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martes, enero 28, 2014

Historieta de tres ciudades. Turín (Torino)

Italiano por tres de los cuatro costados, nunca supe muy bien de que parte de la península provenía el que me dio el apellido. 
Mi nono, nunca dije abuelo, materno era siciliano, de la antigua Agira, patria de un famoso historiador griego. 
Mi nona paterna era argentina, hija de un campesino de Montescaglioso, en la Basilicata. 
El abuelo paterno, que completa el tríptico, murió nueve meses antes de mi nacimiento... así que no me pudo contar gran cosa. 



A mi padre la genealogía no le interesaba, de manera que sólo sabía que mi bisabuelo; Teófilo Bessolo era del norte de Italia, a veces se mencionaba vagamente Cerdeña, orgullosamente masón y que llegó a la Argentina a principios del siglo veinte.

Indagando y buscando pude saber que hay varios Bessolo en el ancho mundo, incluyendo al fallecido actor que encarnó a Superman en la televisión de los ‘50, que la mayoría se concentra en Turín (Torino en italiano) y que un minúsculo pueblo lleva el mismo nombre de familia que constituye mi orgullo.
Bessolo, Scarmagno, Torino, Piemonte, Italia... ¿La Comarca?
En la búsqueda del camino de Italia a Francia mis preferencias eran Roma, por Historia, y Torino, por historia... personal en este caso. Quería conocer el lugar donde los carteles en la ruta eran idénticos al apellido que figura en mi pasaporte.
Me apresuro a confesar que no logré este modesto objetivo. Desde Torino hay trenes para todos lados y Bessolo queda a unos pocos kilómetros pero tan aislado que hay que combinar un par de ómnibus para llegar y en la dirección de turismo no tienen ni idea de como hacer tal cosa... ¿Bessolo?, dijo la chica del punto de informes como si le preguntara como llegar a la Comarca.

Sin embargo pude recorrer la antigua capital de Saboya, luego del Reino de Piemonte y Cerdeña y finalmente, primera de la Italia unificada. Una ciudad que no parece italiana sino centroeruopea. Algo austera, como una Rosario más grande, más antigua y menos improvisada, comercial e industrial, a orillas de un río no más ancho que el Carcarañá, con montañas nevadas a lo lejos.

No había demasiado para ver, o no sabíamos mucho que ver, excepto el museo egipcio, el más grande después de el de El Cairo, y la Mole Antonelliana.
Turín (o Torino) al fondo los Alpes



El museo, pese a estar en obras (toda Europa está en obras en enero, temporada baja), es sencillamente maravilloso. Desde la época predinástica hasta la conquista romana uno puede contemplar los testimonios de la vida egipcia; no sólo momias y sarcófagos, sino objetos de la vida cotidiana, juegos de mesa, cosméticos, sandalias y unas curiosas estatuas de Isis y Horus que recuerdan, no sin motivo, la conocida imagen de la Virgen y el Niño del catolicismo.

Doscientas fotos, no es hipérbole, son el recuerdo visual de esta visita.
Junto a un piramidión



La Madre (Isis) y el Niño (Horus)

Antiguo egipcio haciendo lo mismo que yo todas las mañanas... ¡ya te doy de comer, Pancho!

Hator y Horus ¿cuál elijo, Dani?

La Mole Antonelliana
Dos o tres fotos nos mereció la Mole. Como el Monumento para los rosarinos, la Mole, una gran cúpula en el centro de la ciudad, es el símbolo de Torino. Originalmente planteada como una sinagoga, pasó por diversos avatares hasta terminar, actualmente, como Museo de Cine. Tiene más de cien metros de alto, un ascensor en el interior, que no tomamos, y un estilo arquitectónico que puede considerarse como ejemplo clásico del feísmo... si es que tal cosa existe.


Verla... es peor!







La vista del Po con unas cascadas como las del Saladillo, salvo los "guachines", nos compensó en aquella tarde gris y fría. 
Cascadas del Po

Iglesia Santa María Redonda... nada originales
Torino no es precisamente encantadora y, sin embargo, me gustaría volver, al fin y al cabo mi estirpe paterna tiene su origen aquí.
Cinco mil años... ¿un ignoto antepasado?

viernes, enero 24, 2014

Historietas de tres ciudades. 2 Venecia

Si Roma es como una sabia abuela que aprendió a mandar sin imponerse y logra sus propósitos apelando a su historia, Venecia es como otra adorable viejecita que, en su sosiego, no disimula una juventud frívola y casquivana. Y cada tanto renace la cortesana que fue, escondida pero no acallada, en los vacíos sotoportegos a la orilla de los canales.

Hay que recorrerla por la mañana, en un día gris o en otro de sol (y parecerán diferentes ciudades), alejándose de las manadas de turistas, perdiéndose en calles estrechas hasta lo increíble, para desembocar, después de un puente, en una inesperada piazza flanqueda por una iglesia barroca, por tiendas repletas de máscaras, delirio para mi compañera, ocasión de injustos reproches: “¡Otra vez te vas a parar!”, maravilla para los ojos de ambos, por aljibes centenarios y por un silencio particular que rumia historias de amantes enmascarados, de puñales afilados, de un cuerpo cayendo al canal, un chapoteo y el rival ha desaparecido, de embajadores embaucados y de Montresor tramando su venganza con la excusa de un barril de amontillado...

Depués uno sale al Gran Canal, gigantesca S que atraviesa Venecia de punta a punta, a la Piazza San Marco, a la Dogana y se encuentra con viajeros de todo el mundo y de la más variada condición. La damisela de Jordania; rubia oxigenada, maquillaje estridente y vertiginosos tacos, la mendiga eslava con el pañuelo en la cabeza que recuerda a un personaje de Chéjov, el nuevo rico ruso, los españoles zezeando el inglés de turista, algún argentino que se revela en el: “mirá esto, che”, los alemanes, sonrientes y satisfechos, con su medido entusiasmo y, claro, los interminables japoneses, ahora también chinos, fotografiando obsesivamente cuanto monumento caiga en el objetivo de sus sofisticadas cámaras.



