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sábado, abril 13, 2013

Ella y su bolso


Soliloquio de un varón perplejo.



Hay momentos en los que uno se pone reflexivo.
Momentos para abstraerse de lo fenoménico y enfocarse en lo importante (como dice mi psicóloga cuando le digo que no me parece que aumente la sesión).
Momentos de contemplación.
Una buena música y algo para beber son siempre buenas compañías para estas excursiones mentales.

Esta noche quisiera que fuera uno de esos momentos.
Esta noche quisiera llevar su atención, amable oyente, hacia uno de los grandes misterios del mundo moderno.
Misterio que contemplamos a diario, sin percibir la profundidad, complejidad y multiplicidad que contiene. Y nunca mejor dicho contiene porque vamos a referirnos a ese enigma, ese oscuro objeto de deseo para todas las mujeres: el bolso.
El bolso, cartera en su variedad elegante, maleta si de un viaje se trata es un misterio netamente femenino sobre el que, sorprendentemente, Arjona aún no ha expresado su opinión… ¿qué tiene que ver Arjona con esto?, preguntarán ustedes… y yo pregunto a mi vez… ¿Y qué tiene que ver Arjona con la música?
Pero estoy divagando. Volvamos al bolso, que es como decir volvamos a ese insondable abismo donde mis amables amigas pueden guardar las cosas más inverosímiles… objeto fantástico porque, como el Aleph borgeano, es capaz de contener todas las cosas.


Sábado a la noche.
La acompañamos a su departamento. Cine, la peli romántica que a ella le gusta, cena, la pizza que permite el presupuesto, caminata hasta la casa de ella.
Ya estamos frente a la puerta. Cerrada, claro.
-         Esperá, dice ella, acá tengo las llaves.

Entonces comienza la búsqueda, el operativo, el rastrillaje de las escurridizas llaves.

Ella se apoya en la puerta, si hay un parapeto mejor, y comienza la maniobra.
Que consta de varios pasos.
No es cualquier cosa, claro.
Primero procede a tomar el bolso con ambas manos y balancearlo con entusiasmo; ni más ni menos que empujando al sobrinito en la hamaca o agitando una coctelera. Este movimiento, allegro molto vivace, provocará un característico rumor metálico que indicará, sin ninguna duda nos dice ella, la presencia de las llaves dentro del bolso.
-         ¿Dónde?
-         Ahí mismo- responderá como si indicara algo evidente.
-         ¿En qué parte?- insistirá uno, que ya empieza a mirar a ambos lados al calle vacía y le gustaría estar en el ascensor para continuar la historia de esa noche…
-         Adentro del bolso, esperá que enseguida las saco- su sonrisa es tan linda que uno deja que ella continúe la operación.

Hasta el momento no he conocido mujer que no haga sonar su bolso primero para verificar la presencia de las llaves; es casi una ley natural, física o quizás una constante universal, como la gravedad, vaya uno a saber.
Terminada esta primera fase del operativo, podríamos llamarla sonora o polifónica porque no sólo suenan las presuntas llaves, comienza la parte dos.

Es la etapa táctica.
No por que se proceda con arreglo a cualquier tipo de estrategia… sino porque se basa exclusivamente en el tacto, con independencia del uso de cualquier otro sentido.

Aquí el parapeto es particularmente útil. Si tal muro no estuviera, nuestra bonita acompañante optará por sentarse en el piso, provocando en su acompañante la necesidad de sentarse a su lado… cosa no tan difícil como lo será levantarse luego ¡qué uno ya no tiene veinte años!
 El rostro de nuestra amiga, y el nuestro por reacción, se convierte en un reflejo de las alternativas de la búsqueda; desolación o expectativa… ¿Dónde están las llaves de…?

La fase táctica tiene una duración variable, pero nunca, jamás, resulta efectiva. Digamos que es perfectamente inútil, pero ninguna dama que se precie de tal dejará de llevarla a cabo. Es algo que se trasmite de generación en generación; consagrado por el uso, por así decir.

Llegamos, de este modo, a la tercera etapa, a la esperada fase tres, a la resolución del enigma planteado ante la puerta cerrada… a las dos de la mañana de un sábado… calle desolada, ruido de pasos….

Esta tercera parte corresponde al análisis, a la separación, a la disgregación de una entidad en sus factores componentes. Es como si se desarmara el motor del auto, se desmontaran los componentes de un equipo informático, o se procediera a una autopsia.

Ella comienza a extraer del bolso todos los objetos que guarda con el inteligente propósito de, por descarte, extraer las ansiadas llaves.

Uno se relaja, sí el varón es medio estúpido y no aprende de la experiencia, y se dice:
-         Bueno, enseguida van a aparecer. Al fin y al cabo, ¿qué tantas cosas pueden caber en un simple bolso?
Cartesianos por temperamento calculamos que el volumen del objeto, limitado, limita, por definición, la cantidad de objetos que contiene. Craso error que repetimos con la insistencia propia de nuestro género. Si uno hace las mismas cosas, dijo alguien que no sé si fue Einstein o Marcelo Tinelli, tiene que lograr los mismos resultados…


La poseedora del bolso comienza, entonces, el metódico proceso de vaciado del mismo. Los más diversos cuerpos materiales se apilan en mayor o menor orden, en el parapeto antes mencionado o se agrupan en torno de las lindas piernas de nuestra amiga…

Una enumeración exhaustiva de los mismos sería imposible. Hay algunos, sin embargo, que nunca, por ningún motivo, pueden faltar en ese misterioso receptáculo de lo inverosímil llamado bolso femenino:

Un cepillo para el cabello, con folículos pilosos de diversos tonos y colores  agrupados en alegre desorden entre sus cerdas… ¿Pero vos no eras rubia? dice el tipo, ignorante como todo macho de que las tinturas existen desde la más remota antigüedad.

Peine, para el ídem… y no, mejor no preguntar si el peine y el cepillo no vienen a ser casi la misma cosa, con idéntico fin. A menos que uno quiera una clase, teórico práctica, sobre el arte del peinado y sus importantes consecuencias estéticas… que lo hará sentirse un bárbaro procedente de los confines de la civilización, además.

