones de los ángeles van desde la simple entrega y recepción de mensajes, algo así como una secretaría de correos combinada con un servicio diplomático, hasta formas un poco más coercitivas de manifestar la voluntad divina como diluvios, catástrofes y pestilencias varias. También prestan servicio como soldados, policías, guardianes, espías y saboteadores en el ejército celestial (conocido como Tsebaoth), en tanto que un cuerpo más selecto colabora con Dios en las tareas de gobierno universal sin que falten los que, de naturaleza más cortesana, cumplen la imprescindible tarea de adular al soberano celestial.

Se ignora si los ángeles han sido elegidos en virtud de sus capacidades para estas funciones o si pueden optar libremente aplicando pruebas de selección de personal. Sin embargo, considerando el régimen político del Reino de los Cielos (monarquía despótica y paternalista) resulta indiferente cual sea el modo, pues en el primer caso es el propio Dios, en última instancia, quien decide la ocupación del ángel y, dado el segundo, es obvio que la elección personal debe coincidir con la preferencia divina, pues ya se sabe como reacciona el Creador cuando alguien elige contrariando sus deseos.

Todos los ángeles, por lo que se sabe, se originaron en los primeros tiempos de la Creación y no hay testimonios de nuevas generaciones; no obstante la presencia de numerosos niños alados, conocidos como angelotes, (putti, en italiano) ha dado pie a dos teorías; o bien estos angelotes son infantes permanentes o bien se trata de ángeles en crecimiento que, con el transcurrir de los eones, se volverán adultos listos para cumplir servicio en la siempre creciente estructura de gobierno celestial.

Angelotes o Putti en una pintura de Andrea Mantegna

Los teólogos no se han puesto de acuerdo, tampoco, acerca de la importante cuestión de si los ángeles fueron o no anteriores al Big Bang, como así tampoco sobre la vieja pregunta: ¿de qué están hechos?

Los musulmanes sostienen que son seres de fuego, y por eso sus ángeles son más ardientes que los cristianos, y éstos últimos nos dicen que son seres espirituales. Dado que espíritu (en griego pneuma, ¡otra vez los caracteres bonitos!) significa soplo, viento, aliento y un largo etcétera dentro del mismo campo semántico, podemos concluir que los ángeles, al menos los cristianos, son puro aire con forma humana.

Los judíos comentan que están formados tanto por fuego como por luz y vientos ardientes mientras que los mormones…, bueno ¡los mormones dicen cada cosa!

La propaganda sostiene que Dios creó a estos seres por una cuestión de puro y desinteresado amor; pues Él se basta a sí mismo hasta para quererse. Se dice, pues, que de tan generoso como es llamó a la existencia a otros entes para que tuvieran el honor ¡más aún el placer!, de servirlo. Se nos disculpará por violar la neutralidad esperable en un diccionario, pero es evidente que se trata de una grosera manipulación de los hechos; el Creador ha formado a los ángeles para servirle como esclavos sumisos a los que impone una férrea disciplina que sólo en una ocasión fue transgredida (véase más abajo).

No hay un censo fiable de los ángeles, se sabe que a Dios no le gustan las estadísticas, pero según las fuentes deben sumar varios millones, sino más.

En efecto, se menciona que hay ángeles para cada ser humano, además de para los pueblos y naciones, asignados como guardianes (¿vigilante, escolta o protector?) aunque se ignora si éstos son intransferibles o si pueden ser reasignados una vez que su protegido (o prisionero) muere; pero también se ha dicho que son numerosos como las estrellas del cielo, ahora bien, según la BBC científicos australianos han contabilizado unos 70.000.000.000.000.000.000.000 (es decir setenta mil trillones) de estrellas en el Universo, por lo cual podemos suponer que su número es muy elevado, aún considerando que una tercera parte de ellos han sido expulsados del Cielo.

Por testimonio directo de Dios, en su versión cristiana del Hijo, es generalmente dado como cierto que los ángeles “no se casan, ni se dan en matrimonio” (véase Lucas 20, 35 -36 y paralelos) lo que unido a su apariencia delicada y sus modales algo demasiado refinados han llevado a suponerles asexuados o, en el colmo de la irreverencia, homosexuales (error que la gente de Sodoma pagó demasiado caro), pero nada es menos seguro. Lo que el Nazareno dijo aludía específicamente a la institución matrimonial, y más bien parece significar que en el Reino Celestial reina una cierta promiscuidad y se fomenta el amor libre, postura que también sostienen los musulmanes con gran éxito entre los miembros de Al Qaeda. En contra de esta visión pacata de los ángeles, tenemos textos que nos aseveran su predilección por las mujeres humanas y recuerdan que, en los primeros tiempos de la Humanidad, hubo frecuentes casos de relaciones sexuales entre ellos y las “hijas de los hombres”; uniones de las cuales fueron fruto los nefilim (véase artículo correspondiente). Parece cierto, pues, que los ángeles, en general no son eunucos aunque nada impide suponer que alguno de ellos haya hecho esta opción de vida.

