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jueves, enero 22, 2009

Un fragmento de mi libro: Mitos Cristianos






6. Un mito antiguo de la Creación.

  1. Al comienzo estaban Yahvé y Rahab, a quien algunos llaman Tehom. Ambos eternos, ambos rivales. Yahvé era un dios poderoso y joven, Rahab una deidad antigua y temible. Yahvé creía en el orden, en la razón y en el poder. Rahab representaba el caos, lo imprevisible, la fuerza ciega de los elementos. Yahvé era el desierto y sus tempestades, Rahab; el mar y sus torbellinos. Yahvé era varón, Rahab, mujer.[1]
  2. En los oscuros tiempos en que los dioses batallaban sobre la Tierra; Rahab se alzó, poderosa, y dio a luz al temible monstruo marino, Leviatán. Todos los dioses y diosas se asustaron ante él y huyeron. Yahvé no temió, sin más tomó su arco de caza, el arco iris, y lanzó sus flechas contra la bestia, venciéndola. Sin perder un momento aplastó con una maza la cabeza de Leviatán, la gran serpiente marina, que desde entonces se convirtió en su fiel servidora y su diversión para los momentos de ocio. También se dice que, por entonces, dominó al monstruo terrestre Behemot. Luego arremetió contra Rahab, a la cual despedazó. De sus despojos salieron la Tierra y los seres que la habitan.[2]
  3. Yahvé hizo surgir las montañas del cuerpo muerto de Rahab y asentó los pilares de la Tierra en las más elevadas de entre ellas, luego fijó los límites del mar y estableció las rocas contra las cuales se estrella. Extendió el manto de los cielos, desplegándolo sobre la superficie plana del mundo, colocó las luminarias en él, el Sol y la Luna, formó las constelaciones y fijó sus movimientos a lo largo del año. Por fin creó el calendario, ordenando que los días y las noches se rigieran por el curso solar. Este fue el primer día, del primer año del mundo y desde entonces se celebra, con gran estrépito, la victoria divina el primer día de cada año.
  4. Triunfador, Yahvé se alzó en medio de la Asamblea de los Dioses, y se proclamó a sí mismo el único y supremo Dios, rebajando a los demás a la categoría de simples servidores. Durante un tiempo, sin embargo, permitió que alguno de ellos compartiera su morada terrenal, en la montaña del Norte, y así mantuvo a su lado a la gran serpiente Nehustán, a Helal, el Lucero y, especialmente, a Asherá, la Reina del Cielo, diosa que eligió como su consorte.[3]
  5. Sin embargo estos dioses se mostraron ingratos con Yahvé y le traicionaron. Nehustán pretendió ser considerada la salvadora de los hombres y Helal quiso igualar su poder con el de Yahvé, Asherá, por su parte, le fue infiel con alguno de los otros dioses. Así, pues, fueron expulsados de la montaña del norte hacia las regiones inhóspitas del sur y Yahvé, en solitario esplendor, reinó sobre la Tierra y sobre la Humanidad.[4]

[1] Job 9,13. Deuteronomio 33,2.

[2] Salmos 40, 4. 89, 6-15. 74, 12-17. Génesis 9, 13. Job 26, 12. 40, 15-21 41, 1-34. Isaías 51, 9. Libro de Enoc, 60, 7-8.

[3] Salmos 82, 1-7. Jeremías 7, 16-20. Templo de Tell Arad. Inscripción de Khirbet el Qom. Inscripción de Kuntillet Ajrud. A. Cowley, Aramaic Papyri of the Fifth Century B.C., Oxford, Clarendon Press, 1923, 147 (n.º 44,3).

[4] Segundo Libro de los Reyes, 18, 4. Isaías 14, 12. Jeremías 44,17. Salmos 47,1-2


viernes, diciembre 19, 2008

Cthulhu fhtagn

Un joven, presumimos, estudioso encuentra entre los papeles de su difunto tío, arqueólogo, un inquietante manuscrito.

El texto se refiere a un culto extraño identificado con la palabra, de casi imposible pronunciación, Cthulhu.

El tío del protagonista, muerto en circunstancias poco claras, había comenzado a investigar el tema cuando un escultor le mostró una estatua modelada en base a sus sueños. La talla hizo recordar al profesor lo sucedido años atrás; durante una reunión de arqueólogos.

Un inspector de policía había recurrido a los sabios para descifrar el significado de una rara estatuilla, hecha de una piedra extraña, incautada después de una redada contra una secta siniestra. Uno de los eruditos relaciona el ritual y las invocaciones descriptas por el detective con un singular culto descubierto en una tribu esquimal. Cthulhu fhtagn son las palabras clave para identificar ambas ceremonias y forman parte de una invocación más extensa que, después de comparar notas, puede transliterarse así: Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn. Lo que equivale, según supo el policía, a: En su morada de R’lyeh, Cthulhu muerto espera soñando…

El escenario queda establecido.