Todas las grandes marcas en las calles del sestiere San Marco(Venecia se divide en seis barrios, evocados en el ferro de las góndolas), recovecos impensados donde degustar, al paso, una pizza por dos euros, ningún auto, moto o incluso bicicleta que turbe el paseo, las góndolas turísticas, carísimas, las lanchas taxis o los vaporettos, que ya no son tales sino motonaves, por el Gran Canal, las góndolas, que pocos turistas conocen (gracias B.B.) que cruzan el mismo en dos minutos por apenas un euro y centavos, las gaviotas, enormes, a orillas del mar y el león alado del apóstol Marcos mirándolo todo, no sé si amenazante o cómplice, desde su elevada columna.

Historietas de tres ciudades. 1 Roma

Tres mil años, poco más, poco menos, tiene la vida urbana en Italia.
Esto quiere decir que hay gente apiñada en las ciudades de la península desde hace noventa generaciones, así, a ojo de buen cubero.
La cabaña fue reemplazada por la domus, por un palacio, por unas ruinas y por un nuevo palacio...así siglo tras siglo. Resultado; una especie de torta millefoglie urbana.
Esto quiere decir que uno camina y se encuentra con un edificio de valor histórico, que hay antiguos palazzi de paredes descascaradas que, en su interior, albergan lujosos muebles, cuadros de gran valor y preciosos recovecos apenas explorados, que por más que recorra, investigue y coteje cada lugar con la guía en la mano siempre, pero siempre, quedará algo para ver.
Una moderna avenida atraviesa la puerta de las murallas de Roma; por allí entró Aureliano, victorioso, después de derrotar a Zenobia de Palmira, más bella que Cleopatra. Doblando la esquina, un viejo palacio, propiedad de una familia cuya prosapia se remontaba a los días de Nerón, cedido tres siglos después al Papa por Constantino y convertido en la Archibasílica de Letrán; “cabeza de las iglesias de Roma y del mundo”, más importante, en jerarquía, que San Pedro del Vaticano. Enfrente un obelisco, robado, traído, de Egipto por el emperador Constancio y, cruzando la calle, nuestro hotel... justo por donde solía pasar el acueducto de Claudio cuyas arcadas se conservan entre dos tejados un poco más lejos.



Roma es inmensa pero no abruma.
Las ruinas hablan de una grandeza que se evoca con cierta dulce melancolía.
Los palacios, las iglesias, las callejuelas engañosas recuerdan que la astucia sobrevive a las armas.
Los museos, los tipos vestidos como legionarios para la foto y los diminutos automóviles. El nuevo subterráneo, las grises aguas del Tíber, el sol que brilla sobre la Fontana de Trevi, invadida por turistas y el músico callejero en la esquiva Piazza Navona. 




Las mujeres desfilando a la última moda por las calles, las colinas apenas perceptibles pero que se hacen sentir en las caminatas, los modernos romanos apresurados, pero prontos a dejarse tentar por un expresso.
 Los ubicuos curas y las sonrientes monjas, los turistas japoneses o chinos, los inmigrantes árabes y una pareja enamorada venida desde la lejana Rosario. Todo ello, y tanto más que no alcanzamos a percibir pero sentimos en el aire, nos aseguran que, treinta y tantos siglos después, esta ciudad sigue siendo eterna; eternamente joven.



domingo, enero 19, 2014

Tren nocturno a Roma

Al principio parecía una buena idea:
 Ir desde el norte de Italia; Verona, Padua o Venecia, hasta Roma en un tren nocturno.
Dejábamos de “imponer” nuestra presencia a los primos y ahorrábamos una noche de hotel.

¿Dormir en un tren puede ser más incómodo que dormir en el avión?; pensamos.

¿No es romántico recorrer juntos la Romagna y la Toscana a la luz de las estrellas, juntos y abrazados en un camarote de tren?; imaginamos.

Esperar el tren con ansias, pero sin apuro, subir a la medianoche en una de esas ciudades de ensueño y amanecer, maravillados, en la deslumbrante Roma es casi perfecto; dijimos.

Pensamos, imaginamos y decimos demasiadas cosas...

La partida fue desde Venecia. Retardos que no viene al caso mencionar nos dejaron con la entrada a los museos de la Piazza San Marco pagada y sin usar; aprovechamos el último día en el Véneto para ese recorrido.
El anochecer, léase las cinco de la tarde, nos encontró, ahítos de arte e historia, en el célebre Café Florian. 

 Allí, desde 1720, se daban cita poetas, músicos, revolucionarios y conspiradores de casi toda Europa. 
 
Allí, en el siglo XXI, toman el té encopetadas damas venecianas o turistas de bolsillos rebosantes. Allí estábamos nosotros, del lado de afuera, en la Piazza, con un viento frío y cortante (gentileza del Adriático), intentando aprovechar la conexión Wi Fi...




Finalmente tomamos el vaporetto, recorrimos a lo largo el Gran Canal y desembarcamos en la estación Santa Lucía. 
Una cena en un restaurant de menú libre reemplazó con ventaja los fastos de los lujosos cafés del Rialto.
 En unas pocas horas partiría el tren nocturno a Roma, viajaríamos en un camarote y arribaríamos a la Ciudad Eterna con las primeras luces del alba. Casi un capítulo de Marguerite Duras o Thomas Mann.
¡Pocas horas!
Nunca son pocas cuando uno espera en una estación que se va quedando desierta.


Ni cuando pasan los minutos y el tren no se anuncia.
O al escuchar repetir al altavoz que tal o cual formación, procedente de alguna histórica ciudad, tiene un retraso también histórico.
Y cada cinco minutos una voz ya habitual repetía: “Allontanarsi dalla línea gialla”, como una de esos ritmos que uno no logra sacarse de la cabeza. “Ding dong, atenzione...” y uno espera que anuncien el tren, pero en su lugar: “allontanarsi...”


