lunes, octubre 19, 2009

Escuela media 3 y último



El mismo día en que escribía la entrada anterior, el jueves pasado, tuve que dictar clases (es un decir) en una escuela media. Es un reemplazo semanal pero, después de haber pensado el tema, lo viví de una manera diferente.

La escuela en la cual reemplazo no es, seguramente, la más "difícil" de la ciudad, pero puede servir como ejemplo de la decadencia del Secundario.

La palabra que mejor la describe es anomia; chicos y chicas que deambulan por el salón o, al menor descuido, por los pasillos; celulares sonando con algo parecido a la música (pese a estar formalmente prohibidos), alumnas que se recuestan, insinuantes, sobre sus compañeros (o compañeras, en una mezcla adolescente de juego y lascivia), estudiantes que no quieren cumplir con la más mínima indicación, buscando ora el conflicto, ora la complicidad, normativas (fundadas o absurdas) que, igualmente, no se cumplen, docentes que hacen su mejor esfuerzo y logran o no transmitir, contadas veces construir, algún saber; una preceptora que es muy buena persona pero no conoce su rol, al igual que la Vice directora, ya cansada y francamente expulsiva... Y como ruido de fondo las indicaciones ministeriales que suenan lejanas, irreales, imposibles.

Tan imposibles como pueden sonar mis propias sugerencias. ¿Hablar del secundario? ¿Ahora?

Decía que uno de los elementos centrales de toda educación media que se quiera proyectar es el currículo; los contenidos que se desea enseñar. El otro es la normativa.

La adolescencia es el glorioso momento de la rebeldía, es un tiempo privilegiado para el poner en cuestión todo aquello que hemos aceptado como natural, para saltarse las normas o para infringir la Ley, sin embargo, ¿cómo transgredir cuando la transgresión está socialmente aceptada? ¿ante qué rebelarse si los que ofician de "guardianes" son también rebeldes? ¿cómo violar una norma que ya ha sido violada?
La represión es una gran creadora de cultura, dicen, ¿qué sucede cuando la represión es obliterada? ¿qué hacer si todo vale y nada está prohibido?

Si es cierto que
we don’t need no education… we don’t need no thought control…


entonces desaparece cualquier tipo de civilización, pues la condición humana está basada en la educación, la transmisión y construcción colectiva del conocimiento, y en el control, primero externo, luego interno, del flujo caótico de nuestros pensamientos. La norma es inseparable de la humanidad o, más bien, la Norma es inseparable de la Humanidad.



Esto no implica abogar por un orden represivo, ni suscribir ideologías negadoras de la la libertad, por el contrario; se trata de posibilitar una ética autónoma pero fundada en la racionalidad y en el desarrollo progresivo de la conciencia.Entenderlo todo no implica justificarlo todo y la Ley es fundamental para la existencia de cualquier comunidad de personas.

El mejor ejemplo que se me ocurre es el de las drogas, en especial las enteógenas. Toda cultura tiene incorporado el consumo de drogas, se hace en conexión con rituales específicos y en tiempos también determinados por la tradición, marcan momentos fuertes en la vida comunitaria e individual, son controladas y compartidas por un colectivo social y cultural, pierden de este modo el aspecto más nocivo y refuerzan sus propiedades, por así decir, culturales. No obstante, cuando la droga se vuelve objeto de consumo y es tomada fuera de todo ritual, simplemente como un pasatiempo, pierde todo sentido liberador y se convierte en un trampa, mortal, para la conciencia... y para el propio consumidor. Dígase lo mismo de los rituales religiosos, del fútbol a toda hora o de cualquier uso inmoderado y fuera de contexto.

Es lo que ocurre con la rebelión, nos hemos habituado a ella y con la rutina desaparece su función creadora para convertirse en un capricho sin limites. Sociedad descentrad y anómica, seguidora de un anarquismo liberal (tan lejano del anarquismo libertario como lo está Murray Newton Rothbard de Mijail Bakunin) es (somos) incapaz de construir, mucho menos de educar.

