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jueves, junio 18, 2009

La Mirada y la Voz.

Salió de la tienda al calor del día.

Dispersos, vio los tendales de sus hermanos. Hacía un tiempo, días o meses, tal vez un año, habían huido. Ahora vagaban por el despoblado.

Arena y rocas.

Recuerdo de los días más felices; es más previsible ser esclavo.

Miró sin ver los restos de la batalla, los huesos derrotados y el recuerdo ya desvanecido.

Oyó los gritos de ira; otra vez alguien golpeaba y otra vez alguien alzaba el cuchillo de piedra.

Gemidos en la soledad de la mañana.

Una tristeza honda invadía el malsano campamento.

Salió de la tienda y caminó en silencio.

Miró a lo alto.

Subió a ese monte y allí permaneció escondido.

Pocos se preguntaron por él. El guía se había ido, pensaron, tan misteriosamente como había llegado para conducirlos a ese destino de nada en el desierto. Mejor dijeron algunos, ahora podremos retornar.

Enfermo de asco no quería volver al llano. Desde arriba el mundo no parece el mismo y uno cree que puede dirigir la Historia.

Una de esas voces que, tres mil años después aprenderíamos a despreciar, le dijo en el duermevela de la madrugada.

- Es tu pueblo, cuando los guiaste asumiste la responsabilidad. No eres su líder, sino su maestro, algún día ya no necesitarán de ti, pero ahora es tu deber bajar.

Quiso negarse pero fue imposible.

Decidió que esa voz sería de más peso que la suya propia.

- Una voz – dijo a la soledad- que valga más que la mía. Una voz que les niegue el descanso de la esclavitud. Una voz que los convoque a mirar por encima de sus miserias cotidianas. Una voz que los convierta en un pueblo.

Tomó dos losas de piedra y grabó en ellas esos signos que los esclavos de las minas le habían enseñado.

Con las tablas en la mano, Moisés descendió de la montaña.


jueves, enero 22, 2009

Un fragmento de mi libro: Mitos Cristianos






6. Un mito antiguo de la Creación.

  1. Al comienzo estaban Yahvé y Rahab, a quien algunos llaman Tehom. Ambos eternos, ambos rivales. Yahvé era un dios poderoso y joven, Rahab una deidad antigua y temible. Yahvé creía en el orden, en la razón y en el poder. Rahab representaba el caos, lo imprevisible, la fuerza ciega de los elementos. Yahvé era el desierto y sus tempestades, Rahab; el mar y sus torbellinos. Yahvé era varón, Rahab, mujer.[1]
  2. En los oscuros tiempos en que los dioses batallaban sobre la Tierra; Rahab se alzó, poderosa, y dio a luz al temible monstruo marino, Leviatán. Todos los dioses y diosas se asustaron ante él y huyeron. Yahvé no temió, sin más tomó su arco de caza, el arco iris, y lanzó sus flechas contra la bestia, venciéndola. Sin perder un momento aplastó con una maza la cabeza de Leviatán, la gran serpiente marina, que desde entonces se convirtió en su fiel servidora y su diversión para los momentos de ocio. También se dice que, por entonces, dominó al monstruo terrestre Behemot. Luego arremetió contra Rahab, a la cual despedazó. De sus despojos salieron la Tierra y los seres que la habitan.[2]
  3. Yahvé hizo surgir las montañas del cuerpo muerto de Rahab y asentó los pilares de la Tierra en las más elevadas de entre ellas, luego fijó los límites del mar y estableció las rocas contra las cuales se estrella. Extendió el manto de los cielos, desplegándolo sobre la superficie plana del mundo, colocó las luminarias en él, el Sol y la Luna, formó las constelaciones y fijó sus movimientos a lo largo del año. Por fin creó el calendario, ordenando que los días y las noches se rigieran por el curso solar. Este fue el primer día, del primer año del mundo y desde entonces se celebra, con gran estrépito, la victoria divina el primer día de cada año.
  4. Triunfador, Yahvé se alzó en medio de la Asamblea de los Dioses, y se proclamó a sí mismo el único y supremo Dios, rebajando a los demás a la categoría de simples servidores. Durante un tiempo, sin embargo, permitió que alguno de ellos compartiera su morada terrenal, en la montaña del Norte, y así mantuvo a su lado a la gran serpiente Nehustán, a Helal, el Lucero y, especialmente, a Asherá, la Reina del Cielo, diosa que eligió como su consorte.[3]
  5. Sin embargo estos dioses se mostraron ingratos con Yahvé y le traicionaron. Nehustán pretendió ser considerada la salvadora de los hombres y Helal quiso igualar su poder con el de Yahvé, Asherá, por su parte, le fue infiel con alguno de los otros dioses. Así, pues, fueron expulsados de la montaña del norte hacia las regiones inhóspitas del sur y Yahvé, en solitario esplendor, reinó sobre la Tierra y sobre la Humanidad.[4]