Un ángel y una "hija de los Hombres"

Es también evidente que existen ángeles de sexo femenino pero se carece de fuentes confiables que lo afirmen plenamente. En casi todas las lenguas, a excepción del turco, ángel es de género masculino (en turco es femenino, pero se considera epiceno por cuestiones religiosas) y cuando se los describe se lo hace en términos varoniles. Existen, empero, entre los ángeles rebeldes algunos que parecen ser de género femenino (nos referimos a Lilith y a los súcubos; Lilim en hebreo) lo que nos autoriza a pensar en que sí existen ángeles que sean hembras. Sobre su ausencia en el ámbito del Reino celestial sólo se puede especular, o que ellas tienen poca importancia en esa sociedad patriarcal o bien que todas los ángeles femeninos se unieron a la causa de los rebeldes. Lamentablemente no es posible abundar más en esta importante cuestión ya que los teólogos bizantinos que la debatían fueron interrumpidos en sus discusiones por la molesta invasión de los turcos.

Lilith en una pintura del inglés Collier.

Ya se ha mencionado que los ángeles se organizan de manera jerárquica, pero lo cierto es que las fuentes disponibles sobre este asunto eran escasas y confusas. Afortunadamente en algún momento del siglo Vto , un escritor que se hizo pasar por el célebre Dionisio el Areopagita (discípulo de San Pablo que terminó sus días en París con el nombre de Saint Denis) reunió todo el material disponible y puso orden en el mismo con su libro: “Peri tēs ouranias ierarjías” (¡me encantan los caracteres éstos!), es decir: “Sobre la Jerarquía Celestial”, del cual extraemos los datos que siguen.


Precisa cartografía del Infierno, el Mundo y el Cielo según los informes de Dante Alighieri.

Existen nueve grupos de ángeles, llamados Coros, agrupados a su vez en tres esferas numeradas desde la Primera, ubicada junto al Trono divino, hasta la Tercera, más ligada al mundo sublunar. Nuestra exposición comenzará desde los rangos inferiores hasta los superiores con una breve descripción de cada grupo.

La Tercera Esfera comprende los Coros de los Ángeles, los Arcángeles y los Principados (en adelante, cansados de los caracteres griegos, omitimos su colocación). Se trata del rango más bajo en la Jerarquía, los proletarios del mundo celestial. Los ángeles, que dan su nombre a toda la especie, son los pibes de los mandados y pasan mucho tiempo junto a los seres humanos por lo cual han tomado muchas de sus costumbres mundanas. De entre ellos se recluta a los ángeles guardianes y, según los teólogos del cine, muchas veces se enamoran de mujeres humanas y deciden morar junto a ellas como simples mortales. Quizás por ese motivo en las altas esferas se los considera poco confiables y sufren el sistemático desprecio de sus compatriotas más encumbrados lo que, por supuesto, refuerza sus tendencias indolentes.

Los Arcángeles son los mandos medios del Reino. Forman, por así decir, la suboficialidad y su mentalidad es muy parecida a la de sus colegas humanos; despóticos con los subordinados, siempre saben la manera correcta de hacer las cosas y, cuando quieren dar el ejemplo, trabajan como el que más… por algunos breves minutos; luego entregan la herramienta, o lo que sea, al subalterno y le dicen que haga lo mismo que él durante las restantes doce horas. Ante los superiores son serviciales (no se puede decir servil en un diccionario) y acogen todas y cada una de sus sugerencias con verdadero entusiasmo… lo cual no implica que vayan a cumplirlas. Están muy orgullosos de que los ángeles de mayor rango sean identificados con su propia clase, lo cual colabora para mantener su lealtad.

Por encima de ellos están los Principados, también conocidos como Arcontes, y muy importantes en la tradición gnóstica. Se trata de los intelectuales orgánicos del Reino de los Cielos, en su versión más popular. Desarrollan de manera clara, incuestionable y banal todas las disposiciones y argumentos procedentes de las esferas superiores. Escritores natos son, por eso mismo, poco confiables y muchos de ellos participaron de la revuelta conducida por Satán.