Llegó la medianoche, se terminó el día de Reyes, que acá es visitado por una curiosa bruja llamada Befana, y por fín, a los veinte minutos del siete de enero “Il treno Intercity” estaba a punto de partir; “allontanarse....”.
El tren en cuestión venía de Milán y el camarote, de seis personas, estaba ocupado por dos mujeres con pieles de ébano, hubiera dicho Salgari, dos negras, comentarían los pibes del barrio. 
Una de ellas intentaba dormir, la otra devoraba un paquete de pochoclo de penetrante aroma mientras, obsesivamente, acumulaba puntos en el juego de su smartphone. Insinuamos que ocupaba nuestro asiento y, sin mirarnos, con un gesto de displicencia, se movió al otro. Su compañera se acomodó en la búsqueda del interrumpido sueño.

Por razones que tampoco hacen al cuento íbamos cargados como paqueteros bolivianos, con el añadido de que la voluminosa valija, despojada de una de sus ruedas en una maniobra aeroportuaria, se desplazaba ahora sobre un práctico carrito, origen China, precio pocos euros, sujeta por la habilidad cordelera de mi compañera. 
Mochila en la espalda, dos valijas pequeñas repletas de regalos para llevar y presentes ya recibidos, valijón en precario equilibrio de tamaño ligeramente inferior al ancho del pasillo, cansancio, sueño y el persistente perfume de los pororó saturados de azúcar... así empezó el viaje nocturno


 
La valija no entraba en el compartimento, así que debió quedarse en el pasillo, tambaleante y molesta. Como era el camarote cercano a la puerta, y al baño, los sufridos pasajeros debían esquivarla nada más subir al tren y nosotros, como encargados de un peaje sin costo, moverla al interior del compartimento ante cada “prego” de los viajeros.
O de los polizones. 
Cada tanto uno veía pasar raudamente a un tipo de gorro y campera o a otro que fingía ir al baño y, detrás, al controlador, “il capotreno”, en inútil demanda del correspondiente pasaje. Después los gritos cada vez más elevados, la súplica casi inaudible en la cual sólo se distinguía la palabra: “fredo” y la promesa o la amenaza, nunca cumplidas, de bajar en la próxima estación.

Entretanto la viajera y el viajero argentinos, con su gran valija renga, procuraban dormir por turnos para cuidar la mutilada posesión, no fuera que alguno se la llevara por error...o justo castigo por ir de colado.

En una parada que ya ni recuerdo se completó nuestro camarote. 
Un digno señor que me recordaba al Tío Tom, pero con más graduación alcohólica, y un un joven procedente de las misteriosas tierras que baña el Ganges                                                       
                                                       ... quien nos pidió que no cerráramos la puerta con una expresión de malestar tal que parecía a punto de dejar en el tren parte de su propio karma; al menos el que había cenado aquella noche.


 





La morocha africana había dejado de trazar círculos en la pantalla táctil, arrugado la bolsa de pororó ya vacía y, cambiando la displicencia por el fastidio, dejó el compartimento por otro menos plebeyo. Nos miró como si fuera Beyoncé
y se abrió paso entre nuestro titubeante equipaje. No la volvimos a ver, pero el aroma de su presencia nos acompañaría el resto de la noche.


Padua, el Po, Bologna, Florencia y tantos lugares de resonancia universal pasaron en la tinieblas. 

Oscuridad afuera, sueño interrumpido en el tren. 

Miré a mi compañera, se había dormido escuchando música, “debo permanecer despierto”, me dije (nota, siempre me hablo a mí mismo como si fuera un personaje de novela), “debo cuidar la vali...” 

Lo siguiente que recuerdo es un montón de luches en sucesión, el fragor típico de toda gran ciudad, un atisbo de amanecer y el anuncio de que en cinco minutos arribaríamos a Roma.

sábado, enero 04, 2014

Vieni, conosce il Prete

El esposo de la prima de mi compañera, digamos mi primo para abreviar, se asoma.
Dile a Gustavo que venga, al menos es lo que puedo traducir, así conoce al Padre... il Prete, suena con mayúsculas.
El pueblo de San Giovanni Ilarione, en la Región del Véneto. Visto desde la colina de Castello
Me abrigo y camino hasta el final de la calle, tan silenciosa como zigzagueante; apenas dos casas. Aquí todo está cerca, menos el pueblo que queda a un kilómetro, al pie de la la colina donde estamos.
Se abre la sencilla puerta sobre la calle. Son las nueve de una noche invernal; fresca y  serena.
Un hombre, entrado en carnes, atildado, con una cuidada barbita blanca en su rostro rubicundo, me tiende la mano. ¿Il Prete? No, su hermano.
Pasamos al comedor. Diplomas de la Gregoriana, magna cum laude, y del Politécnico de Turín, muebles de estilo, buen gusto y sobriedad. Un cuadro de Don Bosco preside la habitación, sobre un sofá asoma un  sarape multicolor.
Alto, robusto, entero. Traje azul oscuro, sólo el alzacuellos indica el estado eclesiástico de quien me da la bienvenida. Se toca con un sombrero, que se excusa de quitar, y me observa a través de un par de lentes redondos, más de profesional que de intelectual. Una ligera sonrisa; me examina con cortés desinterés; después de todo él es Il Prete...
Nos invita a sentarnos.
Saludos, presentaciones.
- ¿De Argentina?
Asiento.
Mi, para abreviar, primo le cuenta que la semana próxima estaremos en Roma.
- Forse- agrega- voi poi...
Me pierdo con las palabras, pero lo que mi pariente quiere pedirle es que nos haga pasar, sin tantos requisitos, a la Capilla Sixtina y, ¿por qué no?, a lugares del Vaticano inaccesibles a los turistas ocasionales.
Por mi parte recuerdo a Enrique de Navarra y me digo: Paris vaut bien une messe... y el Vaticano ni te cuento...
Ensayo la sonrisa de buen chico, pulo la chapa de antiguo franciscano y me dispongo a desempolvar mis conocimientos de mitología cristiana...
El cura sonríe; ser católico, en estos pagos, es algo que se da por supuesto y bien poco le impresiona un hermano profeso de la Orden Franciscana Seglar. No obstante dice que estará en Roma para la fecha de nuestro viaje y me da una tarjeta personal, me asegura que lo llame cuando llegue aunque, claro está, no sabe si estará disponible, pero... hay un dejo de exquisita diplomacia italiana en sus palabras y gestos, una amabilidad tan bien fingida que parece auténtica; hasta quizás lo sea.