La Normativa es central en la Escuela Media . Normativa basada, sí, en una libre aceptación que implica acatarla y, eventualmente, cumplir lo que ella imponga. Normativa que es garantía de libertad (recuérdese que la democracia, históricamente, aparece cuando la Ley deja de ser la voluntad del gobernante, o del dios, y se plasma en un acuerdo de la comunidad) y de respeto mutuo. Normativa que contempla sanciones reales que llevan al desarrollo de la personalidad. Normativa, en fin, falible y susceptible de perfección, contra la cual es posible rebelarse...

Imagino una escuela donde existen leyes claras y aceptadas tanto por los docentes como por los padres y, también, por los estudiantes. Leyes racionales que implican el respeto por las diferencias, la no discriminación y también la obligatoriedad de cumplirlas.









jueves, octubre 15, 2009

Escuela media 2




Comentaba ayer acerca del cambio de sociedad que estamos viviendo en esta primera década del siglo. Me detenía en los valores de los jóvenes que han nacido con el final del siglo (más allá de cuestiones cronológicas el siglo XX termina en 1990 así como empieza en 1914) y trataba de encontrar un camino para pensar una escuela media que esté acorde con los tiempos en que vivimos.


Todas las sociedades han tenido ritos de pasaje que marcan etapas vitales, la nuestra también, y el lugar por excelencia de ese rito es la Secundaria.



Es un ámbito para los adolescentes, el lugar donde construyen su propia identidad, donde incorporan muchos de los valores que guiarán el resto de su vida, el sitio privilegiado para los amores, los odios, los proyectos del futuro...

Entre los trece y los dieciocho años, quizás hasta los veinte, la Secundaria es, o debería ser, el punto de referencia central para los chicos.
La tarea de esta escuela comprende la socialización integral de sus alumnos; es decir que tiene que brindar elementos que les permitan construir una identidad propia, democrática y crítica, ciudadana en una palabra, en relación con sus compañeros y su entorno social. Elementos centrales de esta misión son el currículo y las normativas.


El primero tendría como orientación básica la apertura, las posibilidades amplias, la provisión de elementos múltiples que le permitan al alumno responder rápidamente a un mundo cambiante; no se trata de enciclopedismo a la vieja usanza, pero sí del aprovechamiento de nuestra herencia cultural que, en los tiempos que corren, tiende a ser la de la Humanidad.



No basta, sin embargo, con un currículo amplio, deberá complementarse con orientaciones específicas que introduzcan al alumno en el mundo del trabajo (no del empleo) en un sentido creativo e integrador.

Pienso en escuelas donde se dicten materias de carácter cultural (Historia y Geografía, por ejemplo) junto a saberes básicos (Lengua, orientada hacia y desde la Literatura y Matemática) a la vez que exista un activo departamento de Tecnología, con una importante carga horaria, donde se enseñe a trabajar en diversas áreas de la producción (carpintería, herrería, electrónica...) que serían rotativas durante los tres primeros años con una orientación específica en los dos o tres últimos. Según las necesidades de la población estas áreas "prácticas" incrementarían su presencia en la escuela (un poco como las viejas escuelas de Artes y Oficios) sin dejar nunca de lado la formación "humanística" y "básica" pero determinando el "estilo" de la institución.

No debe dejarse de lado en toda escuela la posibilidad de que se convierta en un punto de encuentro y de referencia para los adolescentes. Talleres de artes, de teatro, de escritura, de robótica, de idiomas... son componentes importantísimos, que no deberían faltar en ninguna institución educativa. Sin olvidar la educación física, sobre la cual habría mucho que decir...


Estas escuelas deberían ser reducidas en tamaño, con una población escolar que no supere los quinientos, seiscientos a lo sumo, estudiantes y con cursos voluntariamente reducidos, quince o veinte alumnos para cada uno. Por supuesto que para esto es necesario crear muchas más escuelas secundarias de las que existen y, sobre todo, que sean exclusivamente destinadas a ese nivel de enseñanza.

Los docentes, a los que imagino vinculados fuertemente a la institución, se organizarían en departamentos específicos; Humanidades, Formación Básica, Tecnología, etc. y planificarán en conjunto los objetivos y contenidos del año; con un fuerte, muy fuerte, seguimiento por parte de la dirección.

