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miércoles, diciembre 07, 2011

Evocación de la Juventud Franciscana

Años oscuros los que van entre 1980 y 1983.

Años de breve primavera aquellos de 1984.

Para mí, y para algunos más, son los años de nuestra adolescencia. Los años en que participamos de la Juventud Franciscana en la Parroquia San Francisco Solano de Rosario.

Recuerdo esos días en la Parroquia. Tarde y noche del sábado, mañana del domingo, algunas veces también durante la semana. Era algo así como un club, algo parecido a un seminario, abierto y mixto, un cruce entre lo religioso, lo comunitario y lo político. Más de cien jóvenes, chicos y chicas, entre trece y dieciocho años; hijos de una sociedad tutelada por las armas, por el dinero y por la fe, hermanos menores de aquellos que, cinco años atrás, habían soñado, y actuado, para cambiar la Historia y ahora, habían desaparecido en casas ocultas o en tumbas sin nombre. Allí, protegidos por el nombre de una Iglesia ambigua, crecíamos, aprendíamos, descubríamos que el mundo era mucho más grande, y complejo, de lo que imaginábamos.

Nos reuníamos por edad, en grupos llamados fraternidades, cada una de las cuales adoptaba sonoros nombres que evocaban algunos de los mitos cristianos. Un sistema organizativo calcado de aquel que tenían los frailes, con capítulos y concejos, nos enseñaba los rudimentos de la democracia en tiempos de despotismo. Los mayores, o los más comprometidos, animaban (así decíamos) a la fraternidad; animar significaba una especie de dirección laxa, basada en el consenso y la capacidad de liderazgo, que determinaba los temas de cada reunión, sus compromisos y, en algunos casos, las tareas en servicio a la comunidad. Uno o dos frailes, en nuestro caso eran también presbíteros, brindaban la asesoría espiritual, cuando podían que era pocas veces. El padre Joaquín Núñez OFM era uno de ellos. Le debo mucho más de lo que él imagina.


Había mucho espacio para el desarrollo personal y para las iniciativas de cada fraternidad. Leíamos la Biblia, cantábamos, tomábamos mate (para algunos era su primera vez), jugábamos a las cartas, discutíamos, nos peleábamos y nos reconciliábamos, comentábamos la actualidad, participábamos, por supuesto, de la misa y, en mi caso, colaborábamos con la redacción de una pequeña revista parroquial llamada Sendero. Algunas fraternidades cantaban en la misa del cercano Hospital Carrasco, donde se alojaban enfermos infecciosos, y otras se acercaban a la capilla de la Villa Miseria, el barrio le decíamos, para descubrir lo mismo que sus hermanos ausentes, habían hallado diez años atrás.

La Juventud Franciscana, por supuesto, no tenía entre sus propósitos crear conciencia social o fomentar el activismo, político o de otra clase. Los que la crearon eran fieles hijos de la Iglesia Católica y, a lo sumo, habían sido alcanzados por la breve e intensa ola de renovación que tuvo lugar entre el Concilio Vaticano II y el advenimiento de Juan Pablo II. La idea era acercar el catolicismo, en su versión franciscana, a los jóvenes con la loable intención de fomentar la vocación religiosa o, en el peor de los casos, formar adultos comprometidos con la ideología de la Iglesia. Las instituciones, se sabe, tienen otra vida que la de aquellos que las pergeñan y están hechas por personas con sus propias agendas y tablas de valores. Los creadores de la JuFra, por ejemplo, no contaron con la conjunción; en la Parroquia San Francisco Solano de Rosario, de un cura marginal y rebelde, pibes ansiosos de participar y que encontraban un cauce para sus sueños juveniles, y el velado recuerdo de la generación anterior.

En otros ámbitos, colegios o ciudades del interior provincial, no sucedió lo mismo; la JuFra era, en esos lugares, un grupo religioso más. En aquella, la que viví durante casi tres años, se creó una escuela para el futuro, un futuro sin vigilantes y transformador.

Algunos, claro está, se quedaron en la escuela sin graduarse jamás; a ellos se les debe la permanencia de la JuFra hasta hoy, nada más.

Otros, estoy orgulloso de contarme entre ellos, nos alejamos cuando fue el momento oportuno y, desde ámbitos, ideales, proyectos y acciones diferentes, nos comprometimos con la construcción de nuestra devastada sociedad. A veces me cruzo con alguno de ellos; trabajadores sociales, activistas, cooperadores escolares o docentes y sé, sabemos, que aquella vieja JuFra fue lo que nos hizo, en gran medida, ser lo que somos.


miércoles, noviembre 16, 2011

Engage!









Otra vez parto hacia
la segunda estrella
más allá de la Luna.
Sólo para ver que hay.
Sólo para poder contar historias.Por el mero placer de la navegación.

¿De qué hablar tras tan larga ausencia?

El Universo.
El Universo siempre es un buen tema. Está allí y nos complace pensar que no cambia, de hecho nos complace pensar que existe. Uno y diverso: acabo de enterarme que debemos esta palabra a Lucrecio; me encanta que sea así. Lucrecio es uno de mis autores favoritos, pertenece a ese grupo de griegos y romanos con los cuales hubiera podido conversar. No suelo lamentarme por el curso de la historia, pero cuando releo a los romanos y a los griegos pienso en todo cuanto perdimos al aceptar el cristianismo y su moral...

Volvamos, ahora, al Universo.
Sostengo la arrogante opinión, contraria a las Escrituras, de que todo eso que nos rodea (galaxias y demás, ya saben) no ha sido creado para nosotros, que somos sólo una gota en un océano más vasto. Sostengo también otra arrogante opinión, esta vez contraria a la necesidad de afecto de muchos de mis lectores, quizás seamos la primera especie inteligente del Universo, quizás estemos solos, quizás la autoconciencia de la materia (la mejor definición de lo que somos) ha surgido, por vez primera, en este olvidado rincón del Cosmos.
Y esta porción de materia, que mira y se mira, está comenzando a desentrañar los misterios de ese mismo universo que le dio origen. Esta es una visión maravillosa y un motivo de orgullo más legítimo que todas las supersticiones y pesimismos de la Historia.

Acerco la lente a realidades más cercanas.

