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jueves, septiembre 04, 2008

Verídica historia de la ciudad de Rib.




La ciudad de Rib existe desde siempre.

Los pobladores suelen decir que no tuvo fundador, pero esto es sólo una manera de expresar lo que todos saben; Rib es parte esencial de ese rincón del mundo, allá, en las provincias de abajo, en la Tierra del Sur.

Rib se llama así debido a que está ubicada sobre las riberas del río.

Es cierto que tuvo, otrora, otros nombres; fue una comarca, un paraje a la vera del camino hacia las provincias de arriba, un amplio espacio vacío entre una cañada barrosa y un arroyo con pretensiones de río, fue, también, un santuario olvidado y una próspera colonia de mercaderes; y cada vez le daban un nuevo nombre. Seguía siendo Rib y esos apelativos pronto fueron olvidados, había uno, sin embargo, que siempre recordaba; era un dulce, un sencillo nombre de mujer.

Como una mujer Rib se dejaba amar y odiar con la misma facilidad.

Estaba edificada a orillas de un río tan ancho y tan manso que no lo llamaban río; sino el Agua Madre, porque a ella le debían su vida, porque cerca de ella se sentían felices y, sobre todo, porque era tan serena y suave que los acunaba como sólo una mamá puede hacerlo.

Rib se decía ciudad pero era pequeña; unas pocas casas sobre las barrancas, una plaza donde se reunían a tomar sol por las tardes y muchos árboles generosos de sombra y frutos. Y muchos, muchos suburbios que se abrían en abanico desde la calle central, cada suburbio era, por cierto, una reproducción en pequeño de toda la ciudad, casi como esos espejos que se reflejan en otros espejos.

Rib era vieja, más vieja que el tiempo, y era joven, como una niña que despierta a su juventud.

Rib, finalmente, estaba habitada por gentes sencillas y laboriosas; pescadores en las cañadas de la orilla, labradores en los campos cercanos, artesanos un poco por todos lados. Tres tabernas, una sencilla torre, más vieja que el tiempo y deshabitada, algunos comerciantes venidos quien sabe de dónde. Muchos chicos, muchas niñas, muchos viejitos de mirada pensativa y muchas abuelas que amasaban el pan y preparaban el mejor dulce de leche de toda la provincia.

Eran gentes venidas un poco de todas partes, arribeños de rostro color tierra y ojos de miel, paisanos de a caballo de las extensas pampas del sur, canoeros, aventureros de las selvas del noroeste, serranos de cantarina habla y gentes del otro lado de la cordillera de voces suaves y de pausados gestos. Había pasado, sin embargo, tanto tiempo desde aquellas llegadas que todos las habían olvidado, eran ribarinos (así les gustaba llamarse) y no había un lugar mejor para vivir que esas barrancas altas y terrosas al lado del Agua Madre.

Los primeros, como todos saben, fueron los Antiguos. Ellos descubrieron la belleza de la Tierra del Sur y la amaron por primera vez. Establecieron los tiempos e impusieron los nombres, los verdaderos nombres, de las cosas. Partieron hace mucho aunque, en realidad, siguen presentes para las gentes de ojos y corazón abiertos, y uno puede verlos en los caminos solitarios, en las sombras del follaje a mediodía, en el claro de luna.

Después de ellos, oyentes rebeldes de los Antiguos, llegaron las gentes de la tierra; los Abuelos y las Abuelas que bajaron desde las selvas del norte después de andar largas lunas buscando una casa. Muchos la encontraron aquí, entre la cañada y el arroyo, sobre la barranca y frente a las islas. Y se quedaron.

Eran de distintas familias; las gentes de las pampas y las gentes de los montes, cada una con su habla, cada una con sus pequeñas o grandes historias, cada una con sus secretos anhelos.

Cada uno que venía se enamoraba de la ciudad.

Y se sentía un ribarino de pleno derecho, y era capaz de cualquier cosa para defender los títulos y los, dudosos, privilegios de Rib. Alababan a sus mujeres, doncellas alegres y hermosas de cuerpos torneados y andar sugerente, se enorgullecían de sus libertades, se complacían en su inmenso río, el Agua Madre, a veces una cinta de plata, a veces un camino azulino.

Y no querían alejarse de allí.

Cada uno que llegaba maldecía a la ciudad.

Y murmuraba de sus calles, nunca rectas y bastante estropeadas, de sus comerciantes rapaces y mezquinos, de su eterna condena a no ser lo que soñaban, de la humedad, del calor, los mosquitos y la lluvia.

Pero no se iban.

No había rey en Rib, ni tampoco había nada que pudiera llamarse ley, cada cual vivía con sus familias, familias de muchos tíos, primos, sobrinos y más parientes de los que uno puede acordarse, o con las familias vecinas, y todos estaban a gusto con la presencia de los demás. Desde hacía más de mil años, o quizás menos pero en Rib nadie sabía llevar muy bien las cuentas, no había habido guerras, robos, muertes o destierros, muchos chismes sí, alguna que otra niña en brazos ajenos también, bromas pesadas, unas cuantas (a los paisanos de la pampa surera les encantan las bromas pesadas) y discusiones, demasiadas e interminables, pero todo se arreglaba en las fiestas, y en Rib nunca faltaban las excusas para las fiestas.

Sí, así era la vida en aquellos días lejanos, en la época del mundo que llaman el Cuarto Sol.

Entonces llegaron ellos.


Continuará...

jueves, agosto 21, 2008

A long time ago, in a galaxy far, far away...

Uno de los post que más comentarios reciben es el dedicado al Libro de Mormón, es evidente que los muchachos LDS (Latter Day Saints=Santos de los Últimos Días) están muy activos en la Red...En éste agrego detalles poco conocidos de su mitología. No tengo intención de ofender, sólo de contar una buena historia...

En algún lugar del espacio profundo se encuentra el planeta (otros dicen estrella) Kolob. Un mundo paradisíaco con un extraño periodo rotatorio de mil días (es decir que un día kolobiano es un milenio terrestre) lo cual seguramente trae serios problemas a su medio ambiente.

En Kolob, o cerca, reside Dios. Un ser maravilloso, de gran poder cuyo cuerpo es el de un hombre maduro, de raza blanca.

La serie televisiva Battlestar Galactica estaba basada, en parte, en los mitos mormones.

Fuerte, autocrático y omnisciente, este súper ser no ha creado el Universo, ni la materia, que es eterna, y convive con miles, quizás millones, de inteligencias espirituales.