Rimel: peculiar sustancia, de composición desconocida, que suelen usar para marcar con una delgada línea negra … bueno, no sé que se marca con exactitud, pero supongo que las pestañas o alguna zona aledaña. Esto se hace  con el fin de que se corra cuando lloran y uno se sienta más culpable de lo que sea que haya hecho mal…
Una dama que no tenga rimel en su bolso es siempre alguien de cuidado. Peligrosa. Puede ser una psicópata que en lugar de culpa quiera acomodarte un par de tiros cuando descubra en tu agenda el número de tu ex… Si no tiene rimel, muchacho argentino, aléjate de ella…

Polvera. En el 99,9 % de los casos con espejo integrado. Llegada aquí la búsqueda, nuestra gentil compañera la interrumpirá decididamente para abrir la mentada polvera y mirarse en el espejito… que está más sucio que el retrovisor de Raikonnen después del Dakar…
La polvera femenina es la envidia de un Van Gogh, un Gaugin o hasta un Miguel Ángel… tanta variedad de colores, tonos, matices en un espacio tan reducido. Para uno, que no es siquiera pintor de brocha gorda, la misma descripción del objeto plantea un problema: el del vocabulario. Varones y niñas aprendimos en la Primaria que hay siete colores del Arco Iris… sólo siete,  de los cuales el índigo sigo sin saber muy bien cuál es… Las chicas, en el curso de su vida, aprenden cientos, ¡qué digo, miles!, de colores. Colores con los nombres más inverosímiles: chocolate, petróleo, habano, fucsia (chocolate y habano me los imagino, aunque me parecen idénticos, pero ¿fucsia? ¿qué diantres es una fucsia?...)
Como sea.
La polvera es otro adminículo indispensable en todo bolso que se precie. Viene con una elegante brocha que, análisis forense mediante, testimonia las combinaciones de colores que su poseedora ha experimentado… como diría el orador, las palabras me faltan para describirlas.
Después de la polvera, inesperada como liebre de la galera o aumento de tasas y servicios, sale la agenda.
¡La agenda! Un estudio extenso de la misma llevaría más tiempo del que disponemos pero cabe destacar que siempre, sin excepción, esta agenda tiene dos características ineludibles, a saber:
Primero; está como indigestada de papeles, papelitos, documentos, manuscritos y hasta papiros supongo guardados por su poseedora desde tiempos inmemoriales, por si acaso.
El número de celular de la amiga de un compañero de trabajo que conoce a alguien que puede conseguir un turno en… convive con comprobantes de extracciones del cajero que datan de los tiempos del corralito, se codea con el ticket de la perfumería, la receta de esas pastillas para adelgazar que nunca se compró y esa servilleta que él le regaló en una noche romántica y escasa de soporte para escritura. Aclaremos que él no es uno, por supuesto, sino un él de hace mucho del cual ella dice que se olvidó…
Tantos papeles asoman entre las hojas de la agenda que ya parece un bibliorato… peor; un expediente de oficina pública, si bien en realidad no es sino un valioso repositorio documental, un archivo, que sintetiza los últimos quince años de vida de nuestra amiga.
La segunda característica de la agenda que vemos salir del bolso es que responde, puntualmente, a la personalidad de la joven en cuestión.
Prolijamente encuadernada en cuero negro, con sobrios apliques metálicos, definen a una mujer segura de sí misma, eficiente, secretaria competente y organizada.
 Colorida, con diseños geométricos o no figurativos indica una personalidad amante de las artes, imaginativa y un poco bohemia, pero sin salirse de los límites de lo establecido. Si los colores son estridentes, si notamos mandalas, símbolos indígenas, jeroglíficos mayas o runas estamos ante un ejemplar moderno de mujer hippie en busca de encontrar un compañero que le permita trascender más allá de los sentidos.
Una agenda con el diseño de Kitty, a su vez, es síntoma de una encantadora joven que se conecta con su niña interior, abierta a la fantasía, al juego… ¡e increíblemente caprichosa!
Y podríamos seguir; Maitena para las cuarentonas separadas que la juegan de feministas a la espera del inexistente príncipe azul, Coelho para las que se sienten profundas pero no tanto, Galeano o Mafalda indican diferentes niveles de compromiso social (el primero para docentes de Amsafé Rosario, el segundo para docentes que no se meten en política… pero se sienten “comprometidas”)
En cualquier caso; si ver la encuadernación de la agenda es una experiencia instructiva, mucho más lo sería el examen de su contenido. Tarea imposible pero que nos depararía inenarrables sorpresas… y evitaría esos malentendidos que terminan en el Registro Civil un año después… y en Tribunales pasados los cinco…
Dejemos de lado, con todo, este pedagógico recorrido por la agenda de nuestra compañera… y olvidemos los números telefónicos sin el 4 adelante, las direcciones de mail con dominio UOL y las diferentes claves del cajero, el correo y la sesión en la oficina… todas evocadoras de algún cumpleaños importante.
Dejémoslas porque ahora el bolso proyecta hacia el exterior unos cuantos bolígrafos, algunos de colores inverosímiles, dos resaltadores, el liquid paper, un par de sacapuntas, un capuchón que no corresponde a ninguno de los bolígrafos antes mencionados, clips, ganchitos mariposa, quizás alguna chinche, un rollo de cinta scotch, varias banditas de goma, grampas de la abrochadora, tres hebillas para el pelo y un lápiz que, contra lo que pudiera pensarse, no sirve para escribir sino para atarse el cabello… y otro que se llama delineador ¡vaya a saber por qué!
Un amigo mío jura que vio una llave de cruz y una Kalashnikov junto con esta miscelánea de objetos… pero se trata de un tipo exagerado… ¿para qué querría una llave de cruz una mujer?
-         ¿Ya encontraste las llaves?- pregunta uno con la mayor dulzura de la que es capaz, dulzura que no puede evitar un cierto tono de fastidio que ella podrá o no notar, dependiendo del grado de interés que tenga en nuestra compañía. Digámoslo de una vez, siempre lo notará (y peor aún, lo guardará en su disco rígido de un terabyte) pero si le resultamos atractivo, deseable o meramente necesario, hará como si le hubiésemos preguntado por qué está tan bella y nos contestará con esa voz que nos desarma:
-         Todavía no, dulce… pero tienen que estar por acá…
-         ¿Por acá?
-         Sí, lindo, en el bolso…- con una voz tan inocente que uno estaría dispuesto a testificar a su favor incluso ante un tribunal del pueblo en China.

Y sigue el repertorio de objetos en el bolso.
Billetera, no para llevar el dinero, que puede estar suelto, distribuido en diferentes monederos y escondido en el corpiño…
La billetera alberga diversas tarjetas, algunas con vencimiento en mayo de 1999, el pase de multijuegos del sobrinito, el carnet de Central, con el cupón de la última cuota paga firmado por Vesco, la tarjeta sin contacto del Bondi, cinco o seis tarjetas que testimonian sucesivos aumentos de la tarifa, un cospel del subte de cuando fue al recital de Sting y la entrada para ver a Soda Stéreo en San Nicolás… Junto con las fotos de la familia hasta la tercera generación en grado colateral, amen de ciertas instantáneas que, mejor no preguntar, están violentamente recortadas. A veces un envoltorio de Tubby 3 completa la galería de recuerdos que otras personas llaman billetera.
Un monedero, sin monedas. Un paquete de algo que alguna vez fue un alfajor. Un pendrive (¡mirá vos, así que estaba acá!, dice ella mientras comenta que tuvo que comprarse otro porque no lo encontraba… y que acaba de volver a olvidarlo). Una calculadora, cuya única función es hacer sumas. Y la lista sigue y sigue…

Tres encendedores.
-         ¿Fumás tanto?
-         No, tontito, uno es mío pero no funciona, el otro es de mi amiga que me lo prestó… el otro ¡qué cosa! No sé como apareció acá…

Aclaremos que la presencia del encendedor no implica que su portadora sea fumadora, parece que tiene varias utilidades, calentar la punta del delineador, derretir la punta de acetato de los cordones, prender las velitas del cumpleaños… y prestárselo a una amiga que olvidará devolverlo.