El planeta Tierra (incluidos los objetos actualmente en órbita)








No estamos bien, todo es un desastre. Hambre, a pesar de que con al dinero que se les concedió como salvataje a los Bancos en 2009 se podría garantizar la alimentación a toda la Humanidad por seis (otros dicen doce) siglos, guerras, y lo peor de todo, guerras religiosas, crisis económica, desilusión, la maldad campando por sus respetos... La gente ya no cree en nada, se pierde el respeto, barbaridades como el matrimonio homosexual o la despenalización del aborto son aceptadas sin más.



Y el planeta se enferma, mutilamos, devastamos, ofendemos, matamos a la buena Gea que nos ha dado a luz. Saqueos, pillajes, devastaciones, opresión de todos tipo, racismo encubierto, nuevas enfermedades y endemias que se ceban en los más débiles. El mundo está interconectado, pero el ser humano está solo; trata de blancas (y de otros tonos de piel, por cierto), se expande la pornografía más grosera; la de la vida expuesta a la mirada pública, por contrato muchas veces. Ya nadie lee, los video juegos reemplazan a la realidad, la cultura se vuelve superficial y en los blogs se satisface el onanismo de escritores mediocres. Violencia, maldad y pecado; el escenario previo a ese Apocalipsis, que tantas veces han anunciado, está montado.



Estamos a las puertas de un gran cambio, todo hace presumir un nuevo amanecer para la Raza Humana. Solidaridad, objetivos globales para eliminar la pobreza, movimientos sociales que se plantean la posibilidad de construir un nuevo mundo, más justo, más solidario, más libre. Emergen los nuevos derechos; mujeres, homosexuales, indígenas, niños toman conciencia de su poder, se liberan de opresiones seculares, salen a la plaza pública para decir su palabra. El mundo está interconectado, miles de millones tenemos acceso a verdaderas bibliotecas virtuales, nuevas formas de socialización, de expresión multimedia, videojuegos que nos transportan a universos imaginados, se acelera la capacidad de procesar información de nuestra especie. Tiempos de abundancia; nunca tantos vivieron tan bien como en los tiempos actuales (lo que no significa que todos vivan tan bien) y la expectativa de vida entra en una curva ascendente. Si hay un resurgimiento religioso, también es verdad que el ateísmo se ha puesto de moda (y eso siempre es una buena noticia). Las guerras mundiales son un recuerdo del pasado, como van en camino de serlo el racismo, la discriminación, el pillaje y la indiferencia.
Cada vez son más los que se comprometen con el cuidado del medio ambiente. Las bases materiales para superar el capitalismo están puestas. El futuro no puede ser más promisorio.

Las dos visiones son reales.
Ambas hablan de nuestros (no siempre los comparto) temores y esperanzas.
Podría decirse que son el punto de vista pesimista y optimista, pero yo no elegiría esta solución simplista; prefiero pensar que se trata de un intento de ver la dialéctica de la cosa.
Negativo, positivo.
Retroceso, avance.
Sombra, luz.
Palabras que tratan de mostrar que la historia se sigue escribiendo y que carece de conciencia, excepto la que podemos crear nosotros con nuestras acciones u omisiones.
Palabras balbuceantes, por lo demás.

Claro que, vale aclarar, considero más real, no real no, ¿verdadera?, ... a la segunda visión.

En el desarrollo de la civilización, que todavía no ha salido de su prehistoria, creo que se construye más de lo que se destruye. El mero hecho de ser concientes de todo cuanto nos falta, la simple posibilidad de cuestionarnos a nosotros mismos (algo que nuestros predecesores escasamente practicaban) es un indicio de que estamos en buen camino...

Y basta por hoy. En el próximo post comentaré algo sobre temas más próximos; nuestro lugar en el mundo; Sudamérica y, en particular, Argentina.

martes, marzo 08, 2011

Día de Mujer (en ocasión del Международный женский день)

Sin entrar en cuestiones históricas que, presumo, ustedes conocen bien. Sin pretender sentar cátedra de nada. Sin otra intención que pensar en voz alta, juntos...

¿Por qué? me pregunta ella ¿por qué hay un día para la mujer? ¿por qué? insiste con sus ojos de aguamarina ¿no tienen un día los hombres?

Beso sus labios, me detengo a pensar, nada se me ocurre (las respuestas rápidas no son lo mío, mucho menos en sus brazos) y me duermo para soñar con ella.

Despierto en la mañana, ya entra el sol, y vuelvo a pensar en la pregunta.

¿Un día para la mujer?

Sí, ya conozco la historia, la terrible historia  de aquellas mujeres de Nueva York.
Y no se  puede olvidar a Clara, ni a las mujeres que, en Rusia, se pronunciaron contra la prudencia y por la Revolución... Mujeres, tantas y tan diversas...
Sin duda ellas, las trabajadoras, las sufragistas, las que quemaron sus corpiños, las que se negaron a parir esclavos, las que rompieron convenciones, silencios y opresiones,  deben ser homenajeadas...

Con todo hoy no pienso tanto en ellas, sino en todas.

En las mujeres que me rodean, que me asfixian, que me colman, que me hicieron lo que soy; para bien y para mal (y no siempre porque esa fuera su intención).
En la mujer, compañera y rival, nuestra igual, amigos varones, y tan diferente.

Tampoco evoco, ahora,  la cultura.

Las influencias de los modos de pensar y de estar que determinaron, ¿al final del Neolítico?, ¿en la Edad del Bronce? la división sexual del trabajo...
La historia es fascinante (quizás por ser de género femenino) pero no es el caso rememorarla.

Antes bien hoy, 8 de marzo de 2011, pienso en vos.
Sí, en la mujer que veo, siento, padezco, admiro, soporto, necesito, esquivo, busco y pierdo todos los días. Mujer de muchos nombres, como tantas que están cerca, mujer de distintas formas y que, pese a todas las diferencias, tiene algo (indefinible) que la hace ser mujer.

Su nombre importa poco.
Su relación conmigo (esposa, hija, hermana, compañera, madre, alumna, exesposa...)  no viene al caso.
Sos vos la que me deja cavilando.

Mujeres.

Sombras, menores de edad, terribles presencias tentadoras, divinidades de fuego y sangre, sutiles, esquivas, volubles, tenaces...