El nombre de este Dios es Elohim, pero también se lo conoce como el Padre Celestial y es posible que comenzara siendo un hombre, como nosotros, pero que con el devenir de las edades haya llegado (por caminos de los que poco y nada se nos dice), a convertirse en una divinidad.

De un modo misterioso, o no tanto porque algún himno mormón habla de la Madre Celestial, Elohim creó cuerpos espirituales (sea lo que sea eso) para algunas de esas inteligencias que vinieron a ser, así, su hijos. El primero de estos seres no fue otro que Jehová (el dios hebreo Yahvé), conocido desde su encarnación en el planeta Tierra como Jesús. Jehová, pues, es Dios pero un tanto menor que Dios, un igual no tan igual...

El Padre, quizás en sus noches de insomnio, diseñó una suerte de proyecto o plan director con la finalidad de que todos estos cuerpos espirituales llegasen a tener un cuerpo físico como el suyo y de este modo lograr "la completa felicidad" convirtiéndose en dioses de mundos por venir. Como el régimen de Kolob era una especie de monarquía constitucional, Dios convocó a un concilio de todos sus hijos para exponer los fundamentos de su proyecto. No parece que se tratara de una asamblea deliberativa, sino más bien informativa, y no se registra que, al menos en la sesión, hubiese voceros de la oposición...


El plan divino era de una sencillez asombrosa; los cuerpos espirituales serían enviados a un lejano planeta; la Tierra, donde recibirían un cuerpo físico. Allí, olvidados de su vida previa, deberían hacer la experiencia de ejercitar su libre albedrío escogiendo el bien, es decir la voluntad divina que podía incluir algunas acciones moralmente cuestionables como la guerra, la coerción y el robo de tierras, antes que el mal.

Como un auxiliar para estos seres exiliados; Elohim enviaría a un Líder plenipotenciario de manera que, siguiendo sus enseñanzas, aceptando su autoridad y renunciando al libre albedrío, fuese más fácil el ejercicio de la libertad...

Esquema simplificado, y traducido al inglés, del Plan Divino

Como si de una clase de obsequiosos alumnos se tratase; varias manos se alzaron para solicitar el privilegio de ser nombrado Líder de la misión, la elección divina, empero, recayó en Jehová (el futuro Jesús, ¿me siguen?) quien quedó designado desde entonces como Mesías.

No todos estuvieron de acuerdo con esta decisión. Lucifer, otro de los hijos de Dios, quería el puesto y tenía sus propias ideas al respecto. En efecto, su pretensión era que los futuros humanos fuesen obligados directamente a obedecer, más bien que guiados por sutiles presiones, y que se le otorgase esa misión a él mismo, quien sabría llevarla a buen término. En fin, la vieja disputa entre los incentivos morales y los materiales, condimentada con un debate acerca del liderazgo, lo que prueba que hasta en el Cielo "se cuecen habas".


Como resultado de esta discrepancia estalló la Guerra Celestial. Lucifer logró el apoyo de un gran número de rebeldes y se enfrentó con Jehová y sus tropas leales. No hay crónicas certeras de este conflicto, pero se sabe que Jehová fue el vencedor y que los rebeldes fueron expulsados de Kolob, quitándoseles la Tarjeta Verde (o su equivalente) que les permitiría encarnarse en cuerpos físicos.

Lucifer se convirtió de este modo en Satán, y sus aliados en demonios, dirigiéndose raudamente a la Tierra para molestar a sus futuros moradores e incitarlos a escoger el Lado Oscuro. Algunos añaden que, en consonancia con esta elección, su apariencia se volvió desagradable; es decir que se convirtieron en ángeles de piel negra.

El caso es que la Tierra no estaba todavía creada, por lo cual Elohim tuvo que proceder a formarla.

La tarea fue confiada a Jehová, para lo cual le fue otorgado el sacerdocio de Melquisedec (el mismo que hoy ostentan muchos líderes mormones), sacerdocio que es definido como un "dominio soberano".

En este trabajo de construcción, que hace recordar al Demiurgo gnóstico, Jehová contó con el auxilio de varios seres espirituales, ansiosos por ornamentar su futuro hogar, entre los cuales estaba Miguel, el famoso arcángel que se había destacado en la Guerra Celestial.

Una vez que se terminó de formar la Tierra, Dios mismo, con la asistencia de Jehová, hizo el cuerpo del primer hombre: Adán, tomando como modelo su propia persona, es decir que Adán era rubio, alto y de ojos celestes... ¡bueno tal vez, verdes!.

En cuanto al espíritu o alma del primer hombre, el propio arcángel Miguel se encarnó en él.

En cuanto a Eva no se sabe quien sirvió de modleo, ¿la Madre Celestial tal vez?, pero lo cierto es que recibió el espíritu de una de las hijas de Dios.

Adán y Eva, como se sabe, fueron colocados en el hermoso Jardín del Edén, (que no estaba, según una errada y extendida interpretación, ubicado en algún lugar del Medio Oriente sino en las cercanías de Independence, Missouri, Estados Unidos) y allí Dios les dio dos órdenes fundamentales; una de ellas positiva: tengan chicos (habría que imaginarlo a Dios con la voz del Padrino) y la otra negativa, la relativa al famoso Árbol del Conocimiento.


Es de público dominio que Eva y Adán tentados, según declararon el juicio sumario que siguió, por Satán comieron del fruto, fueron expulsados del Paraíso y tuvieron que avenirse, ellos y sus descendientes, a sufrir la muerte. Hete aquí, sin embargo, que esto no fue tan malo después de todo.


En efecto, los LDS aseguran que todo ya estaba previsto y que la caída les permitió, además de conocer el bien y el mal, ser capaces de hacer bebés…por lo cual se considera que el pecado de Adán fue la condición necesaria para que los humanos existiéramos, así lo afirma la misma Eva en el Libro de Moisés (inútil buscarlo, no está en la Biblia):

"Y,Eva su esposa, oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: De no haber sido por nuestra trasgresión, nunca habríamos tenido posteridad ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes".

Es decir que por ser desobedientes lograron el premio de aquellos que son obedientes ¿está claro?

Como sea, el caso es que los nuevos nacidos no podían regresar a la presencia de Dios, por lo cual el Plan se estaba cumpliendo y sólo faltaba la llegada del Mesías.