[1] Job 9,13. Deuteronomio 33,2.

[2] Salmos 40, 4. 89, 6-15. 74, 12-17. Génesis 9, 13. Job 26, 12. 40, 15-21 41, 1-34. Isaías 51, 9. Libro de Enoc, 60, 7-8.

[3] Salmos 82, 1-7. Jeremías 7, 16-20. Templo de Tell Arad. Inscripción de Khirbet el Qom. Inscripción de Kuntillet Ajrud. A. Cowley, Aramaic Papyri of the Fifth Century B.C., Oxford, Clarendon Press, 1923, 147 (n.º 44,3).

[4] Segundo Libro de los Reyes, 18, 4. Isaías 14, 12. Jeremías 44,17. Salmos 47,1-2


miércoles, abril 23, 2008

La visión de un goy sobre Pésaj



Dicen que dicen, está en el Talmud pero no sé donde, que una vez en los tiempos en que imperaba Roma, un Rabino, desilusionado por tanta miseria habló con el profeta Elías y le preguntó:

- Eliahu Hanavi ¿dónde está el Mashiaj, cuando llegará?

Elías, el profeta, accedió a responderle.

- Está aquí, en las puertas de Roma, con los enfermos, los leprosos, los excluidos…

De inmediato el Rabino salió al encuentro del Mesías, lo encontró donde Elías había dicho y le preguntó:

- ¿Cuándo vas a venir?

- Hoy… - respondió el Mesías.

Sin esperar más, el Rabino, feliz partió hacia Israel. Tanta era su prisa, nos dice el cuento, que llegó esa misma noche.

Esperó todo aquel día la llegada del Mesías. Paciente, confiado.

Pero el Mesías no vino.

Pasó un tiempo y el Rabino volvió a encontrarse con Elías.

- El Mashiaj es un mentiroso- le dijo- pues me prometió venir haiom, hoy, y no llegó.

- En tu apuro sólo escuchaste el principio del versículo: Haiom, im bekolo tishmanu, es decir, Hoy, si escuchas Su Voz.

Soy gentil, pero si eligiera creo que optaría por el judaísmo, y hablo de estas cosas con temor y temblor.

Soy ateo y, por lo tanto, no creo en voces divinas.

Soy persona, me atrevo a opinar entonces.

Tal vez sea cierto que no hay una Kol Elohim, pero lo cierto es que existe una Voz.

Es la Voz de un Pueblo, es la Voz de todos los hombres y mujeres que están en el mundo, que soportan al mundo, que aman al mundo pero, a la vez, que quieren salir fuera de él, que buscan su transformación.

Esta es la Voz que se debe escuchar para hacer real la venida del Mesías. Esta es la Voz que resonó por primera vez en aquel Egipto imperialista del siglo XIV antes de nuestra era. Esta es la Voz que se actualiza en cada Pésaj.

La Voz está estrechamente unida al concepto de liberación, de gueulá.

La Voz debe ser escuchada, la Voz debe resonar y ese es el principio de la liberación.