Los cigarrillos tampoco implican una fumadora. Pueden estar como recuerdo de una pareja que lo era, como resabio de un vicio que se intenta dejar o porque, benditas amigas, alguna de ellas se los olvidó en la oficina y cuando la vea se los devuelvo. Si las explicaciones no son verdaderas, al menos resultan verosímiles.

Dos, a veces tres, lápices labiales. Tonos inextricablemente distintos, al menos eso dicen porque para mí rosa hay uno solo.
Uno de estos labiales, curiosamente, tiene un extraño compartimento destinado a una diminuta pila, como la de los relojes, que amerita la pregunta.

-         ¿Un lápiz de labios a pila?
-         No, tontito- en un tono que uno creería destinado a un niño de salita rosa, nivel inicial- es un juguetito… personal… si te portás bien te muestro como funciona.
-         No gracias, soy grandecito para los chiches.
Ella se ríe, ¿de qué?, ¡quién sabe! y sigue desenterrando cosas del bolso, morral o zurrón mágico…

Libreta de teléfonos, no confundir con agenda.
Teléfono celular. Extrañamente con un tono de llamada muy similar a ese que sonó, indiscreto, durante toda la película… y que nadie se molestó en apagar.
Estuche de lentes de sol; no importa que la haya pasado a buscar a las nueve de la noche. La mujer moderna no sabe donde y en qué condiciones podrá amanecer.
Estuche de lentes recetados (¿presbicia?, ¿no me dijiste que tenías treinta años?)
Pastillero, si ella es del tipo metódico, de lo contrario varias cajitas de medicamentos contra las más peregrinas pestes… cajitas vacías en su mayoría. La exploración posterior determinará que los blisters, o incluso las pastillas sueltas, vagan cual moléculas en estado gaseoso por todo el interior del bolso.
Pinzas (en plural) depiladoras. Alicate o cortauñas. Esmalte, dos frasquitos, quita esmalte, un resto de la caja de tintura con el código del último tono elegido (lleva el inverosímil nombre de caoba intenso o ceniza caramelo). Cargador del celular, modelo anterior al que lleva en el bolso, un par de auriculares, bolsita vacía por las dudas…

-         ¿Y las llaves?
-         ¡Querés tener un poco de paciencia! Están acá- el tono ya es casi maternal, no por el cariño, sino por lo terminante.
-         Acá ¡dónde?
-         En el bolso. Si me dejás buscar tranquila…

Pañuelos de papel, servilletas de papel, trocitos de papel.
Estampita de San Expedito, no por creyente, sino porque… ¡bueno, te vas a poner a cuestionar mis creencias!
Crema para manos.
Crema para el rostro.
Crema maquilladora.
Crema desmaquilladora.
Alcohol en gel… no vaya a ser que la gripe A…
Un chocolate.
Un bon o bon.
Un envoltorio de bon o bon.
El estuche interior de los huevitos Kinder, repleto de monedas.
Pinzas que parecen sacadas de un museo de la inquisición, pero que, explica bondadosa, son para rizar las pestañas…
Una caja de chicles.
Una linterna (a veces se corta la luz, aclara) y un cabito de vela (de cuando se cortó la última vez, dice).
Un saquito, por las dudas. Un sobrecito de azúcar, otro de edulcorante, uno más de café instantáneo.
El paraguas portátil.
Dos sobres de preservativos… el chico siempre dice que se los olvidó en el otro pantalón pero a ella “no la engañan más”.

Y al fin, en el fondo, en el último recoveco del bolso, allí donde nadie esperaba encontrar ya nada… relucientes, pulidas, mecánicamente perfectas… ¡las llaves!

Ella sonríe, uno también sonríe mientras relojea a esos pibes, gorrita y birra, que pasan por la calle, prueba las llaves, las gira, las saca, vuelve a ponerlas, las gira una vez más…

-         Dejame a mí.
-         Si yo no pude vas a poder vos, ja…
-         Pruebo, a lo mejor…

Pero nada. No giran, no abren. Los pibes están más cerca, las llaves están trabadas.
Ella se ríe, se ríe fuerte, uno la mira. ¿Risa de temor? ¿Habrá enloquecido? ¿Pasa algo gracioso?

En sus manos tintinea un, otro, manojo de llaves.

-         No lo vas a poder creer… las tenía en el bolsillo. ¿Vamos?

Y en menos de lo que lleva decirlo, el despliegue de objetos que portaba el bolso retorna a su inmensa, infinita, morada y uno la sigue obediente hasta el séptimo piso…
Sí, su bolso es un desastre pero, como diría el Indio; “ella es tan linda…”



domingo, abril 07, 2013

Opinando, que es gerundio...

Al modo de Juan de la Cruz... "decíamos ayer..."
No, no estuve preso en los calabozos de alguna de las Tres Santas. Tampoco cuestión de censura, más bien falta de ganas y exceso de trabajo.
Con las cosas un poco más ordenadas me siento y pergeño algunas ideas de esas que me andan dando vuelta.




Mucha, muchísima gente, opina. Lo bien que hace, opinar es un derecho, uno de esos derechos que le debemos a esa Modernidad tan denigrada por algunos. Opine, mi amigo, opine y comprométase con su opinión. Juéguese. No repita lo que otro dice, aporte lo suyo.
Más aún, avance más allá de la opinión y ensaye la argumentación. Busque elementos, racionales, compartibles, comprobables para defender su punto de vista. 
Razone, piense, escriba con mediana claridad. 
Y bánquese el debate, mi amigo. 
Bánquese que el tipo o la mina que están del otro lado opinen diferente, esgriman otros argumentos, busquen derribar sus tan caras certezas. 
No empiece con la cantinela: yo digo lo que pienso, merezco respeto... Nadie se lo está faltando cuando le dice que no, que no piensa lo mismo, que por A o por Z considera que usted se equivoca. 
Aguántese, incluso, algunas falacias y soporte firme los manidos argumentos ad hominem... sabrá que son el último recurso de quienes carecen de razones.
Si tiene ganas de ejercitar un poco ese deporte de riesgo llamado dialéctica aproveche para debatir con quienes no tienen las mismas ideas que usted, o con aquellos que las tienen parecidas, o hasta con esos que siempre se desconciertan cuando no pueden clasificarnos con comodidad. 
El debate, como tantas otras gimnasias, tiene varias ventajas.