Unos cuatro mil años después de que Adán fuese enterrado en Adam-ondi-Ahman (un valle de Missouri ¿dónde sino?) Jehová vino al mundo en "el país de Jerusalén", engendrado por Elohim en María (dicen que de un modo parecido al que utilizaba Zeus con las mujeres mortales), momento en el cual tomó el más conocido nombre de Jesús.

Jesús, de quien también se dice que estuvo casado, organizó no una, sino dos iglesias como puntales para su misión terrestre, que consistía, como vimos, en preparar el regreso al planeta Kolob de los hijos de Dios; ahora con cuerpo físico.

Una de estas iglesias estuvo ubicada en el Mediterráneo Oriental, la otra en algún lugar de América (el istmo de Tehuantépec para algunos, la región de los Grandes Lagos para otros).

Ambas, sin embargo, fracasaron en su cometido.

La iglesia del Viejo Mundo fue presa temprana de la corrupción y se volvió una entidad abominable.

Más pura, la iglesia americana duró casi cuatrocientos años hasta ser destruida por sus enemigos, los indios lamanitas...

El plan parecía fracasar, Lucifer era ahora el Líder indiscutible del planeta Tierra y el retorno a Kolob parecía imposible para los hijos de Dios.

No todo, sin embargo, estaba perdido, mil ochocientos años después surgía una nueva esperanza destinada a reparar los errores de Jesucristo.

Érase un joven granjero, que vivía en un remoto rincón del condado de Wayne, estado de Nueva York…



Todo cuanto se cuenta aquí ha sido tomado, y chequeado, en fuentes del movimiento LDS y se basa, sobre todo, en las traducciones que hizo José Smith de unos papiros egipcios que resultaron ser escritos de la "propia mano" de Abraham, el Patriarca bíblico. Investigadores modernos, incrédulos, sostienen que en realidad se trataba de vulgares copias de un texto egipcio tradicional; El Libro de los Muertos pero, por supuesto

¡ellos no han orado para recibir sabiduría!

Facsímil de una parte de los papiros traducidos por Smith. Según él es una escena de la estancia de Abraham en Egipto, según los egiptólogos parte de los rituales funerarios en el país del Nilo.


Este video, un joyita, resume muy bien las creencias mormonas y lo hace en forma de dibujos animados. Tengo entendido que ha sido "prohibido" por la Iglesia LDS, pero vale la pena verlo (aunque esté en inglés)


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gadores modernos, incrios. odo enpados morales y los materiale ha llegado por caminos porco

miércoles, agosto 20, 2008

Primera Directiva







Lo confieso, soy un fan de Viaje a las Estrellas (Star Trek), un poco por "aparato" como dice una amiga, un poco porque es una de las series de Ciencia Ficción más inteligentes y además porque... pero no es ese el tema.


En los viajes espaciales que imagina la serie, los protagonistas; pertenecientes a la muy democrática y multicultural Federación Unida de Planetas, (una especie de EE UU como deberían haber sido, una suerte de ONU más eficaz) suelen encontrarse con civilizaciones alienígenas en distinto grado de evolución tecnológica.


Las relaciones que entablan con ellas, y que dan origen al conflicto dramático, están codificadas en una suerte de código ético conocido como Primera Directiva (o Directiva Principal, según las traducciones, en inglés es Prime Directive) que establece básicamente la no interferencia de los viajeros en el desarrollo social o cultural de las sociedades que estén en una etapa tecnológica "inferior"; es decir que no tengan naves capaces de viajar entre sistemas estelares.

En otro momento y lugar podríamos hablar de lo que implicaba esta característica de la serie (ideada por su creador Gene Roddenberry) para la narrativa televisiva de su época y en relación con una visión filosófica que es, en último término, de raíz iluminista. Hoy quiero concentrarme en un aspecto más cotidiano.

Sin necesidad de exploraciones estelares podemos encontrar, en este mundo nuestro, diversas culturas diferentes. El proceso de globalización, iniciado en el siglo XV, hace que unas y otras se relacionen cada vez más, pero hoy sabemos que siguen existiendo grandes diferencias entre ellas.

La Historia ha sido la gran forjadora de estas distintas visiones y maneras de estar en el mundo.

A lo largo de los siglos cada comunidad humana ha desarrollado su propia escala de valores y la ha codificado en la forma de costumbres ancestrales, tradiciones religiosas, relatos mitológicos o fórmulas legales. También el contacto entre estas culturas; que puede ir desde las relaciones de dominación, incluso de explotación, hasta las de simple vecindad determinó respuestas que hoy nos afectan a todos.

El problema es, entonces, el de la convivencia y el respeto.

Algunos pensadores plantean que las costumbres y la moral de una de estas culturas, en concreto la Occidental, deben servir de norma para todas las demás. Señalan que Occidente, en alguna de sus variantes; anglosajona, latina o eslava, es la única cultura capaz de reflexionar sobre sí misma, la única que se plantea la moral de sus actos y la única, en fin, que puede garantizar un equilibrio entre deberes y derechos entre todos los humanos. Otros añaden, aún, que el formidable desarrollo tecnológico de Occidente es prueba de su capacidad, que ese mismo desarrollo es consumido ávidamente por las demás culturas del mundo y que, por lo tanto, el modelo occidental debe prevalecer sobre los demás.

La Primera Directiva, para los sostenedores de esta posición, no podría aplicarse en nuestro planeta por la sencilla razón de que la cultura occidental es la meta que deben alcanzar, más temprano que tarde, todos los seres humanos.

En otros ámbitos se cuestiona esta postura y se marcan los enormes crímenes que promovió la conquista occidental del mundo, así como el desprecio por las demás culturas de la Tierra a las que, muchas veces, calificó como inferiores.Proclaman que la tolerancia y el respeto son valores esenciales para la convivencia entre los seres humanos, por lo que toda cultura tiene derecho a seguir sus propias costumbres y normas. El avance tecnológico no da derecho a ninguna prerrogativa y de hecho muchas de las sociedades consideradas “inferiores” poseen principios y valores que superan a los de Occidente y, en algunos terrenos, como la medicina, la ecología o la filosofía lo superan ampliamente.

Los defensores de esta tesis abogan, pues, por una suerte de Primera Directiva adaptada a nuestro planeta en la cual se supriman los juicios de valor sobre otras culturas y no se interfiera con su desarrollo interno.

Estas dos posiciones dejan de ser teóricas cuando nos encontramos con la necesidad de dar una respuesta concreta a la realidad de los movimientos masivos de población, a la presencia de grupos étnicos de diverso origen conviviendo en el mismo territorio, a los reclamos de autodeterminación de distintos colectivos humanos que reivindican sus culturas ancestrales, a los enfrentamientos entre portadores de diferentes visiones del mundo, al miedo al extraño y a la xenofobia.

