viernes, abril 16, 2010
Escépticos
lunes, abril 05, 2010
Patria indígena
Los años que siguieron cambiaron muchas cosas.
jueves, abril 01, 2010
Afinidades (más o menos) electivas.
Hay paisajes, lugares mentales, gustos espirituales, aromas del alma, que nos definen más allá de la conciencia, más acá del sentimiento.
Resultados de elecciones que no siempre fueron racionales, esos afectos personales nos habitan.
De ellos quiero hablar.
Ahora.
En estos días recuerdo, especialmente, mi predilección por el judaísmo. La cultura, la historia, la religión de ese pueblo (con el cual, que yo sepa al menos, no tengo vínculos genéticos) me fascinan. Visito con frecuencia sitios judíos en la Red, escucho su música, intento leer su lengua.
Es notable, o tal vez no lo sea tanto, esta predilección pues rechazo al sionismo y en especial, la existencia del Estado de Israel tal como fue establecido. Estoy convencido, sin embargo, de que Medinat Yisra'el es en muchos aspectos la negación de del judaísmo; todo cuanto de noble tiene esta cultura tres veces milenaria resulta traicionado por la existencia de ese estado que, en la práctica, defiende valores políticos casi fascistas.
Los sentimientos, claro, no saben de racionalidad, por eso la Hatikvah me conmueve y no pierdo las esperanzas, ateo y goy, de participar alguna vez del séder de Pesaj…
Mi amor por este pueblo tiene sus raíces en la adolescencia.
Entonces era cristiano y me esforzaba por leer la Biblia en sus lenguas originales. Estudié, torpemente, la gramática hebrea y no perdí oportunidad de hacerme con libros escritos en el idioma de Moisés, de Isaías, de Amós. Ansiaba tener el “típico” amigo judío y hasta jugué imaginariamente con volverme un גיור.
Aún conservo el diccionario hebreo que escribí entonces, el tocho indigerible de una proyectada historia hebrea y mis apuntes gramaticales con el nifal, el pataj furtivo y las matres lectionis (no estudiaba neo hebreo, sino hebreo bíblico, por supuesto).
Los años pasaron, conocí hermosas personas de ese pueblo, y quedaron lindos recuerdos de ellas en mi corazón.
Políticamente defiendo la causa palestina y desearía, a pesar de todas las dificultades del caso, que pudiera establecerse un estado laico y binacional en la región; pero aún me emociono, hasta las lágrimas, con el ירושלים של זהב (Yerushalayim Shel Zahav).
Inglaterra es otro de mis hogares espirituales.
En este caso tiene que ver con la literatura inglesa que pude leer, casi siempre en traducciones, con Sir Walter Scott y su mito del “Norman yoke”, con Robert Graves y su persuasiva prosa, con G. K. Chesterton y, en especial, con this jewel among englishmen; J.R.T. Tolkien.
Ellos me hicieron conocer esa Merry England, que nunca existió, me llevaron de la mano por los páramos de las Middlans y los sombríos inviernos de Northumbria.
Luego llegaron Shakespeare, Milton, Blake y el entrañable Hobsbawm, cuya prosa inglesa soy incapaz de juzgar pero que está lleno de esa mezcla de audacia y sensatez que constituye la clave del carácter de los isleños.
Allí, quizás, reside mi afecto por el pueblo inglés, por su cultura, por su literatura sobre todo; en la sencillez, la manera convincente de encadenar el razonamiento.
El common sense anglosajón me "puede"; un placer a la vez estético y lógico. Los alemanes son más precisos a la hora de razonar, pesados, minuciosos, no dejan nada librado al azar; los ingleses, en cambio, confían en que la idea penetre lentamente en nuestro sistema, la destilan, la diluyen si cabe la expresión, y la hacen parecer tan natural como la caída de las hojas en otoño. Y siempre, sin excepción, encuentro en sus palabras esa nota de humorismo no exento de ironía que nos dice, silbando:
Me gustan, pues, los ingleses.
Me gustaron aún más cuando, solos, enfrentaron a los nazis, cuando resistieron las bombas asesinas, cuando marcharon al Continente para derrotar a Sauron.
Y eso no quiere decir que olvide nuestra historia, ligada al Imperio Británico para bien y para mal.
Y eso no me impide reconocer su cinismo a la hora de explotar al resto del mundo en su propio beneficio.