La Segunda Esfera está compuesta por las Potestades, Virtudes y Dominaciones. Estos coros se ocupan de trabajar con los grandes fenómenos naturales, los grupos humanos (eventualmente extrahumanos también) y las diversas artes y ciencias. Están ampliamente formados y se dividen en multitud de oficinas cada una de las cuales se considera a sí misma, la más importante y a las demás como meras dependencias. Como trabajan con abstracciones saben muy poco de lo que sucede en el mundo sublunar, y cometen groseros errores en las directivas que emiten hacia los niveles inferiores, por lo cual éstos acostumbran a no hacerles el menor caso. Su función es doble, impedir el acceso de los habitantes del mundo inferior hacia arriba, lo cual logran antes por la astucia que por la fuerza (trámites, requisitos, normativas absurdas, entre otras variantes) y, a la vez, aislar a los ángeles de la Primera Esfera de las potencialmente nocivas costumbres de los ángeles de la Tercera.

La Primera Esfera es la élite del Reino, la inteligentsia y la nomenklatura, la crème de la crème y la flor y nata del Cielo; todo en sus exclusivos tres coros de Tronos (u Ofanim), Querubines y Serafines. Se trata de la clase dirigente del Reino y se ha llegado a insinuar que son ellos y no Dios, quien o bien estaría muerto o senil, o quizás aburrido de su Creación, los que realmente dirigen el Universo.

Los Tronos son el coro inferior de este orden, con enormes poderes frente a sus subordinados nadie les pregunta cómo logran sus fines en tanto lo hagan; se dice que son como columnas de berilio lo que es una manera de señalar su capacidad de neutralizar las tendencias al cambio (se sabe que el berilio ralentiza la velocidad de los neutrones y que una aleación berilio cobre no produce chispas) con el añadido, tomado de Ezequiel, de la multiplicidad de ojos que les permiten vigilar cuidadosamente todo cuanto sucede en los niveles inferiores.

Hay alguna confusión, producto a buen seguro de la distancia, acerca de quienes ocupan los dos niveles más altos de la Jerarquía.

Los Serafines (o Querubines para algunos) se dedican sobre todo al protocolo y la alabanza divina; lo que ha hecho sospechar a algunos de que efectivamente son los carceleros de la divinidad y responsables de sus supuestas malas decisiones; cuando Dios se equivoca, piensan, en realidad es que estuvo mal informado por su entorno de Serafines y/o Querubines.

Finalmente los Querubines, reputados entre los humanos como de sobrenatural belleza, son los ángeles más cercanos a Dios mismo, su gabinete privado o concejo de ministros, si bien ciertos autores atribuyen este rol a los Serafines. Son los únicos ángeles conocidos por sus nombres y entre ellos se cuenta a Rafael, vinculado al área de Salud, Gabriel, algo así como un ministro de comunicaciones, vocero oficial y encargado de misiones delicadas y Miguel, considerado de rango real, jefe del estado mayor conjunto en operaciones, casi visir del Reino e identificado, por los Testigos de Jehová, es decir una fuente poco confiable, con el propio Jesús antes de su encarnación. Estos ángeles superiores no hacen otra cosa, cuando no cumplen misiones oficiales, que cantar loas a Dios, quemar incienso delante de su Trono y demostrar, de maneras a veces sólo descriptibles por medio de metáforas, su amor por el Creador.

El Arcángel Miguel en una iconografía del siglo XIX

El Arcángel Gabriel anunciando el nacimiento del Hijo de Dios a María, según Leonardo.

El Arcángel Rafael en un moderno ícono ortodoxo

Si bien los ángeles en general son considerados superiores a los humanos, Dios mismo les ordenó en una ocasión que adorasen a Adán, el primer hombre (al menos en la Tierra) lo cual provocó el enojo de uno de sus principales oficiales; el más importante de los Querubines, también el más inteligente, conocido entonces como Lucifer y luego como Satán. Actitud que lo llevó a la rebelión y posterior derrota, tal como se señala en el artículo correspondiente.

Lucifer caído según la interpretación de Gustave Doré para El Paraíso Perdido de Milton

Hasta aquí el texto posible para un diccionario.

No obstante, podría intentar una versión alternativa que dijese…

Ángel: masculino, singular. Dícese de un supuesto ser espiritual que actúa como mensajero de la divinidad según algunas religiones.

viernes, febrero 15, 2008

¿Cuántas personas escribieron la Biblia?