Si nos decantamos por la solución de los que ven en Occidente la expresión más avanzada de la cultura humana y el modelo a seguir, debemos preguntarnos:

¿Se deben imponer esas normas por encima de aquellas que son tradicionales entre gentes de otro origen? ¿Cuál es el límite? ¿Debe existir algún tipo de respeto o consideración para con las costumbres ajenas? ¿Se obligará, por caso, a hablar inglés o alguna otra lengua occidental al resto del mundo? ¿Se impondrá este modelo a como dé lugar, usando la fuerza si fuera necesario?. Y, más importante, ¿es posible hacerlo? ¿Cuál es su costo? ¿No se generará una mayor resistencia por parte de la cultura “invadida”? ¿No se reforzarán aquellas características que, Occidente, considera indeseables?

Por el contrario, si se defiende la tolerancia y la multiculturalidad: ¿Debe guardarse respeto también a las culturas que resultan irrespetuosas? Dicho de otro modo; ¿se puede ser tolerante con gentes que defienden la intolerancia? ¿El hecho de ser el fruto de tradiciones ancestrales, les confiere algún derecho especial? ¿Qué hacer con respecto a la discriminación cuando los que la llevan a cabo pertenecen esa misma cultura que no se quiere discriminar? ¿Cómo actuar cuando el otro pretende imponer su escala de valores, más aún, cuando sostiene que de no aceptar esta imposición se lo está oprimiendo? ¿No se fomenta de esta manera aquello que se desea evitar? ¿Cuál es, otra vez, el límite, esta vez del respeto?

A poco que miremos a nuestro alrededor descubriremos que no se trata de preguntas ociosas, por el contrario, la aplicación o no de la Primera Directiva en el trato entre las culturas mundiales es, seguramente, el dilema fundamental del siglo XXI.

Y ya no se trata de Ciencia Ficción…

lunes, agosto 18, 2008

Ciencia, pseudociencia y escepticismo II


La Edad de Oro de la Ciencia

La Ciencia no es burguesa por accidente, la emergencia de una nueva clase social es determinante para su desarrollo, del mismo modo que tampoco es casual que la Burguesía naciente sea acérrima partidaria de la investigación científica. Cada una es condición de la otra.

Los paradigmas de la Ciencia son los mismos que los de la burguesía destinada a conmover el mundo; libertad de pensamiento, expansión del dominio humano, conocimiento, control y conquista del otro.

Y permítanme decir que estaba bien, históricamente bien, que así sucediese. No justifico con esto el dominio europeo del mundo, ni avalo las atrocidades de esa conquista. Nunca son buenas las guerras, ni siquiera las guerras de liberación, pero a veces son necesarias. La lucha burguesa contra el Antiguo Régimen, la de Ciencia contra la Tradición y el combate de ambos contra la dominación ideológica fueron un capítulo épico y obligado de la Historia en cuanto desenvolvimiento de las potencialidades humanas. Quizás podría haber sucedido de otra forma, quizás no era ineludible esclavizar a tres cuartos del Mundo en el proceso, quizás no se requería echar por tierra toda traba moral, quizás la revolución burguesa no hubiese exigido tanta sangre pero lo cierto es que así fue como sucedió y que sus enemigos eran demasiado gigantescos como para entablar una lucha caballerosa.

La Ciencia que surge desde el Renacimiento es una criatura golosa de nuevos saberes, conocimientos teóricos pero también prácticos. Quería libertad y quería riquezas, en consecuencia comienza a ser aplicada a la producción y deviene en Tecnología. Inseparables y a menudo confundidas marcarán el lugar social del nuevo saber: el saber hacer, la Invención.

Los territorios que controla la Ciencia van aumentado de manera exponencial, por así decir; la Lógica en el siglo XVI, la Matemática y la Astronomía en el XVII, la Física, la incipiente Biología, la Geología y la Química desde el XVIII determinan rumbos y modos de obrar en el campo científico.

Estas ciencias, concebidas y venidas al mundo en tiempos bélicos, aspiran a situarse por encima de las mezquinas pasiones cotidianas, se proclaman neutrales en la guerra de clases y se apartan ostensiblemente de la cuestión política, pero en realidad son minas destinadas a socavar las fortalezas del enemigo. Su distanciamiento aparente es una manera de conferir objetividad a los reclamos burgueses; la lucha de éstos es, así, una lucha por el triunfo de la Razón.

El 1800, con el triunfo definitivo del Orden Burgués, es, también, la centuria de la Ciencia.

Se avanza a pasos de gigante, destruidas las trabas de la religión, la monarquía y las tradiciones, el mundo aparece como un objeto externo pronto a ser conocido y, por ende, dominado.

El Estado, ya no un enemigo, pues está en manos de la clase triunfante, promueve y fiscaliza la práctica científica y promueve la aplicación de sus avances, es decir de la tecnología, en su tarea, paralela, de poner orden en la áreas bajo su dominio… que vienen a ser todas, o casi todas.

Nacen así las llamadas ciencias sociales, empleadas a medio tiempo del Estado burgués. En su seno, sin embargo, surgen también las primeras críticas al nuevo orden, balbuceantes a veces, más seguras otras, se convierten en la avanzada de la lucha de las nuevas clases subalternas que aspiran a reemplazar a la burguesía.

El modelo a seguir, con todo, no es otro que el de las Ciencias Naturales, reputadas como objetivas y asépticas, con su rigurosidad estadística, sus formulaciones matemáticas y su aparente distanciamiento de la sociedad. Las Ciencias Naturales, arietes de la Revolución Burguesa, siguen siendo sus aliadas, pero ahora como fortificaciones, magníficas defensoras del orden establecido.

Esto no quiere decir, por supuesto, que las Ciencias Naturales fueran, en sí, ciencias burguesas, mucho menos que las naciente Ciencias Sociales devinieran, por este mismo hecho, en cuestionadoras del sistema capitalista. La realidad nunca resulta tan esquemática. Sin embargo las primeras se sitúan en un contexto de expansión y auge de la burguesía, por lo que son delimitadas dentro de ese paradigma económico y social, en tanto que las segundas advienen cuando el orden establecido es ya burgués y pueden, por tanto, situarse más allá del mismo… lo cual no es siempre el caso!