Y eso, en fin, no significa que no me enorgullezca al recordar aquellas fallidas invasiones de Popham, que no asome una sonrisa cuando un buen irlandés les patea el trasero o que no haya delirado cuando, un día en México, Dios jugó al fútbol con la camiseta argentina.
Siempre digo que el hogar de mis ancestros es Europa y que soy un hijo de Occidente con todo lo que eso representa.
Mi lengua es europea, mis lecturas son europeas, mi filosofía y muchos de mis maestros lo son. No digo que eso sea mejor, o peor, que otros orígenes pero uno necesita raíces y las mías están en torno al Mediterráneo.
Por eso me siento a gusto en una piazza de Italia, en un café de París o en el Rastro de Sevilla…
Pequeños afectos también para Italia y sus maravillas, que son mías y de i mío nonni,
para Grecia y sus islas pobladas de náyades (otra lengua, el griego, que amo y he intentado estudiar),
para Francia, madre de la libertad y cuna de los valores de la Modernidad que son los míos propios,
para la petite et héroïque Belgique que, por encima de sus históricos beffrois, del amicale Hercule Poirot, es la patria de aquella que ama mi corazón…
Europeo de estirpe, occidental por cultura, soy americano por nacimiento y, a esta altura de mi vida, opción. Alguna vez me han preguntado si, a semejanza de tantos compatriotas, reclamaría la ciudadanía italiana; mi respuesta, casi instintiva, ha sido ¡no!, yo soy argentino.
Argentino y de Rosario.
Argentino nacido y criado en los años 60 y 70.
Argentino que vivió su adolescencia en los estupendos 80.
Argentino que recorrió mil veces la historia y los paisajes de su tierra en las páginas de un libro y, ahora, en las rutas argentinas hasta el fin.
Amo mi país (a mi generación le cuesta decir patria), y me indigno cuando mis compatriotas lo motejan con epítetos escatológicos;
o sea cuando dicen: ¡qué país de mierda! (en criollo) frase que, más que argenta, me parece porteña, deleznablemente porteña.
Amo su historia y amo sus mitos aún no contados.
Amo su lengua. Su música (últimamente hasta el tango). Su diversidad.
No tengo, que sepa, ancestros indígenas; pero no puedo dejar de pensar en una Argentina de diez mil años de antigüedad, de miles de lenguas, de cientos de historias que me hablan al oído y me reivindican como suyo, a mí, que llegué exiliado desde las tierras del Viejo Mundo.
Argentina, América (toda, todita), el Nuevo Mundo y, ya que estamos, el Hombre Nuevo son también parte de mis afinidades electivas. Y de ellas hablaré otro día…
domingo, marzo 28, 2010
Identidades
Alterno entre Huey Lewis (si lo recordás estás revelando tu edad) y Mozart; ecléctico el pibe!
Escribo, navego por la Wikipedia (cinco horas ayer editando un artículo), me doy una vuelta por el Caralibro (¡me encantó la traducción!) y disfruto de la vida en este domingo soleado.
Después del almuerzo corrijo las tareas de vacaciones y me dejo llevar por la placidez de estar en mi casa, junto a la mujer que amo, pensando que la vida, la verdadera vida, es esto que me pasa. El momento, el instante en que lo Eterno se funde con lo Transitorio y uno puede sentirse casi un dios...
Y con lo dicho basta!
miércoles, marzo 17, 2010
Acepto el desafío; En Garde !
En otros tiempos cualquier aspirante a ser considerado l'Enfant terrible, tenía a gala ser de izquierda. Puede que no comulgase con tal o cual ortodoxia marxista, pero defendía los valores de justicia y libertad que eran propios de una forma de pensamiento que, todavía, seguimos llamando progresismo. Las causas más nobles; los derechos del trabajador, de las mujeres, de los oprimidos en todo el mundo, hallaban en él su abogado y su embajador. Por sentido ético, mucha veces, por vanidad en ocasiones, por esa condición provocadora que debe tener todo intelectual.
Lo peor que se puede hacer ante este tipo de pensador es ignorarlo. Tampoco es preciso refutarlo. Plantean preguntas que exigen respuestas inteligentes y meditadas. No basta con el discurso de barricada o los mantras ortodoxos, al contrario, eso refuerza el poder discursivo del intelectual conservador. Hay que asumir aquellas de sus críticas que sean válidas, y nos sorprenderemos de ver como algunas coinciden con la tradición de la izquierda. Hay que usar con inteligencia sus métodos y acercarnos al multiverso público del siglo XXI con un lenguaje despojado de convencionalismos y clichés de otros tiempos.domingo, marzo 14, 2010
El desapego como ejercicio político
Despeja tu mente de todo cuanto sabes, o crees saber, sobre la historia reciente de la Argentina.