Lilith y Eva.
Ariadna y Fedra.
Astarté y María Virgen
Sor Juana, Rosa de Lima, Mariquita, Juana Azurduy
Evita y las Madres...

Nos arrastran, nos olvidan, nos someten con aparente desgano hasta el punto de suplicarles su dominio, nos aplastan con indiferencia y desean que seamos, siempre, lo que ellas quieren.
Nos asustan. 
Nos recuerdan que no todo es límpido, claro y distinto, que la Razón tiene un límite y que la Dialéctica es mujer.
Nos intimidan con la vida que son capaces de portar, nos rodean, nos dejan desnudos en medio de nuestra aparente frialdad, no nos piden que amemos, sino que las amemos.

Sombras

Les hemos puesto nombres en nuestro varonil afán de clasificarlo todo;

Menores de edad.

Presencias tentadoras.

Divinidades de fuego y de sangre.

Sutiles.

Esquivas.

Volubles.

Tenaces.

Todo eso han sido las mujeres  para los que estamos parados del otro lado del cromosoma XX...

Un misterio.

Los misterios eran antiguas festividades, nos cuentan, en las cuales los participantes intuían, pero no comprendían, el secreto de la existencia. A nadie podían revelarlo y poca falta hacía, estimo, tal prohibición porque los misterios, de por sí, son inefables.

De ese orden de misterios son las mujeres...

Y como todos los misterios, sea el de la alegría, sea el de la tristeza, tienen un día para recordar que aún nos siguen desvelando con su presencia.

Para caer en la cuenta de algo...

Nunca, mujer, podré comprenderte del todo.

Bendita sea la Diosa, por ello!


Gustavo

viernes, diciembre 31, 2010

Durante la primera década del siglo…


Así hablarán los historiadores del futuro, es decir dentro de unos cuatro días, acerca de los últimos diez años que acabamos de vivir. Parecen remotos aquellos sucesos que nos marcaron, mundo, continente, nación, desde el 2001. ¿Y qué decir de los misterios que, para todos los que tenemos más de 30, llevaba aparejada la misteriosa cifra del año 2000; ya en el siglo pasado?
La memoria es selectiva, no hay dudas, puestos a recordar se agolpan imágenes que, a veces, ni siquiera se pueden situar claramente en el tiempo. Cada uno rememora aquello que le impactó, pero también aquello de lo que tanto oyó hablar. Imágenes propias, implantadas por los medios, generadas por el azar de los recuerdos. También, ¿por fortuna?, ¿por instinto de supervivencia?, ¿lamentablemente?, escojan ustedes el adverbio, olvida muchas, muchas cosas.





Esta es mi propia cosecha de comienzos de siglo…
En julio de 2001, acaban de robar mi casa, recibí por esas compensaciones del acaso la maravillosa noticia de que Mariana, entonces mi esposa, estaba embarazada por segunda vez. Daniel, un hermoso renuevo del viejo tronco Bessolo, estaba formándose en su vientre. Aún no imaginaba la maravilla de verme reflejado en sus ojos, en sus manitas aferrándome, en sus preguntas y, ahora, en su pertinaz interés por la mitología. Todavía no sabía de la turbación de encontrar en sus gestos, sus enojos, sus rabietas y sus risas el eco de aquellas que suelen dominarme más de lo que quisiera admitir.

¿Dónde estabas el 11 de septiembre de 2001? Es el recuerdo común más antiguo que puedo lograr sin recurrir a la extensión de mi memoria que tengo en la punta de los dedos. Día del maestro, recuerdos permanentes de un desgraciado 11 chileno, estaba en casa. Mi hija tomaba, sin demasiado entusiasmo, su desayuno. Escuchaba radio; ¿Cuál es? me gustaba entonces; comentarios sobre Nueva York, frases sueltas, la imprecisa sensación de no saber que estaban hablando y el recurso a la tele, en esos tiempos en que Internet (dial up) era un lujo para unas pocas horas nocturnas… La imagen de las Torres Gemelas, el humo, el impacto en vivo del segundo avión. Las sensaciones fueron contradictorias; un desastre siempre nos conmueve pero en este caso, y sé que muchos compatriotas coincidieron conmigo, era un ataque (no sabíamos quiénes o por qué) al corazón del Imperio.
 Los telespectadores de Tatooine ¿habrán lamentado la destrucción de la Estrella de la Muerte? Por primera vez desde 1941 los eternos agresores (obviamente siempre con Dios y la Justicia de su lado) eran agredidos, por primera vez desde 1812 los que habían bombardeado cada continente del mundo (y algún océano también) sufrían unas ofensiva en su propio territorio continental. Imágenes fílmicas de incontables catástrofes, generosamente provistas por ellos mismos, fueron evocadas de inmediato. Mi hija preguntaba: ¿qué pasó papá? No sé si se lo dije, ya mencioné la selectividad de la memoria, pero creo que respondí: las cosas están cambiando.




En 2001 otras varias tornas se volvieron.







































El gobierno de la Alianza en la Argentina (si no sabés que fue la Alianza porque vivís en un termo chino hay una cosa llamada Wikipedia) se encaminaba hacia la catástrofe. Había despertado algo más que tibias expectativas después de los diez años de pública almoneda menemista. No había cumplido ni siquiera un décimo de las expectativas, justificando una vez más aquella vieja verdad: “los radicales no saben gobernar”, cuyo corolario, no escindible, es: “los peronistas no dejan gobernar”. 




El censo, previsto para septiembre de 2001, fue para mí la prueba final del fracaso; que un gobierno no pueda siquiera 
asegurar el cumplimiento de un censo (algo que ya hacía cualquier rey de la Edad de Bronce) era una demostración más que suficiente de que le quedaba poco tiempo de vida. 
No esperaba, claro, lo que vino después: corralito, saqueos, violencia urbana, represión, piquetes (por ese entonces incorporamos la palabra la léxico habitual), cacerolazos, riesgo país (otra frase popular), estado de sitio, acefalía…



Y muertes, como la de Pocho Lepratti, como la de tantos otros.
Fui en familia, y un poco a regañadientes porque me evocaban esa clase media a la que no quiero pertenecer, y protestas muy otras en un país trasandino, a algunos de tantos cacerolazos casi espontáneos de aquellos días. Belu se entusiasmaba con un silbato, yo cuidaba esa vieja olla que, más tarde, usaría para cocinar, Daniel, en la panza, ¿quién sabe lo que sentiría? ¿Gritaría también desde su confortable comarca: ¡qué se vayan todos!?
Las memorias vienen solas a las puntas de los dedos. Renuncia y huída del presidente De la Rúa. 