En este modelo de escuela sería fundamental el papel del Preceptor y del Profesor Tutor porque en ellos recae la responsabilidad de llevar a los hechos la Normativa que permite el funcionamiento de la institución y se concreción como comunidad educativa...

Pero de eso hablaremos en otra entrada...

martes, octubre 13, 2009

Escuela media?


Estuve tentado, confieso, de hacer algún torpe juego de palabras con el titulo de la entrada: algo así como media escuela o escuela secundaria; escuela de segunda... pero me contuve (no tanto como se ve por este párrafo) porque el tema no da para bromitas tontas...

Mi paso por la Secundaria no puede evitar la referencia a aquellos años oscuros de dictadura, integrismo y sospecha. Tiempos en que la directora advertía a los padres sobre denuncias al Ejército si hablábamos de más, en que el preceptor nos revisaba el cuello para verificar el largo del pelo, en que celebrábamos el genocidio de los mapuches o íbamos a misa (era una escuela pública) para celebrar un aniversario. Días de represión e ignorancia.

La Secundaria que he visto como docente, con origen y raíces en la Primaria, o la que percibo como padre de una adolescente es bien diferente. Más abierta, más libre, menos exigente, permisiva podría decir, si este término significase algo.

Hey! Teachers! Leave them kids alone! escucho mientras escribo. Han pasado unos, muchos, años desde The Wall, han transcurrido siglos, parece, desde los reclamos de Iván Illich y la corriente anti escuela; cuando la utopía estaba al alcance de la mano.

La escuela media tiene el difícil deber de trabajar con chicas y chicos en el nunca sencillo tránsito hacia la vida adulta; digo mal, chicas y chicos que empiezan a vivir por sí mismos, demasiado inexpertos como para desarrollar una ética propia, con caprichos y obsesiones propias de esa maravillosa (o terrible, es lo mismo) edad de las desmesuras, con ideales difusos o insistentemente monótonos, seguros de que el futuro les pertenece, son inmortales y nadie los comprende (y lo más duro para nosotros es que tienen razón). ¡Menuda misión la de la vapuleada secundaria!

A este caos propio de la adolescencia, caos que, como todos puede crear un mundo o destruirlo "en la misma y sencilla operación" se le suma, se le carga, el peso de las reformas que ilusos, iluminados, impostores y/o ignorantes nos hicieron padecer ante la indiferencia de buena parte de la sociedad. Demasiadas reformas que destruyeron un sistema nunca del todo formulado. Si la primaria, mal que mal, pudo sobrevivir (el mérito es compartido por los docentes y la vieja y querida ley 1420) la secundaria se perdió del todo en los experimentos de las últimas dos décadas. Reconstruirla no será fácil ni obra de la buena voluntad.

Ante todo un diagnóstico.
Nuestra sociedad es muy diferente de aquella en la que nos formamos. El corte, la escisión, debe colocarse en los comienzos de los años 90. Esta década marca el verdadero final del siglo XX, con luces y con sombras, con un desencanto que no necesariamente es siempre negativo, con posibilidades que apenas comenzamos (veinte años después) a discernir, con nuevas maneras de ser y de relacionarse, con la pérdida de saberes que parecían evidentes, con el naufragio de valores que todos dábamos por sentados. The Wall, que sigo escuchando, habla de una realidad escolar que ya no existe y en la misma línea deben leerse la mayor parte de los ensayos pedagógicos al uso. Es como si pretendiésemos seguir hablando latín al día siguiente de la caída de Roma...

No es este, claro, el lugar para señalar los aspectos más relevantes de la sociedad del siglo XXI, sociedad fragmentada además, que atraviesa clases y fronteras de una manera que nos resulta hasta chocante para los NyCs en el siglo pasado. Sin embargo, me atrevo a decir que podemos inventariar en el haber de los jóvenes post noventa ciertas notas relevantes: una genuina preocupación por la igualdad, una saludable desconfianza por los sistemas cerrados y totalizadores y una actitud más realista, y de a ratos desesperanzada, acerca del mundo que los rodea. Incertidumbre, inercia, dificultades para enfocarse en un problema, gusto por las soluciones fáciles y un dejo de orfandad son, tal vez, el anverso de la moneda. Rápida mirada a un paisaje mucho más abigarrado pero que sirve como panorama general, así, a vuelo de pájaro.