En efecto. El paradigma de la racionalidad científica es materialista y mecanicista, ajeno a los procesos y a la dialéctica, basado en la experimentación, la observación y la lógica inductiva. Así lo constituyeron las Ciencias Naturales y así aspiran a seguirlo las Ciencias Sociales.

Desde el siglo XVII esta concepción tenía un ilustre ejemplo a seguir; la Física de Newton. Elegante, clara, demostrable y exitosa. Todas las demás ciencias querían ser como ella… hasta que llegan los descubrimientos de la nueva física y ponen en cuestión la validez universal de este modelo. Newton, nos dicen Planck, Einstein y Heisenberg, no estaba equivocado, pero sus leyes sólo tienen un alcance limitado, son determinadas por su contexto e inaplicables bajo otros parámetros.


Esta sospecha interna dentro de la Física, aparece cuando otras sospechas similares rondaban el campo científico desde disciplinas consideradas "parientes pobres" de la Ciencia; la Historia, la Geografía Humana, las primeras indagaciones sociológicas y la incipiente Psicología ya ponían en cuestión la legitimidad "eterna" del modelo de Ciencia moderna que avanzaba por medio del experimento hacia la consecución de una Verdad pre existente. La pregunta era: ¿hay un solo camino para la Ciencia? Y, ya que estamos en ello; ¿camino hacia dónde?



Continuará...

ables en cntexrto espepen neuva f establecido es ya burguas del sistema capitalistamplazar a la burgues

domingo, agosto 17, 2008

Ciencia, pseudociencia y escepticismo. I


A raíz de un correo electrónico recibido, vuelvo a un viejo amor y desempolvo apuntes de mi buhardilla.

Un atento corresponsal me escribe acerca de su desilusión acerca del psicoanálisis al que considera viciado de nulidad, carente de base científica y prácticamente ineficaz como terapia. Curiosamente esa postura, que hoy no suscribo, me resulta sumamente atractiva y me lleva a ampliar mis indagaciones.

No haré aquí una defensa del psicoanálisis. No soy experto en el tema, como tampoco en psicología experimental. Tampoco me interesa romper una lanza en su favor, aunque debo decir que estoy tentado de hacerlo cuando leo críticas tan malintencionadas como las de Bunge o las del demasiado promocionado "libro negro". Mi interés, sin embargo, es más modesto aunque, también, más amplio.

Saber que sabemos.



Somos materia pensante, es decir, materia que se pregunta por sí misma, por su lugar en el Universo, por su origen y por su destino.

Somos seres lanzados a la vida con el interrogante a flor de labios: ¿por qué?

Mitos y religiones, filosofías y teologías intentaron dar respuesta a nuestras preguntas. Lo hicieron con los materiales que tenían a mano, fuertes unos, mellados otros, construyeron paso a paso, avance y retroceso, el camino del conocimiento.

Hubo uno de ellos, que no surgió de la noche a la mañana, sino como el producto de siglos de ensayo y error, de debate y polémica, que se ha revelado como el más valioso, el más seguro y, a la vez, el más productivo de todos; el conocimiento científico.

Vale pues, preguntarnos; ¿qué es la ciencia?

Una buena manera, quizás la única, de responder a esta cuestión es marcar un límite, una línea que nos permita decir: esto aquí es ciencia, aquello, allá, no lo es. Sin que, por otra parte, todo aquel saber que podamos considerar como "no científico" sea, de entrada, falso, engañoso o peligroso.

A los intentos de elaborar una contestación valedera a la pregunta planteada se le da le nombre de epistemología (del griego, claro, episteme: saber) y constituye una rama de la Filosofía.

No es, aunque lo parezca, una cuestión menor. Recuerdo una viñeta de la historieta Olaf, el vikingo, uno de los personajes decía que las enfermedades eran producidas por unos seres pequeñísimos, invisibles, que atacaban al ser humano, agregando, a continuación: "y se llaman 'hadas malignas".

En efecto, ante una explicación de tal o cual fenómeno, ¿cómo determinar si se trata de una conclusión valedera o si simplemente estamos ante una divagación más o menos fundada?

Y no es una cuestión menor, de ella depende que podamos curar una enfermedad basándonos en el estudio de los virus o por medio de ensalmos.

Es que el conocimiento científico, por muy inútilmente bello que pueda ser en muchos de los problemas que aborda, es también un conocimiento interesado: responde a la pregunta del por qué a la vez que busca como transformarlo. Transformarlo para mejor, al menos en la mayor parte de los casos!

Nacimiento de la Ciencia moderna.

Sin remontarnos a la Grecia Clásica o a culturas aún anteriores (expedición por demás provechosa pero ajena a este artículo) podemos establecer el nacimiento de la ciencia durante la modernidad.

Eran los años finales del siglo XV, en Europa (pero también en el Lejano Oriente) se daba un magnífico florecimiento de las fuerzas humanas de creación, los seres humanos se expandían por el mundo y antes que contemplarlo, buscaban dominarlo. En Asia este movimiento fue rápidamente abortado, pero en el extremo occidental del continente se convirtió en un proceso de expansión y unificación del alcance global.

En ese momento la ciencia comienza su batalla para determinarse y para establecer su lugar en contraposición al doble poder de la Iglesia y del Señor.

En los albores de la Modernidad la Ciencia se define, pues, por oposición. Su pretensión es la de constituir la mejor exponente de la Razón, prestigioso concepto que los griegos heredaron a la Cristiandad y al Islam con diversa suerte, por medio de la Crítica. Razón y Crítica que también pretendía poseer el adversario, Razón en tanto expresión del Logos divino, Crítica en cuanto era la regla contra la cual se juzgaban todos los actos. La legitimación de la Ciencia, entonces, va a realizarse en tanto es capaz de dar la mejor respuesta, calidad que está determinada por su eficacia. La Ciencia moderna, pues, al contrario de la clásica o la medieval, resultará aliada del saber hacer, del artesano, del productor.

Este encuentro del pensar y del hacer, de la reflexión con la acción, no es casual. Esta época asiste al nacimiento de la burguesía como sujeto económico y la Ciencia será la educadora de la nueva clase social.

Esta Ciencia tiene, pues, un primer criterio de demarcación: el experimento, que no es sino un saber hacer guiado. La experiencia, tradición empirista y, por tanto, materialista por detrás, es lo que determina si una explicación es o no científica.

La Ciencia moderna nace, entonces, como Ciencia burguesa.