A las investigaciones del fallecido erudito se suman, ahora, las del joven. Relata los hechos en primera persona, haciendo gala de un escepticismo positivista que, nos damos cuenta, es una fachada para ocultar la impresión que le provocan sus descubrimientos.


No les arruinaré el deleitable terror de La llamada de Cthulhu contándoles el desarrollo de la historia, deberían leerla, de preferencia en la madrugada, cuando todos duermen, y disfrutar de la prosa sugerente, pese a su torpeza manifiesta, de Howard Phillips Lovecraft.

cthulhu2

Si tienen apuro y son de los que miran la solución al pie de página la Red tiene numerosos sitios dedicados al tema, sólo googleen

Cthulhu fhtagn

y conocerán el horror innominado...

.

jueves, diciembre 18, 2008

Baphomet Segunda parte







Joseph Freiherr (barón) von Hammer - Purgstall, orientalista austríaco cuyo nombre nos trae resabios de Lovecraft, escribió, allá por los comienzos del siglo diecinueve, una obra con un inquietante título que también merecería estar en los estantes de la Universidad de Arkham: Mysterium Baphometis revelatum, es decir, El misterio del Bafomet, revelado. Se trata de un claro ejemplo de literatura partidista, el autor sólo quiere demostrar la malignidad de los masones, empeñados, entonces, en fomentar las revoluciones burguesas. Elabora, entonces, una verdadera novela pseudo histórica mezclando referencias falsas con esas falaces deducciones que tanto han proliferado en nuestros tiempos, las conocemos, son las que comienzan con una afirmación dudosa del tipo: “todos los estudiosos están de acuerdo en …” para culminar en un “por lo tanto es evidente…” Uno asiente, aturdido por las tres páginas de citas, pero, cuando pasa el mareo, se da cuenta de que toda esa palabrería no significa nada. Así lo hizo el barón von Hammer – Purgstall, tomó citas de los poemas medievales referidos al Grial, las conectó forzadamente con oscuras referencias a los gnósticos, obtenidas de los Santos Padres, y llegó a la conclusión de que los Templarios adoraban a un ídolo herético, el Baphomet, que representaba al pagano dios de los gnósticos, un ser opuesto al buen Dios cristiano, y que este culto, lejos de desaparecer había perdurado en las prácticas masónicas…

¡Cuidado!, los que promueven la libertad, la igualdad y la fraternidad no son sino los adoradores de un dios falso… nos dice el barón y encuentra interesados ecos en la prensa...

La idea tuvo éxito, aunque no en el sentido que pretendía nuestro orientalista. En 1854 aparece un tal Alphonse-Louis Constant, más conocido por su seudónimo Eliphas Levi y da nueva vida al Baphomet.

En su libro Dogma y Ritual de la Alta Magia, Eliphas nos proporciona la primera imagen del supuesto ídolo templario. El Bafomet, identificado con el Macho Cabrío del Sabbat, es un ser alado, especie de híbrido entre humano y carnero, con la barba en punta, una antorcha en su cabeza, cuernos y, para mayor perplejidad, pechos femeninos.

La imagen, tomada tanto de los naipes del Tarot como de algunas esculturas medievales, tuvo inusitado éxito y se convirtió en la representación aceptada del Bafomet.

Incluso en remeras!!!!

En el texto, Eliphas conecta a este ser demoníaco, poderoso y fascinante, con antiguos rituales egipcios, especulaciones cabalísticas y olvidados rituales medievales, algunos de ellos auténticamente modernos…

Es evidente que un tal ser merecía una etimología mucho más noble que una mera confusión de nombres y así vemos aparecer nuevas hipótesis sobre el Bafomet.

Ya Littré, en su Dictionnaire de la langue francaise, señala que el nombre es una deformación cabalística de la sigla: ab .p . h. o. tem., que, escrita al revés, es decir tem. o. h. p. ab. significa: templi omnium hominum pacis abbas o sea; “Abad del Templo de la Paz de Todos los Hombres. Sí, el mismo Littré escribió esto y, como buen erudito no olvidó citar su fuente; el Abbé Constant que no es otro que… ¿adivinan?, claro, el ubicuo Alphonse-Louis Constant, más conocido como Eliphas Levi…


Más recientemente, un autor sufí nacido en la India pero de origen afghano; Idries Shah, citado por Kevin Bold, propone otra derivación para el misterioso ídolo templario. Esta vez recurre al árabe pero, en lugar de la confusión, apela a la claridad: Bafomet es una trascripción de un nombre místico: Abufihamat; “El Padre del Conocimiento”. Los Templarios, devenidos de monjes combatientes en estudiosos de antiguas sabidurías, no habrían cometido la torpeza de atribuir a los musulmanes, que se oponen no sólo a las imágenes de culto, sino a casi toda representación visible, la adoración de un ídolo. Bafomet era una imagen de antiguos secretos y sabidurías milenarias que los monjes del Temple habrían conocido en misteriosos círculos de iniciados.