Los depósitos congelados, varios presidentes en una semana (Google me recuerda que fueron cuatro y olvidables) y una frase del último regente de la abatida República: La Argentina está quebrada. La Argentina está fundida. Este modelo en su agonía arrasó con todo... Olvidándose, claro está, de que había apoyado con todo su esfuerzo tal “modelo” (en Argentina todo plan económico y político, o la ausencia del mismo, se llama modelo). 
El país se incendiaba, los medios masivos eran antiguos hechiceros profetizando sobre las ruinas desgracia tras desgracia, los economistas jugaban a ver quien preanunciaba la peor catástrofe, los grupos de izquierda releían en sus viejas biblias los pronósticos de la revolución proletaria y se preguntaban ¿cuándo tomaremos el Palacio de Invierno? 
Proliferaban los clubes de trueque, que para algunos eran el despertar de la nueva sociedad, y las asambleas barriales; se gritaba, todavía, piquete y cacerola; la lucha es una sola y se soñaba con una alianza de clases, onda Revolución Francesa, que guillotinaría a la podrida aristocracia (en mi país, como no hay aristocracia, se suele odiar a la oligarquía, pero en esos tiempos el odio era unánime contra la llamada “clase política”) e implantaría la República de los Iguales como proclamaba, con acentos de Babeuf y algo de Savonarola, la profetisa Carrió. 
Duhalde, en tanto seguía hablando: quien depositó pesos, recibirá pesos. Y quien depositó dólares, recibirá dólares.
Los hechos se agolpan. El espacio de palabras es acotado y debo resumir. Ustedes, botella al mar al fin, suplirán lo que falta si es que deciden comentar.


El 2002 comenzó bajo el signo del desconcierto. También de la expectativa que suele parecerse mucho a la esperanza. Mi hijo Daniel abre sus ojos a un mundo en el cual lo único seguro es el cambio.

El Euro, la primera moneda de una federación de naciones, entra en circulación en Europa y muy pronto será una seria competencia para el dólar imperial. Entre guerras, atentados suicidas, tomas de rehenes, calentamiento global y asteroides que pasan peligrosamente cerca de nuestro planeta ¿recuerda alguien la explosión sobre el Mediterráneo Oriental que, por tres horas de diferencia, no causó la muerte de millones de personas? Yo, al menos, no…


Años sazonados aquellos. En mi propia vida, digo, con los condimentos más variados. Incienso de mis últimos años al servicio de la Santa Madre (varias madres debe uno dejar en el camino, pero dejemos esto para las sesiones de los martes), canela del Cercano Oriente (una me intoxicó hasta la alergia, otra todavía endulza recuerdos que serán sólo eso), mirra (demasiada), pimienta en exceso y toques de mostaza en los últimos tiempos. Deliciosa mostaza que, a veces, no saboreo como debiera… pero de la cual ¡estoy enamorado!


Un país arrasado era lo que amanecía en la primera década del siglo. Un país muy diferente es el que amanecerá en los primeros segundos de la segunda. ¿El país soñado?, no, ciertamente pero al menos la política ha vuelto a las calles, poco a poco se definen posturas y, no es un dato menor, estamos sobrellevando con relativa indemnidad la peor crisis del presente siglo.
 No digo que todo está bien (otro día hablaremos de ello) pero tampoco todo está tan mal. Hay mucho para cuestionar a la administración K y muchísimo más a la llamada oposición; pero el clima es diferente y, cuando el mundo parece derrumbarse en las geografías que nuestros argiropolitanos acostumbraban a admirar, uno encuentra motivos para la esperanza. Sin obviar todo aquello que duele; la miseria, el hambre (con la cosecha de tres días, ¡tres días!, comerían por un año todos los que están bajo la línea de indigencia), la falta de viviendas, y la lista sigue…

En diez años acuñamos nuevos verbos; googlear, bloguear, colgar, loguear, nuevas costumbres a la hora de volver a casa o del insomnio; facebook, you tube, Wikipedia para los más frikis…














Los celulares pasaron de ser  aparatos para hablar por teléfono a dispositivos sofisticados que, además, permiten la comunicación (o incomunicación andá a saber) telefónica.






























Ya no confiamos tanto en lo que se dice, somos más críticos.



No nos esforzamos tanto por lograr las cosas, ¿más holgazanes quizás?

Los ideales están tan lejos como hace una década.


Los caminos se desbrozan sobre la marcha y cunado se vuelve la vista… ya lo dijo Machado, ¿se acuerdan?

Tanto en diez años…
Tenía treinta y seis, entonces
Viví el frenesí de los cuarenta, me separé, encontré lo más parecido al verdadero amor (o quizás sea el Verdadero, si nunca lo viví tal vez necesite tiempo para reconocerlo) y hallé mi lugar en el mundo en una escuela que, cada día, se mete más y más en mis afectos… Compañer@s de trabajo, y de estudio, entrañables, chic@s maravillosos, mis hijos creciendo y la amorosa mirada de Sabrina.
Tengo cuarenta y seis, ahora.
¡Y lo mejor  todavía está  por venir!