El hermano del sacerdote nos ofrece un espumante local, producto de sus propios viñedos. Abre la botella sin estridencias, sirve sendas copas que coloca sobre platitos de plata.
Saboreo el licor. Delicioso, suave, ligero; predispone a la charla sin imponer su espíritu alcohólico.
El Padre, me entero que es una autoridad en Teología Fundamental (curioso intento de poner en diálogo la Razón con la Fe... no del todo imposible si se acepta esa premisa incomprobable llamada Dios), que es salesiano y que ha viajado a lugares tan distantes como Venezuela y Filipinas. La mención de ambos países, católicos e hispanos como no deja de recordar, viene a cuento porque la conversación nos lleva a un tópico habitual para los "nativos"; la presencia creciente de inmigrantes de origen asiático y africano. A poco uno comienza un diálogo, más allá de los saludos de rigor, surge la preocupación por estos nuevos bárbaros que quieren participar de la prosperidad de la civilización. En el café, en la cena familiar, durante un paseo por el valle o, como ahora, en la visita social todos comentan sobre los indios, de la India, los musulmanes o los chinos que se infiltran por entre los rígidos mecanismos de control fronterizo.
Por un momento imagino que estoy en la sala de algún decurión romano del siglo III; ansioso por todos esos godos, francos, vándalos y hunos que "están echando a perder el Imperio Romano".

Regreso al siglo XXI.

El cura se apresura a señalar que la cuestión no es que los extranjeros sean musulmanes, sino que su cultura es muy distinta de la nuestra, su mirada me incluye; "al fin y al cabo", dice, "los argentinos son afines a nosotros, fueron colonizados por españoles y participan de nuestra civilización..." Agrega que así como Argentina acogió a los inmigrantes italianos cuando la pobreza los forzó a abandonar esas tierras, del mismo modo Italia debería recibir a sus descendientes. Sonrío comprensivo; podríamos hablar mucho sobre el choque de las civilizaciones, la inmigración y la dialéctica norte sur, pero no es sencillo hacerlo cuando todo cuanto sé de italiano se limita a: buon giorno, buona sera y un biglietto per Verona, per cortesía..

Me limito a beber otro sorbo de ese maravilloso champagne local, mientras el teólogo me lleva hasta una foto que se tomó saludando a Ratzinger. El circunstanciado relato del encuentro incluye la cita en alemán de la frase que el Papa le ha dedicado: un elogio de circunstancias, pero que enorgullece a nuestro anfitrión. Había olvidado que en este país republicano y tumultuoso, existe un enclave teocrático que evoca, aún, el pasado estamental y absolutista. 
Iglesia de Castello, San Giovanni Ilarione





Nos despedimos. El sacerdote me regala una botella de la cosecha familiar (que desaparecerá presto en la fiesta de Fin de Año) y quedamos en volver a vernos en Roma, forse, agrega.
Forse significa, quizás, tal vez, acaso, si hay suerte...

Regreso a la casa de los parientes. Mi compañera me pregunta por mi visita; hay una chispa de sarcasmo en sus ojos, pero nadie lo nota.

- Todo bien- le digo- nos "hicimos amigos" y cuando lleguemos a Roma nos llevará a visitar todo el Vaticano...forse...



domingo, diciembre 29, 2013

Molto gustoso

Abro la ventana de la que será, por una semana, nuestra habitación. A lo lejos las estribaciones más bajas de los Alpes. Estoy en la tierra de los antiguos vénetos, sobre una colina cuyo nombre evoca lo que fue en el siglo XIII; Castello.

Viajar es algo más que recorrer paisajes. Es compartir un lugar con otros; conocer la tierra y descubrir sus gentes. Es vivir en la privilegiada paradoja de estar ahí sin ser de ahí.
Contemplo con ojos asombrados, de niño, casi, este "paese" a tanta distancia del mío. Me siento a la mesa con parientes de mi esposa, intento hablar con ellos, intentan hacerse entender... anabilidad y distancia, costumbres tan parecidas y diferentes a la vez.
Tomo un café en el único bar del pueblo, un parroquiano habla de la gran cantidad de inmigrantes y recuerda a los colonos italianos de la Cirenaica... ecos del desaparecido Impero Italiano.
Volvemos (torniamo) a casa para cenar; no en vano una de las frases que más estoy usando en estos días es: molto gustoso...

miércoles, diciembre 25, 2013

Ahora sí será bitácora...

La Enterprise se acerca a un planeta desconocido, en off se escucha la voz del capitán:
"Bitácora de vuelo, fecha espacial..."
67450.1, diría, si fuera hoy.
Estas palabras marcaron mi infancia suburbana, viaje a las estrellas desde mi patio trasero...


Cuando comencé este blog el nombre vino casi sin pensarlo; bitácora de vuelo. Vuelo por mis fantasías, mis obsesiones, mis deseos. El mundo visto desde el puente de una nave estelar que se interna "... donde nadie ha llegado antes".

Pasado mañana el vuelo será real. La bitácora recogerá las impresiones de un viaje verdadero.

Un destino que a veces pareció inalcanzable. Un viaje que no creí poder realizar. Pasado mañana, a esta hora, estaré cruzando el Atlántico y el Ecuador rumbo a la más occidental de las penínsulas de Asia, a la Tierra Media, a las comarcas que recorrieron los padres de mis padres. Europa es mi destino.

Nuestro destino.


Desde siete años a esta parte mis sueños tienen  la maravillosa cualidad de cumplirse. De la mano de la mujer que amo recorreré esas tierras que hasta ahora sólo visité en mis lecturas.