El doctor Hugh Schonfield, curioso personaje que comenzó como experto en lenguas semíticas y trabajó con los manuscritos del Mar Muerto para dedicarse, luego, a sostener improbables teorías de complots y códigos secretos, sostiene que es en la cábala hebrea donde se halla la clave del Bafomet. En su libro The Essene Odyssey nos invita a aplicar el método del Atbash, una clave criptológica que consiste en sustituir cada letra del alefato hebreo por la que le corresponde en orden inverso. Así Bafomet que en hebreo se deletrea Bet Pe Vau Mem Tau (B-P-O-M-T) se convierte en Shin Vau Pe Iod Alef (S-O-P-I-A) que es la transliteración de la palabra griega Sophía (Sofía) es decir; Sabiduría. Esta clave, que carece de documentos que la avalen, aparece citada en la controvertida novela El Código Da Vinci. Para Schonfeld, entonces, el Bafomet, lejos de ser un ídolo, era la expresión del culto de los Templarios a la Sabiduría Divina que se identifica, en la Biblia cristiana, con el mismo Jesús.

Alphonsus Joseph-Mary Augustus Montague Summers, un demonólogo británico que parece salido de un cuento de Arthur Machen, esbozó durante los años ’20 del siglo pasado, en The History of Witchcraft and Demonology una interpretación griega un tanto “bizarra”. Bafomet sería un compuesto entre Baphe, forma de Bapto, bautismo, y Metis, nombre de la antigua diosa griega de la sabiduría que, según el mito, fue devorada por el propio Zeus. La palabra significaría, entonces, Bautismo de Metis es decir, Bautismo de Sabiduría.

Hay para todos los gustos.

El Bafomet, ser caprino, ídolo pagano o gnóstico, metáfora de la sabiduría secreta o simple error de traducción se convirtió, siglos y andares, en el símbolo de lo esotérico, de la mística satánica, de la brujería que cree en sí misma y en el emblema de muchos conjuntos de rock metálico. Su nombre, eco de temores soterrados pero no olvidados, nos remite a bóvedas húmedas, a ciencias prohibidas y al intento permanente del ser humano por penetrar más allá del Velo.

lunes, diciembre 15, 2008

Acerca del Bafomet


Curioso, el universo de las palabras. Son mucho más que meras indicaciones de sentido, juegan con nosotros, se esconden y se revelan, nos estremecen o nos dejan indiferentes, son portadoras de múltiples sentidos, o de ninguno, pueden realizarse en un chiste, en un retruécano o en un ritual.

Hoy evocaremos juntos una de esas palabras cuyo sonido tiene el silbo de lo prohibido, de lo demoníaco, incluso.

Hoy hablaremos del Bafomet.

¿Quién sabe de donde viene este nombre? ¿Importa, acaso? Sólo a los filólogos y otros heresiarcas similares, pero, por si alguno ronda por aquí van algunas hipótesis.

He aquí la primera de ellas.

Una de las primeras menciones de la palabra es durante uno de los más célebres, e inicuos, juicios que se recuerdan: el proceso a los Caballeros Templarios. No que no se lo hubiesen ganado, tenían enemigos poderosos y no pensemos que esta hostilidad fuese sin motivos; usura, acaparamiento de tierras, negociados y el más imperdonable de todos, un proyecto claro de hegemonía sobre la Cristiandad. Esas cosas despiertan recelos, resentimientos y sobre todo, envidia: ¿por qué esa orden de monjes guerreros y no el Rey de Francia?

Así fue que Felipe el Hermoso (no doy fe) con la complicidad del Papa incoó un proceso contra ellos. ¿De qué no se los acusó entonces?, de todo, en efecto, menos de aquello que era la razón del juicio, es decir su riqueza y su poder.

Allí aparece el vocablo que nos ocupa: Baphomet. Se trata, nos dicen las actas, de una suerte de ídolo que los Templarios adoraban. Su descripción varía de una a otra “confesión” (las comillas valen si se piensa como se obtenían) y algunos caballeros, más valientes o resueltos, niegan saber de qué se trata.

Los que se atreven a trazar sus rasgos nos dicen que tiene una o varias cabezas, que parece un gato, que es una suerte de demonio, que estaba oscuro y el testigo no vio bien…

Es curioso, no obstante, que en otros procesos amañados por el Rey Felipe, donde se repiten las mismas acusaciones propagandísticas (sodomía, opiniones heréticas, irrisión de los símbolos sagrados) falte la curiosa mención del Bafomet. El papa Bonifacio VIII, por ejemplo, fue procesado por cargos similares, pero nunca se dijo que venerase al ídolo de marras, sólo los Templarios fueron acusados de ello.