En esta realidad, apenas, repito, esbozada. En este mundo cambiante, pletórico de tecnología (con su cortejo de miedos y esperanzas), manipulable y escéptico a la vez. En este arrabal del mundo (como bien dice Carlitos del Frade) poblado de compadritos, cajetillas y maulas en versión 2.0... ¿qué lugar tiene, si acaso, la escuela secundaria?

Como dijo Momigliano: Concludere non è facile... pero lo intentaremos en la próxima entrada.

domingo, septiembre 20, 2009

Liberación de la humanidad



Uno de mis poemas favoritos...

The loathsome mask has fallen; the man remains
Sceptreless, free, uncircumscribed, but man,
Equal, unclassed, tribeless and nationless,
Exempt from awe, worship, degree, the King
Over himself; just, gentle, wise...

Shelley; Prometheus Unbound 3, 4

Una traducción propia, sólo para captar el sentido:

La máscara odiosa ha caído; el hombre permanece
Sin cetros, libre, sin ataduras, sólo hombre,
Igual, sin clases, sin tribus, ni naciones,
Libre del temor, del culto, de las jerarquías, Rey
de sí mismo; justo, tierno, sabio...




jueves, septiembre 17, 2009

Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales, ¡sí, estoy de acuerdo!


El primer paso está dado... quedan muchos más por caminar.

La Ley de Medios Audiovisuales, impulsada por el gobierno en los tiempos de su agenda política, pero que fue precedida por un extenso debate; hoy ninguneado por los medios (empresas) masivos ha recibido la media sanción en Diputados.

¿Un triunfo?

Depende de como se lo mire.

Los puristas de izquierda, siempre nostálgicos de los viejos mitos, nos llaman la atención sobre las carencias del gobierno de Kirchner (Mr. and Mrs.) y se entretienen en decirnos que nada cambiará hasta que, con su guía, se lleve adelante la Revolución. Podemos dejarlos de lado, no se debe despertar a los sonámbulos, les hace mal...

Las empresas que han hecho de la comunicación su negocio nos advierten en tono apocalíptico de la dictadura que el gobierno de Kirchner (curioso como evocan en su discurso las más furibundas tradiciones del gorilismo de los años 50) impondrá sobre los ciudadanos que no podremos elegir entre Tinelli y CQC, que soportaremos las canciones que el poder político prefiere (me preocupa poco, comparto buena medida de los gustos musicales del gabinete K... y hasta tal vez tenga suerte y se prohíba a Arjona), que, desde el interior, veremos desaparecer glorias de la prensa libre como De 12 a 14 o La Capital (nota de color local pero comprensible con alguna sustitución de términos) y que, horresco referens, ya no se escuchará más el dulzón buen día del Dr. Novaresio... Cuando el zorro está acorralado siempre invoca la ley, que no dudó en violar mil veces.

La oposición, rejunte de reciclados, místicos y globos inflados con gas, se rasga las vestiduras... cosa fácil, pues ya las tienen preparadas para la ocasión, como se dice de los miembros del Sanhedrín.

El gobierno, feliz por su estrategia, celebra por anticipado. Otra vez han tomado una causa justa, un reclamo de los sectores más lúcidos de la sociedad, y la emplean en su provecho, que para algo son gobierno y tienen el poder del Estado detrás. Que para algo, también, son netamente peronistas.

Nosotros, que no somos ni K, ni anti K (más cerca de lo segundo que de lo primero porque muchas cosas no nos gustan de este gobierno) también estamos felices por la aprobación, por la mitad, de esta norma.