La versión alemana de la Biblia, traducida por Martín Lutero



Estimados y apreciadas lectores/as

La del acápite es una de esas preguntas típicamente bizantinas, como la de ¿cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler? o ¿dios puede querer aún lo que no quiere?, una de esas que hacen que mentes que mejor estarían ocupadas en alguna actividad útil se refugien en sombrías y húmedas celdas para, en el ocio, meditar sobre el vicio de la inanidad...

Ahora, después de este ex abrupto en el estilo de Ambrose Bierce, me dedico a hacer la cuenta que responde a esta pregunta junto contigo, amable lector y a vuestro lado gentil lectora...


¿Cuántos fueron?

Los primeros cinco libros de la Biblia, en el mal llamado Antiguo Testamento, son obra de Moisés, y fueron puestos por escrito cerca del año 1513 o 1250 antes de la era cristiana, o al menos eso dice la tradición.

Ícono copto de Moisés, destacando su origen africano... Muy pocas de sus palabras originales, si es que las hubo, subsisten en la Biblia actual.



Por supuesto esto no es así de ninguna manera.

Al menos cuatro manos redactaron el Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

Uno era un funcionario del reino de David (o quizás una dama de la corte como dice Harold Bloom quien, cum grano salis, la identifica con Betsabé, ya saben la de Urías…) aunque Finkelstein lo sitúa en los tiempos posteriores a Ezequías.

A este autor, o autora, le decimos Yavista y a su obra el documento J (de Yavista... en alemán).


Betsabé, esposa de Urías; ¿autora del Documento J?

El otro, conocido como el Elohísta, era un norteño de los tiempos finales del Reino de Israel que, en polémica con los escritores judaítas, reivindicaba los valores de su propia gente.

En tercer lugar tenemos al Deuteronomista, un tipo relacionado con los ambientes proféticos de Jerusalén en los tiempos del buen rey Josías (el mismo que pasó a filo de espada a los sacerdotes que no adoraban a Dios como él creía que debía ser) y que tenía a su cargo el Ministerio de Información (propaganda) del Reino de Judá allá por el año600 a.C.

Por último un cura, es decir un Sacerdote de la supuesta familia de Aarón (en realidad de Sadoc, pero eso es otra historia), redactó las partes finales de la Torah en tiempos del destierro a Babilonia, antes o después.

Si le añadimos al Redactor que zurció los fragmentos, encontramos a cinco personas implicadas en la escritura de los cinco primeros libros de la Biblia. Eso sin contar los textos previos que se citan a veces, como el Libro de las Guerras de Yavé o poemas anónimos intercalados en el texto.

El libro de Josué fue escrito por Josué, en torno al 1450 o 1225 a.C. Aunque por supuesto esto tampoco es cierto y ya los primeros cristianos aventuraron otras hipótesis al respecto. Actualmente se buscan en Josué rastros de las mismas fuentes de la Torah, Yavista y demás, y lo cierto es que también aquí tenemos más de un par de manos que intervinieron en la redacción.

El libro de los Jueces es obra de Samuel, como no, hacia el año 1100 a. C. Lo mismo que el libro de Rut, esa pequeña joyita literaria.

En realidad se trata de una amplia serie de leyendas, la mayor parte etiológicas, agrupadas en un solo texto por un autor relacionado con el movimiento Deuteronomista de Josías y Jeremías.

En cuanto a Rut, en modo alguno una historia, sino una suerte de novela romántica, es varios siglos posterior, del período de dominio persa o quizás después, y representa una de las pocas voces polémicas contra los estrechos criterios de pureza de Esdras y Nehemías.

Seguramente es obra de un hacendado de la montaña de Judá, relacionado con la aristocracia local, dispuesto a la asimilación con las culturas vecinas, sin por ello renegar de su tradición, y con un muy buen conocimiento de la lengua hebrea.




Edición hebrea de la Tanaj, es decir, la Biblia

La cuenta, parcial, es:

Según la tradición, los ocho libros mencionados son obra de tres autores (Moisés, Josué y Samuel) que vivieron entre el siglo XVI y el XII antes de Cristo.

Según la investigación histórica, los libros de marras provienen de cinco u ocho escritores diferentes (Yavista, Elohista, Deuteronomista, Sacerdote, Redactor, Compilador 1 de los relatos de Jueces, Deuteronomista de Jueces, Aristócrata autor de Rut) que trabajaron entre el siglo X y el IV antes de nuestra Era.

Estimada lectora, sagaz lector, tú eliges que versión te cuadra más.

Y basta por ahora.

lunes, diciembre 24, 2007

Cuentan que los dioses dieron un regalo a los hombres.