La palabra tiene un par de breves apariciones anteriores. Unos cincuenta años antes del proceso a los Templarios, en un poema en lengua de Oc (provenzal) se menciona a Baphomet en el contexto de las Cruzadas, parece evidente que se refiere a Mahomet, forma frecuente de Mohammed, es decir, Mahoma, el profeta del Islam. El poema dice así en una traducción de la que no doy fe: “Y todos los días nos derrotaban: pues Dios, quien solía velar en nuestro favor, estaba ahora dormido y Baphometz acrecentaba su poder en apoyo del Sultán”. Aquí vale recordar que para los medievales, excepto los más instruidos, Mahoma no era sino el nombre de la divinidad de los musulmanes y éstos adoraban su imagen… ¡cosas de la propaganda!

Así que Bafomet, si nos gustan las explicaciones “claras y distintas”, amén de simples y algo prosaicas, no es sino la corrupción del nombre del Profeta. Siendo la misión original de los Templarios el combate con los musulmanes, y estando en frecuentes tratos con ellos; ¿no era lógico pensar que se hubiesen contaminado con sus prácticas idolátricas? El departamento de “prensa y difusión” de Felipe haría el resto…

No a todos, claro, satisface esta explicación. Más aún cuando el Bafomet, apenas insinuado en la Edad Media, se convierte en una figura importante en el satanismo de los siglos posteriores.

Pero de ello hablaremos en otra ocasión…

sábado, septiembre 06, 2008

Verídica historia de la ciudad de Rib. Segunda parte


...Sí, así era la vida en aquellos días lejanos, en la época del mundo que llaman el Cuarto Sol.
Entonces llegaron ellos.
Vinieron en balsas extrañas, henchidas de velas y crujientes al navegar, tan grandes como una casa, tan feas e inesperadas como una tormenta de la víspera del verano.
Los hombres menearon la cabeza al ver los navíos.
Las mujeres espiaron desde las ventanas aquellas amenazadoras barcas que, decían, ensuciaban el agua a su paso.
Los chicos y las chicas estaban, por el contrario, encantados con aquella esperanza de nuevas gentes y desconocidas aventuras.
Los barcos pasaban, uno a uno, río arriba hacia los salvajes países del norte. A veces se los veía volver, a veces llegaba la noticia de un naufragio, o algo peor, en los traicioneros recodos de aquella madre, ajena para los extranjeros.
Y pasaron los años. Los barcos pasaban, pero nunca se detenían, de vez en cuando los viajeros de paso contaban, ante el asombro de los habituales concurrentes de la Ración Generosa, de La Glorieta o de El Viejo Pescador (las tres posadas de Rib), acerca de aquellos exiliados, gentes con el mar en sus ojos, los cabellos como trigo o como noche, brazos fuertes y hablar incomprensible. De cómo habían levantado sus casa en los vírgenes claros del norte, o en las orillas de los indomables ríos occidentales y hasta se habían atrevido a subir hacia las tierras de arriba en busca de los Señores de la Piedra.
Pero muy pocos en Rib quienes los habían visto alguna vez. Y nadie creía en sus historias.
Un día, no obstante, ellos y ellas llegaron, era inevitable, por supuesto, pero las buenas gentes de Rib tenían las cosas muy en claro; vivían bien, vivían felices, contentos de como estaban las cosas y lo mejor que podía pasar era que siguieran como estaban.
El barco echó la pesada piedra que le servía de ancla a unas cuantas cuerdas de la orilla, Rib alguna vez tendría un puerto, pensaban todos, pero no por ahora,
Era la hora de la siesta.
Aquel día cambiaron las cosas.
Dicen que fue Don Doribio Guijarro quien los recibió, de ser así es seguro que al viejo arriero eso no debió gustarle nada pero, generoso como era, les habrá convidado con mates y, si era la época de lluvias, con esas sabrosas tortas fritas de su mujer; Doña Grisia. Sólo por eso, aseguran algunos, los extranjeros se quedaron en Rib.
Eran Exiliados del otro lado del mar; hombres en su mayoría, pero también venían silfos con ellos, y, dicen, unas personas parecidas a los karuyarí del norte, pero más rubias y sonrosadas. Usaban nombres sonoros y tenían sueños de grandes y nobles hazañas, pero el recodo del río los atrajo, el Agua Madre los llamaba con nombres que ellos y ellas jamás habían oído, pero que les llenaban el alma de nostalgia.
Levantaron sus casas en torno a la desdibujada plaza central; Plaza de Mayo, quisieron llamarla, en recuerdo de las fiestas primaverales de sus tierras septentrionales, pero pronto los ribarinos les aseguraron que para ellos los tiempos eran diferentes, y la llamaron la Plaza de Noviembre, y con este cambio de nombres los Exiliados renunciaron a su exilio y se volvieron, también ellos, sureros, gentes de esta parte del mundo.
Así, pues, en Rib habitaron las gentes de la tierra y las gentes venidas de fuera que se llaman qillca. Todo había cambiado, pero todo era igual, aunque ahora hubiese un palacio de piedra frente a la Plaza, se hablase una lengua mezclada entre la de los nativos y los exiliados y se viesen algunos cabellos rubios entre los ribarinos.
La ciudad prosperó con su nuevo puerto.