Europa. Mucho más que un destino turístico o unas vacaciones diferentes.

Es el regreso, el retorno a la casa de mis antepasados. De mis maestros. De la lengua que hablo, las mitologías que explicaron mi mundo. De las ideas que me hacen ser lo que soy.

Mientras preparo, y peso con cuidado, las valijas, envuelvo los regalos y compruebo que los papeles estén en orden imagino esas calles que, en en el fondo, se me antojan irreales. Repaso los itinerarios por ciudades cuya historia, céltica, romana, medieval, moderna, conozco porque es parte de la mía propia. Ensayo palabras en lenguas que sólo recuerdan mis genes. Miro, con los ojos de los libros, los paisajes de montañas que acunaron el sueño de mis bisabuelos. Espero el encuentro con la familia de mi compañera y me demoro en anticipar cenas junto al hogar mientras la nieve, que desconozco, cae mansamente sobre calles apenas iluminadas.

Soy argentino, sudamericano orgulloso de su tierra, pero soy, también y sin contradicción, europeo en el exilio. Por eso este viaje es volver  casa.

Y espero compartirlo con ustedes.




lunes, octubre 28, 2013

¡Ganamos, perdemos...!


En la red social se preguntan por los resultados de las elecciones. 
Transcribo el post de Hernán Brienza: “¿… por qué en el 2011, con todos los medios en contra, un 54 por ciento de los argentinos votó a CFK y hoy, con todos los medios en contra, sólo un 32 por ciento votó al FpV? Si los medios siempre estuvieron en contra -incluso Clarín, claro- ¿por qué la gente cambió su voto?”

Como buen porteño, el amigo ve al país como un gran patio trasero, idéntico de Ushuaia a La Quiaca (lo que me sorprende viniendo de alguien tan “viajado”) y a las elecciones como una suerte de test de popularidad.

Es un enfoque que considero, con el respeto que Hernán me merece, errado e insuficiente a la vez.

Se trató de elecciones de legisladores, diputados en todos los distritos y  senadores en algunos, y hasta comicios locales en otros;  en Santa Fe, por ejemplo, concejales de sus ciudades. Esto marca una impronta donde lo local es lo más importante.
Sin embargo, y sin contradecir lo anterior, es una campaña que se nacionaliza por la ubicuidad de los medios. Hay que considerar ambos factores a la hora de explicar los resultados, resultados que eran esperados por otra parte.

Me animo a esbozar una respuesta desde lo político local, cada uno verá si le parece o no. Si se palica o no a su particular "patria chica"



Cada distrito tiene su propia historia, dinámicas distintas y hasta estilos si me apuran.

El caso de Santa Fe, por ejemplo.
En nuestra provincia era cantado que ganaba  Binner.
Por varios motivos.
El principal es que Rosario, Santa Fe alguna de las ciudades del sur y Reconquista rechazan de plano al gobierno nacional. Es un clima social compartido incluso por trabajadores que han mejorado su nivel de vida, que acceden al plan PROCREAR y se benefician de las políticas nacionales pero no consideran que eso sea determinante para su apoyo. Tal vez si fueran elecciones presidenciales…
La impronta “bárbara” del gobierno nacional los asusta. No se ajusta a las formas republicanas.
El control para la compra de divisas y otras medidas económicas, aunque no las entiendan muy bien, les parecen lesivas de los derechos individuales, de los que hacen un culto.
Tienen la idea de que la política de Derechos Humanos es la responsable de la inseguridad.
Creen que la provincia de Santa Fe, y Rosario en particular, han sido perjudicadas adrede por el gobierno federal. Sienten que los castigan por ser diferentes, por no ser sumisos.
Estas ideas han sido difundidas ampliamente por el frente (partido socialista y sus satélites) gobernante y ampliadas por un aparato que incluye los medios locales; esos que en la Capital suelen ningunear.
Un botón de muestra, un hecho que podría parecer menor: el 20 de junio, en Rosario, es un día de orgullo local. La aldea de La Capital y canal 3, se pavonea con sus banderas y su monumento, sus periodistas locales que pueden salir de la rutina, sus autoridades que aparecen en el centro de la escena y la idea, que a los rosarinos les fascina, de que son el centro de las miradas del país (léase Capital Federal). Que venga el Presidente, sea cual sea, es una cuestión de honor. Ahora si en ese acto aparecen banderas partidarias, si se destaca la militancia como continuidad política de la historia, si se convierte en un escenario para realzar la figura de la Presidenta, en detrimento de las comparsas locales, se levanta el coro de voces airadas cual antiguos patricios romanos ante el pan y circo de los césares. Protesta el gobernador, en voz baja, protesta la intendenta y protestan los corifeos locales en los medios. Y con eso basta, muchos rosarinos protestan también, sobre todo los que comentan en las redes sociales.
Es posible que el votante medio (¿existe?) no esté del todo conforme con Fein, la intendenta de Rosario, con Bonfatti, el gobernador, pero no trasladan este malestar a la figura de Binner, a quien consideran distinto, mejor, la gran esperanza blanca de la democracia republicana.
El discurso de la normalidad (el mismo que le "dicta" Tomás Abraham) se hace eco de en muchos sectores para los cuales problemas como el narcotráfico creciente son “culpa” de las políticas sociales de la Nación y “trampas” tendidas a un político al que consideran honesto, previsible y republicano.
La presencia de Obeid no ayudó a mejorar las cosas, los K lo votaron por lealtad partidaria (se comieron el sapo) y nada más. Es verdad que recuperó parte de la fuga de votos que generaba el “chivo” Rossi, pero no logró convencer al resto de la población. Hay que reconocer que fue un grave error de Cristina imponerlo, aun cuando no hubiera otro.
La figura de Miguel “Krusty” Del Sel se benefició de la alianza con la gente de Reutemann, que conserva su aparato provincial y sus aceitados contactos con los chacareros de la Pampa Gringa y el norte provincial. Amén de eso redondeó unos votitos más con su imagen de tipo común, campechano, distinto al “aburrido” Binner y al “peroncho” Obeid, los reutemistas aunque lo parezcan no son peronistas del palo. En Rosario, el acierto desde el punto de vista de imagen, de sumar a una periodista local con cierto encanto, sin demasiadas ideas (condición sine qua non para ser parte del PRO)  y simpática también aportó a la victoria del payaso de Springfield… digo, de Santa Fe.