Continuará...

miércoles, agosto 13, 2008

Nuestro pequeño dios


Hará cosa de un siglo y medio atrás, décadas más, años menos nuestro pueblo creó su propio dios.

El hecho en sí pasó inadvertido porque aquella era una época de creación de divinidades y la nuestra no descollaba precisamente entre tantas y tan célebres.

Hoy, en tiempos menos proclives a investir de numinosidad, se impone conocer a este peculiar ser supremo, cuya jurisdicción y culto se extienden a nuestro territorio, pues tiene, en verdad, características notables.

En orden a ponerle un nombre le llamaremos simplemente dios, en minúscula, destacando que no debe confundirse con el en exceso promocionado personaje de ficción denominado Dios.

El dios de nuestra gente es poderoso y arbitrario. No tiene esas cualidades que ya postularan Aristóteles o Tomás de Aquino de omnisciencia, benevolencia y ubicuidad, más bien se parece a la divinidad absentista de Epicuro, pero con ciertos rasgos de los despóticos seres divinos orientales. No tiene una residencia fija y mis compatriotas suelen decir que está en todas partes, afirmación que nunca deja de ser matizada al señalar que sólo presta atención a las plegarias que se le dirigen en la principal de nuestras ciudades. Es un dios un tanto sordo, la verdad sea dicha, y como somos tantos parece natural que sea incapaz de escucharnos a todos, de hecho prefiere oír no sólo a los que se postran en su Santuario (aunque tiene capillas por todo el país) sino a los que insisten con sus pedidos una y otra vez refrescándole la memoria con el simple expediente de retacearle las ofrendas que se destinan a su mantenimiento.

Se dice que la tarea de dios es regir los destinos de nuestros coterráneos, pero nada más falso, puesto a organizar es notablemente torpe, gestionando recursos sumamente tonto y protegiendo a sus fieles totalmente ineficaz; de hecho parece seguro que si estamos vivos y hemos casi llegado a los dos siglos de existencia ha sido a pesar de él y no gracias a su accionar.

En lo anterior quizás peque de injusto, cualidad que con orgullo ostenta mi pueblo junto con la maledicencia, la soberbia y la sospecha, pero lo cierto que la mayor parte de nosotros pensamos así de dios. Cierto filósofo, profesión extraña a nuestras costumbres porque requiere utilizar la inteligencia o al menos la memoria, sostiene una peregrina pero no menos plausible teoría acerca de dios. Dice que ha sido creado para cargar sobre sí el peso de todas nuestras iniquidades, incompetencias y pecados, y que su única función no es gobernar, como tradicionalmente se ha dicho, sino ser insultado. No es imposible esta finalidad, puesto que ante cualquier tragedia, accidente, crimen, revolución o desastre culinario mi gente exclama: ¿y dios que hizo?, buscando con afán un sacerdote de su culto para quemarlo en la plaza pública.

Este dios es también un redomado pillo, como lo fueron sus creadores, y sólo acepta ser servido por sacerdotes corruptos. En la puerta de su Santuario está escrito: nadie prospera trabajando lema que, a diferencia de los de muchas religiones, el propio dios se encarga de demostrar a diario. Mucho de su prestigio está basado en esta suerte de maldad complaciente, como fue creado bajo los auspicios de la mano invisible (suerte de diosa primordial) nuestro dios se esfuerza en no ver nada de lo que sucede a su alrededor; además, y seguramente con la intención de afianzar la fe de nuestro pueblo en su (la de él y la de ellos) incapacidad, redobla los esfuerzos comportándose como doblemente inepto. Así ante una coyuntura económica favorable hará todo cuanto esté a su alcance para desaprovecharla y si posee alguna posesión que genere riquezas se deshará de ella rápidamente, vendiéndola por nada y endeudándose en el proceso. Como es un dios extremadamente crédulo, sobre todo ante los representantes de otros dioses, siempre aceptará sin dudar lo que estas divinidades le indican, y les obedecerá en todo, mucho más si la indicación viene acompañada de la amenaza de un castigo o la promesa de una vana distinción.

Es fatuo, claro, y oscila entre el más crudo narcisimo y la más patética autocompasión; está convencido de ser odiado por los demás dioses y busca con ansias complacerles aunque de hecho sabe que a los otros númenes no les importa demasiado sus quehaceres. Hace ya medio siglo que dios se psicoanaliza, pero las plegarias de sus creyentes, y el hecho de que le mienta a su analista, han trabado por el momento toda posibilidad de iniciar la transferencia; sólo le han brindado un excelente vocabulario freudiano que usa en cualquier ocasión, más aún si no viene al caso…

Todas las clases sociales lo adoran, sin embargo, claro que a la manera bárbara que hemos descrito más arriba; arrojándole estiércol, y están convencidas de no poder vivir sin él. Muchos, secretamente, lo prefieren duro, adusto, castigador e insensible y están convencidos que tal despotismo debe ser ejercido sobre todos sus compatriotas con la única excepción de ellos mismos.

Los más pobres lo ven lejano, fuente inagotable de males y de bienes, distribuidor de prebendas y dones, dadivoso e incomprensible. Los más ricos lo consideran un idiota útil, a quien siempre le pedirán dinero cuando necesiten (o no) y del cuya avaricia se quejarán puntualmente todas las mañanas y las tardes ante las cámaras de televisión.

Quienes lo adoran con más consecuencia son, no obstante, las clases medias. Lo odian y lo aman, claro, como corresponde a su naturaleza; es el dios cuya presencia reclaman cuando están en problemas y cuya acción deploran cuando socorre a otros. Consideran como un dogma de fe que dios les debe todo, su existencia, subsistencia y permanencia a ellos y que si se relajasen un momento él se caería tan abajo que es imposible saber cuando tocaría fondo, por eso les duele que dios les pague con la misma moneda y los ignore a la hora de actuar, aprovechando sus dones cuando tiene que pagar.

Recientemente este dios ha padecido serios cuestionamiento por parte de sus fieles, pero pese a todo continúa firme en sus altares pues, desaparecido él: ¿a quien culpar pot todos los males de mi pueblo?

viernes, agosto 01, 2008

Guerras púnicas 1


Mosaico con una personificación de Roma ( siglo I -II después de Cristo). Encontrado en las cercanías de la antigua Cartago, ya bajo dominio romano, sintetiza el carácter divino (Dea Roma) de la ciudad vencedora de las Guerras Púnicas. Museum Collection Fund, Brooklyn Museum.