Hubo artesanos que se establecieron en ella para construir delicadas obras de maestría sólo comparable a la de los Antiguos.

Hubo comerciantes que traficaban con los lejanos Señores de la Piedra, con los Poderosos de Ultramar y hasta con los reyes boreales de más allá del cinturón del mundo.

Hubo guerreros que defendieron las tierras de los labradores.

Hubo grandes oradores que exigían mayores privilegios para la ciudad.

Hubo, en fin, una historia rica en sucesos, guerras y maravillosas creaciones de belleza trascendente.
No hubo, pese a todo, nunca un rey en Rib y los rectores, como ahora llamaban a los líderes locales, eran elegidos por sus iguales, los ciudadanos libres de Rib.
Así fue por largos años.
Entonces llegaron los días del imperio.


Una ciudad, ni tan lejana, ni tan cercana, extendió su hegemonía por toda la Tierra del Sur, se hizo llamar reina y proclamó la libertad para todos los habitantes del Sur... siempre que obedecieran sus dictados.
Aquella ciudad se llamaba Argyria y había sido construida por los Qillca que aún mantenían aquellos sueños de dominio traídos del otro lado del mar y de más allá del cinturón del mundo.

Era muy parecida a Rib, pero a la vez muy diferente, pero entre los ribarinos muchos la envidiaban y aspiraban a ser parte, siquiera, de su gloria. Entonces Rib se sujetó a su dominio y los ciudadanos libres se ufanaban de ser considerados argyrianos.


Con el tiempo Argyria llegó a sojuzgar a todas las tierras circundantes y aún más allá, hasta los países de los Señores de la Piedra. Antiguos, silfos, djinns y otras muchas gentes entre los pueblos que saben hablar, obedecían, o al menos no discutían, sus mandatos.
Argyria trajo paz a las tierras del sur, pero era una paz pesada y oscura, parecía la paz de los días de verano, nublados y opresivos, hasta que estalla el relámpago.


Rib creció entonces, sus calles fueron empedradas y se construyeron palacios a la vera del Agua Madre.

Hubo una plaza y hubo un gobernador, pero los ribarinos no habían cambiado; la plaza fue ocupada por los vecinos para intercambiar artesanías y noticias y el gobernador fue reemplazado por un concejo de padres.

Los argyrianos no intervinieron, porque Rib pagaba sus tributos, excepto en una ocasión, cuando los siervos (entonces había muchos siervos en el Imperio) se rebelaron y durante un año fueron los amos de Rib.

En aquella ocasión se combatió en las calles y los vecinos de Rib se dividieron, y muchos murieron en las mismas barricadas que los siervos cuando los legionarios qillca penetraron en la ciudad.
El sueño de libertad de los esclavos fue aplastado, pero no murió, y muchos ribarinos hablaban con orgullo de aquella ocasión cuando se enfrentaron, solos, al Imperio: la llamaban El Levantamiento.

Sin embargo nada dura para siempre y puede suceder, en ocasiones, que una heroica muerte honre una vida sin dignidad.

Continuará

jueves, julio 31, 2008

Inspiración

Viene cuando menos la espero.

Insidiosa, no deja de molestarme en el momento menos indicado.

Suena en mi celular a deshoras y se descuelga con un importuno e mail mientras intento preparar la clase de mañana.

Entra detrás de mí en el lecho, me asalta en el sueño a duras penas conciliado, sube conmigo al colectivo, me llama, sin recato, en medio de una importante entrevista laboral.

No está, claro, cuando la busco.

No se presenta en esas horas que he reservado para ambos. La pantalla y el teclado se desperezan de puro aburrimiento, los libros me tientan con sedentarias excursiones, el sol se desliza, pesado, en el cielo de la tarde y ella sigue sin acudir a la cita.

En vano la llamo, la busco, la estimulo con extractos de dudoso origen, la invoco si es preciso acudiendo a viejas y olvidadas supersticiones. No responde ni a mensajes, ni a ensalmos, ni a canciones de amor, poemas ni aun a, último recurso, acariciadores sueños.

Es mujer y desdeña a todo amante que no sea incondicional.

Es mujer y dicta una ley más antigua que el Olimpo o el Horeb.

Es mujer y me desprecia cuando no la venero por encima de todo.

Le han dado diferentes nombres, pero, como Homero, prefiero llamarla Θεια...



lunes, febrero 25, 2008

Cinco Soles



Cinco soles

Han pasado

Sobre las tierras del sur.