Olvida, en un gesto voluntario, preferencias y tradiciones familiares, discursos recibidos y aceptados y el hecho, fundamental, de ser argentina o argentino.
Encierra entre paréntesis todo aquello que te implica personalmente con este país sudamericano y camina, mira, oye, lee, siente las calles familiares como si fueses un turista.
Deja a salvo de la omisión tu inteligencia: esto es muy importante.
¿Lo hiciste?
Bien, ahora abre las páginas de un diario (cualquiera, recuerda que no tienes pre juicios sobre ellos) y lee. Lee con toda tu lucidez pero, atención, sin involucrarte; eres un extranjero que se interesa por conocer la realidad de ese país exótico llamado Argentina.Pasea, también por la ciudad, devenida ajena por un acto de tu voluntad.
Escucha a los taxistas (si es que existe, nuestro inconsciente colectivo radica en ellos), a la chica de la panadería, al kiosquero, a uno y otro (público y priovado) joven universitario, a los militantes y a los indiferentes, a este, a aquel, al de más allá...
Visita a tus parientes que, ignorando tu decisión, buscarán que seas cómplice de sus apreciaciones sobre lo mal o bien que van las cosas ahora que tal o cual está en el gobierno.

Cuando regreses a tu identidad real.
Cuando vuelvas a ser el argentino quejoso, solidario y ligeramente cínico, o la argentina avispada y un poco paranoica que eras, que somos.
Cuando, en fin, regreses de tu viaje mental, quizás puedas descubrir, con asombro, más de un par de cosas que no sabías sobre tu propio país.
Verás que no todo es tan tremendo como algunos lo pintan, ni tan maravilloso como otros quieren demostrar.
Verás que hay mucho de bueno y demasiado de malo en este suelo; como en todos los otros suelos del mundo.
Verás que se grita más de lo deseable, que se entablan batallas absurdas con una lógica propia de críos.
Que los malos, de aquí o de allá, también pueden tener buenas ideas.
Que los buenos, nuestros o ajenos, suelen equivocarse más de lo que nos gusta admitir.
Que...
Pudiste, por un rato, salir de esa lógica facciosa que nos ahoga en la Argentina. Tal es, compatriota, el primer paso para que podamos ser una República.
miércoles, marzo 10, 2010
DISCURSO DE PEPE MUJICA A LOS INTELECTUALES.

DISCURSO DE PEPE MUJICA A LOS INTELECTUALES.
En el encuentro con los intelectuales, el miércoles 29 de abril en el Palacio Legislativo.
Queridos amigos:
La vida ha sido extraordinariamente generosa conmigo.
Me ha dado un sinfín de satisfacciones más allá de lo que nunca me hubiera atrevido a soñar.
Casi todas son inmerecidas. Pero ninguna más que la de hoy: encontrarme ahora aquí, en el corazón de la democracia uruguaya, rodeado de cientos de cabezas pensantes.
¡Cabezas pensantes! A diestra y siniestra.
Cabezas pensantes a troche y moche, cabezas pensantes pa’ tirar pa’ arriba.
¿Se acuerdan de Rico Mac Pato, aquel tío millonario del pato Donald que nadaba en una piscina llena de billetes?
El tipo había desarrollado una sensualidad física por el dinero.
Me gusta pensarme como alguien que le gusta darse baños en piscinas llenas de inteligencia ajena, de cultura ajena, de sabiduría ajena.
Cuanto más ajena, mejor.
Cuanto menos coincide con mis pequeños saberes, mejor.
El semanario BÚSQUEDA tiene una hermosa frase que usa como insignia:
“Lo que digo no lo digo como hombre sabedor, sino buscando junto con vosotros”.
Por una vez estamos de acuerdo.
¡Si estaremos de acuerdo!
Lo que digo, no lo digo como chacarero sabiondo, ni como payador leído, lo digo buscando con ustedes.
Lo digo, buscando, porque sólo los ignorantes creen que la verdad es definitiva y maciza, cuando apenas es provisoria y gelatinosa. Hay que buscarla porque anda corriendo de escondite en escondite. Y pobre del que emprenda en soledad esta cacería.
Hay que hacerlo con ustedes, con los que han hecho del trabajo intelectual la razón de su vida. Con los que están aquí y con los muchos más que no están.