viernes, abril 16, 2010

Escépticos


La semana pasada Mario Bunge estuvo en la Argentina. Con su habitual desenfado se explayó sobre sus temas favoritos e impugnó, como acostumbra, lo que él denomina pseudociencias. Atacó, en especial, al psicoanálisis; al cual califica de “macana” y dejó caer unas cuantas ironías sobre su vigencia en un país como el nuestro.
Bunge y el psicoanálisis, por supuesto, son sólo una excusa.
Un pretexto para hablar de aquellos que, como él, se han atrevido a levantar la voz contra ciertas unanimidades.
Ante la caterva de magos, ocultistas, charlatantes y deshonestos que andan por este mundo nuestro vendiendo sus falsos misterios, muchos han reaccionado enérgicamente para decir: ¡un momento!, ¿qué pruebas tienes para afirmar cosas tan extraordinarias
O, más directamente; ¡dejá de batirla, che!
Estas personas, valientes para desafiar las convenciones y tenaces como todo aquel que está convencido de su misión, son conocidas como escépticos.
Un escéptico es alguien que duda.
No se trata de un negador sistemático, de un pesimista ni, mucho menos, de alguien de mente estrecha.
Es un hombre, o una mujer, que considera que la razón debería ser una guía para investigar el mundo.
Es un curioso que no se convence fácilmente.
Un inspector de ideas, si así lo prefieren.
Se ha dicho que el padre de la ciencia es el asombro, y es verdad, pero el asombro puede dar lugar a muy diversas conclusiones. La madre de la ciencia, única como toda madre, es la duda. Sin el asombro tendríamos una ciencia de lo obvio, de la banalidad, sin la duda tendríamos saberes vagabundos, incapaces de formar una trama coherente.
El escéptico recupera la tradición científica de dudar y hace bien. Suele, una lástima, olvidarse del asombro y allí está su límite.
Como don Mario, valiente sembrador de dudas, pero receloso ante la hierba de lo nunca antes imaginado.

jueves, abril 01, 2010

Afinidades (más o menos) electivas.

Soy donde no pienso, dice J. L en algún sitio.
Hay paisajes, lugares mentales, gustos espirituales, aromas del alma, que nos definen más allá de la conciencia, más acá del sentimiento.
Resultados de elecciones que no siempre fueron racionales, esos afectos personales nos habitan.
De ellos quiero hablar.
Ahora.

En estos días recuerdo, especialmente, mi predilección por el judaísmo. La cultura, la historia, la religión de ese pueblo (con el cual, que yo sepa al menos, no tengo vínculos genéticos) me fascinan. Visito con frecuencia sitios judíos en la Red, escucho su música, intento leer su lengua.
Es notable, o tal vez no lo sea tanto, esta predilección pues rechazo al sionismo y en especial, la existencia del Estado de Israel tal como fue establecido. Estoy convencido, sin embargo, de que Medinat Yisra'el es en muchos aspectos la negación de del judaísmo; todo cuanto de noble tiene esta cultura tres veces milenaria resulta traicionado por la existencia de ese estado que, en la práctica, defiende valores políticos casi fascistas.
Los sentimientos, claro, no saben de racionalidad, por eso la Hatikvah me conmueve y no pierdo las esperanzas, ateo y goy, de participar alguna vez del séder de Pesaj…

Mi amor por este pueblo tiene sus raíces en la adolescencia.

Entonces era cristiano y me esforzaba por leer la Biblia en sus lenguas originales. Estudié, torpemente, la gramática hebrea y no perdí oportunidad de hacerme con libros escritos en el idioma de Moisés, de Isaías, de Amós. Ansiaba tener el “típico” amigo judío y hasta jugué imaginariamente con volverme un גיור‎.

Aún conservo el diccionario hebreo que escribí entonces, el tocho indigerible de una proyectada historia hebrea y mis apuntes gramaticales con el nifal, el pataj furtivo y las matres lectionis (no estudiaba neo hebreo, sino hebreo bíblico, por supuesto).












Los años pasaron, conocí hermosas personas de ese pueblo, y quedaron lindos recuerdos de ellas en mi corazón.
Políticamente defiendo la causa palestina y desearía, a pesar de todas las dificultades del caso, que pudiera establecerse un estado laico y binacional en la región; pero aún me emociono, hasta las lágrimas, con el ירושלים של זהב (Yerushalayim Shel Zahav).




Inglaterra es otro de mis hogares espirituales.
En este caso tiene que ver con la literatura inglesa que pude leer, casi siempre en traducciones, con Sir Walter Scott y su mito del “Norman yoke”, con Robert Graves y su persuasiva prosa, con G. K. Chesterton y, en especial, con this jewel among englishmen; J.R.T. Tolkien.

Ellos me hicieron conocer esa Merry England, que nunca existió, me llevaron de la mano por los páramos de las Middlans y los sombríos inviernos de Northumbria.

Luego llegaron Shakespeare, Milton, Blake y el entrañable Hobsbawm, cuya prosa inglesa soy incapaz de juzgar pero que está lleno de esa mezcla de audacia y sensatez que constituye la clave del carácter de los isleños.

Allí, quizás, reside mi afecto por el pueblo inglés, por su cultura, por su literatura sobre todo; en la sencillez, la manera convincente de encadenar el razonamiento.

El common sense anglosajón me "puede"; un placer a la vez estético y lógico. Los alemanes son más precisos a la hora de razonar, pesados, minuciosos, no dejan nada librado al azar; los ingleses, en cambio, confían en que la idea penetre lentamente en nuestro sistema, la destilan, la diluyen si cabe la expresión, y la hacen parecer tan natural como la caída de las hojas en otoño. Y siempre, sin excepción, encuentro en sus palabras esa nota de humorismo no exento de ironía que nos dice, silbando:


Life's a laugh and death's a joke, it's true.
You'll see it's all a show,
Keep 'em laughing as you go.
Just remember that the last laugh is on you.






Me gustan, pues, los ingleses.
Me gustaron aún más cuando, solos, enfrentaron a los nazis, cuando resistieron las bombas asesinas, cuando marcharon al Continente para derrotar a Sauron.


Y eso no quiere decir que olvide nuestra historia, ligada al Imperio Británico para bien y para mal.

Y eso no me impide reconocer su cinismo a la hora de explotar al resto del mundo en su propio beneficio.

Y eso, en fin, no significa que no me enorgullezca al recordar aquellas fallidas invasiones de Popham, que no asome una sonrisa cuando un buen irlandés les patea el trasero o que no haya delirado cuando, un día en México, Dios jugó al fútbol con la camiseta argentina.



Siempre digo que el hogar de mis ancestros es Europa y que soy un hijo de Occidente con todo lo que eso representa.

Mi lengua es europea, mis lecturas son europeas, mi filosofía y muchos de mis maestros lo son. No digo que eso sea mejor, o peor, que otros orígenes pero uno necesita raíces y las mías están en torno al Mediterráneo.

Por eso me siento a gusto en una piazza de Italia, en un café de París o en el Rastro de Sevilla…
¡ y eso que no he estado nunca en ellos sino en mis sueños!