Tonifica la mente.
Enseña la paciencia de escuchar al otro (y de bancarse las imbecilidades).
Fortalece las propias convicciones.
A veces, pero sólo en practicantes avanzados, permite clarificar lo que uno piensa y, lo mejor de todo, incorporar las ideas del prójimo para formular mas claramente las propias. Hasta puede ser que uno descubra que puede cambiar de opinión; lo cual no es tan malo como se dice por ahí. Coherencia es una cosa, obcecación, otra...

Por último, pero no menos importante, nos mantiene alertas ante tanto loro que anda por ahí creyendo que repetir consignas es lo mismo que pensar.


Y de eso, del debate, tratarán las próximas entradas de este blog que, como el Gato Félix (¿te acordás de Carlos Aurelio Martínez? ) renace de sus cenizas...

Y ahí te quiero ver...

miércoles, diciembre 07, 2011

Evocación de la Juventud Franciscana

Años oscuros los que van entre 1980 y 1983.

Años de breve primavera aquellos de 1984.

Para mí, y para algunos más, son los años de nuestra adolescencia. Los años en que participamos de la Juventud Franciscana en la Parroquia San Francisco Solano de Rosario.

Recuerdo esos días en la Parroquia. Tarde y noche del sábado, mañana del domingo, algunas veces también durante la semana. Era algo así como un club, algo parecido a un seminario, abierto y mixto, un cruce entre lo religioso, lo comunitario y lo político. Más de cien jóvenes, chicos y chicas, entre trece y dieciocho años; hijos de una sociedad tutelada por las armas, por el dinero y por la fe, hermanos menores de aquellos que, cinco años atrás, habían soñado, y actuado, para cambiar la Historia y ahora, habían desaparecido en casas ocultas o en tumbas sin nombre. Allí, protegidos por el nombre de una Iglesia ambigua, crecíamos, aprendíamos, descubríamos que el mundo era mucho más grande, y complejo, de lo que imaginábamos.

Nos reuníamos por edad, en grupos llamados fraternidades, cada una de las cuales adoptaba sonoros nombres que evocaban algunos de los mitos cristianos. Un sistema organizativo calcado de aquel que tenían los frailes, con capítulos y concejos, nos enseñaba los rudimentos de la democracia en tiempos de despotismo. Los mayores, o los más comprometidos, animaban (así decíamos) a la fraternidad; animar significaba una especie de dirección laxa, basada en el consenso y la capacidad de liderazgo, que determinaba los temas de cada reunión, sus compromisos y, en algunos casos, las tareas en servicio a la comunidad. Uno o dos frailes, en nuestro caso eran también presbíteros, brindaban la asesoría espiritual, cuando podían que era pocas veces. El padre Joaquín Núñez OFM era uno de ellos. Le debo mucho más de lo que él imagina.


Había mucho espacio para el desarrollo personal y para las iniciativas de cada fraternidad. Leíamos la Biblia, cantábamos, tomábamos mate (para algunos era su primera vez), jugábamos a las cartas, discutíamos, nos peleábamos y nos reconciliábamos, comentábamos la actualidad, participábamos, por supuesto, de la misa y, en mi caso, colaborábamos con la redacción de una pequeña revista parroquial llamada Sendero. Algunas fraternidades cantaban en la misa del cercano Hospital Carrasco, donde se alojaban enfermos infecciosos, y otras se acercaban a la capilla de la Villa Miseria, el barrio le decíamos, para descubrir lo mismo que sus hermanos ausentes, habían hallado diez años atrás.

La Juventud Franciscana, por supuesto, no tenía entre sus propósitos crear conciencia social o fomentar el activismo, político o de otra clase. Los que la crearon eran fieles hijos de la Iglesia Católica y, a lo sumo, habían sido alcanzados por la breve e intensa ola de renovación que tuvo lugar entre el Concilio Vaticano II y el advenimiento de Juan Pablo II. La idea era acercar el catolicismo, en su versión franciscana, a los jóvenes con la loable intención de fomentar la vocación religiosa o, en el peor de los casos, formar adultos comprometidos con la ideología de la Iglesia. Las instituciones, se sabe, tienen otra vida que la de aquellos que las pergeñan y están hechas por personas con sus propias agendas y tablas de valores. Los creadores de la JuFra, por ejemplo, no contaron con la conjunción; en la Parroquia San Francisco Solano de Rosario, de un cura marginal y rebelde, pibes ansiosos de participar y que encontraban un cauce para sus sueños juveniles, y el velado recuerdo de la generación anterior.

En otros ámbitos, colegios o ciudades del interior provincial, no sucedió lo mismo; la JuFra era, en esos lugares, un grupo religioso más. En aquella, la que viví durante casi tres años, se creó una escuela para el futuro, un futuro sin vigilantes y transformador.

Algunos, claro está, se quedaron en la escuela sin graduarse jamás; a ellos se les debe la permanencia de la JuFra hasta hoy, nada más.

Otros, estoy orgulloso de contarme entre ellos, nos alejamos cuando fue el momento oportuno y, desde ámbitos, ideales, proyectos y acciones diferentes, nos comprometimos con la construcción de nuestra devastada sociedad. A veces me cruzo con alguno de ellos; trabajadores sociales, activistas, cooperadores escolares o docentes y sé, sabemos, que aquella vieja JuFra fue lo que nos hizo, en gran medida, ser lo que somos.


miércoles, noviembre 16, 2011

Engage!









Otra vez parto hacia
la segunda estrella
más allá de la Luna.
Sólo para ver que hay.
Sólo para poder contar historias.Por el mero placer de la navegación.

¿De qué hablar tras tan larga ausencia?

El Universo.
El Universo siempre es un buen tema. Está allí y nos complace pensar que no cambia, de hecho nos complace pensar que existe. Uno y diverso: acabo de enterarme que debemos esta palabra a Lucrecio; me encanta que sea así. Lucrecio es uno de mis autores favoritos, pertenece a ese grupo de griegos y romanos con los cuales hubiera podido conversar. No suelo lamentarme por el curso de la historia, pero cuando releo a los romanos y a los griegos pienso en todo cuanto perdimos al aceptar el cristianismo y su moral...

Volvamos, ahora, al Universo.
Sostengo la arrogante opinión, contraria a las Escrituras, de que todo eso que nos rodea (galaxias y demás, ya saben) no ha sido creado para nosotros, que somos sólo una gota en un océano más vasto. Sostengo también otra arrogante opinión, esta vez contraria a la necesidad de afecto de muchos de mis lectores, quizás seamos la primera especie inteligente del Universo, quizás estemos solos, quizás la autoconciencia de la materia (la mejor definición de lo que somos) ha surgido, por vez primera, en este olvidado rincón del Cosmos.
Y esta porción de materia, que mira y se mira, está comenzando a desentrañar los misterios de ese mismo universo que le dio origen. Esta es una visión maravillosa y un motivo de orgullo más legítimo que todas las supersticiones y pesimismos de la Historia.

Acerco la lente a realidades más cercanas.