De los más viejos

De los Soles de Ñaupapacha

Ya no puedo

Ni saber donde cayeron

Los Soles más recientes

Fueron de guerras

Y conquistas

Aún aguardo un nuevo Sol

Una nueva cuenta para el tiempo

La rueda girará otra vez

Pachakuti

Y lo de abajo volverá arriba

Inkarrí espera

Piedra y viento

Que se abran las puertas

De aquel tampu

Y amanezca el día

De las gentes

Del Sur

lunes, diciembre 24, 2007

Cuentan que los dioses dieron un regalo a los hombres.

Era una caja, hermosamente labrada, y bien cerrada en sus cuatro aristas.

Como un don la entregaron a Epimeteo, primero de los mortales, y le recomendaron la guardase con esmero.

Sin embargo, como los presentes divinos suelen ser engañosos, también le concedieron la compañía de una mujer hermosa, tan llena de gracias que la llamaron Pandora.



Pandora fue la dulce compañera de Epimeteo por varios años y su vida hubiese seguido así, plácida y monótona, de no haber existido la intrigante caja. Día tras día la cerrada arqueta los provocaba con su hermético misterio. Allí, frente a ellos, en un sitio de honor, la caja se burlaba de su curiosidad con su trabada tapa… tan cercana, tan fácil de abrir, tan sugestiva en su vedado interior.

¿Quién fue?

¿Quién de ambos se atrevió a mirar la oquedad apenas presentida?

Él acusó a Pandora y el mito así ha pervivido. Ella, seguramente, no quiso echar culpas y menos sobre aquel niño grande que había amado, calló y no sabremos nunca su versión.

Tengo, no obstante, para mí que fueron ambos y de consuno quienes osaron levantar la trabajada cobertera y atisbar el oscuro lugar que los dioses, taimados, les prohibieran.

Lo cierto es que fue abierta la caja y de improviso una luz cegadora los envolvió a entrambos y sintieron placer por ese brillo y, cual polillas o efímeras mariposas, se dejaron arrebatar por la luz resplandeciente de misterioso gozo.

Poco duró el placer, pues la luz cesó de brillar tan súbitamente como había brotado, y una nube negra llenó el aire.

Airados contra sí mismos por su torpeza o su vanidad los esposos atinaron sólo a proferir insultos contra la persona que más amaban.

Epimeteo se volvió contra Pandora acusándola de ser la responsable de todos los males que de la caja habían salido. Sus ojos, antes dulces, se volvieron tan perversos como una noche de tormenta y su boca acostumbrada a los suaves adjetivos; se llenó de irascibles verbos de inmundicia.

Pandora odió a Epimeteo por haber puesto ante sus ojos la tentadora arqueta, por obligarla a mirarla día tras día, por no haber su mano detenido, por estar a su lado y hasta por amarla de esa manera tan arrebatada y sin medida.

Todos los males salieron de la caja. La envidia que no sabe cuando detenerse y la gula que le sigue, insaciable, los talones. La lujuria que goza en lo prohibido. La soberbia de creerse incontestable. La ira que corroe nuestros huesos y, malévola, se vuelve contra quien la esgrime. La intolerancia y su asesino hermano, el fanatismo. La piedad que ora mientras mata al otro. Los oropeles, las reverencias, los monarcas y sus pompas, el temor a los dioses, el servilismo.

Incontables, llenaron el aire con la pesadez del viento norte.

Ella fue la primera en reaccionar, cerró la caja. Él apenas la miró, quedó en silencio.

Una voz suave, susurrante, gimió en el interior del arca. Quedamente se quejó y mintió promesas;

- Seré el remedio a los males que escaparon, seré la compañía que hará más soportable su presencia, seré consuelo y aliciente, seré motivo de empezar de nuevo, seré nostalgia dolorosa y dulce, seré miel en los labios amargados y vino para el corazón deshecho.

Fue él, de eso sí estoy seguro, quien abrió por segunda vez la caja. En su interior aleteaba un pajarillo, verde como esmeralda, como el cielo que precede a Eos, como el follaje de los bosques jóvenes.

Con ternura tendió el mortal su mano y le brindó cobijo en su pecho cansado de lágrimas y culpa. El ave, cristalina joya, abrió con su pico el corazón del hombre y bebió su sangre al tiempo que le inoculaba su veneno.

Alzó el vuelo entonces, libre para errar por el anchuroso cielo, compañera eterna de los mortales, brillante gema de las noches más oscuras.

Vacía quedó entonces la arqueta primorosamente trabajada, caída la inútil tapa y derramado su lóbrego interior. Amanecía.

Ella fue quien preguntó primero, adivinando que tal avecilla era más terrible que los monstruos desatados;

- Dime tu nombre, ya que serás de nuestra raza perenne compañera.

- Esperanza- respondió la verde maravilla y se quedó volando, por siempre, en torno de ellos.

domingo, diciembre 23, 2007

El mito de la Caída




El mito de la caída está presente en la mayoría de las culturas antiguas; esto hace pensar que se trata de un "recuerdo" que se remontaría a una supuesta tradición primitiva o revelación original; al menos es así como lo interpretan los creacionistas.

