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miércoles, diciembre 07, 2011

Evocación de la Juventud Franciscana

Años oscuros los que van entre 1980 y 1983.

Años de breve primavera aquellos de 1984.

Para mí, y para algunos más, son los años de nuestra adolescencia. Los años en que participamos de la Juventud Franciscana en la Parroquia San Francisco Solano de Rosario.

Recuerdo esos días en la Parroquia. Tarde y noche del sábado, mañana del domingo, algunas veces también durante la semana. Era algo así como un club, algo parecido a un seminario, abierto y mixto, un cruce entre lo religioso, lo comunitario y lo político. Más de cien jóvenes, chicos y chicas, entre trece y dieciocho años; hijos de una sociedad tutelada por las armas, por el dinero y por la fe, hermanos menores de aquellos que, cinco años atrás, habían soñado, y actuado, para cambiar la Historia y ahora, habían desaparecido en casas ocultas o en tumbas sin nombre. Allí, protegidos por el nombre de una Iglesia ambigua, crecíamos, aprendíamos, descubríamos que el mundo era mucho más grande, y complejo, de lo que imaginábamos.

Nos reuníamos por edad, en grupos llamados fraternidades, cada una de las cuales adoptaba sonoros nombres que evocaban algunos de los mitos cristianos. Un sistema organizativo calcado de aquel que tenían los frailes, con capítulos y concejos, nos enseñaba los rudimentos de la democracia en tiempos de despotismo. Los mayores, o los más comprometidos, animaban (así decíamos) a la fraternidad; animar significaba una especie de dirección laxa, basada en el consenso y la capacidad de liderazgo, que determinaba los temas de cada reunión, sus compromisos y, en algunos casos, las tareas en servicio a la comunidad. Uno o dos frailes, en nuestro caso eran también presbíteros, brindaban la asesoría espiritual, cuando podían que era pocas veces. El padre Joaquín Núñez OFM era uno de ellos. Le debo mucho más de lo que él imagina.


Había mucho espacio para el desarrollo personal y para las iniciativas de cada fraternidad. Leíamos la Biblia, cantábamos, tomábamos mate (para algunos era su primera vez), jugábamos a las cartas, discutíamos, nos peleábamos y nos reconciliábamos, comentábamos la actualidad, participábamos, por supuesto, de la misa y, en mi caso, colaborábamos con la redacción de una pequeña revista parroquial llamada Sendero. Algunas fraternidades cantaban en la misa del cercano Hospital Carrasco, donde se alojaban enfermos infecciosos, y otras se acercaban a la capilla de la Villa Miseria, el barrio le decíamos, para descubrir lo mismo que sus hermanos ausentes, habían hallado diez años atrás.

La Juventud Franciscana, por supuesto, no tenía entre sus propósitos crear conciencia social o fomentar el activismo, político o de otra clase. Los que la crearon eran fieles hijos de la Iglesia Católica y, a lo sumo, habían sido alcanzados por la breve e intensa ola de renovación que tuvo lugar entre el Concilio Vaticano II y el advenimiento de Juan Pablo II. La idea era acercar el catolicismo, en su versión franciscana, a los jóvenes con la loable intención de fomentar la vocación religiosa o, en el peor de los casos, formar adultos comprometidos con la ideología de la Iglesia. Las instituciones, se sabe, tienen otra vida que la de aquellos que las pergeñan y están hechas por personas con sus propias agendas y tablas de valores. Los creadores de la JuFra, por ejemplo, no contaron con la conjunción; en la Parroquia San Francisco Solano de Rosario, de un cura marginal y rebelde, pibes ansiosos de participar y que encontraban un cauce para sus sueños juveniles, y el velado recuerdo de la generación anterior.

En otros ámbitos, colegios o ciudades del interior provincial, no sucedió lo mismo; la JuFra era, en esos lugares, un grupo religioso más. En aquella, la que viví durante casi tres años, se creó una escuela para el futuro, un futuro sin vigilantes y transformador.