Es ponerse en movimiento, es pasar de ser mudo a ser hablante, de ser un objeto a protagonizar la propia historia. Es osar enfrentar a Faraón y decirle: Deja ir a mi Pueblo.

Dicen los sabios de Israel que Pésaj se puede dividir en dos palabras: pe la boca y saj la que habla. Pésaj es la Voz y allí está el paso, la liberación, el camino, la salida de Egipto.

Hablar, decir, poner en palabras, dar Voz he aquí el comienzo de toda verdadera libertad. No sólo la libertad de un pueblo, también nuestra propia libertad interior.

Jag Sameaj

lunes, octubre 01, 2007

Brevísima historia del pueblo judío.


David, rey de Judá, de Israel, Ungido (Mesías) de YHWH, una figura, un mito, un símbolo que permanece...
Somos hebreos

De alguna manera todos nosotros, ciudadanos de esta convención cultural llamada Occidente, somos hebreos e hijos de Abraham.

Los mitos de ese pueblo del Antiguo Oriente son tan tenaces en nuestra conciencia como los helénicos. Pensemos en temas como la culpa, la expiación, el mesianismo o la concepción teleológica de la Historia; todos ellos le deben su formulación, su fraseología y su tremenda vigencia a la colección de mitos contenida en la Biblia.

Es similar lo que sucede con la política; la existencia del Estado de Israel en el territorio de Palestina se debe, claro está, a consideraciones de tipo económicas y geopolíticas, pero no hubiese sido posible de no aparecer mediatizadas, y veladas, por el enorme poder convocante de la mitología judeo cristiana.


El moderno Estado de Israel apela con gusto a sus mitos fundacionales. Aquí el Escudo que evoca la Menorah, el candelabro de Siete Brazos presente en el Templo de Jerusalén.

Veamos, pues, un somero resumen histórico acerca de este pueblo, pueblos diríamos mejor, "escogido entre todos los pueblos de la tierra".

Antes de que hubiera judíos.

La historia de los judíos se hunde en la de una etnia anterior, de la cual son herederos, la hebrea.

Texto cuneiforme hallado en El Amarna, Egipto, donde se menciona a los 'apiru, una clase social compuesta por campesinos despojados de sus tierras; algunos de ellos darían origen a Israel

Nos parece cierto que estos hebreos no son otros que los apiru de los textos cuneiformes, algunos de cuyos grupos protagonizaron una rebelión exitosa contra los príncipes cananeos vasallos del Imperio Egipcio, suceso cuyo recuerdo épico, y recubierto de imaginería religiosa, perdura tanto en el Éxodo como en la historias de Josué y de los Jueces.



El Antiguo Cercano Oriente

Los campesinos sin tierra (apiru) triunfantes se confederaron en una unión de carácter religioso; Israel la cual bien pronto buscó la alianza de tribus sureñas ligadas a Edom y sometidas al dominio de las ciudades estado filisteas, estas tribus, con escasa participación en el proceso de conquista del país, tomaron el nombre de Judá y llegaron a imponer su dominio sobre Israel bajo el mando de un genial caudillo; David quien manipuló a su favor los antiguos símbolos de la rebelión campesina.

Los reinos de Israel y de Judá

Es importante notar, entonces, que Israel y Judá son dos entidades sociales, culturales y políticas separadas que sólo durante un breve período se presentan unidas en una doble monarquía pero cuyos orígenes e historia posterior son bien diferentes; afirmar, siguiendo la Biblia, que Judá era parte de Israel y que los judíos descienden de los antiguos israelitas es afirmar una media verdad...sería como decir que los macedonios eran griegos o que los americanos procedemos exclusivamente de los españoles.

Bajo el reinado de Salomón, hijo de David, la opresión del estado de Judá sobre las tribus norteñas se hizo intolerable y éstas volvieron a alzar el estandarte de la rebelión campesina expresado en el grito de guerra:

¡Israel, a tus tiendas!


Reconstrucción idealizada de un monarca de Judá (José Luis Salinas)
De este modo se volvió a la situación previa al reinado de David, con un estado de Israel, poderoso, rico y ligado al comercio con los fenicios en el norte, y un estado de Judá, menos imponente pero aún prestigioso, en el sur.