Este es un ensayo de texto para un futuro libro de Historia... Por su carácter de prueba me interesaría mucho recibir sus comentarios. También puede ser útil para quienes estén interesados en referencias sobre la Historia Antigua.
Aquí va....

El año era 264 antes de nuestra era.

Las ciudades Cartago y Roma, frente a frente, separadas por el mar, divididas por la Historia.

Cartago (Carquedón para los griegos, Kart Hadasht , la Ciudad Nueva) era una colonia fenicia. Había sido establecida desde por lo menos el siglo IX a.C. en las costas de lo que hoy llamamos Túnez.



El puerto de Cartago en época moderna (la foto fue tomada en 1958) con el islote del Almirantazgo en el centro del antiguo puerto militar. Su forma circular ha hecho pensar que quizás Platón se inspirara en él para su historia de Atlántida...

Cartago, una poderosa ciudad estado, controlaba un vasto imperio comercial. Era una de las dos potencias emergentes en el Mediterráneo Occidental pero, en tanto sus navíos dominaban sin disputa el mar, sus ejércitos de tierra no eran tan fuertes; de hecho se trataba de mercenarios reclutados, a un alto precio, un poco por todo el mundo clásico; desde Grecia hasta las Baleares, de África a las vastas mesetas de Anatolia.

Esta es una reconstrucción de Cartago. Representa la ciudad tal como la reconstruyeron los romanos siglos después, pero algunas características, como el doble puerto, reproducen la de la época púnica.


El área de dominio cartaginés, o púnico, y la zona de hegemonía romana, en el año 264 antes de Cristo... en el medio, las ciudades griegas.


Roma, una ciudad extraña, sin duda. Tiempo después el rey griego Pirro diría que no era ni bárbara, ni helénica o más bien que eran bárbaros sin comportarse como tales.

Grabado del siglo XIX ("Geschichtsbilder" publicado en 1896 por Friedrich Polack) que muestra una posible reconstrucción de Roma durante la época republicana (siglos VI a I antes de Cristo)

Roma había surgido de la unión de varias aldeas en torno al curso bajo del Tíber. Latinos y sabinos, encuadrados por los Etruscos, le habían dado un carácter sobrio, agresivo y algo desconfiado. Sus ejércitos se habían expandido por todo el centro y sur de la península itálica siguiendo una curiosa política de defensa preventiva. Los romanos temían a los vecinos demasiado poderosos, por lo tanto los atacaban antes de ser atacados y, de este modo, creaban una “zona de seguridad” en torno suyo. Una zona que ahora, en el siglo III a.C., se extendía cada vez más.

Una reconstrucción moderna (http://www.vroma.org/images/raia_images/index.html) de Roma en el siglo III a.C. Se destaca el carácter casi "rural" de la ciudad...

Cartago era el mar, el comercio, el dominio económico seguido de la influencia política. Era también el culto de dioses ancestrales, misteriosos y seductores. El refinamiento, el lujo, la sabiduría de tres mil años de cultura oriental.

Roma era la tierra, la guerra, el dominio militar seguido de la hegemonía política. Era también el culto de dioses previsibles y formales, dioses con los cuales se podía tratar en base a contratos claramente establecidos. El poder, la simplicidad, la pujanza de un pueblo que había roto los lazos con el Oriente para lanzarse a una permanente búsqueda de seguridad.

Tan pronto como Roma consolidó su control sobre Italia y las botas de sus legionarios se mojaron en las aguas del estrecho de Mesina, el Senado y el Pueblo tuvieron en claro que su destino era enfrentarse con Cartago.

Cuando Cartago se convirtió en la mayor potencia occidental y las siluetas de sus barcos se volvieron una imagen habitual en toda la costa de Sicilia, sus gobernantes supieron que debían resistir el arrollador empuje de los romanos.

Y al verlos aparecer en su horizonte, los griegos del sur de Italia y de Sicilia, comprendieron que el futuro del mundo tal como lo conocían dependía del triunfo de uno u otro de aquellos contendientes. Y que sus tierras serían el campo de batalla de ambos.


Una trirreme, barco de combate con tres filas de remeros superpuestos. Con navíos como éstos se librarían las primeras batallas de las Guerras Púnicas.

jueves, julio 31, 2008

Inspiración

Viene cuando menos la espero.

Insidiosa, no deja de molestarme en el momento menos indicado.

Suena en mi celular a deshoras y se descuelga con un importuno e mail mientras intento preparar la clase de mañana.

Entra detrás de mí en el lecho, me asalta en el sueño a duras penas conciliado, sube conmigo al colectivo, me llama, sin recato, en medio de una importante entrevista laboral.

No está, claro, cuando la busco.

No se presenta en esas horas que he reservado para ambos. La pantalla y el teclado se desperezan de puro aburrimiento, los libros me tientan con sedentarias excursiones, el sol se desliza, pesado, en el cielo de la tarde y ella sigue sin acudir a la cita.

En vano la llamo, la busco, la estimulo con extractos de dudoso origen, la invoco si es preciso acudiendo a viejas y olvidadas supersticiones. No responde ni a mensajes, ni a ensalmos, ni a canciones de amor, poemas ni aun a, último recurso, acariciadores sueños.

Es mujer y desdeña a todo amante que no sea incondicional.

Es mujer y dicta una ley más antigua que el Olimpo o el Horeb.

Es mujer y me desprecia cuando no la venero por encima de todo.

Le han dado diferentes nombres, pero, como Homero, prefiero llamarla Θεια...



miércoles, julio 30, 2008

Desborde

Para vos



Lo presentiste; un suave aleteo casi imperceptible y, sin embargo, presente.

El calor, el hálito, la húmeda cercanía de sus labios.

Antes, aun, de su roce te estremeciste.

Un beso y dos y cien cayeron como las primeras gotas de una tormenta anunciada.

Temblorosa, la punta de su lengua probó el sabor sediento de tu vulva. Un leve gemido, que no supiste contener, anunció el comienzo del vendaval.

El cielo de tu cuerpo cargado de tempestades contenidas. El valle de tu entrepierna jadeante de lluvias esperadas. El monte, la húmeda caverna, el huerto, los ocultos manantiales y el pequeño anhelo rojo de tu clítoris. Todo fue atravesado, barrido, sacudido, estremecido, besado y rozado por el aguacero de su lengua, por el diluvio de sus labios, por el ímpetu de sus manos.

Y luego, cuando las colinas se agitaban bajo los relámpagos de su deseo, cuando los valles se inundaban y las suaves curvas de tu cuerpo se tensaban hasta el límite de lo insoportable...