Algunos, claro está, se quedaron en la escuela sin graduarse jamás; a ellos se les debe la permanencia de la JuFra hasta hoy, nada más.

Otros, estoy orgulloso de contarme entre ellos, nos alejamos cuando fue el momento oportuno y, desde ámbitos, ideales, proyectos y acciones diferentes, nos comprometimos con la construcción de nuestra devastada sociedad. A veces me cruzo con alguno de ellos; trabajadores sociales, activistas, cooperadores escolares o docentes y sé, sabemos, que aquella vieja JuFra fue lo que nos hizo, en gran medida, ser lo que somos.


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miércoles, noviembre 16, 2011

Engage!









Otra vez parto hacia
la segunda estrella
más allá de la Luna.
Sólo para ver que hay.
Sólo para poder contar historias.Por el mero placer de la navegación.

¿De qué hablar tras tan larga ausencia?

El Universo.
El Universo siempre es un buen tema. Está allí y nos complace pensar que no cambia, de hecho nos complace pensar que existe. Uno y diverso: acabo de enterarme que debemos esta palabra a Lucrecio; me encanta que sea así. Lucrecio es uno de mis autores favoritos, pertenece a ese grupo de griegos y romanos con los cuales hubiera podido conversar. No suelo lamentarme por el curso de la historia, pero cuando releo a los romanos y a los griegos pienso en todo cuanto perdimos al aceptar el cristianismo y su moral...

Volvamos, ahora, al Universo.
Sostengo la arrogante opinión, contraria a las Escrituras, de que todo eso que nos rodea (galaxias y demás, ya saben) no ha sido creado para nosotros, que somos sólo una gota en un océano más vasto. Sostengo también otra arrogante opinión, esta vez contraria a la necesidad de afecto de muchos de mis lectores, quizás seamos la primera especie inteligente del Universo, quizás estemos solos, quizás la autoconciencia de la materia (la mejor definición de lo que somos) ha surgido, por vez primera, en este olvidado rincón del Cosmos.
Y esta porción de materia, que mira y se mira, está comenzando a desentrañar los misterios de ese mismo universo que le dio origen. Esta es una visión maravillosa y un motivo de orgullo más legítimo que todas las supersticiones y pesimismos de la Historia.

Acerco la lente a realidades más cercanas.

El planeta Tierra (incluidos los objetos actualmente en órbita)








No estamos bien, todo es un desastre. Hambre, a pesar de que con al dinero que se les concedió como salvataje a los Bancos en 2009 se podría garantizar la alimentación a toda la Humanidad por seis (otros dicen doce) siglos, guerras, y lo peor de todo, guerras religiosas, crisis económica, desilusión, la maldad campando por sus respetos... La gente ya no cree en nada, se pierde el respeto, barbaridades como el matrimonio homosexual o la despenalización del aborto son aceptadas sin más.



Y el planeta se enferma, mutilamos, devastamos, ofendemos, matamos a la buena Gea que nos ha dado a luz. Saqueos, pillajes, devastaciones, opresión de todos tipo, racismo encubierto, nuevas enfermedades y endemias que se ceban en los más débiles. El mundo está interconectado, pero el ser humano está solo; trata de blancas (y de otros tonos de piel, por cierto), se expande la pornografía más grosera; la de la vida expuesta a la mirada pública, por contrato muchas veces. Ya nadie lee, los video juegos reemplazan a la realidad, la cultura se vuelve superficial y en los blogs se satisface el onanismo de escritores mediocres. Violencia, maldad y pecado; el escenario previo a ese Apocalipsis, que tantas veces han anunciado, está montado.