Era una caja, hermosamente labrada, y bien cerrada en sus cuatro aristas.

Como un don la entregaron a Epimeteo, primero de los mortales, y le recomendaron la guardase con esmero.

Sin embargo, como los presentes divinos suelen ser engañosos, también le concedieron la compañía de una mujer hermosa, tan llena de gracias que la llamaron Pandora.



Pandora fue la dulce compañera de Epimeteo por varios años y su vida hubiese seguido así, plácida y monótona, de no haber existido la intrigante caja. Día tras día la cerrada arqueta los provocaba con su hermético misterio. Allí, frente a ellos, en un sitio de honor, la caja se burlaba de su curiosidad con su trabada tapa… tan cercana, tan fácil de abrir, tan sugestiva en su vedado interior.

¿Quién fue?

¿Quién de ambos se atrevió a mirar la oquedad apenas presentida?

Él acusó a Pandora y el mito así ha pervivido. Ella, seguramente, no quiso echar culpas y menos sobre aquel niño grande que había amado, calló y no sabremos nunca su versión.

Tengo, no obstante, para mí que fueron ambos y de consuno quienes osaron levantar la trabajada cobertera y atisbar el oscuro lugar que los dioses, taimados, les prohibieran.

Lo cierto es que fue abierta la caja y de improviso una luz cegadora los envolvió a entrambos y sintieron placer por ese brillo y, cual polillas o efímeras mariposas, se dejaron arrebatar por la luz resplandeciente de misterioso gozo.

Poco duró el placer, pues la luz cesó de brillar tan súbitamente como había brotado, y una nube negra llenó el aire.

Airados contra sí mismos por su torpeza o su vanidad los esposos atinaron sólo a proferir insultos contra la persona que más amaban.

Epimeteo se volvió contra Pandora acusándola de ser la responsable de todos los males que de la caja habían salido. Sus ojos, antes dulces, se volvieron tan perversos como una noche de tormenta y su boca acostumbrada a los suaves adjetivos; se llenó de irascibles verbos de inmundicia.

Pandora odió a Epimeteo por haber puesto ante sus ojos la tentadora arqueta, por obligarla a mirarla día tras día, por no haber su mano detenido, por estar a su lado y hasta por amarla de esa manera tan arrebatada y sin medida.

Todos los males salieron de la caja. La envidia que no sabe cuando detenerse y la gula que le sigue, insaciable, los talones. La lujuria que goza en lo prohibido. La soberbia de creerse incontestable. La ira que corroe nuestros huesos y, malévola, se vuelve contra quien la esgrime. La intolerancia y su asesino hermano, el fanatismo. La piedad que ora mientras mata al otro. Los oropeles, las reverencias, los monarcas y sus pompas, el temor a los dioses, el servilismo.

Incontables, llenaron el aire con la pesadez del viento norte.

Ella fue la primera en reaccionar, cerró la caja. Él apenas la miró, quedó en silencio.

Una voz suave, susurrante, gimió en el interior del arca. Quedamente se quejó y mintió promesas;

- Seré el remedio a los males que escaparon, seré la compañía que hará más soportable su presencia, seré consuelo y aliciente, seré motivo de empezar de nuevo, seré nostalgia dolorosa y dulce, seré miel en los labios amargados y vino para el corazón deshecho.

Fue él, de eso sí estoy seguro, quien abrió por segunda vez la caja. En su interior aleteaba un pajarillo, verde como esmeralda, como el cielo que precede a Eos, como el follaje de los bosques jóvenes.

Con ternura tendió el mortal su mano y le brindó cobijo en su pecho cansado de lágrimas y culpa. El ave, cristalina joya, abrió con su pico el corazón del hombre y bebió su sangre al tiempo que le inoculaba su veneno.

Alzó el vuelo entonces, libre para errar por el anchuroso cielo, compañera eterna de los mortales, brillante gema de las noches más oscuras.

Vacía quedó entonces la arqueta primorosamente trabajada, caída la inútil tapa y derramado su lóbrego interior. Amanecía.

Ella fue quien preguntó primero, adivinando que tal avecilla era más terrible que los monstruos desatados;

- Dime tu nombre, ya que serás de nuestra raza perenne compañera.

- Esperanza- respondió la verde maravilla y se quedó volando, por siempre, en torno de ellos.

domingo, diciembre 23, 2007

El mito de la Caída




El mito de la caída está presente en la mayoría de las culturas antiguas; esto hace pensar que se trata de un "recuerdo" que se remontaría a una supuesta tradición primitiva o revelación original; al menos es así como lo interpretan los creacionistas.