¿Entonces?

En Santa Fe, al menos, primó la idea de la “defensa del territorio provincial” ante el supuesto avasallamiento K.
El discurso del oficialismo no tuvo fuerza ante la imagen negativa de los candidatos locales del FpV frente al prestigio (a pesar de todo) y el aparato de Binner.
La prédica de los medios nacionales; muy lejos como para escuchar a los santafesinos, pero demasiado cerca para ser escuchados, fue un apoyo extra para la derrota kirchnerista, pero no determinante.

¿Entonces?

La victoria de los sectores opositores no es una victoria de un grupo consolidado, mucho menos homogéneo. Coinciden en lo que no quieren, concuerdan en la prédica de un republicanismo vacío y hasta es posible que convengan en políticas macroeconómicas contrarias a las actuales; que no son tan heterodoxas como todos repiten, y hasta ahí. Se van a enzarzar en una política de egos, serán incapaces de construir poder, excepto el massismo que se vincula al gran factor de poder; el colectivo de “jefes territoriales” llamado peronismo, y terminarán diluyendo su victoria en discursos, gestos y denuncias.

La victoria, esto es lo lindo, todos festejan (¡hasta el PO!), del FpV tampoco es la gran cosa. No por lo que dicen los sicofantes de TN; es decir porque ganaron en “el país que no importa”, sino porque se cimenta en lealtades efímeras, dispuestas a cambiar de bando así como así (a la manera romana los peronistas terminan gritando: vivat qui vincit!). A la primera de cambio se van con Massa como si tal cosa, al fin y al cabo Massa lo hizo al irse del FpV…
Tendrán mayoría en las cámaras, eso sí y el kirchnerismo conserva sin demasiadas averías su capacidad de maniobra, si bien depende demasiado de la Jefa Espiritual de la Nación 2.0… La lucha por la sucesión será desgastante y hasta ahora, desde estos pagos, es una incógnita.

¿Entonces?

Entonces a seguir apoyando este ¿modelo?, ¿relato?, ¿estilo? llamado kirchnerismo como la mejor posibilidad real de cambio, como camino para recuperar la política y como expresión de un amplio, más amplio que el mero recuento de votos, movimiento social transformador nacional y popular (disculpen el lagrimón setententista).
Si bien los votos no se suman, ya lo dije, hay siete millones de argentinos, poco más, poco menos, que quieren inclusión social, estado de bienestar y alineamiento latinoamericano… y quedan otro par de millones que, con diferencias que parecen insalvables pero no lo son tanto, también pretenden algún tipo de cambio social.

No está todo tan mal, muchachos. Festeje también usted, amigo Brienza.

martes, junio 25, 2013

Costillas y mitos

 (a propósito de La Costilla de Adán, programa de género)



Un error común, agravado por siglos de literalismo y por fundamentalistas de toda laya, es creer que los mitos son mentiras desvergonzadas.
Nada que ver.
Un mito es explicación. En forma de cuentito, en un relato (que es lo que significa mythos), en una historieta que intenta develar verdades que no se pueden decir de otra forma.
El de Adán y su costilla es un mito fundante, así dicen los antropólogos, de nuestra cultura judeo cristiana. Cultura que es más, mucho más, que creencia religiosa y mandamientos varios.
Repasemos la historia.
Adán, barro amasado en el que alienta un no se qué de divino, está solo en el Paraíso. Solo con todo un jardín a su disposición. Solo y aburrido, se presume. Solo y solitario que no es lo mismo… pero es igual.

Dios, que todavía no es el súper ser sino un artesano voluntarioso, se preocupa. Hay algo en Adán que no anda bien, algo que, a falta de mejor sustantivo, podemos llamar nostalgia.

Adán está triste. ¿Qué tendrá Adán?

Adán no tiene compañía. Adán no encuentra un semejante. Adán no se refleja más que en el estanque… y la monotonía cansa, hastía, embola.
Todavía no inventó el si al menos, pero va camino a eso.


Dios, todavía no un airado dictador, procura que su chico, su obrita maestra (era un principiante y qué principiante no cree que lo suyo es lo mejor), su consentido esté feliz.

Como el Pastor que será en días por venir, Dios conduce a los animales a la presencia de Adán. Alguno de ellos, piensa, le servirá de compañía.

Adán sonríe tristemente; ¡este Dios y su ignorancia de lo que quieren los humanos!
- No, Señor, no- dice- ni el perro, ni el gato, ni el caballo o la gaviota son compañías para mí.
- ¿Ninguno?- pregunta el Creador un tanto mosqueado. Sus animales son magníficos, veloces y astutos, fieles y regalones, hermosos y variados. ¿Cómo puede ser que Adán no encuentre en ellos lo que busca?
Y el relator nos aclara el misterio.

Ninguno de ellos, dice, era una ayuda adecuada…
¿Ayuda adecuada?
Eso dice el texto. Las palabras hebreas son más explícitas, y confusas también.
Ninguno de ellos, dice en hebreo, era ezer kenegdó
¿Ezer quenequé?


Detengámonos un rato en esta expresión que los traductores vierten como ayuda adecuada, compañía idónea o ser capaz de ayudarlo. Si traducimos con mayor cuidado encontramos que ezer kenegdó significa otra cosa.
Ayuda contra él…
¿Contra él?


A ver. 
Dios dice esa famosa frase: No es bueno que Adán esté solo, le haré una ayuda en su contra…

- No,  si es por eso, - habría dicho Adán- ni te molestés... con una mano yo...

Nada, no dice nada.

Y se jode. O no.

 
Acto seguido Dios duerme al confiado muñequito de barro y, como todos sabemos, le practica cirugía mayor sin autorización de la obra social. 