Estamos a las puertas de un gran cambio, todo hace presumir un nuevo amanecer para la Raza Humana. Solidaridad, objetivos globales para eliminar la pobreza, movimientos sociales que se plantean la posibilidad de construir un nuevo mundo, más justo, más solidario, más libre. Emergen los nuevos derechos; mujeres, homosexuales, indígenas, niños toman conciencia de su poder, se liberan de opresiones seculares, salen a la plaza pública para decir su palabra. El mundo está interconectado, miles de millones tenemos acceso a verdaderas bibliotecas virtuales, nuevas formas de socialización, de expresión multimedia, videojuegos que nos transportan a universos imaginados, se acelera la capacidad de procesar información de nuestra especie. Tiempos de abundancia; nunca tantos vivieron tan bien como en los tiempos actuales (lo que no significa que todos vivan tan bien) y la expectativa de vida entra en una curva ascendente. Si hay un resurgimiento religioso, también es verdad que el ateísmo se ha puesto de moda (y eso siempre es una buena noticia). Las guerras mundiales son un recuerdo del pasado, como van en camino de serlo el racismo, la discriminación, el pillaje y la indiferencia.
Cada vez son más los que se comprometen con el cuidado del medio ambiente. Las bases materiales para superar el capitalismo están puestas. El futuro no puede ser más promisorio.

Las dos visiones son reales.
Ambas hablan de nuestros (no siempre los comparto) temores y esperanzas.
Podría decirse que son el punto de vista pesimista y optimista, pero yo no elegiría esta solución simplista; prefiero pensar que se trata de un intento de ver la dialéctica de la cosa.
Negativo, positivo.
Retroceso, avance.
Sombra, luz.
Palabras que tratan de mostrar que la historia se sigue escribiendo y que carece de conciencia, excepto la que podemos crear nosotros con nuestras acciones u omisiones.
Palabras balbuceantes, por lo demás.

Claro que, vale aclarar, considero más real, no real no, ¿verdadera?, ... a la segunda visión.

En el desarrollo de la civilización, que todavía no ha salido de su prehistoria, creo que se construye más de lo que se destruye. El mero hecho de ser concientes de todo cuanto nos falta, la simple posibilidad de cuestionarnos a nosotros mismos (algo que nuestros predecesores escasamente practicaban) es un indicio de que estamos en buen camino...

Y basta por hoy. En el próximo post comentaré algo sobre temas más próximos; nuestro lugar en el mundo; Sudamérica y, en particular, Argentina.

jueves, julio 07, 2011

Decíamos ayer...

Algunos principios que guían mi (modesto) análisis político.

No soy neutral, no soy objetivo, no soy "independiente", ni K, por si quedan dudas, pero vivo en la polis y, por lo tanto, hago política; todo lo menuda que se quiera, con cada acción. Padezco, también, la política de los otros que no son, todos, políticos (¿o los empresarios no hacen política? ¡y sin haber sido elegidos!).



Tomo distancia, intento analizar con precisión, me aparto de las "primeras impresiones" o de las falacias "ad hominem". 
Busco entablar un diálogo, por lo tanto me abro a todos los argumentos posibles. A todos. Argumentos, repito, no injurias o prejuicios.
Observador participante; me sitúo en el polo de los subordinados. Mi lugar es el de la clase trabajadora,  a la cual pertenezco. Clase trabajadora argentina, para más datos. 
Observador que intenta ser inteligente; si no lo soy, al menos aprovecho las mejores herramientas disponibles. Marx y Engels, sin duda, son mis "proveedores" favoritos, a más de siglo y medio, sus hallazgos e intuiciones siguen siendo geniales. No desprecio, empero, otros aportes; sean científicos o, simplemente, lúcidos. 
Mis ojos se han acostumbrado a mirar de una manera diferente, con un sesgo poco común; dialéctica se llama. Es un modo de captar la realidad que proporciona panoramas reveladores, permite comprender mucho mejor la Historia y la Sociedad  ¡y hasta la cotidianidad si me apuran!, pero para una persona acostumbrada al juicio expeditivo o o para quienes resuelven su vida a base de listas de pro y contra resulta desconcertante. Es tan evidente, a poco que se mire, que puede deslumbrar...



Cuando analizo, como pretendo hacer en este blog, considero que el avance y el retroceso,  la construcción y la destrucción, la liberación y la sujeción, son dos caras de una misma moneda. Da para mucho más, pero no ahora.