DE TODAS LAS DISCIPLINAS
Si miran para el costado van a encontrar seguramente algunas caras conocidas porque se trata de gente que se desempeña en espacios de trabajo afines. Pero van a encontrar mucho más caras que les son desconocidas, porque la regla de esta convocatoria ha sido la heterogeneidad.
Aquí están los que se dedican a trabajar con átomos y moléculas y los que se dedican a estudiar las reglas de la producción y el intercambio en la sociedad.
Hay gente de las ciencias básicas y de su casi antípoda, las ciencias sociales; gente de la biología y del teatro, y de la música, de la educación, del derecho y del carnaval.
Y en tren de que no falte nada, hay gente de la economía, de la macroeconomía, de la microeconomía, de la economía comparada y hasta alguno de la economía doméstica.
Todas cabezas pensantes, pero que piensan en distintas cosas y pueden contribuir desde sus distintas disciplinas a mejorar este país.
Y mejorar este país significa muchas cosas, pero desde los acentos que queremos para esta jornada, mejorar el país significa empujar los complejos procesos que multipliquen por mil el poderío intelectual que aquí esta reunido.
Mejorar el país, significa que dentro de veinte años, para un acto como este no alcance el Estadio Centenario, porque al Uruguay le salen ingenieros, filósofos y artistas hasta por las orejas.
No es que queramos un país que bata los récords mundiales por el puro placer de hacerlo.
Es porque está demostrado que, una vez que la inteligencia adquiere un cierto grado de concentración en una sociedad, se hace contagiosa.
INTELIGENCIA DISTRIBUIDA
Si un día llenamos estadios de gente formada va a ser porque afuera, en la sociedad, hay cientos de miles de uruguayos que han cultivado su capacidad de pensar.
La inteligencia que le rinde a un país es la inteligencia distribuida.
Es la que no está sólo guardada en los laboratorios o las universidades, sino la que anda por la calle.
La inteligencia que se usa para sembrar, para tornear, para manejar un autoelevador o para programar una computadora.
Para cocinar, para atender bien a un turista, es la misma inteligencia.
Unos subirán más escalones que otros, pero es la misma escalera.
Y los peldaños de abajo son los mismos para la física nuclear que para el manejo de un campo. Para todo se precisa la misma mirada curiosa, hambrienta de conocimiento y muy inconformista.
Se termina sabiendo, porque antes supimos estar incómodos por no saber.
Aprendemos porque tenemos picazón y eso se adquiere por contagio cultural, casi cuando abrimos los ojos al mundo.
Sueño con un país en el que los padres le muestren el pasto a los hijos chicos y le digan: “¿Sabés qué es eso?, es una planta procesadora de la energía del sol y de los minerales de la tierra”.
O que les muestren el cielo estrellado y hagan piecito en ese espectáculo para hacerlos pensar en los cuerpos celestes, en la velocidad de la luz y en la transmisión de las ondas.
Y no se preocupen, que esos uruguayos chicos igual van a seguir jugando al fútbol. Sólo que, en una de esas, mientras ven picar la pelota puedan pensar a la vez en la elasticidad de los materiales que la hacen rebotar.
CAPACIDAD DE INTERROGARSE
Había un dicho: “No le des pescado a un niño, enséñale a pescar”.
Hoy deberíamos decir: “No le des un dato al niño, enséñale a pensar”.
Tal como vamos, los depósitos de conocimiento no van a estar más dentro de nuestras cabezas, sino ahí afuera, disponibles para buscarlos por Internet.
Ahí va a estar toda la información, todos los datos, todo lo que ya se sabe. En otras palabras, van a estar todas las respuestas. Lo que no van a estar es todas las preguntas.
En la capacidad de interrogarse va a estar la cosa. En la capacidad de formular preguntas fecundas, que disparen nuevos esfuerzos de investigación y aprendizaje.
Y eso está allá abajo, marcado casi en el hueso de nuestra cabeza, tan hondo que casi no tenemos conciencia. Simplemente aprendemos a mirar el mundo con un signo de interrogación, y esa se vuelve la manera natural de mirar el mundo.
Se adquiere temprano y nos acompaña toda la vida. Y sobre todo, queridos amigos, se contagia.
En todos los tiempos, han sido ustedes, los que se dedican a la actividad intelectual, los encargados de desparramar la semilla.
O para decirlo con palabras que nos son muy queridas: ustedes han sido los encargados de encender la admirable alarma.
Por favor, vayan y contagien. ¡No perdonen a nadie!