El planeta Tierra (incluidos los objetos actualmente en órbita)








No estamos bien, todo es un desastre. Hambre, a pesar de que con al dinero que se les concedió como salvataje a los Bancos en 2009 se podría garantizar la alimentación a toda la Humanidad por seis (otros dicen doce) siglos, guerras, y lo peor de todo, guerras religiosas, crisis económica, desilusión, la maldad campando por sus respetos... La gente ya no cree en nada, se pierde el respeto, barbaridades como el matrimonio homosexual o la despenalización del aborto son aceptadas sin más.



Y el planeta se enferma, mutilamos, devastamos, ofendemos, matamos a la buena Gea que nos ha dado a luz. Saqueos, pillajes, devastaciones, opresión de todos tipo, racismo encubierto, nuevas enfermedades y endemias que se ceban en los más débiles. El mundo está interconectado, pero el ser humano está solo; trata de blancas (y de otros tonos de piel, por cierto), se expande la pornografía más grosera; la de la vida expuesta a la mirada pública, por contrato muchas veces. Ya nadie lee, los video juegos reemplazan a la realidad, la cultura se vuelve superficial y en los blogs se satisface el onanismo de escritores mediocres. Violencia, maldad y pecado; el escenario previo a ese Apocalipsis, que tantas veces han anunciado, está montado.



Estamos a las puertas de un gran cambio, todo hace presumir un nuevo amanecer para la Raza Humana. Solidaridad, objetivos globales para eliminar la pobreza, movimientos sociales que se plantean la posibilidad de construir un nuevo mundo, más justo, más solidario, más libre. Emergen los nuevos derechos; mujeres, homosexuales, indígenas, niños toman conciencia de su poder, se liberan de opresiones seculares, salen a la plaza pública para decir su palabra. El mundo está interconectado, miles de millones tenemos acceso a verdaderas bibliotecas virtuales, nuevas formas de socialización, de expresión multimedia, videojuegos que nos transportan a universos imaginados, se acelera la capacidad de procesar información de nuestra especie. Tiempos de abundancia; nunca tantos vivieron tan bien como en los tiempos actuales (lo que no significa que todos vivan tan bien) y la expectativa de vida entra en una curva ascendente. Si hay un resurgimiento religioso, también es verdad que el ateísmo se ha puesto de moda (y eso siempre es una buena noticia). Las guerras mundiales son un recuerdo del pasado, como van en camino de serlo el racismo, la discriminación, el pillaje y la indiferencia.
Cada vez son más los que se comprometen con el cuidado del medio ambiente. Las bases materiales para superar el capitalismo están puestas. El futuro no puede ser más promisorio.

Las dos visiones son reales.
Ambas hablan de nuestros (no siempre los comparto) temores y esperanzas.
Podría decirse que son el punto de vista pesimista y optimista, pero yo no elegiría esta solución simplista; prefiero pensar que se trata de un intento de ver la dialéctica de la cosa.
Negativo, positivo.
Retroceso, avance.
Sombra, luz.
Palabras que tratan de mostrar que la historia se sigue escribiendo y que carece de conciencia, excepto la que podemos crear nosotros con nuestras acciones u omisiones.
Palabras balbuceantes, por lo demás.

Claro que, vale aclarar, considero más real, no real no, ¿verdadera?, ... a la segunda visión.

En el desarrollo de la civilización, que todavía no ha salido de su prehistoria, creo que se construye más de lo que se destruye. El mero hecho de ser concientes de todo cuanto nos falta, la simple posibilidad de cuestionarnos a nosotros mismos (algo que nuestros predecesores escasamente practicaban) es un indicio de que estamos en buen camino...

Y basta por hoy. En el próximo post comentaré algo sobre temas más próximos; nuestro lugar en el mundo; Sudamérica y, en particular, Argentina.

jueves, julio 07, 2011

Decíamos ayer...

Algunos principios que guían mi (modesto) análisis político.

No soy neutral, no soy objetivo, no soy "independiente", ni K, por si quedan dudas, pero vivo en la polis y, por lo tanto, hago política; todo lo menuda que se quiera, con cada acción. Padezco, también, la política de los otros que no son, todos, políticos (¿o los empresarios no hacen política? ¡y sin haber sido elegidos!).



Tomo distancia, intento analizar con precisión, me aparto de las "primeras impresiones" o de las falacias "ad hominem". 
Busco entablar un diálogo, por lo tanto me abro a todos los argumentos posibles. A todos. Argumentos, repito, no injurias o prejuicios.
Observador participante; me sitúo en el polo de los subordinados. Mi lugar es el de la clase trabajadora,  a la cual pertenezco. Clase trabajadora argentina, para más datos. 
Observador que intenta ser inteligente; si no lo soy, al menos aprovecho las mejores herramientas disponibles. Marx y Engels, sin duda, son mis "proveedores" favoritos, a más de siglo y medio, sus hallazgos e intuiciones siguen siendo geniales. No desprecio, empero, otros aportes; sean científicos o, simplemente, lúcidos. 
Mis ojos se han acostumbrado a mirar de una manera diferente, con un sesgo poco común; dialéctica se llama. Es un modo de captar la realidad que proporciona panoramas reveladores, permite comprender mucho mejor la Historia y la Sociedad  ¡y hasta la cotidianidad si me apuran!, pero para una persona acostumbrada al juicio expeditivo o o para quienes resuelven su vida a base de listas de pro y contra resulta desconcertante. Es tan evidente, a poco que se mire, que puede deslumbrar...



Cuando analizo, como pretendo hacer en este blog, considero que el avance y el retroceso,  la construcción y la destrucción, la liberación y la sujeción, son dos caras de una misma moneda. Da para mucho más, pero no ahora.












De todo lo dicho; mis principios de trabajo, digamos, surgen (a modo de corolarios) algunas proposiciones  que conforman una toma de posición personal:



  • La política es lucha de poderes, lucha de clases si se prefiere, pero una pelea callejera la representa mejor que una guerra tradicional. No hay grandes ejércitos, no existen “comandos centrales”, no se ve un campo de batalla, ni siquiera los bandos están marcados claramente. Y esto vale tanto para Argentina, como para Botswana, Alemania o los E.U.A. Los que mandan, tal vez, parezcan tener más clara la cosa; por lo menos hay que ver como se abroquelan para mantener su poder; pero esto no los salva de emprenderla, a menudo, a golpes de puño contra cualquiera …
  • Se combate, se debate puede ser una alternativa aceptable a veces, en  diversos escenarios. La cultura, los imaginarios y la comunicación son algunos de ellos… y no los menos importantes. Dígase lo mismo de las religiones.
  • El Estado está concebido como un instrumento de poder. Su lugar natural es al lado de los poderosos, de lo contrario amenazaría su propia existencia, pero su agenda no es idéntica a la de ellos. No es monolítico y está abierto a generar espacio de lucha (debate, si prefieren). Conocer cuales son sus límites, entender sus posibilidades y sus carencias, aprovecharlo sin hacerse ilusiones es la postura que regula mis relaciones con el “más frío de los monstruos fríos”. Anarquista en el fondo de mi corazón, no espero ver la desaparición del Leviatán creado junto con la Historia… no en mis días, al menos.