Mucho menos oneroso para nuestra inteligencia es, en cambio, suponer una suerte de "convergencia" donde ante la pregunta:

¿por qué no somos perfectos si nos sentimos capaces de serlo? ,


se ensaya la respuesta:

fuimos perfectos en una época, pero perdimos esa condición por la envidia de poderes superiores a nosotros...

Bella conclusión, y también
engañosa, que permite depositar toda nuestra frustración en el exterior, eludiendo las responsabilidades morales ::::

Y entonces


- La mujer que me diste por compañera...
- La serpiente me engañó...
- Adán pecó...
(sin olvidar a Pandora)




El Mito de la Caída, especialmente en la versión que trae el Génesis, admite muchas y diversas lecturas. Compuesto en las postrimerías del Reino de Judá alude irónicamente a la situación de los antiguos monarcas davídicos y su decadencia debida, dice el autor, a haberse dejado engañar por las mujeres y especialmente por la Serpiente, que es su imagen mítica.

La serpiente, pues, no es sino lo que fue durante toda la Antigüedad; la dispensadora de dones y reveladora de secretos, enviada preferencial de la Diosa y su Ley del Deseo adversaria, como tal, del Dios y su Ley del Deber inflexible.



La serpiente es portadora de conocimiento; saber que implica dolor, conciencia de finitud, sentimiento de anonadamiento pero también superación del ciego devenir y aceptación gozosa de la libertad.

Éramos inconscientes antes de la Caída, fue ese acto de voluntad suprema el que nos dotó de humanidad; expulsados del Paraíso pudimos ser capaces de hacer (y de escribir) la Historia, librados a nuestra suerte abandonamos la vida natural propia de los animales, el eterno presente, el gozo indiferenciado, ese estado que no es ni doloroso, ni placentero porque no existen los opuestos... y entramos en el mundo de la ambivalencia, de la diléctica, de la pena, pero también del placer.


Los teólogos antiguos lo intuían de allí su sentencia de "Necesario fue el pecado de Adán"
Pues, como dice Cioran, refiriéndose a la Caída...

Precipitados en el tiempo a causa del saber, fuimos inmediatamente dotados de un destino, pues sólo fuera del paraiso hay destino.

lunes, octubre 01, 2007

Brevísima historia del pueblo judío.


David, rey de Judá, de Israel, Ungido (Mesías) de YHWH, una figura, un mito, un símbolo que permanece...
Somos hebreos

De alguna manera todos nosotros, ciudadanos de esta convención cultural llamada Occidente, somos hebreos e hijos de Abraham.

Los mitos de ese pueblo del Antiguo Oriente son tan tenaces en nuestra conciencia como los helénicos. Pensemos en temas como la culpa, la expiación, el mesianismo o la concepción teleológica de la Historia; todos ellos le deben su formulación, su fraseología y su tremenda vigencia a la colección de mitos contenida en la Biblia.

Es similar lo que sucede con la política; la existencia del Estado de Israel en el territorio de Palestina se debe, claro está, a consideraciones de tipo económicas y geopolíticas, pero no hubiese sido posible de no aparecer mediatizadas, y veladas, por el enorme poder convocante de la mitología judeo cristiana.


El moderno Estado de Israel apela con gusto a sus mitos fundacionales. Aquí el Escudo que evoca la Menorah, el candelabro de Siete Brazos presente en el Templo de Jerusalén.

Veamos, pues, un somero resumen histórico acerca de este pueblo, pueblos diríamos mejor, "escogido entre todos los pueblos de la tierra".

Antes de que hubiera judíos.

La historia de los judíos se hunde en la de una etnia anterior, de la cual son herederos, la hebrea.

Texto cuneiforme hallado en El Amarna, Egipto, donde se menciona a los 'apiru, una clase social compuesta por campesinos despojados de sus tierras; algunos de ellos darían origen a Israel

Nos parece cierto que estos hebreos no son otros que los apiru de los textos cuneiformes, algunos de cuyos grupos protagonizaron una rebelión exitosa contra los príncipes cananeos vasallos del Imperio Egipcio, suceso cuyo recuerdo épico, y recubierto de imaginería religiosa, perdura tanto en el Éxodo como en la historias de Josué y de los Jueces.



El Antiguo Cercano Oriente

Los campesinos sin tierra (apiru) triunfantes se confederaron en una unión de carácter religioso; Israel la cual bien pronto buscó la alianza de tribus sureñas ligadas a Edom y sometidas al dominio de las ciudades estado filisteas, estas tribus, con escasa participación en el proceso de conquista del país, tomaron el nombre de Judá y llegaron a imponer su dominio sobre Israel bajo el mando de un genial caudillo; David quien manipuló a su favor los antiguos símbolos de la rebelión campesina.