La ley que nos regía, pergeñada por la dictadura, era torpe y anacrónica. La bronca de Clarín, de Daniel Vila o de sus corifeos, es siempre un motivo de alegría. Que se les quite poder, que se promueva el uso comunitario de las frecuencias, que se abra el juego a más medios de comunicación es positivo y deseable, ninguna retórica puede ocultar esto, ninguna "reserva mental" que podamos tener hacia los que tienen el poder del Estado, ninguna conciencia clara de los intereses económicos y políticos que se esconden detrás de la política de los K, puede deformar el hecho de que la aprobación (parcial) de la ley de medios es un avance sustancial en la construcción de una sociedad democrática.

Esto lo han visto claramente los diputados, en funciones como Lozano o electos como Pino Solanas, que apoyaron críticamente la sanción. Coherentes con una postura democrática, consecuentes con la verdadera libertad de expresión y lo suficientemente perspicaces como para comprender como se deben dar las batallas por la contra hegemonía tuvieron en claro cuál era el eje del debate y sostuvieron, después de lograr la anulación de uno de los aspectos más controvertidos de la nueva ley (el "privilegio" de las telefónicas), el nuevo marco legal para las comunicaciones en Argentina.

La sociedad está en parte convencida por el discurso de los multimedios; ayer pude notarlo cuando una persona (muy inteligente pero con prejuicios gorilas) cuestionaba el voto favorable de una diputada socialista, sin advertir que repetía el discurso de la corporación mediática hábilmente disfrazado, y por otra parte se siente indiferente ante una cuestión que trasciende lo cotidiano. Sin embargo no son pocas las voces que intuyen una verdad que, de tan evidente, no se suele notar: la peor ley de la democracia es preferible a la mejor (y esta ciertamente no lo era) de la dictadura.

La ley está, entonces, casi aprobada; por una inteligente jugada (de esas que sólo los peronistas, nobleza obliga, saben hacer) Cristina estará de viaje cuando se trate el proyecto en Senadores y, por lo tanto, Cobos (globo de gas si los hay) no podrá recurrir a su consabido "no positivo"... se pierde ser tapa ¡pobre!

Ahora está claro que una ley no destruye el poder de estos grandes gigantes de los medios y que hace falta, urgente, que nos pongamos a pensar por nosotros mismos sin dejarnos llevar por los discursos del poder... político pero también, y sobre todo, económico.

Podés leer más en:
Radios Nacidas En Democracia
Bar de Moe
Agencia Nexo
Argentina.ar (Lanata sobre la ley... ¡y eso que no me gusta demasiado!)
Alejandro Apo

O podés quedarte con el discurso de... E pluribus unum

PD: Para otra ocasión hablaremos de la política posible... de la cual este debate es un ejemplo interesante.

viernes, agosto 21, 2009

Informe de situación I


Hoy, a los 45 y un par de meses.
Hoy, en la mañana fría y soleada.
Hoy y en este lugar, un modesto bar del centro, afirmo, para quien pudiera interesar, que se ha terminado mi adolescencia.
Tengo para mí que en el decurso de los sucesos humanos (¡vaya solemnidad!) este delicioso y tormentoso período que precede a la vida adulta se prolonga más y más. Alejandro era un rey y general exitoso a los treinta años; hoy, por el contrario, estaría terminando un postítulo y viviendo en la casa de sus padres; el violento Filipo y la manipuladora Olimpia... ¡son dos mil trescientos años de distancia!
Estudié, trabajé, me casé y tuve hijos sin dejar de ser un perfecto púber en muchos aspectos de la vida y, más importante, en mi alma. Como dice Sabri; jugaba a ser grande, pero era un pendejo y hacía, claro, cosas de pendejo.
Fue con la separación (nobleza obliga) que empecé a darme cuenta que se había terminado la joda. No fue hasta esta última semana que caí en la cuenta de que empezaba una vida mejor, adulta, plena y responsable, un placer que supera al mero goce improductivo y torturante.
Asumir esto, tiempo y caricias, golpes y satisfacciones, me llevó un cierto tiempo y tal vez me calumnie a mí mismo retrasándolo tanto. Lo cierto es que hoy dejo ir definitivamente al pibe, melancólico y esquivo, aficionado a la mentirilla tonta y a las excusas tardías, para darle lugar al hombre que quiero ser.
Un tipo masculino sin clichés ni impostaciones de voz, capaz de sostener sus convicciones sin agredir y sin sentirse agredido, que se para frente a un curso y ya no se cree un genio o un idiota.
Orgulloso de ser Gustavo Rubén Bessolo, un hombre común (que no es sinónimo de mediocre) que ya no es "el chico Odol Pregunta" (Gustavito, el que sabe, como decía mi nona y yo, iluso, me lo creía) ni el irresponsable, tortuoso, vago y mal entretenido que aceptaba sin beneficio de inventario.