De todo lo dicho; mis principios de trabajo, digamos, surgen (a modo de corolarios) algunas proposiciones  que conforman una toma de posición personal:



  • La política es lucha de poderes, lucha de clases si se prefiere, pero una pelea callejera la representa mejor que una guerra tradicional. No hay grandes ejércitos, no existen “comandos centrales”, no se ve un campo de batalla, ni siquiera los bandos están marcados claramente. Y esto vale tanto para Argentina, como para Botswana, Alemania o los E.U.A. Los que mandan, tal vez, parezcan tener más clara la cosa; por lo menos hay que ver como se abroquelan para mantener su poder; pero esto no los salva de emprenderla, a menudo, a golpes de puño contra cualquiera …
  • Se combate, se debate puede ser una alternativa aceptable a veces, en  diversos escenarios. La cultura, los imaginarios y la comunicación son algunos de ellos… y no los menos importantes. Dígase lo mismo de las religiones.
  • El Estado está concebido como un instrumento de poder. Su lugar natural es al lado de los poderosos, de lo contrario amenazaría su propia existencia, pero su agenda no es idéntica a la de ellos. No es monolítico y está abierto a generar espacio de lucha (debate, si prefieren). Conocer cuales son sus límites, entender sus posibilidades y sus carencias, aprovecharlo sin hacerse ilusiones es la postura que regula mis relaciones con el “más frío de los monstruos fríos”. Anarquista en el fondo de mi corazón, no espero ver la desaparición del Leviatán creado junto con la Historia… no en mis días, al menos.


  • La Historia es barro. No hay olores agradables en ella, tampoco nada parecido a asepsia. Y la hacen minas y tipos, o sea gente capaz de tanta grandeza y tanta miseria como uno mismo, pero algunos de ellos con voluntad de poder, lo que los hace un poco más cínicos y bastante más estúpidos que el promedio.







  • El poder es un instrumento, como el Estado, pero no se circunscribe a él. LO ejercen muchos y de muchas maneras. Es maravilloso en cuanto permite hacer cosas que cambian nuestra vida. Es terrible en cuanto permite hacer cosas que cambian nuestra vida. Es, también, una droga dura, altamente adictiva, que no admite abstinencia y de la cual casi nadie se recupera. En pequeñas dosis, repartido, compartido, nos potencia. El problema es que nadie, por lo común, se conforma con pequeñas dosis…


  • La Economía es la expresión de las relaciones sociales, de la más básica, para ser precisos; la producción de todo aquello que necesitamos para continuar viviendo. Es el lugar donde estamos desnudos y a solas con nuestros deseos, donde el poder del amo se muestra sin velos y por eso, quizás resulta aterradora.


  • La Cultura, esa tintura compuesta de lenguas, historias, mitos, orgullos varios, narcisismos, religiones muertas y genialidades nos determina mucho más de lo que imaginamos. Es indeleble y no podemos salir de ella impunemente. Para ceñirme a la Argentina el “tinte cultural” explica, a veces, mucho más que la economía, Aunque, claro, ésta pesando a la hora, íntima, de tomar decisiones. Cultura y Economía, juntas, pueden aclarar algunos pequeños enigmas locales tales como el discurso cultural “de izquierda” de muchos argentinos y su fervor oculto por el capitalismo más duro, o el evidente desprecio de amplios sectores sociales por un peronismo que no sólo votan, sino que apoyan tácitamente.



De todo ello extraigo unas pocas conclusiones sobre las que abundaré en otra ocasión pero que resumo aquí de manera epigráfica.



No hay que hacerse ilusiones.

No hay que desilusionarse.

Hay que estar atentos. Ser sagaces. Sacar ventaja. Buscar aliados. Entender que la realidad no se acomoda a nuestros esquemas.

El futuro no está escrito en ningún lado, hay metas que uno quisiera alcanzar, pero la Historia está abierta, siempre, a lo inesperado.

Y a los comentarios…

martes, marzo 08, 2011

Día de Mujer (en ocasión del Международный женский день)

Sin entrar en cuestiones históricas que, presumo, ustedes conocen bien. Sin pretender sentar cátedra de nada. Sin otra intención que pensar en voz alta, juntos...