Le quita una costilla, sutura la herida, y con la costeleta obtenida fabrica esa Ayuda en Contra prometida: la Mujer.

¿Ayuda en contra?

Adán no necesita alguien que lo sirva. No le interesa la fiel compañía de un perro, el interesado ronroneo de un minino, el sometido galopar de un matungo. No, nada de eso es Ayuda contra Él.

Adán no quiere una imagen de espejo. Alguien que piense sus pensamientos. Alguien que comparta su manera de ver las cosas.

Quiere quien le haga la contra. Quien le rompa las pelotas. Quien le diga: ¡Te lo dije!, cada vez que se manda una macana, que lo acaricie con ternura, y reproche, cuando vuelva magullado de jugar a la pelota con un quirquincho bola.

Una ayuda que mire todo desde el otro lado. Una leal oposición (eran otros tiempos, claro). Una antagonista para trenzarse en combates que lo derroten con una lágrima, con un beso o con el apretado nudo de sus piernas.

Dios, por una vez, lo entiende.

Dios, por una vez, comprende la soledad del hombre incompleto.

Dios, por una vez, hace un milagro.

Así, dice el mito, apareció la mujer.

" No de la  cabeza para superarlo, 
ni de sus pies para ser pisoteada.
De la costilla, para ser su igual.
Cerca de su corazón,  para ser amada".

viernes, junio 21, 2013

All the world's a stage





Quien ande por acá, presupongo, es inteligente. Quien se de una vuelta por este blog, que se actualiza a las cansadas, sabe de que va la cosa. Por eso no entraremos en la manida cuestión de la política o la no política. Vos y yo sabemos que la no política es, simplemente, una de las tantas opciones políticas posibles.
Esto claro vamos al asunto.


Hay un teatro del poder. Lo sabían los mandamases del Antiguo Régimen, lo puso por escrito Moreno, prentendía ¡santa simplicidad iluminista! hacerlo desaparecer por decreto, lo hicieron funcionar todas las dictaduras (es decir Estados) que en el mundo han sido... en especial la burguesa, que se destacó por disimularlo. Los actos oficiales, las efemérides en especial,  son ese teatro del poder, la puesta en escena de los valores, actitudes, resignaciones varias y entusiasmos surtidos que fomentan los que mandan. Como en toda obra que se precie hay movimiento, hay conflicto, hay un lenguaje corporal y verbal, hay mutis por el foro y hay escenografía. Lo llaman protocolo... bueno, es una palabra cómoda.

Hay, además, un contexto.

A veces se olvida. Puede ser fatal, puede carecer de importancia, según el caso y la apuesta política del poder.

Contexto


Día de la Bandera. Por esas cosas del calendario escolar se superpone sobre el día de la muerte de su creador. Que le vamos a hacer, hasta la locutora oficial se confunde. Una lástima, porque Manuel Belgrano es uno de esos "próceres" que tienen mucho para decirnos en los tiempos que corren, en todos los tiempos por lo demás. Quizás por eso quede esacamoteado por su creación, para que hablemos de colores, de cielos y mantos de Nuestra Señora en lugar de  economía política, educación y ese sueño por el que entregó la vida; la Revolución.

Día de la Bandera en Rosario. El día en que la industriosa, la comercial, la liberal y autosuficiente ciudad sin fundador y sin prosapia aparece en el mapa. Rosario se prepara para ser la protagonista, la ciudad que Belgrano eligió para darnos la Bandera. Si no es cierto, al menos nos lo creemos por un día. El 20 de junio nos gusta olvidarnos del cinismo y del negocio.

Bandera, Belgrano, Rosario, Patria. Los recuerdos a flor de piel. El guardapolvo blanco de la lejana infancia, las manos ateridas, "aquí está la Bandera idolatrada", "el mejor promedio será abanderado", "¡sí, juro!"... la infancia se mezcla con el orgullo local, con ese plesbicito cotidiano que se llama Patria y con el tibio sol otoñal. La máquina escondida de la tradición funcionando a pleno. No por saberlo dejan de brotar las lágrimas o estremecerse el impreciso rincón del sentimiento.

 Actores y escenario

Alberdi dijo, lector de segunda mano de Hegel, que acostumbrados a un monarca, necesitábamos un presidente fuerte. Algo así como un rey pro témpore. Jefe de todos los jefes, cabecilla supremo, detentador del poder. Los constituyentes, recordando las lecciones de don Juan Manuel, le hiceron caso. Nuestra constitución nos dio ese Presidente Rey que tan bien casa con nuestro atavismo.
Los viejos reyes eran tipos especiales. Pastores del Pueblo, decían al unísono Homero y David, los tipos que se interponen entre la ira de los rapaces dioses y el manso pueblo ovejuno. Si todo iba bien, era por la mera presencia del monarca, si las cosas fallaban... entonces el rey debía morir. ¿Suena familiar? Es la idea.

Las reinas son algo especial. Despìertan pasiones vedadas a los reyes varones. Es verdad que se puede dar la vida por... quien sea que ocupe el trono; pero por una dama la vida se da con una sonrisa en los labios. Es verdad que se puede guillotinar, o descerrajar un balazo al grito de sec semper tyrannis, al cualquier monarca que uno odie; pero nadie más que una mujer despierta ese aborrecimiento que lleva a poner en duda su conducta sexual o garrapatear viva el cáncer...

Tenemos reina, digo presidente, o presidenta que no es tan correcto gramatical como políticamente, y reina viuda, además. Las reinas, o las presidentas viudas, son algo de cuidado. Casi tanto como las, hoy inexistentes, reinas vírgenes. Avanzan lanza en alto conduciendo a la tropa a tomar ciudadelas, vengar agravios, dar vuelta tortillas, si uno se descuida.

Nuestra presidenta es una de estas mujeres de excepción. Guste o no guste. Se la siga o se la denoste. Ha marcado con su estilo la última década. Es un hecho, no un juicio de valor.