Pequeños afectos también para Italia y sus maravillas, que son mías y de i mío nonni,
                                                         para Grecia y sus islas pobladas de náyades (otra lengua, el griego, que amo y he intentado estudiar),
                                                                           para Francia, madre de la libertad y cuna de los valores de la Modernidad que son los míos propios,
                                                                                            para la petite et héroïque Belgique que, por encima de sus históricos beffrois, del amicale Hercule Poirot, es la patria de aquella que ama mi corazón…


Europeo de estirpe, occidental por cultura, soy americano por nacimiento y, a esta altura de mi vida, opción. Alguna vez me han preguntado si, a semejanza de tantos compatriotas, reclamaría la ciudadanía italiana; mi respuesta, casi instintiva, ha sido ¡no!, yo soy argentino.

Argentino y de Rosario.
Argentino y no porteño.
Argentino nacido y criado en los años 60 y 70.
Argentino que vivió su adolescencia en los estupendos 80.
Argentino que recorrió mil veces la historia y los paisajes de su tierra en las páginas de un libro y, ahora, en las rutas argentinas hasta el fin.



Amo mi país (a mi generación le cuesta decir patria), y me indigno cuando mis compatriotas lo motejan con epítetos escatológicos;

o sea cuando dicen: ¡qué país de mierda! (en criollo) frase que, más que argenta, me parece porteña, deleznablemente porteña.


Amo su historia y amo sus mitos aún no contados.
Amo su lengua. Su música (últimamente hasta el tango). Su diversidad.
No tengo, que sepa, ancestros indígenas; pero no puedo dejar de pensar en una Argentina de diez mil años de antigüedad, de miles de lenguas, de cientos de historias que me hablan al oído y me reivindican como suyo, a mí, que llegué exiliado desde las tierras del Viejo Mundo.

Argentina, América (toda, todita), el Nuevo Mundo y, ya que estamos, el Hombre Nuevo son también parte de mis afinidades electivas. Y de ellas hablaré otro día…

domingo, marzo 28, 2010

Identidades

Escucho música.
Alterno entre Huey Lewis (si lo recordás estás revelando tu edad) y Mozart; ecléctico el pibe!

Escribo, navego por la Wikipedia (cinco horas ayer editando un artículo), me doy una vuelta por el Caralibro (¡me encantó la traducción!) y disfruto de la vida en este domingo soleado.

Después del almuerzo corrijo las tareas de vacaciones y me dejo llevar por la placidez de estar en mi casa, junto a la mujer que amo, pensando que la vida, la verdadera vida, es esto que me pasa. El momento, el instante en que lo Eterno se funde con lo Transitorio y uno puede sentirse casi un dios...

Y con lo dicho basta!

miércoles, febrero 03, 2010

No eran tan buenos los tiempos 2

(Nota: Como dije antes, este es un artículo sobre política local Por mi incapacidad de síntesis lo he dividido en 3 partes, de las cuales, esta es la segunda)



Desde finales de 2007 el Frente Progresista Cívico y Social, liderado por el Partido Socialista, rige la provincia de Santa Fe. Hermes Binner, ex intendente de Rosario, es el gobernador.
Su lema, durante la campaña electoral, fue “Buenos Tiempos”, pero la realidad, al comenzar su tercer año de gestión, indica otra cosa.

Un intento de análisis de esta situación debe comenzar, sin duda, por conocer el escenario en el cual se desarrolla.


La provincia de Santa Fe tiene diecinueve departamentos. Más interesantes que esta división administrativa son, sin embargo, las cuatro o cinco regiones que la componen, cuyos rasgos económicos, sociales y hasta culturales determinan intereses no siempre coincidentes.
Al sur y sobre el litoral del Paraná; Rosario y su región (que se extiende, dicho sea de paso, incluso un poco fuera de la provincia). Complejo agro industrial, es uno de los centros del poder económico provincial. Fuertemente autonomista es, además, el más desarrollado en materia de acción política. Epicentro de huelgas y reclamos, sede de lobbistas, usina de pensamiento tanto para los representantes del poder económico y social (derecha decíamos antes), como para los que quieren construir alternativas de contra poder (eso que se llamaba izquierda). Creyendo, no siempre con razón, ser el motor de la provincia.

Más al sur, y hacia adentro, la región con centro en Venado Tuerto. La pampa gringa. Lejana de la capital, cercana hasta cierto punto a Rosario, preocupada por sus propios intereses agrarios. Los sectores medios, los más dinámicos de la región, están estrechamente vinculados a la explotación agropecuaria, la vida cotidiana de las ciudades y pueblos gira en torno del “campo” pues de su prosperidad depende la de ellos mismos. Los chacareros constituyen un colectivo de por sí heterogéneo, no apto para reducción simplistas o descriptivas como la presente, pero al menos se puede decir que engloban desde el pequeño productor, apenas a salvo de las deudas, hasta el propietario de grandes extensiones, próspero (muy próspero en algunos casos) gracias a la soja, por producirla o por alquilar sus tierras para la siembra, pero no siempre protegido ante imprevisibles desplomes del mercado o esperables gabelas del Estado. Rubros productivos, cercanía a las terminales, acceso al crédito, calidad de los campos son factores que matizan estos gruesos trazos, y determinan opciones políticas.

El centro administrativo y decisorio está centrado en Santa Fe de la Vera Cruz, no en vano cito su nombre colonial, con su proverbial parsimonia (a menudo exageradas desde el sur), con su tradición burocrática del “así se hizo siempre” y con cierto orgullo desdeñoso ante el resto de la provincia.
También con sus gentes olvidadas, como los trabajadores de río, los migrantes venidos desde la pobreza interior, con los que resisten casi de forma refleja.


El norte, con Reconquista y Vera como referentes. Aquí sólo hay dos clases; los que tienen y pueden, los que no tienen ni pueden.



A la primera se la identifica por su tez blanca, sus apellidos de corte centro europeo y sus campos de algodón, antes, de soja, hoy. Funcionarios, burócratas y docentes pertenecen a ella que colonizó, con ayuda del Rémington, la Cruz y la Forestal, aquella región indómita hace exactamente un siglo. La segunda poco cuenta; son más bien morochos y revelan la tenacidad del ADN nativo, criollos se denominan, otros epítetos les son dados desde fuera; trabajan pero no pueden protestar, sólo escuchar y seguir a sus supuestos dirigentes, mientras esperan las dádivas de los que saben, los que tienen o los que pueden.