  • La Historia es barro. No hay olores agradables en ella, tampoco nada parecido a asepsia. Y la hacen minas y tipos, o sea gente capaz de tanta grandeza y tanta miseria como uno mismo, pero algunos de ellos con voluntad de poder, lo que los hace un poco más cínicos y bastante más estúpidos que el promedio.







  • El poder es un instrumento, como el Estado, pero no se circunscribe a él. LO ejercen muchos y de muchas maneras. Es maravilloso en cuanto permite hacer cosas que cambian nuestra vida. Es terrible en cuanto permite hacer cosas que cambian nuestra vida. Es, también, una droga dura, altamente adictiva, que no admite abstinencia y de la cual casi nadie se recupera. En pequeñas dosis, repartido, compartido, nos potencia. El problema es que nadie, por lo común, se conforma con pequeñas dosis…


  • La Economía es la expresión de las relaciones sociales, de la más básica, para ser precisos; la producción de todo aquello que necesitamos para continuar viviendo. Es el lugar donde estamos desnudos y a solas con nuestros deseos, donde el poder del amo se muestra sin velos y por eso, quizás resulta aterradora.


  • La Cultura, esa tintura compuesta de lenguas, historias, mitos, orgullos varios, narcisismos, religiones muertas y genialidades nos determina mucho más de lo que imaginamos. Es indeleble y no podemos salir de ella impunemente. Para ceñirme a la Argentina el “tinte cultural” explica, a veces, mucho más que la economía, Aunque, claro, ésta pesando a la hora, íntima, de tomar decisiones. Cultura y Economía, juntas, pueden aclarar algunos pequeños enigmas locales tales como el discurso cultural “de izquierda” de muchos argentinos y su fervor oculto por el capitalismo más duro, o el evidente desprecio de amplios sectores sociales por un peronismo que no sólo votan, sino que apoyan tácitamente.



De todo ello extraigo unas pocas conclusiones sobre las que abundaré en otra ocasión pero que resumo aquí de manera epigráfica.



No hay que hacerse ilusiones.

No hay que desilusionarse.

Hay que estar atentos. Ser sagaces. Sacar ventaja. Buscar aliados. Entender que la realidad no se acomoda a nuestros esquemas.

El futuro no está escrito en ningún lado, hay metas que uno quisiera alcanzar, pero la Historia está abierta, siempre, a lo inesperado.

Y a los comentarios…

martes, marzo 08, 2011

Día de Mujer (en ocasión del Международный женский день)

Sin entrar en cuestiones históricas que, presumo, ustedes conocen bien. Sin pretender sentar cátedra de nada. Sin otra intención que pensar en voz alta, juntos...

¿Por qué? me pregunta ella ¿por qué hay un día para la mujer? ¿por qué? insiste con sus ojos de aguamarina ¿no tienen un día los hombres?

Beso sus labios, me detengo a pensar, nada se me ocurre (las respuestas rápidas no son lo mío, mucho menos en sus brazos) y me duermo para soñar con ella.

Despierto en la mañana, ya entra el sol, y vuelvo a pensar en la pregunta.

¿Un día para la mujer?

Sí, ya conozco la historia, la terrible historia  de aquellas mujeres de Nueva York.
Y no se  puede olvidar a Clara, ni a las mujeres que, en Rusia, se pronunciaron contra la prudencia y por la Revolución... Mujeres, tantas y tan diversas...
Sin duda ellas, las trabajadoras, las sufragistas, las que quemaron sus corpiños, las que se negaron a parir esclavos, las que rompieron convenciones, silencios y opresiones,  deben ser homenajeadas...

Con todo hoy no pienso tanto en ellas, sino en todas.

En las mujeres que me rodean, que me asfixian, que me colman, que me hicieron lo que soy; para bien y para mal (y no siempre porque esa fuera su intención).
En la mujer, compañera y rival, nuestra igual, amigos varones, y tan diferente.

Tampoco evoco, ahora,  la cultura.

Las influencias de los modos de pensar y de estar que determinaron, ¿al final del Neolítico?, ¿en la Edad del Bronce? la división sexual del trabajo...
La historia es fascinante (quizás por ser de género femenino) pero no es el caso rememorarla.

Antes bien hoy, 8 de marzo de 2011, pienso en vos.
Sí, en la mujer que veo, siento, padezco, admiro, soporto, necesito, esquivo, busco y pierdo todos los días. Mujer de muchos nombres, como tantas que están cerca, mujer de distintas formas y que, pese a todas las diferencias, tiene algo (indefinible) que la hace ser mujer.

Su nombre importa poco.
Su relación conmigo (esposa, hija, hermana, compañera, madre, alumna, exesposa...)  no viene al caso.
Sos vos la que me deja cavilando.

Mujeres.

Sombras, menores de edad, terribles presencias tentadoras, divinidades de fuego y sangre, sutiles, esquivas, volubles, tenaces...

Lilith y Eva.
Ariadna y Fedra.
Astarté y María Virgen
Sor Juana, Rosa de Lima, Mariquita, Juana Azurduy
Evita y las Madres...

Nos arrastran, nos olvidan, nos someten con aparente desgano hasta el punto de suplicarles su dominio, nos aplastan con indiferencia y desean que seamos, siempre, lo que ellas quieren.
Nos asustan. 
Nos recuerdan que no todo es límpido, claro y distinto, que la Razón tiene un límite y que la Dialéctica es mujer.
Nos intimidan con la vida que son capaces de portar, nos rodean, nos dejan desnudos en medio de nuestra aparente frialdad, no nos piden que amemos, sino que las amemos.

Sombras

Les hemos puesto nombres en nuestro varonil afán de clasificarlo todo;

Menores de edad.

Presencias tentadoras.

Divinidades de fuego y de sangre.

Sutiles.

Esquivas.

Volubles.

Tenaces.

Todo eso han sido las mujeres  para los que estamos parados del otro lado del cromosoma XX...

Un misterio.

Los misterios eran antiguas festividades, nos cuentan, en las cuales los participantes intuían, pero no comprendían, el secreto de la existencia. A nadie podían revelarlo y poca falta hacía, estimo, tal prohibición porque los misterios, de por sí, son inefables.

De ese orden de misterios son las mujeres...

Y como todos los misterios, sea el de la alegría, sea el de la tristeza, tienen un día para recordar que aún nos siguen desvelando con su presencia.

Para caer en la cuenta de algo...

Nunca, mujer, podré comprenderte del todo.

Bendita sea la Diosa, por ello!