Necesitamos un tipo de cultura que se propague en el aire, entre en los hogares, se cuele en las cocinas y esté hasta en el cuarto de baño.
Cuando se consigue eso, se ganó el partido casi para siempre. Porque se quiebra la ignorancia esencial que hace débiles a muchos, una generación tras otra.
EL CONOCIMIENTO ES PLACER
Necesitamos masificar la inteligencia, primero que nada para hacernos productores más potentes. Y eso es casi una cuestión de supervivencia.
Pero en esta vida, no se trata sólo de producir: también hay que disfrutar. Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer.
Dicen que la gente que trota por la rambla, llega un punto en el que entra en una especie de éxtasis donde ya no existe el cansancio y sólo queda el placer.
Creo que con el conocimiento y la cultura pasa lo mismo. Llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute.
¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente!
Qué bueno sería, si en la canasta de la calidad de la vida que el Uruguay puede ofrecer a su gente, hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales. No porque sea elegante sino porque es placentero.
Porque se disfruta, con la misma intensidad con la que se puede disfrutar un plato de tallarines.
¡No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices!
Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de Shopping centers. En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos…
No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible.
Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción.
Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras. Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera aristocracia de la humanidad. Es la elección de los noveleros y los frívolos. Los holandeses andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los conciertos o a los parques.
Porque han llegado a un nivel en el que su felicidad cotidiana se alimenta tanto de consumos materiales como intelectuales.
Así que amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento. En paralelo, mi modesta contribución va a ser tratar de que los uruguayos anden de bicicleteada en bicicleteada…
INCONFORMISMO
Les pedía antes que contagien la mirada curiosa del mundo, que está en el ADN del trabajo intelectual. Y ahora agrando el pedido y les ruego que contagien inconformismo.
Estoy convencido que este país necesita una nueva epidemia de inconformismo como la que los intelectuales generaron décadas atrás.
En el Uruguay, los que estamos en el espacio político de la izquierda somos hijos o sobrinos de aquel semanario Marcha del gran Carlos Quijano. Aquella generación de intelectuales se había impuesto a sí misma la tarea de ser la conciencia crítica de la nación. Anduvieron con alfileres en la mano pinchando globos y desinflando mitos.
Sobre todo el mito del Uruguay multicampeón. Campeón de la cultura, de la educación, del desarrollo social y de la democracia. ¡Qué íbamos a ser campeones de nada!
Y menos en esos años, en las décadas de los cincuenta y sesenta, donde el único récord que supimos conseguir fue la del país de Latinoamérica que menos creció en veinte años. Sólo nos superó Haití en ese ranking.
Esos intelectuales ayudaron a demoler aquel Uruguay de la siesta conformista. Con todos sus defectos, preferimos esta etapa, donde estamos más humildes y ubicados en la real estatura que tenemos en el mundo.
Pero tenemos que recuperar aquel inconformismo y tratar de metérselo debajo de la piel al Uruguay entero.
Antes les decía que la inteligencia que le sirve a un país es la inteligencia distribuida.
Ahora les digo que el inconformismo que le sirve a un país es el inconformismo distribuido. El que ha invadido la vida de todos los días y nos empuja a preguntarnos si lo que estoy haciendo no se puede hacer mejor.
El inconformismo está en la naturaleza misma del trabajo que ustedes hacen. Se precisa que se nos haga a todos una segunda naturaleza..
Una cultura del inconformismo es la que no nos deja parar hasta conseguir más kilos por hectárea de trigo o más litros por vaca lechera.
Todo, absolutamente todo, se puede hacer hoy un poco mejor que ayer.
Desde tender la cama de un hotel a matrizar un circuito integrado.
Necesitamos una epidemia de inconformismo. Y eso también es cultural, eso también se irradia desde el centro intelectual de la sociedad a su periferia. Es el inconformismo el que ha ganado el respeto a pequeñas sociedades y a lo que hacen.
Ahí andan los suizos, cuatro gatos locos como nosotros, que se dan el lujo de andar por ahí vendiendo calidad suiza o precisión suiza. Yo diría que lo que de verdad venden es inteligencia e inconformismo suizos, ese que tienen desparramado por toda la sociedad.
LA EDUCACION ES EL CAMINO
Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación. Y mire que es un puente largo y difícil de cruzar.
Porque una cosa es la retórica de la educación y otra cosa es que nos decidamos a hacer los sacrificios que implica lanzar un gran esfuerzo educativo y sostenerlo en el tiempo.
Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas.
Pero hay que hacerlo.
Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.
Y hay que hacerlo ahora, cuando todavía está fresco el milagro tecnológico de Internet y se abren oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento. Yo me crié con la radio, vi nacer la televisión, después la televisión en colores, después las transmisiones por satélite.
Después resultó que en mi televisor aparecían cuarenta canales, incluidos los que trasmitían en directo desde Estados Unidos, España e Italia.
Después los celulares y después la computadora, que al principio sólo servía para procesar números. Cada una de esas veces, me quedé con la boca abierta.
Pero ahora con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa. Me siento como aquellos humanos que vieron una rueda por primera vez. O como los que vieron el fuego por primera vez.
Uno siente que le tocó en suerte vivir un hito en la historia.
Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición, todas las revistas científicas y todos los libros del mundo.
Y probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo. Es abrumador. Por eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan nadar en ese torrente.
Hay que subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua. Lo conseguiremos si está sólida esa matriz intelectual de la que hablábamos antes.
Si nuestros chiquilines saben razonar en orden y saben hacerse las preguntas que valen la pena. Es como una carrera en dos pistas, allá arriba en el mundo el océano de información, acá abajo preparándonos para la navegación trasatlántica.
Escuelas de tiempo completo, facultades en el interior, enseñanza terciaria masificada.
Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública.
Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo.
No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines. Esas son las herramientas que nos habilitan a interactuar con la explosión universal del conocimiento.
Este mundo nuevo no nos simplifica la vida, nos la complica. Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación. No hay tarea más grande delante de nosotros.
EL IDEALISMO AL SERVICIO DEL ESTADO
Queridos amigos, estamos en tiempos electorales. En benditos y malditos tiempos electorales. Malditos, porque nos ponen a pelear y a correr carreras entre nosotros. Benditos, porque nos permiten la convivencia civilizada.
Y otra vez benditos, porque con todas sus imperfecciones, nos hacen dueños de nuestro destino. Aquí todos aprendimos que es preferible la peor democracia a la mejor dictadura.
En los tiempos electorales, todos nos organizamos en grupos, fracciones y partidos, nos rodeamos de técnicos y profesionales, y desfilamos frente al soberano. Hay adrenalina y entusiasmo.
Pero después, alguien gana y alguien pierde. Y eso no debería ser un drama. Con unos o con otros, la democracia uruguaya seguirá su camino e irá encontrando las fórmulas hacia el bienestar.
Nos toque el lugar que nos toque, allí vamos a estar tratando de poner el hombro. Y estoy seguro de que ustedes también.
La sociedad, el Estado y el Gobierno precisan de sus muchos talentos. Y precisan aún más de su actitud idealista.
Los que estamos aquí, nos acercamos a la política para servir, NO para servirnos del Estado. La buena fe es nuestra única intransigencia. Casi todo lo demás es negociable.
Gracias por acompañarme.
viernes, febrero 05, 2010
No eran tan buenos los tiempos 3 y último
El socialismo (versión posmoderna) gobierna la provincia de Santa Fe desde el 11 de diciembre de 2007. Después de las promesas de la campaña nos encontramos con un importante déficit en materia económica y, lo que es más importante, social. La administración Binner está lejos de satisfacer las expectativas que despertó en un sector importante de la población. Rojo en las cuentas provinciales, incumplimiento de compromisos asumidos, imposibilidad de llevar adelante la Reforma Tributaria (ni hablar de la constitucional), crisis energética, crecimiento del delito... No es cuestión de buscar "culpas", entiendo muy bien lo que representa, estructuralmente, el Estado y por eso no espero demasiado de este o aquel partido; pero tampoco vale el cómodo expediente de decir el Estado es la junta de administración de la clase dominante... y quedarse tranquilo con la cita de Illich, pues si es ciertamente eso, también es mucho más y clasificar no nos exime del trabajo de entender. El propósito de este artículo es, apenas, comprender cómo una administración que llegó al poder con el 48% de los votos, con la intención de modificar el rumbo de la provincia pueda encontrarse en esta situación crítica y esperando fondos del gobierno nacional para evitar una masiva huelga de estatales...
El peronismo gobernó Santa Fe desde el retorno de la democracia, vale decir durante casi 25 años, un cuarto de siglo, una generación, demasiado tiempo.