El resto de la provincia, habría que mencionar el centro oeste por ejemplo, participa un poco de las características de estas cuatro.


Hay explotación en Santa Fe, aunque no se diga en voz alta, hay feudalismo en muchas regiones, hay clientelismo y no siempre es de origen peronista, y no siempre es practicado por los partidos políticos.

lunes, octubre 19, 2009

Escuela media 3 y último



El mismo día en que escribía la entrada anterior, el jueves pasado, tuve que dictar clases (es un decir) en una escuela media. Es un reemplazo semanal pero, después de haber pensado el tema, lo viví de una manera diferente.

La escuela en la cual reemplazo no es, seguramente, la más "difícil" de la ciudad, pero puede servir como ejemplo de la decadencia del Secundario.

La palabra que mejor la describe es anomia; chicos y chicas que deambulan por el salón o, al menor descuido, por los pasillos; celulares sonando con algo parecido a la música (pese a estar formalmente prohibidos), alumnas que se recuestan, insinuantes, sobre sus compañeros (o compañeras, en una mezcla adolescente de juego y lascivia), estudiantes que no quieren cumplir con la más mínima indicación, buscando ora el conflicto, ora la complicidad, normativas (fundadas o absurdas) que, igualmente, no se cumplen, docentes que hacen su mejor esfuerzo y logran o no transmitir, contadas veces construir, algún saber; una preceptora que es muy buena persona pero no conoce su rol, al igual que la Vice directora, ya cansada y francamente expulsiva... Y como ruido de fondo las indicaciones ministeriales que suenan lejanas, irreales, imposibles.

Tan imposibles como pueden sonar mis propias sugerencias. ¿Hablar del secundario? ¿Ahora?

Decía que uno de los elementos centrales de toda educación media que se quiera proyectar es el currículo; los contenidos que se desea enseñar. El otro es la normativa.

La adolescencia es el glorioso momento de la rebeldía, es un tiempo privilegiado para el poner en cuestión todo aquello que hemos aceptado como natural, para saltarse las normas o para infringir la Ley, sin embargo, ¿cómo transgredir cuando la transgresión está socialmente aceptada? ¿ante qué rebelarse si los que ofician de "guardianes" son también rebeldes? ¿cómo violar una norma que ya ha sido violada?
La represión es una gran creadora de cultura, dicen, ¿qué sucede cuando la represión es obliterada? ¿qué hacer si todo vale y nada está prohibido?

Si es cierto que
we don’t need no education… we don’t need no thought control…


entonces desaparece cualquier tipo de civilización, pues la condición humana está basada en la educación, la transmisión y construcción colectiva del conocimiento, y en el control, primero externo, luego interno, del flujo caótico de nuestros pensamientos. La norma es inseparable de la humanidad o, más bien, la Norma es inseparable de la Humanidad.



Esto no implica abogar por un orden represivo, ni suscribir ideologías negadoras de la la libertad, por el contrario; se trata de posibilitar una ética autónoma pero fundada en la racionalidad y en el desarrollo progresivo de la conciencia.Entenderlo todo no implica justificarlo todo y la Ley es fundamental para la existencia de cualquier comunidad de personas.

El mejor ejemplo que se me ocurre es el de las drogas, en especial las enteógenas. Toda cultura tiene incorporado el consumo de drogas, se hace en conexión con rituales específicos y en tiempos también determinados por la tradición, marcan momentos fuertes en la vida comunitaria e individual, son controladas y compartidas por un colectivo social y cultural, pierden de este modo el aspecto más nocivo y refuerzan sus propiedades, por así decir, culturales. No obstante, cuando la droga se vuelve objeto de consumo y es tomada fuera de todo ritual, simplemente como un pasatiempo, pierde todo sentido liberador y se convierte en un trampa, mortal, para la conciencia... y para el propio consumidor. Dígase lo mismo de los rituales religiosos, del fútbol a toda hora o de cualquier uso inmoderado y fuera de contexto.

Es lo que ocurre con la rebelión, nos hemos habituado a ella y con la rutina desaparece su función creadora para convertirse en un capricho sin limites. Sociedad descentrad y anómica, seguidora de un anarquismo liberal (tan lejano del anarquismo libertario como lo está Murray Newton Rothbard de Mijail Bakunin) es (somos) incapaz de construir, mucho menos de educar.

La Normativa es central en la Escuela Media . Normativa basada, sí, en una libre aceptación que implica acatarla y, eventualmente, cumplir lo que ella imponga. Normativa que es garantía de libertad (recuérdese que la democracia, históricamente, aparece cuando la Ley deja de ser la voluntad del gobernante, o del dios, y se plasma en un acuerdo de la comunidad) y de respeto mutuo. Normativa que contempla sanciones reales que llevan al desarrollo de la personalidad. Normativa, en fin, falible y susceptible de perfección, contra la cual es posible rebelarse...

Imagino una escuela donde existen leyes claras y aceptadas tanto por los docentes como por los padres y, también, por los estudiantes. Leyes racionales que implican el respeto por las diferencias, la no discriminación y también la obligatoriedad de cumplirlas.









jueves, octubre 15, 2009

Escuela media 2




Comentaba ayer acerca del cambio de sociedad que estamos viviendo en esta primera década del siglo. Me detenía en los valores de los jóvenes que han nacido con el final del siglo (más allá de cuestiones cronológicas el siglo XX termina en 1990 así como empieza en 1914) y trataba de encontrar un camino para pensar una escuela media que esté acorde con los tiempos en que vivimos.


Todas las sociedades han tenido ritos de pasaje que marcan etapas vitales, la nuestra también, y el lugar por excelencia de ese rito es la Secundaria.



Es un ámbito para los adolescentes, el lugar donde construyen su propia identidad, donde incorporan muchos de los valores que guiarán el resto de su vida, el sitio privilegiado para los amores, los odios, los proyectos del futuro...