Gustavo

viernes, diciembre 31, 2010

Durante la primera década del siglo…


Así hablarán los historiadores del futuro, es decir dentro de unos cuatro días, acerca de los últimos diez años que acabamos de vivir. Parecen remotos aquellos sucesos que nos marcaron, mundo, continente, nación, desde el 2001. ¿Y qué decir de los misterios que, para todos los que tenemos más de 30, llevaba aparejada la misteriosa cifra del año 2000; ya en el siglo pasado?
La memoria es selectiva, no hay dudas, puestos a recordar se agolpan imágenes que, a veces, ni siquiera se pueden situar claramente en el tiempo. Cada uno rememora aquello que le impactó, pero también aquello de lo que tanto oyó hablar. Imágenes propias, implantadas por los medios, generadas por el azar de los recuerdos. También, ¿por fortuna?, ¿por instinto de supervivencia?, ¿lamentablemente?, escojan ustedes el adverbio, olvida muchas, muchas cosas.





Esta es mi propia cosecha de comienzos de siglo…
En julio de 2001, acaban de robar mi casa, recibí por esas compensaciones del acaso la maravillosa noticia de que Mariana, entonces mi esposa, estaba embarazada por segunda vez. Daniel, un hermoso renuevo del viejo tronco Bessolo, estaba formándose en su vientre. Aún no imaginaba la maravilla de verme reflejado en sus ojos, en sus manitas aferrándome, en sus preguntas y, ahora, en su pertinaz interés por la mitología. Todavía no sabía de la turbación de encontrar en sus gestos, sus enojos, sus rabietas y sus risas el eco de aquellas que suelen dominarme más de lo que quisiera admitir.

¿Dónde estabas el 11 de septiembre de 2001? Es el recuerdo común más antiguo que puedo lograr sin recurrir a la extensión de mi memoria que tengo en la punta de los dedos. Día del maestro, recuerdos permanentes de un desgraciado 11 chileno, estaba en casa. Mi hija tomaba, sin demasiado entusiasmo, su desayuno. Escuchaba radio; ¿Cuál es? me gustaba entonces; comentarios sobre Nueva York, frases sueltas, la imprecisa sensación de no saber que estaban hablando y el recurso a la tele, en esos tiempos en que Internet (dial up) era un lujo para unas pocas horas nocturnas… La imagen de las Torres Gemelas, el humo, el impacto en vivo del segundo avión. Las sensaciones fueron contradictorias; un desastre siempre nos conmueve pero en este caso, y sé que muchos compatriotas coincidieron conmigo, era un ataque (no sabíamos quiénes o por qué) al corazón del Imperio.
 Los telespectadores de Tatooine ¿habrán lamentado la destrucción de la Estrella de la Muerte? Por primera vez desde 1941 los eternos agresores (obviamente siempre con Dios y la Justicia de su lado) eran agredidos, por primera vez desde 1812 los que habían bombardeado cada continente del mundo (y algún océano también) sufrían unas ofensiva en su propio territorio continental. Imágenes fílmicas de incontables catástrofes, generosamente provistas por ellos mismos, fueron evocadas de inmediato. Mi hija preguntaba: ¿qué pasó papá? No sé si se lo dije, ya mencioné la selectividad de la memoria, pero creo que respondí: las cosas están cambiando.




En 2001 otras varias tornas se volvieron.







































El gobierno de la Alianza en la Argentina (si no sabés que fue la Alianza porque vivís en un termo chino hay una cosa llamada Wikipedia) se encaminaba hacia la catástrofe. Había despertado algo más que tibias expectativas después de los diez años de pública almoneda menemista. No había cumplido ni siquiera un décimo de las expectativas, justificando una vez más aquella vieja verdad: “los radicales no saben gobernar”, cuyo corolario, no escindible, es: “los peronistas no dejan gobernar”. 




El censo, previsto para septiembre de 2001, fue para mí la prueba final del fracaso; que un gobierno no pueda siquiera 
asegurar el cumplimiento de un censo (algo que ya hacía cualquier rey de la Edad de Bronce) era una demostración más que suficiente de que le quedaba poco tiempo de vida. 
No esperaba, claro, lo que vino después: corralito, saqueos, violencia urbana, represión, piquetes (por ese entonces incorporamos la palabra la léxico habitual), cacerolazos, riesgo país (otra frase popular), estado de sitio, acefalía…



Y muertes, como la de Pocho Lepratti, como la de tantos otros.
Fui en familia, y un poco a regañadientes porque me evocaban esa clase media a la que no quiero pertenecer, y protestas muy otras en un país trasandino, a algunos de tantos cacerolazos casi espontáneos de aquellos días. Belu se entusiasmaba con un silbato, yo cuidaba esa vieja olla que, más tarde, usaría para cocinar, Daniel, en la panza, ¿quién sabe lo que sentiría? ¿Gritaría también desde su confortable comarca: ¡qué se vayan todos!?
Las memorias vienen solas a las puntas de los dedos. Renuncia y huída del presidente De la Rúa. 


Los depósitos congelados, varios presidentes en una semana (Google me recuerda que fueron cuatro y olvidables) y una frase del último regente de la abatida República: La Argentina está quebrada. La Argentina está fundida. Este modelo en su agonía arrasó con todo... Olvidándose, claro está, de que había apoyado con todo su esfuerzo tal “modelo” (en Argentina todo plan económico y político, o la ausencia del mismo, se llama modelo). 
El país se incendiaba, los medios masivos eran antiguos hechiceros profetizando sobre las ruinas desgracia tras desgracia, los economistas jugaban a ver quien preanunciaba la peor catástrofe, los grupos de izquierda releían en sus viejas biblias los pronósticos de la revolución proletaria y se preguntaban ¿cuándo tomaremos el Palacio de Invierno? 
Proliferaban los clubes de trueque, que para algunos eran el despertar de la nueva sociedad, y las asambleas barriales; se gritaba, todavía, piquete y cacerola; la lucha es una sola y se soñaba con una alianza de clases, onda Revolución Francesa, que guillotinaría a la podrida aristocracia (en mi país, como no hay aristocracia, se suele odiar a la oligarquía, pero en esos tiempos el odio era unánime contra la llamada “clase política”) e implantaría la República de los Iguales como proclamaba, con acentos de Babeuf y algo de Savonarola, la profetisa Carrió. 
Duhalde, en tanto seguía hablando: quien depositó pesos, recibirá pesos. Y quien depositó dólares, recibirá dólares.
Los hechos se agolpan. El espacio de palabras es acotado y debo resumir. Ustedes, botella al mar al fin, suplirán lo que falta si es que deciden comentar.


El 2002 comenzó bajo el signo del desconcierto. También de la expectativa que suele parecerse mucho a la esperanza. Mi hijo Daniel abre sus ojos a un mundo en el cual lo único seguro es el cambio.