Todos los demás actores políticos, a su lado, parecen comparsas de una ópera que la tenga como protagonista: "Cristina, o la Voluntad de Poder" la titularía un improbable Verdi criollo. Por más que escucho no encuentro a nadie que pueda hacer un dueto con ella; Binner,  se me antoja un Rigoletto, tan risible como patético.
Cristina quiere poder y lo quiere para cambiar el país según su propio proyecto. Quiere poder para poner su sello en esta época. Quiere poder para hacer las cosas que cree necesarias. Quiere poder para sí y para ordenar el estado a su manera. ¿No es esta la definición de alguien que hace política? Claro que sí, pero algunos la olvidan y creen que  un  político, perdóneseme el oxímoron,  limpio es alguien que toma el poder para no ejercerlo sino cuando no hace falta... Un político así no sirve ni para administrar un consorcio.

Primera actriz, prima donna, del Acto del 20 de junio de 2013, Cristina.

En el reparto Mónica Fein, con un rol deslucido y secundario que intenta (¿fallo del guión?) tomar protagonismo y marcar la cancha. ¿Le salió mal o quiso provocar la respuesta de la soberana? Por momentos el acto pareció esa típica comida familiar entre parientes que no se aguantan...  
- ¡Lindo peinado, cuñadita; ¿lo hiciste vos o pagaste por eso? 
- ¡Hermosa tu casa, che, que suerte que te presté la plata!

Tirar la lengua y después criticar lo que dijo "esa".
Elogiar en público y guardar el comentario socarrón para teléfono... o tweeter.

El teatro del poder es tanto solemnidad como paso de comedia... y hasta grotesco.

Conflicto

 No le gusta que no le salgan los planes. ¿A vos sí?
Cuando vas a pedir permiso para salir antes del laburo y te ponen esa cara que sabés y te dicen:  
- No, che, hoy no podés retirarte hasta las seis...
Volvés al escritorio con tu mejor sonrisa y le comentás a los compañeros:  
- No puedo irme. Tiene razón. Que bueno que me hizo entender. Qué sería de nosotros sin el supervisor...
¿De verdad lo harías?
Ella tampoco.
Le cayó mal lo de la Corte, para el... huerto le cayó. Y estaba caliente.Y lo dijo en el primer micrófono que tuvo a su disposición. ¿Querían que hablara de color del cielo y la abnegación belgraniana? Belgrano, por lo poco que uno lo conoce, tampoco se hubiera callado...
La bandera la he recogido, y la desharé para que no haya ni memoria de ella, ...pues si acaso me preguntaren por еllа, responderé que se reserva para el dia de una gran victoria ..., y como esta está lejos, todos la habrán olvidado....
Algo así hubiera dicho, con su característica ironía.

Quiere cambiar la Justicia. Por una serie de razones. Algunas de ellas atendibles, otras quizás menos, pero es su proyecto. Lo defiende. Pelea por él. Quien no entienda esto y se plantee un discurso de circunstancias, aséptico, no conoce a la Presidenta, no sabe lo que pasa a su alrededor, es un poco ingenuo déjeme que le diga. Buen tipo, seguro, pero ingenuo.


Puesta en escena.


La obra gustó, diría un crítco, pero fue previsible.

Todos los actores cumplieron el rol que tenían asignado y ninguno se esforzó por disimularlo. Actuaciones correctas en una puesta con características particulares por el contexto, pero este marco de excepción no logró despertar más que un pasajero interés en la audiencia.

Algunas situaciones llegan a aburrir, por lo redundantes. Que cada cosa que haga Cristina sea festejada hasta el paroxismo por sus seguidores y criticada sin misericordia por sus detractores termina por quitar todo encanto a la presentación.
Basta que Crisitna bromee para que los cristinéfilos rían a mandíbula batiente y repitan el chiste en FB con proliferación de me gusta mientras que los cristinófobos alzan las manos al Cielo invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia, para que un rayo la fulmine por su blasfemia.

Así las cosas el acto fue político, como debe ser, y esto por ambas partes que esperaban que fuera así. Como una gresca en el patio de la escuela; con Canal 3, y un poco menos el 5, gritando: ¡Pelea!, ¡pelea!, ¡pelea!

¿Lo positivo? Uno no es quien para decirlo, pero en mi opinión falsamente modesta, que la política, la patria, el proyecto de país, la historia, como quieran llamarla está viva, despierta las pasiones populares y pone en tensión a la sociedad para buscar su destino. Es estimulante. Significa que estamos vivos y queremos hacer cosas... No es poco.

¿Lo negativo? Quizás lo mismo. La vitalidad se agota en la discusión sin propuestas. El entusiasmo decae cuando el protagonismo aparece de un solo lado. No es culpa de ella que la oposición sean tan imbécil, pero se echa de menos a Néstor, con su capacidad negociadora y su guiño de ojos.

A la salida del teatro

 - ¿La viste a la yegua? ¡Usar un acto para hacer polìtica! ¡Dónde iremos a parar!

- ¿Acaso Belgrano no hacía política cuando creaba la Bandera contra la "acordada" del Triunvirato?

- No podés comparar a un prócer con estos ladrones. Ni el himno cantaron.

- ¿Cómo no? Fue una manera original de ejecutarlo.

- ¡Por favor, pibe! Con el himno no se juega... ni con la República, por otra parte.

- ¿Quién hace polìtica ahora?

- Ustedes empezaron, con esos pibes de las agrupaciones... coparon el acto.

- ¿Prefiere a los pibes mirando por la tele?

- Prefiero a las familias, a la celeste y blanca, al desfile y al juramento de la enseña patria.

- Hubo familias, hubo gente que no era militante. Le concedo que el acto fue político... son los tiempos que vivimos.

- Los tiempos de estos bárbaros, dirás. Los militantes de otros partidos no vinieron a imponer sus ideas.

- O no se notaron. O no estuvieron. ¿Se da cuenta que sólo ella puede moviliar tantas pasiones?

- ¡Se cree una reina!

- Quizás lo sea, señora mía...