El período davídico, no obstante, había dejado numerosos recuerdos en la poesía popular y en el culto; si bien Yahvé no era aún, en ninguno de los dos estados, el único dios adorado, había crecido hasta convertirse en la más poderosa de las deidades y, más importante todavía, el referente obligado de las épocas más gloriosas de ambos pueblos.

Dejaremos de lado la evolución ulterior de ambos reinos. Basta saber que Israel se vio envuelto en las rivalidades políticas entre los estados arameos y neohititas para terminar siendo derrotado por la invencible máquina militar de los asirios; su clase dirigente fue exiliada y terminó perdiéndose entre los demás pueblos de Oriente, mientras que los campesinos permanecieron en el país dando origen a los samaritanos, de los cuales hoy mantienen esa identidad sólo algunos centenares de personas en la zona de Nablús.

Actual sacerdote samaritano

El reino de Judá, por su parte, capeó la tempestad asiria lo que le permitió una cierta presencia política en las tierras del antiguo Israel, pero al fin sucumbió ante el empuje de los babilonios, herederos de los asirios, y también vivió la deportación de sus dirigentes.

Jehú, rey de Israel sometido a Salamanasar III, rey de Asiria.

A diferencia de la clase dominante israelita, la judaíta (es impropio hablar aún de judíos) había desarrollado una peculiar mitología en torno al culto de Yahvé donde se mezclaban influencias cananeas, hititas y hasta egipcias y, más importante, había generado el fenómeno de los profetas.

Profetas, es decir voceros del dios, hubo en todo el Oriente, pero los profetas de Israel y de Judá descollaron por su conciente toma de posición política crítica frente a la monarquía... de hecho sólo hubo profetas mientras hubo reyes, lo cual les permitió presentarse, después de la catástrofe, como visionarios que conocían la verdadera voluntad de Yahvé respecto de su pueblo.

El profeta Isaías, como lo imaginó Miguel Ángel

En Babilonia

los desterrados crearon, a partir de los mitos nacionales, una formidable construcción teológica conocida como "deuteronomista" que establecía una premisa clara y sencilla: los hebreos, israelitas y judaítas por igual, eran un pueblo escogido por el dios Yahvé.

Yahvé en una tetradracma del siglo IV a.C.

Este dios, sin dudas el más poderoso del universo (¿único?, sin duda comenzaba a pensarse así) era celoso y justo, en los días antiguos había hecho un pacto con los ancestros que implicaba la bendición si seguían sus normas (que incluían una elevada ética y el culto exclusivo) y la maldición si las quebrantaban. Con estos elementos explicaban la historia del pueblo y construian una utopía, quizás la primera de la que existe noticia, orientada hacia el futuro.

Cuando Babilonia pasa al control de Persia, muchos de los desterrados, gente de clase alta, regresan a la tierra de sus antepasados que, por cierto, no estaba vacía... Una vez allí, y con el apoyo de los soberanos aqueménidas, imponen su particular visión religiosa a los campesinos y artesanos que habían quedado en la región (a los que llaman, despectivamente am ha arets; el pueblo de la tierra) aunque fracasan parcialmente en relación a los samaritanos.

Judá, después del intento de rebelión frustada de Zorobabel, que dará origen al mito del Mesías hijo de David, se convierte en un Estado Sacerdotal cuya vida cultural, política y económica gira en torno del Templo de Jerusalén. El culto de Yahvé es adoptado como exclusivo y sólo desde este momento podemos hablar de monoteísmo.

Reconstrucción, bastante fiel, del Primer Templo, construido por orden de Salomón en Jerusalén.

Moneda de Judá durante la dominación persa, nótese el ave, influjo quizás de la lechuza de las dracmas áticas.

Estos siglos, bajo la dominación persa, son los que darán origen a un grupo étnico y religioso que, andando el tiempo, será conocido como judío.

Continuará