Mucho menos oneroso para nuestra inteligencia es, en cambio, suponer una suerte de "convergencia" donde ante la pregunta:

¿por qué no somos perfectos si nos sentimos capaces de serlo? ,


se ensaya la respuesta:

fuimos perfectos en una época, pero perdimos esa condición por la envidia de poderes superiores a nosotros...

Bella conclusión, y también
engañosa, que permite depositar toda nuestra frustración en el exterior, eludiendo las responsabilidades morales ::::

Y entonces


- La mujer que me diste por compañera...
- La serpiente me engañó...
- Adán pecó...
(sin olvidar a Pandora)




El Mito de la Caída, especialmente en la versión que trae el Génesis, admite muchas y diversas lecturas. Compuesto en las postrimerías del Reino de Judá alude irónicamente a la situación de los antiguos monarcas davídicos y su decadencia debida, dice el autor, a haberse dejado engañar por las mujeres y especialmente por la Serpiente, que es su imagen mítica.

La serpiente, pues, no es sino lo que fue durante toda la Antigüedad; la dispensadora de dones y reveladora de secretos, enviada preferencial de la Diosa y su Ley del Deseo adversaria, como tal, del Dios y su Ley del Deber inflexible.



La serpiente es portadora de conocimiento; saber que implica dolor, conciencia de finitud, sentimiento de anonadamiento pero también superación del ciego devenir y aceptación gozosa de la libertad.

Éramos inconscientes antes de la Caída, fue ese acto de voluntad suprema el que nos dotó de humanidad; expulsados del Paraíso pudimos ser capaces de hacer (y de escribir) la Historia, librados a nuestra suerte abandonamos la vida natural propia de los animales, el eterno presente, el gozo indiferenciado, ese estado que no es ni doloroso, ni placentero porque no existen los opuestos... y entramos en el mundo de la ambivalencia, de la diléctica, de la pena, pero también del placer.


Los teólogos antiguos lo intuían de allí su sentencia de "Necesario fue el pecado de Adán"
Pues, como dice Cioran, refiriéndose a la Caída...

Precipitados en el tiempo a causa del saber, fuimos inmediatamente dotados de un destino, pues sólo fuera del paraiso hay destino.

viernes, septiembre 21, 2007

Hablemos de mitos

El mito, presente en nuestros sueños... y también en nuestras vigilias.




Decir mito, o mitología, evoca la imagen de criaturas fabulosas y mágicas, de épicas batallas y de dioses (preferentemente olímpicos) en los que ya no se cree.
Lo cierto es que el mito es mucho más que eso.
Intento de encontrar un sentido en el aparente sin sentido de la existencia, el mito es, esencialmente, una explicación.

En este sentido el mito, la palabra significa propiamente "relato", no es por necesidad un cuento mentiroso, ni tan siquiera falso.
Ante el fenómeno; natural, social o histórico, nuestra mente busca comprenderlo. Formula, entonces, hipótesis, arriesga teorías, ensaya respuestas...
Puede hacerlo de acuerdo a reglas estrictas de lógica, confrontando cada hecho con su interpretación, revisando los datos y excluyendo postular explicaciones que requieran, a su vez, la intervención de lo desconocido. En este caso nuestra mente, o la sociedad, hace ciencia.



Cuando la imaginación se desborda, cuando los principios lógicos son dejados de lado, o mutilados, cuando avanzamos en el terreno de las suposiciones o cuando, simplemente, recurrimos a la metáfora, nace el mito.
El mito es, pues, la ciencia procediendo a través de atajos.
Lo dicho no debe hacernos inferir que el mito carezca de toda capacidad heurística; por el contrario, el mito aparece siempre cargado de sentido, pleno de insinuaciones, rebosante de sugerencias más o menos veladas. Tampoco se crea que el mito es un discurso irracional, ajeno a la sensatez, en el mito hay desmesura y hay una tolerancia amplia en lo que respecta a los métodos pero también hay intuición y una certeza que procede más bien de la empatía que del análisis.

Hay cosas que sólo pueden ser dichas por medio del mito; Edipo por ejemplo.
Los mitos nunca mueren, a lo sumo se transforman y es notable la terca ilusión que comparten con su metódica hermana, la religión: la de pretender ser inmutables mientras cambian permanentemente.





Los mitos son grandes travestis del pensamiento, maestros en el ocultamiento y el disimulo, insidiosos, asoman la cabeza cuando uno menos se los espera.
El sueño de la Razón, decía Goya quien lo había sufrido en carne propia, produce monstruos.