Entre los trece y los dieciocho años, quizás hasta los veinte, la Secundaria es, o debería ser, el punto de referencia central para los chicos.
La tarea de esta escuela comprende la socialización integral de sus alumnos; es decir que tiene que brindar elementos que les permitan construir una identidad propia, democrática y crítica, ciudadana en una palabra, en relación con sus compañeros y su entorno social. Elementos centrales de esta misión son el currículo y las normativas.


El primero tendría como orientación básica la apertura, las posibilidades amplias, la provisión de elementos múltiples que le permitan al alumno responder rápidamente a un mundo cambiante; no se trata de enciclopedismo a la vieja usanza, pero sí del aprovechamiento de nuestra herencia cultural que, en los tiempos que corren, tiende a ser la de la Humanidad.



No basta, sin embargo, con un currículo amplio, deberá complementarse con orientaciones específicas que introduzcan al alumno en el mundo del trabajo (no del empleo) en un sentido creativo e integrador.

Pienso en escuelas donde se dicten materias de carácter cultural (Historia y Geografía, por ejemplo) junto a saberes básicos (Lengua, orientada hacia y desde la Literatura y Matemática) a la vez que exista un activo departamento de Tecnología, con una importante carga horaria, donde se enseñe a trabajar en diversas áreas de la producción (carpintería, herrería, electrónica...) que serían rotativas durante los tres primeros años con una orientación específica en los dos o tres últimos. Según las necesidades de la población estas áreas "prácticas" incrementarían su presencia en la escuela (un poco como las viejas escuelas de Artes y Oficios) sin dejar nunca de lado la formación "humanística" y "básica" pero determinando el "estilo" de la institución.

No debe dejarse de lado en toda escuela la posibilidad de que se convierta en un punto de encuentro y de referencia para los adolescentes. Talleres de artes, de teatro, de escritura, de robótica, de idiomas... son componentes importantísimos, que no deberían faltar en ninguna institución educativa. Sin olvidar la educación física, sobre la cual habría mucho que decir...


Estas escuelas deberían ser reducidas en tamaño, con una población escolar que no supere los quinientos, seiscientos a lo sumo, estudiantes y con cursos voluntariamente reducidos, quince o veinte alumnos para cada uno. Por supuesto que para esto es necesario crear muchas más escuelas secundarias de las que existen y, sobre todo, que sean exclusivamente destinadas a ese nivel de enseñanza.

Los docentes, a los que imagino vinculados fuertemente a la institución, se organizarían en departamentos específicos; Humanidades, Formación Básica, Tecnología, etc. y planificarán en conjunto los objetivos y contenidos del año; con un fuerte, muy fuerte, seguimiento por parte de la dirección.

En este modelo de escuela sería fundamental el papel del Preceptor y del Profesor Tutor porque en ellos recae la responsabilidad de llevar a los hechos la Normativa que permite el funcionamiento de la institución y se concreción como comunidad educativa...

Pero de eso hablaremos en otra entrada...

domingo, septiembre 20, 2009

Liberación de la humanidad



Uno de mis poemas favoritos...

The loathsome mask has fallen; the man remains
Sceptreless, free, uncircumscribed, but man,
Equal, unclassed, tribeless and nationless,
Exempt from awe, worship, degree, the King
Over himself; just, gentle, wise...

Shelley; Prometheus Unbound 3, 4

Una traducción propia, sólo para captar el sentido:

La máscara odiosa ha caído; el hombre permanece
Sin cetros, libre, sin ataduras, sólo hombre,
Igual, sin clases, sin tribus, ni naciones,
Libre del temor, del culto, de las jerarquías, Rey
de sí mismo; justo, tierno, sabio...




viernes, agosto 21, 2009

Informe de situación I


Hoy, a los 45 y un par de meses.
Hoy, en la mañana fría y soleada.
Hoy y en este lugar, un modesto bar del centro, afirmo, para quien pudiera interesar, que se ha terminado mi adolescencia.
Tengo para mí que en el decurso de los sucesos humanos (¡vaya solemnidad!) este delicioso y tormentoso período que precede a la vida adulta se prolonga más y más. Alejandro era un rey y general exitoso a los treinta años; hoy, por el contrario, estaría terminando un postítulo y viviendo en la casa de sus padres; el violento Filipo y la manipuladora Olimpia... ¡son dos mil trescientos años de distancia!
Estudié, trabajé, me casé y tuve hijos sin dejar de ser un perfecto púber en muchos aspectos de la vida y, más importante, en mi alma. Como dice Sabri; jugaba a ser grande, pero era un pendejo y hacía, claro, cosas de pendejo.
Fue con la separación (nobleza obliga) que empecé a darme cuenta que se había terminado la joda. No fue hasta esta última semana que caí en la cuenta de que empezaba una vida mejor, adulta, plena y responsable, un placer que supera al mero goce improductivo y torturante.
Asumir esto, tiempo y caricias, golpes y satisfacciones, me llevó un cierto tiempo y tal vez me calumnie a mí mismo retrasándolo tanto. Lo cierto es que hoy dejo ir definitivamente al pibe, melancólico y esquivo, aficionado a la mentirilla tonta y a las excusas tardías, para darle lugar al hombre que quiero ser.
Un tipo masculino sin clichés ni impostaciones de voz, capaz de sostener sus convicciones sin agredir y sin sentirse agredido, que se para frente a un curso y ya no se cree un genio o un idiota.
Orgulloso de ser Gustavo Rubén Bessolo, un hombre común (que no es sinónimo de mediocre) que ya no es "el chico Odol Pregunta" (Gustavito, el que sabe, como decía mi nona y yo, iluso, me lo creía) ni el irresponsable, tortuoso, vago y mal entretenido que aceptaba sin beneficio de inventario.



¿Me preguntás cómo me siento?
Bien, viejo, muy bien.
Hay cosas que faltan (¡y tantas!) pero ellas ya no me impiden crecer, vivir, sentir, amar y ser amado; doy gracias a la Historia (esa divinidad de los ateos) por la falta de esas cosas y de otras que todavía ignoro... de no ser así estaría muerto.

Y estoy vivo, escribiendo, sintiendo, respirando a pleno este aire renovado de la mitad (¿llegaré a tanto?) de mi vida.

Y doy gracias, porque no hice solo este camino, pero de eso escribiré otro día.