¿Por qué? me pregunta ella ¿por qué hay un día para la mujer? ¿por qué? insiste con sus ojos de aguamarina ¿no tienen un día los hombres?

Beso sus labios, me detengo a pensar, nada se me ocurre (las respuestas rápidas no son lo mío, mucho menos en sus brazos) y me duermo para soñar con ella.

Despierto en la mañana, ya entra el sol, y vuelvo a pensar en la pregunta.

¿Un día para la mujer?

Sí, ya conozco la historia, la terrible historia  de aquellas mujeres de Nueva York.
Y no se  puede olvidar a Clara, ni a las mujeres que, en Rusia, se pronunciaron contra la prudencia y por la Revolución... Mujeres, tantas y tan diversas...
Sin duda ellas, las trabajadoras, las sufragistas, las que quemaron sus corpiños, las que se negaron a parir esclavos, las que rompieron convenciones, silencios y opresiones,  deben ser homenajeadas...

Con todo hoy no pienso tanto en ellas, sino en todas.

En las mujeres que me rodean, que me asfixian, que me colman, que me hicieron lo que soy; para bien y para mal (y no siempre porque esa fuera su intención).
En la mujer, compañera y rival, nuestra igual, amigos varones, y tan diferente.

Tampoco evoco, ahora,  la cultura.

Las influencias de los modos de pensar y de estar que determinaron, ¿al final del Neolítico?, ¿en la Edad del Bronce? la división sexual del trabajo...
La historia es fascinante (quizás por ser de género femenino) pero no es el caso rememorarla.

Antes bien hoy, 8 de marzo de 2011, pienso en vos.
Sí, en la mujer que veo, siento, padezco, admiro, soporto, necesito, esquivo, busco y pierdo todos los días. Mujer de muchos nombres, como tantas que están cerca, mujer de distintas formas y que, pese a todas las diferencias, tiene algo (indefinible) que la hace ser mujer.

Su nombre importa poco.
Su relación conmigo (esposa, hija, hermana, compañera, madre, alumna, exesposa...)  no viene al caso.
Sos vos la que me deja cavilando.

Mujeres.

Sombras, menores de edad, terribles presencias tentadoras, divinidades de fuego y sangre, sutiles, esquivas, volubles, tenaces...

Lilith y Eva.
Ariadna y Fedra.
Astarté y María Virgen
Sor Juana, Rosa de Lima, Mariquita, Juana Azurduy
Evita y las Madres...

Nos arrastran, nos olvidan, nos someten con aparente desgano hasta el punto de suplicarles su dominio, nos aplastan con indiferencia y desean que seamos, siempre, lo que ellas quieren.
Nos asustan. 
Nos recuerdan que no todo es límpido, claro y distinto, que la Razón tiene un límite y que la Dialéctica es mujer.
Nos intimidan con la vida que son capaces de portar, nos rodean, nos dejan desnudos en medio de nuestra aparente frialdad, no nos piden que amemos, sino que las amemos.

Sombras

Les hemos puesto nombres en nuestro varonil afán de clasificarlo todo;

Menores de edad.

Presencias tentadoras.

Divinidades de fuego y de sangre.

Sutiles.

Esquivas.

Volubles.

Tenaces.

Todo eso han sido las mujeres  para los que estamos parados del otro lado del cromosoma XX...

Un misterio.

Los misterios eran antiguas festividades, nos cuentan, en las cuales los participantes intuían, pero no comprendían, el secreto de la existencia. A nadie podían revelarlo y poca falta hacía, estimo, tal prohibición porque los misterios, de por sí, son inefables.

De ese orden de misterios son las mujeres...

Y como todos los misterios, sea el de la alegría, sea el de la tristeza, tienen un día para recordar que aún nos siguen desvelando con su presencia.

Para caer en la cuenta de algo...

Nunca, mujer, podré comprenderte del todo.

Bendita sea la Diosa, por ello!


Gustavo