Buenos o malos, mensajeros de esperanza o personeros del prejucio, modestos o altisonantes, los mitos están aquí, muy cerca, junto a nosotros.
Basta abrir las páginas de cualquier periódico.

sábado, agosto 25, 2007

Atlantis... (final abierto)


Atlántida en la modernidad


Ignatius Donnelly, el yanqui que "reinventó" la Atlántida

Donnelly era uno de aquellos talentosos yanquis que asombraban al mundo del 1800 con su desenfado, su espíritu de empresa, sus múltiples talentos y su irreverencia por la cultura establecida. Escritor, político, investigador y excelente publicista; publica, en 1822, Atlantis: The Antediluvian World donde se propone probar, y concluye perentoriamente, la realidad de la Atlántida y su papel como “cuna de la civilización”. Recurre, para ello, a un método todavía vigente y que cualquiera puede ver en acción con sólo sintonizar alguno de los canales de documentales; abrumar al lector. Lo hace con citas incompletas o fuera de contexto, numerosas peticiones de principio (afirmar lo que no se ha probado), tautologías y tal enorme repertorio de falacias lógicas que hace que sea muy difícil de refutar.

No, no se puede decir que Donnelly mienta; sólo retuerce la verdad hasta hacerla irreconocible.

Según Donnelly tanto el Génesis como la mitología griega (e incluso la escandinava) tienen como escenario la Atlántida, la cual también le sirve para explicar fenómenos tan diversos como las migraciones de pueblos, las presuntas similitudes culturales entre egipcios, mayas, incas y demás (las diferencias cronológicas no importaban...), el culto del Sol y hasta el origen de la tecnología del hierro.

Mapa de Donnelly; el Imperio de Atlantis

Con adaptaciones e innovaciones (la más notable la de Charles Berlitz, en los setenta, atribuyendo a los atlantes una tecnología de avanzada) la imagen de Atlántida que popularizó Donnelly en las decenas de reediciones de su obra, sigue siendo la vigente en la actualidad; remozada por el cine y con el ocasional añadido de una Atlántida que aún sobrevive, bajo el mar. Ya forma parte de nuestra cultura y no son pocos quienes creen en la existencia, pasada o presente, de aquella isla que resume en su nombre los sueños de una perdida edad de oro.

Charles Berlitz, aún recuerdo esas tardes de siesta leyendo sus mitologías...

En la Internet es posible encontrar numerosos sitos que intentan “probar” la existencia de la Atlántida (unos pocos son escépticos, pero están en una relación de 10 a 1), algunos la sitúan en el centro del océano Atlántico, más exactamente en la cordillera submarina que, como un espinazo, lo recorre desde Islandia hasta las cercanías de la Antártida, agregan que tanto las Azores, como las Canarias y las pequeñas Ascensión y Tristán da Cunha son restos de antiguas montañas atlantes.

Otros la buscan en la cercanía de las Bahamas, especialmente desde que un vidente estadounidense llamado Edgard Cayce predijo el resurgimiento de la isla en la década del ’60 y algunos buzos detectaron una presunta muralla de piedra en ¡1968! (lo cual fue visto como prueba de la exactitud del profeta norteamericano).

No faltan quienes se sienten capaces de describir, con lujo de detalles, la historia, la religión, la filosofía y hasta las costumbres de los antiguos atlantes, bien sea por deducciones, bien por comunicación con “sus espíritus”, dichas descripciones (algunas se pueden ver por la señal de cable Infinito) coinciden más con las concepciones modernas de la New Age que con lo que se sabe de las civilizaciones antiguas.


Un poco por todos lados... mapa que muestra las localizaciones propuestas para el continente perdido.

Donnelly, Berlitz y sus epígonos han “corregido y aumentado” las indicaciones de Platón, han sembrado en la mente moderna la creencia en la realidad de la Atlántida y, sobre todo, han contribuido a crear un mito perdurable que, como todos los mitos, nos sirve para explicar ingenuamente aquello que nos asombra, nos intriga o simplemente nos conmueve.



Atlantis; interpretada como una civilización submarina...





Una gran civilización, avanzada, poderosa pero que, por olvidar los valores más básicos de la moralidad, perece en un terrible cataclismo y sólo sobrevive como una leyenda. ¡Qué relato más extraordinario!

Imagen idealizada de Atlantis... un paraíso perdido.

Valiéndose de él, grandes narradores como Burroghs, el creador de Tarzán, y especialmente J.R.R.Tolkien, el autor del Señor de los Anillos, quien la llama Númenor, han dado una nueva entidad literaria al viejo mito.