El Euro, la primera moneda de una federación de naciones, entra en circulación en Europa y muy pronto será una seria competencia para el dólar imperial. Entre guerras, atentados suicidas, tomas de rehenes, calentamiento global y asteroides que pasan peligrosamente cerca de nuestro planeta ¿recuerda alguien la explosión sobre el Mediterráneo Oriental que, por tres horas de diferencia, no causó la muerte de millones de personas? Yo, al menos, no…


Años sazonados aquellos. En mi propia vida, digo, con los condimentos más variados. Incienso de mis últimos años al servicio de la Santa Madre (varias madres debe uno dejar en el camino, pero dejemos esto para las sesiones de los martes), canela del Cercano Oriente (una me intoxicó hasta la alergia, otra todavía endulza recuerdos que serán sólo eso), mirra (demasiada), pimienta en exceso y toques de mostaza en los últimos tiempos. Deliciosa mostaza que, a veces, no saboreo como debiera… pero de la cual ¡estoy enamorado!


Un país arrasado era lo que amanecía en la primera década del siglo. Un país muy diferente es el que amanecerá en los primeros segundos de la segunda. ¿El país soñado?, no, ciertamente pero al menos la política ha vuelto a las calles, poco a poco se definen posturas y, no es un dato menor, estamos sobrellevando con relativa indemnidad la peor crisis del presente siglo.
 No digo que todo está bien (otro día hablaremos de ello) pero tampoco todo está tan mal. Hay mucho para cuestionar a la administración K y muchísimo más a la llamada oposición; pero el clima es diferente y, cuando el mundo parece derrumbarse en las geografías que nuestros argiropolitanos acostumbraban a admirar, uno encuentra motivos para la esperanza. Sin obviar todo aquello que duele; la miseria, el hambre (con la cosecha de tres días, ¡tres días!, comerían por un año todos los que están bajo la línea de indigencia), la falta de viviendas, y la lista sigue…

En diez años acuñamos nuevos verbos; googlear, bloguear, colgar, loguear, nuevas costumbres a la hora de volver a casa o del insomnio; facebook, you tube, Wikipedia para los más frikis…














Los celulares pasaron de ser  aparatos para hablar por teléfono a dispositivos sofisticados que, además, permiten la comunicación (o incomunicación andá a saber) telefónica.






























Ya no confiamos tanto en lo que se dice, somos más críticos.



No nos esforzamos tanto por lograr las cosas, ¿más holgazanes quizás?

Los ideales están tan lejos como hace una década.


Los caminos se desbrozan sobre la marcha y cunado se vuelve la vista… ya lo dijo Machado, ¿se acuerdan?

Tanto en diez años…
Tenía treinta y seis, entonces
Viví el frenesí de los cuarenta, me separé, encontré lo más parecido al verdadero amor (o quizás sea el Verdadero, si nunca lo viví tal vez necesite tiempo para reconocerlo) y hallé mi lugar en el mundo en una escuela que, cada día, se mete más y más en mis afectos… Compañer@s de trabajo, y de estudio, entrañables, chic@s maravillosos, mis hijos creciendo y la amorosa mirada de Sabrina.
Tengo cuarenta y seis, ahora.
¡Y lo mejor  todavía está  por venir!

viernes, julio 23, 2010

Como me convertí en Héroe de la Unión Soviética Final


 Última parte del cuento.
Epílogo Regreso al Futuro

Han pasado cuarenta y ocho años desde que me fui.
El Tupolev 445 de Aeroflot me lleva con rapidez al Aeropuerto Internacional de Ezeiza, es el 23 de julio de 2010, tengo noventa años, casado, con tres hijos, seis nietos y no recuerdo cuantos bisnietos. Dos veces héroe de la Unión Soviética, ahora retirado pero consultado de tanto en tanto por los Primeros Ministros de los diversos estados socialistas (incluido el obsecuente del camarada Tony Blair), con una hermosa dacha a orillas del Egeo (mi única condición cuando Rusia obtuvo Estambul y la Turquía Europea) y rodeado del afecto de miles de camaradas en todo el mundo. Mi último viaje fue a los ex Estados Unidos, para asesorarlos en su desastrosa política económica.

Llevo cuarenta y ocho años evitando acercarme a mi patria, incluso cuando los ministros argentinos viajaron a Moscú para refinanciar la deuda externa (el FMI se trasladó a la URSS en 1990) rehusé encontrarme con ellos. Ahora no tiene importancia, ahora puedo regresar.

Hasta el aire era diferente cuando aterrizamos. Dejé que el resto de la comitiva se encontrase con el Presidente Zamora para gestionar la franquicia (desde 1970 ya no exportamos la revolución, simplemente concedemos una franquicia y ellos corren con los gastos) y me escabullí, en mi silla de ruedas, hasta una salida lateral.

¡Qué diferente la Buenos Aires de 2010, de la Buenos Aires de 2010 que yo recuerdo!
¿Mejor o peor? No puedo decirlo, son socialistas desde hace poco y los cambios suelen ser lentos. Por lo pronto no veo villas miseria, ni tampoco grandes autopistas; ¿parece bueno, no?

Un automóvil me lleva velozmente hacia el norte, busco una ciudad y una dirección que cuidadosamente he evitado desde que pude conocerla; allí podré hacer un definitivo balance de mi vida...
Pienso en todo lo sucedido en estos más de cincuenta años.

La Unión Soviética es la primera potencia mundial; una potencia, debo decirlo, no siempre justa, ni demasiado democrática, pero que es admirada (e imitada) en todo el mundo. Los valores del socialismo siguen vigentes, pese a las “cestitas festivas” y el auge de Redinter, la conexión mundial de computadoras que revolucionó la manera de comunicarse, incluso parece que la rebeldía de izquierda se potenciase a medida que pasa el tiempo. Y, después de los que creé en los años 70, tenemos nuestros propios grupos contestatarios, surgidos espontáneamente y a los que no podemos controlar. Los partidos están en descrédito, es verdad, y quizás no sea ajena a esto mi costumbre de dar regalos a sus presidentes, secretarios y demás, pero los soviets se han independizado de ellos y cada día se hacen más rebeldes a nuestras directivas.

Todavía no hice del fútbol una pasión, pero estamos en eso, desde 1978 (cuando el mundial en Rusia) tenemos periodistas deportivos perfectamente imbéciles, algo es algo...

El resto del mundo es socialista o está en vías de serlo, la Argentina, junto con Papúa y Andorra, eran los únicos estados capitalistas que quedaban y ahora los tres compraron la licencia para ser considerados oficialmente marxistas, así que por ese lado ya no hay problemas. Quedan, podrían decir, los Estados Unidos, já, por favor, ¿alguien puede pensar seriamente que esos cuarenta y pico de estados semiindependientes puede contar para algo?, tienen suerte si no se los incorpora México en un par de décadas...

Hace poco volví a ver al Che, no lo hacía desde el 68, no hablamos de política, simplemente jugamos al ajedrez, pero antes de irme me dejó flotando una pregunta:
- ¿Valió la pena todo esto, Gustavo, no hiciste del socialismo su contrario en el proceso?

Estoy llegando a Rosario, en esta calle vive un hombre de cuarenta años a quien conozco bien y de quien ignoro todo, creo que él será el único que pueda contestarme la pregunta.

FIN