¿Me preguntás cómo me siento?
Bien, viejo, muy bien.
Hay cosas que faltan (¡y tantas!) pero ellas ya no me impiden crecer, vivir, sentir, amar y ser amado; doy gracias a la Historia (esa divinidad de los ateos) por la falta de esas cosas y de otras que todavía ignoro... de no ser así estaría muerto.

Y estoy vivo, escribiendo, sintiendo, respirando a pleno este aire renovado de la mitad (¿llegaré a tanto?) de mi vida.

Y doy gracias, porque no hice solo este camino, pero de eso escribiré otro día.

jueves, julio 02, 2009

Gripe, elecciones y algo de reposo

Hoy me quedé en casa.

Prescripción médica y órdenes superiores. Pongo al día mi correo y mi lista de favoritos en You Tube. Alimento al gato ¿qué otra cosa se puede hacer con esa ronroneante bola de pelos?, descanso un buen rato, pienso, no demasiado y leo, más de lo debido.

Curiosamente en el día previo a mi cumpleaños número 45, que demuestra que tengo cinco décadas en mi espalda, no repaso mi vida, no uso esa máquina del tiempo que nos lleva a un inmodificable pasado. El presente y el futuro es lo que me preocupa, lo que me hace levantar cada mañana para dar lo mejor (que no siempre es gran cosa, pero a veces…) en esas dos escuelas donde la vida y la burocracia me han llevado.

La gripe A es un fenómeno notable.

No tanto por la cuestión puramente médica, sino por su funcionamiento en el imaginario colectivo.

Allí está el que vive lavándose las manos (alcohol en gel, artículo de primera necesidad, hasta enseñan como fabricarlo) y también otros tantos “ideal typen”; el indiferente, el audaz, el que cree que todo es una gran mentira, el que aprovecha para dejar en evidencia su agorafobia, el que se las sabe todas y el que agradece a la “peste” por su coartada para el miedo.

Y los medios, claro, y los que comentan en los foros virtuales de los medios, y los funcionarios de diversa laya, y los médicos que entienden del tema, y los médicos que se hacen los expertos.

Y el virus, por debajo de todo, oculto, silencioso, artero, saboteando ciclos lectivos, besos en la boca, mates compartidos, viajes de egresados y estrenos de cine. Hasta las elecciones, estas inútiles elecciones primarias, abiertas y obligatorias, también son víctimas del virus, pequeñito e inconsciente de su inmenso poder.

Estornudás y te miran mal. Tosés y buscan un barbijo. Amagás un saludo y te mandan, cortésmente, a quedarte en tu casa y no andar molestando a las buenas y sanas gentes.

Las buenas y sanas gentes que hace unos pocos días votaron senadores y diputados de la Nación. Las sanas y buenas gentes que apostaron a uno de los tres; el circunspecto, el carialegre y, en otra categoría pero equiparado, el soldadito fiel. Lejos quedó mi estimado Carlos del Frade, el único tipo que conozco capaz de hacer del periodismo poesía y parábola. Lejos quedó un tipo con coherencia, con un proyecto claro, preciso, realizable, con ganas de construir. Lejos, no estuvo en los medios, no existió.

Cada vez que hay elecciones me viene a la memoria un episodio de los Simpsons (algunos atolondrados todavía creen que son sólo “dibujitos”) Un par de extraterrestres se han apoderado de los cuerpos de los dos candidatos presidenciales y participan de un debate preelectoral donde ambos dicen lo mismo hasta que, por fin, declaran ante la gente que “tienen que votar por uno de los dos, porque el sistema es bipartidista”. Cuando un desubicado comenta que podrían “optar por un tercero”, se burlan: “adelante, echen su voto a la basura”. Es que, al fin y al cabo, no importa tanto por quien se vote, hay que hacerlo y legitimar el ejercicio del poder, buscar una alternativa es para ilusos; no la hay.