Sus administraciones fueron desde pésimas hasta medianamente correctas; lo mejor que se puede decir de ellas es que mantuvieron "la cosa" funcionando, llevaron adelante algunas obras públicas, pagaron los sueldos, condonaron impuestos a los poderosos, intentaron una torpe política sanitaria, social y educativa, otorgaron contratos exorbitantes a los "amigos", siguieron fielmente las directivas del gobierno federal de turno y su lema, quizás calcado sin saber del de París, fue "Fluctuat nec mergitur", flota sin sumergirse. Si la provincia no se hundía, decían Vernet, Reviglio, Reutemann y Obeid, entonces todo estaba bien.
Durante la mayor parte de esos años la oposición consistía en dos partidos de escasa diferencia a la hora de actuar, o no hacerlo, uno de ellos de alcance nacional; el radicalismo, y el otro provincial; la democracia progresista ambos nombres notablemente equívocos (pero de eso hablaremos otro día). La coexistencia era pacífica y civilizada; los peronistas sabían que siempre iban a ser gobierno, controlando también el poder legislativo, y los otros que estaban destinados a contentarse con sus discursos.
De carambola, y casi como en una película de enredos, el Partido Socialista, minoritario, histórico pero desvaído, llegó a
Como sea, los muchachos amarillos hicieron bien las cosas. Se aferraron a la oportunidad, pusieron énfasis en
La política quedó a un lado; hubo mucho de gestión y bastante de comunicación y mercadeo. No es que fueron desastrosos (para eso está el PJ), pero lo cierto es que sus mejores iniciativas, por ejemplo el Presupuesto Participativo, siempre quedaron a mitad de camino. No se atrevieron, los "mormones", nunca se animan...
El deterioro de la imagen peronista en la provincia, el crecimiento de Rosario (tema para otro artículo), las alianzas con la oposición, un discurso inteligente y algo de suerte allanaron el camino de Binner a
Si bien en las formas se trata de un frente (Frente Progresista Cívico y Social, ¿vaya nombre!) el PS, partido de cuadros, controla las principales áreas de gobierno. En Diputados cuenta con la mayoría, pero no ocurre lo mismo en
Hasta aquí la descripción del escenario.
El socialismo, hay que saberlo, carece de ideología y no tiene un programa claro de gobierno, en lo cual se parece al PJ. Lo distingue del peronismo un respeto casi fetichista por los grados universitarios, el amor inextinguible por los proyectos y la disciplina interno des sus cuadros, nutrida por una mística difusa que subordina (y justifica) todas las acciones en función del Partido. No en vano el calificativo de “mormones” que se les endilga. Para un PS no hay nada mejor que otro PS, excepto un PS con título académico.
Es claro que estos cuadros no se sienten, salvo en un diluido sentido histórico, expresión de la clase trabajadora; más bien encarnan un tipo social bastante difundido. Son profesionales con cierto barniz intelectual, respetuoso de los derechos civiles, cultor de los valores democráticos y burgueses y genuinamente conmovido por las desigualdades sociales. Como no tienen ninguna teoría acerca de la sociedad o la economía, aceptan al capitalismo como aceptan al clima o la hidrografía; datos inmodificables de la realidad. En una palabra, son auténticos liberales en el sentido más pleno de la palabra.
Que, pese a ello, sean considerados de centro izquierda habla claramente de nuestras anomalías políticas.
No sabían, cuando “tomaron el poder”, que no cumplirían con sus promesas de campaña; se reunieron, porque les gusta juntarse y charlar durante horas (sin pagar horas extra, por supuesto) y elaboraron planes políticamente correctos y emplearon profusamente la jerga de los cientistas sociales y crearon cargos de coordinación y…
Escasos fueron los resultados. Organizar un barrio era algo que podían hacer, una ciudad les costaba un poco más pero se apañaban para salir airosos, ¿una provincia?, bueno, es algo más complicado.
Se perdieron en el día a día y, cuadros al fin, fueron incapaces de forjar alianzas políticas útiles o siquiera funcionales, subestimaron a sus adversarios y, sobre todo, no pudieron construir poder; apenas un 5 en táctica y un reprobado en estrategia.
La inercia del peronismo unido en la obstrucción y los vaivenes de la economía provincial (atada a la producción agrícola) hicieron el resto.
El déficit en las cuentas públicas es producto tanto del manejo errado de los fondos como de la incapacidad para desmontar los mecanismos económicos y políticos de sus predecesores.
Conciente de ello, el PJ les marca la cancha y juega en el terreno que más le gusta. Poco les importa que Binner los exponga ante una sociedad indiferente, lo que cuenta es que se corte la luz, falle la seguridad y haya protestas sociales. Ya se sabe, si el gobierno no gobierna, ellos vuelven.