Los reinos de Israel y de Judá

Es importante notar, entonces, que Israel y Judá son dos entidades sociales, culturales y políticas separadas que sólo durante un breve período se presentan unidas en una doble monarquía pero cuyos orígenes e historia posterior son bien diferentes; afirmar, siguiendo la Biblia, que Judá era parte de Israel y que los judíos descienden de los antiguos israelitas es afirmar una media verdad...sería como decir que los macedonios eran griegos o que los americanos procedemos exclusivamente de los españoles.

Bajo el reinado de Salomón, hijo de David, la opresión del estado de Judá sobre las tribus norteñas se hizo intolerable y éstas volvieron a alzar el estandarte de la rebelión campesina expresado en el grito de guerra:

¡Israel, a tus tiendas!


Reconstrucción idealizada de un monarca de Judá (José Luis Salinas)
De este modo se volvió a la situación previa al reinado de David, con un estado de Israel, poderoso, rico y ligado al comercio con los fenicios en el norte, y un estado de Judá, menos imponente pero aún prestigioso, en el sur.

El período davídico, no obstante, había dejado numerosos recuerdos en la poesía popular y en el culto; si bien Yahvé no era aún, en ninguno de los dos estados, el único dios adorado, había crecido hasta convertirse en la más poderosa de las deidades y, más importante todavía, el referente obligado de las épocas más gloriosas de ambos pueblos.

Dejaremos de lado la evolución ulterior de ambos reinos. Basta saber que Israel se vio envuelto en las rivalidades políticas entre los estados arameos y neohititas para terminar siendo derrotado por la invencible máquina militar de los asirios; su clase dirigente fue exiliada y terminó perdiéndose entre los demás pueblos de Oriente, mientras que los campesinos permanecieron en el país dando origen a los samaritanos, de los cuales hoy mantienen esa identidad sólo algunos centenares de personas en la zona de Nablús.

Actual sacerdote samaritano

El reino de Judá, por su parte, capeó la tempestad asiria lo que le permitió una cierta presencia política en las tierras del antiguo Israel, pero al fin sucumbió ante el empuje de los babilonios, herederos de los asirios, y también vivió la deportación de sus dirigentes.

Jehú, rey de Israel sometido a Salamanasar III, rey de Asiria.

A diferencia de la clase dominante israelita, la judaíta (es impropio hablar aún de judíos) había desarrollado una peculiar mitología en torno al culto de Yahvé donde se mezclaban influencias cananeas, hititas y hasta egipcias y, más importante, había generado el fenómeno de los profetas.

Profetas, es decir voceros del dios, hubo en todo el Oriente, pero los profetas de Israel y de Judá descollaron por su conciente toma de posición política crítica frente a la monarquía... de hecho sólo hubo profetas mientras hubo reyes, lo cual les permitió presentarse, después de la catástrofe, como visionarios que conocían la verdadera voluntad de Yahvé respecto de su pueblo.

El profeta Isaías, como lo imaginó Miguel Ángel

En Babilonia

los desterrados crearon, a partir de los mitos nacionales, una formidable construcción teológica conocida como "deuteronomista" que establecía una premisa clara y sencilla: los hebreos, israelitas y judaítas por igual, eran un pueblo escogido por el dios Yahvé.

Yahvé en una tetradracma del siglo IV a.C.

Este dios, sin dudas el más poderoso del universo (¿único?, sin duda comenzaba a pensarse así) era celoso y justo, en los días antiguos había hecho un pacto con los ancestros que implicaba la bendición si seguían sus normas (que incluían una elevada ética y el culto exclusivo) y la maldición si las quebrantaban. Con estos elementos explicaban la historia del pueblo y construian una utopía, quizás la primera de la que existe noticia, orientada hacia el futuro.

Cuando Babilonia pasa al control de Persia, muchos de los desterrados, gente de clase alta, regresan a la tierra de sus antepasados que, por cierto, no estaba vacía... Una vez allí, y con el apoyo de los soberanos aqueménidas, imponen su particular visión religiosa a los campesinos y artesanos que habían quedado en la región (a los que llaman, despectivamente am ha arets; el pueblo de la tierra) aunque fracasan parcialmente en relación a los samaritanos.

Judá, después del intento de rebelión frustada de Zorobabel, que dará origen al mito del Mesías hijo de David, se convierte en un Estado Sacerdotal cuya vida cultural, política y económica gira en torno del Templo de Jerusalén. El culto de Yahvé es adoptado como exclusivo y sólo desde este momento podemos hablar de monoteísmo.

Reconstrucción, bastante fiel, del Primer Templo, construido por orden de Salomón en Jerusalén.

Moneda de Judá durante la dominación persa, nótese el ave, influjo quizás de la lechuza de las dracmas áticas.

Estos siglos, bajo la dominación persa, son los que darán origen a un grupo étnico y religioso que, andando el tiempo, será conocido como judío.

Continuará