Por eso los muchachos del PCR llaman a no votar, curiosa propuesta casi anarquista, pidiendo que reservemos nuestras energías para la inminente revolución que comienza ¡cómo no! con la rebelión agraria como llaman, con libreto equivocado, al heterogéneo amontonamiento de la Mesa de Enlace (latifundistas de hecho y en potencia).

Por eso las chicas (bastante poco agraciadas) y los chicos (ya grandecitos) de todas las otras siglas de izquierda escriben esos panfletos ilegibles; en el fondo ya saben que sus porcentajes de votos no serían mayores si estuvieran en un concurso para elegir la “joven estrella pop”.

Por eso todos votamos sin entusiasmo.

Por eso los medios hacen esas coberturas especiales que nos mantienen pegados a la pantalla para ver si el menos malo le ganó al peor o si el más presentable se impuso sobre el que carga con una historia mucho más conocida…

Por eso los efímeros festejos y los vacíos discursos, llenos de lugares comunes.

Por eso esta política desganada y culposa.

No todo está perdido, digan lo que quieran algunas buenas amigas que me achacan inveterado optimismo, porque todo esto, porque la lentitud, la vacilación y tortuosidad de nuestra democracia, no son sino la visión que tenemos nosotros; prisioneros de lo episódico, de un fenómeno que tiene que ver con esa larga duración que mentaba Braudel. Avanza la cosa, avanza lenta y en espiral, pero lo hace. No es, nunca lo fue, asunto de los gobiernos o de las masas esclarecidas, no tiene que ver con discursos correctos o proclamas insurreccionales, es una revolución mucho más permanente y silenciosa, más agazapada y esquiva, difícil de captar en tonos épicos, escondida en las cotidianas trincheras de la acción concreta y del pensamiento.

Miro a Honduras, no sé que pasará, pero apunto unos datos que no solían aparecer en los guiones similares de antaño; soledad internacional de los conjurados, difusión masiva, los grandes medios forzados a condenar, a regañadientes, la violencia ejercida sobre el mandato popular, alternativas de resistencia subterránea que se difunden por redes impensables y poco permeables al control estatal… tal vez no sea mucho, tal vez no alcance, pero a mí, ¿qué querés que te diga? me llena de esperanza.

Imagino un futuro no tan distante en que convengamos que el voto, necesario, imprescindible, no basta si no se cuenta con el veto en manos del pueblo. Imagino un mañana, ¿lejano?, donde el poder está mucho más repartido y, sobre todo, va quedando afuera de la cabeza de las buenas gentes, espero vivir para ver un socialismo que no sea estatista, que tal vez ni se llame socialismo, pero que ponga en las manos de todos el control de la economía. Vamos hacia allí, lo veo cuando busco la perspectiva de la Historia, vamos hacia allí, lo sé cuando descubro que, de a poco, van saltando los resortes mentales del poder. Vamos, no porque esté escrito, sino porque confío en la especie humana.

Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, que si te enfermás una vez de gripe A no volvés a contraerla.

Dicen que uno crea inmunidad a fuerza de sufrir y que a fuerza de nombrar los miedos pierden su poder… los que hemos padecido el siglo veinte sufrimos demasiado, y aún hoy muchos sufren la injusticia de un sistema inhumano e irracional, pero eso nos está inmunizando.

Pronto dejaremos de creer en mesías y en las viejas consejas que hablaban de héroes y liberadores y entonces nos atreveremos a tomar las fábricas, a actuar en conjunto, a pensar lo impensado y a construir lo imposible.

Más tarde o más pronto nos quitaremos el barbijo individualista y rechazaremos el alcohol narcótico de los medios masivos, más pronto, o más tarde, no lo sé, pero lo espero, la pobreza, la injusticia, la superstición y la opresión pasarán de largo y estaremos inmunizados contra ellos. Serán un triste recuerdo… igual que el virus cuando pase esta gripe.