Númenor, la Atlántida según JRRT.

Pero, en fin; ¿hubo alguna Atlántida?

Si por Atlántida uno quiere referirse a esta imagen moderna; una gran civilización prehistórica ubicada en el océano Atlántico, la cual pereció al hundirse la isla en los abismos del mar, la respuesta es un categórico no.

La geología nos dice que es imposible que un continente se hunda, islas aisladas, especialmente las de origen volcánico como Islandia, pueden surgir y desaparecer en la plataforma continental del Atlántico, pero ninguna de la entidad que se le asigna a la Atlántida y sin duda no en tiempos más recientes que el pleistoceno, es decir decenas de miles de años antes de la supuesta existencia de esta civilización.

Por otra parte la cultura que se le atribuye a estas gentes, prescindiendo de las infundadas exageraciones de Berlitz, no puede ser anterior al quinto milenio a.C.; agricultura y ganadería desarrolladas, uso del metal, construcción de barcos y muelles, empleo de la escritura y existencia de un estado organizado son descubrimientos que, todo lo más, pueden datarse entre el 4.000 y el 3.000 antes de Cristo.

En el 9000 u 8000 a. C., el ser humano recién estaba dando, y en el Medio Oriente, los primeros pasos en la domesticación de plantas y animales; hay pruebas incontrovertibles de esto.

Una cuestión diferente es ceñirnos al relato de Platón y preguntarnos si esa descripción de la magnífica isla; “más allá de las Columnas de Hércules”, no contiene un trasfondo de realidad.

En otras palabras; ¿fue un mero invento del filósofo o se basó en antiguas, bien que exiguas, tradiciones?

Localizaciones de Atlántida en el ámbito del Mediterráneo.

Algunos creen que la mejor respuesta a esta pregunta es la propia frase atribuida a Platón: “quizás este relato no sea un invento” (no está en los diálogos, sino en un escrito de Posidonio, un escritor posterior), es decir tal vez haya algún leve resto de historia en todo ello.

¿Es posible que algún griego, no necesariamente Solón, quizás Platón mismo , haya tenido acceso a viejas tradiciones egipcias sobre una isla hundida?, ¿no habrá usado el filósofo este cuento para ilustrar su tesis, es decir; mostrar al Estado ideal en funcionamiento?. Si así fuera la Atlántida sería una creación platónica sobre la base de una leyenda antigua.

Es un hermoso argumento y quien esté interesado en él puede leer el delicioso libro de J.V. Luce “El fin de la Atlántida” (edición en inglés 1969, en castellano Ediciones Destino 1975 y 1993) donde este simpático estudioso británico intenta demostrar que Platón se inspiró en antiguas crónicas egipcias las cuales, a su vez, recogían testimonios sobre la isla semi mítica de Keftiú.






Cnossos, el palacio minoico: ¿el modelo de Atlántida?

Keftiú, que en la Biblia aparece como Kaftor, no es otra que Creta y, según Luce, la civilización cretense con sus palacios, sus navíos y su culto del toro







es el modelo de la mítica Atlántida; el filósofo griego habría agregado su localización occidental (las columnas de Hércules corresponden a Gibraltar) quizás por comprender mal una frase egipcia sobre “los pilares de occidente”, la lejanía en el tiempo (900 en lugar de 9000 años), el puerto circular, inspirado en el de Cartago


El puerto de Cartago, probablemente sirvió de inspiración al diseño platónico


y otras maravillas salidas de su frondosa imaginación. Finalmente, dice Luce, la civilización cretense (mejor conocida como minoica) cayó a causa de una catástrofe natural; la erupción del volcán de la isla de Thera y el tsunami subsiguiente, la destrucción de Atlántida, entonces, sería un calco de este cataclismo histórico.


Mapa e imagen satelital de la isla de Thera, a cuyo volcán se atribuye la desaparición de la civilización minoica.


Cuando uno lee a Luce (quien parece un hábil abogado y, de hecho, la última parte de su libro está presentada como un juicio oral) convence de inmediato; sólo exhibe pruebas circunstanciales, es cierto, y los datos más modernos contradicen su cronología sobre el final del mundo minoico, pero nos deja pensando...









¡Sería tan fascinante que la antigua Creta fuese la mítica Atlántida y que el recuerdo de su gloria, anterior a Homero pero tan cercana a nuestra sensibilidad, hubiese quedado guardado, como en clave, en las armoniosas palabras de Platón!