Es que llegar al poder es fácil, lo difícil es mantenerse en él.
¿Entonces?
Entonces el camino es casi intransitable para la asepsia del PS.
En tanto confunda gobierno con gestión, en tanto deje de lado la política, digo la construcción de poder, no de alianzas electorales, en tanto desconozca la complejidad de esta provincia y, sobre todo, en tanto no se atreva a comprometerse para lograr una mayor justicia social los tiempos en Santa Fe irán de mal en peor.
Es una lástima que suceda pero, cuando llueva, deberán recordar que fueron ellos mismos quienes empeoraron los tiempos...
miércoles, febrero 03, 2010
No eran tan buenos los tiempos 2
(Nota: Como dije antes, este es un artículo sobre política local Por mi incapacidad de síntesis lo he dividido en 3 partes, de las cuales, esta es la segunda)
Desde finales de 2007 el Frente Progresista Cívico y Social, liderado por el Partido Socialista, rige la provincia de Santa Fe. Hermes Binner, ex intendente de Rosario, es el gobernador.
Su lema, durante la campaña electoral, fue “Buenos Tiempos”, pero la realidad, al comenzar su tercer año de gestión, indica otra cosa.
Un intento de análisis de esta situación debe comenzar, sin duda, por conocer el escenario en el cual se desarrolla.
Al sur y sobre el litoral del Paraná; Rosario y su región (que se extiende, dicho sea de paso, incluso un poco fuera de la provincia). Complejo agro industrial, es uno de los centros del poder económico provincial. Fuertemente autonomista es, además, el más desarrollado en materia de acción política. Epicentro de huelgas y reclamos, sede de lobbistas, usina de pensamiento tanto para los representantes del poder económico y social (derecha decíamos antes), como para los que quieren construir alternativas de contra poder (eso que se llamaba izquierda). Creyendo, no siempre con razón, ser el motor de la provincia.
Más al sur, y hacia adentro, la región con centro en Venado Tuerto.
La pampa gringa. Lejana de la capital, cercana hasta cierto punto a Rosario, preocupada por sus propios intereses agrarios. Los sectores medios, los más dinámicos de la región, están estrechamente vinculados a la explotación agropecuaria, la vida cotidiana de las ciudades y pueblos gira en torno del “campo” pues de su prosperidad depende la de ellos mismos. Los chacareros constituyen un colectivo de por sí heterogéneo, no apto para reducción simplistas o descriptivas como la presente, pero al menos se puede decir que engloban desde el pequeño productor, apenas a salvo de las deudas, hasta el propietario de grandes extensiones, próspero (muy próspero en algunos casos) gracias a la soja, por producirla o por alquilar sus tierras para la siembra, pero no siempre protegido ante imprevisibles desplomes del mercado o esperables gabelas del Estado. Rubros productivos, cercanía a las terminales, acceso al crédito, calidad de los campos son factores que matizan estos gruesos trazos, y determinan opciones políticas.
El centro administrativo y decisorio está centrado en Santa Fe de la Vera Cruz, no en vano cito su nombre colonial, con su proverbial parsimonia (a menudo exageradas desde el sur), con su tradición burocrática del “así se hizo siempre” y con cierto orgullo desdeñoso ante el resto de la provincia.
También con sus gentes olvidadas, como los trabajadores de río, los migrantes venidos desde la pobreza interior, con los que resisten casi de forma refleja.
A la primera se la identifica por su tez blanca, sus apellidos de corte centro europeo y sus campos de algodón, antes, de soja, hoy. Funcionarios, burócratas y docentes pertenecen a ella que colonizó, con ayuda del Rémington, la Cruz y la Forestal, aquella región indómita hace exactamente un siglo. La segunda poco cuenta; son más bien morochos y revelan la tenacidad del ADN nativo, criollos se denominan, otros epítetos les son dados desde fuera; trabajan pero no pueden protestar, sólo escuchar y seguir a sus supuestos dirigentes, mientras esperan las dádivas de los que saben, los que tienen o los que pueden.
El resto de la provincia, habría que mencionar el centro oeste por ejemplo, participa un poco de las características de estas cuatro.
Hay explotación en Santa Fe, aunque no se diga en voz alta, hay feudalismo en muchas regiones, hay clientelismo y no siempre es de origen peronista, y no siempre es practicado por los partidos políticos.