Y luego, cuando su boca toda entera se vertía en tu interior, vino la súbita calma, el reposo inesperado, la quietud engañosa.


Sólo para descargarse nuevamente en furiosas turbonadas, en mangas de pasión, de delirio, de arrebato.

Todo él cayó entonces; suave lluvia, fértil aguacero, inmediato torrente en tu cuerpo jadeante de sed nunca saciada y se derramó, manso, en los canales lejanos de tu alma.



martes, julio 22, 2008

About yourself…

Es casi imposible entrar a un sitio de Internet, sea blog, sea portal de compras o sea periódico on line, sin que te pidan, rueguen, exhorten, supliquen o amenacen que te suscribas.

Ya lo he hecho tantas veces que tengo serios problemas para recordar las más variopintas contraseñas (y eso que las repito frecuentemente) y muchos más para estar seguro si me registré con tal o cual apodo (nick) .

En casi todas ellas aparece un apartado donde te piden que hablés de vos mismo, que escribas, como dicen, un perfil...

Hace poco intenté, invitación mediante, crear un blog en wordpress (que no usaré, pues se administra en inglés y blogger me resulta más amigable) y, terminado el registro, aparece la frasecilla:

About yourself.

Esto es lo que escribí...

About yourself, dice el encabezado, casi evocando el frontispicio de Delfos...

No es que escribir about myself sea especialmente difícil, es que a veces ni uno mismo sabe muy bien de quien se trata cuando dice myself (¡mucho menos yourself, herself o himself!) porque solemos ser varios los que convivimos en este espacio indeterminado que se llama "persona".

¿De qué Gustavo puedo hablar?

¿Del hombre de cuarenta y largos años, separado, padre de una hermosa preadolescente y un revoltoso superhéroe de seis años?

¿Del tipo que tuvo la inmensa suerte, y dicha, y placer y maravilla, de encontrar a Sabrina y enamorarse de ella?

¿Del zarpado de hace cinco años atrás, viviendo al límite de la osadía?

¿Del docente que siente una verdadera concupiscencia por enseñar?

¿Del laburante que a veces mintió para zafar?

¿De aquel que dejó de lado a la Santa Iglesia, sus pompas y sus obras, y, sin odio, abrazó la liberadora causa del ateísmo?

¿Del que alza su puño cada vez que oye la Internacional y acunó a sus hijos con la esperanza de que "la tortilla se vuelva"?

¿Del nostálgico de viejos dibujos animados, defensor incondicional de Silvestre y del Coyote?

¿Del que se acuerda de "la más maravillosa música" y tiene 30.000 hermanos menos?

¿Del tipo que no puede ver un documental de The History Channel sin exclamar en cada comercial "eso es inexacto"?

¿Del que prepara los mejores desayunos (y arroces pilaf también) de la zona sur y los lleva a la cama de su somnolienta novia o de sus adormilados hijos?

¿Del que disfruta estar con amigos pero, es tan tímido, que parece una versión moderna de Simeón, el estilita?

¿Del que suele usar palabras como thymos, outremer, innacuracy o L'Shana habaah b'yerushalayim en la conversación cotidiana, no por pedantería, sino porque el punto considera que son expresiones comunes?

¿Del que se irrita con facilidad pero, según dicen Mary Fer y S.B. de consuno, puede ser desactivado tomándolo en solfa?

¿De quien, en fin, tengo que escribir cuando leo "about yourself"?

¿De tierno, del irascible, del erudito, del aburrido, del simpático, del incomprensible Gustavo?

Kaltrum es el nombre que prefiero usar en Internet, pero me llamo Gustavo.


Y, de todos esos Gustavo que nombré, de todo cuanto a ellos (a mí) les (me) interesa escribo aquí...

miércoles, julio 16, 2008

De los hiksos, de los Pueblos del Mar y de la moderación al afirmar

Me escribe un camarada del espacio virtual relacionando a los hicsos con los Pueblos del Mar... tema poco popular si los hay...

Me siento frente al teclado y tipeo, con cierta impaciencia, las primeras palabras.

Le respondo, ampulosamente:

No.

Es que las fechas, pienso, no coinciden.

Es que los hicsos tienen su base en Palestina. Y los Pueblos del Mar en el Mediterráneo Oriental.

Es que no tienen nada que ver.

Entonces me quedo pensando.

Y borro todo lo escrito. Y empiezo una vez más.

Me pregunto nuevamente por estos pueblos, por las menciones de las crónicas, por los hallazgos arqueológicos y por el fenómeno, fascinante por lo esquivo, por lo cerca que está de la leyenda, de La Invasión. Ese hecho traumático que tan fácilmente resumimos en una palabra engañosamente simple.

Los Hicsos; Los Pueblos del Mar...

Y retrocedo a los siglos del mundo helenístico. Al Egipto ocupado por los griegos...

Imaginémoslo por un instante.

Es como la India, la de los relatos de Kipling, por ejemplo, bajo el dominio británico.

Allí en la cúspide, residiendo en Alejandría (que no estaba en Egipto sino "junto a" Egipto), propietarios absentistas; los griegos, más que clase alta, más que aristocracia, una raza (génos) de señores conscientes de su poder militar, de su pujanza económica y, lo más importante, de su superioridad intelectual.

Un poco más abajo los funcionarios de origen egipcio, muchos de ellos sacerdotes, conservando en lo posible sus privilegios pero intentando, día a día, no caer en la situación del resto de sus compatriotas; artesanos y campesinos explotados. Añoran el pasado, como los judíos, pero sin un mesías que esperar, encuentran un vicario consuelo en su pasada grandeza.

Uno de ellos, Manetón de nombre, quiere mostrar a los nuevos amos la gloriosa historia de esa tierra de misterios, magia y profunda antigüedad.

Ya Hecateo y Heródoto habían hablado de Egipto, y el resultado, opinaba Manetón, sacerdote y escriba, había sido decepcionante; él escribiría, en griego, la Verdadera Historia de Egipto y llenaría de maravilla, y de una secreta envidia, a esos eternos jóvenes que eran los griegos.

Entre esas historias estaba la de los hicsos; Los Reyes Pastores y conservamos, por suerte, la cita; pues poco quedó de la obra de Manetón y este pasaje se salvó porque Flavio Josefo, escritor judío del siglo I, lo utilizó en su obra, la cual, a su vez, perduró porque en un pasaje de ella, interpolado o no, hacía referencia a Jesús...

El texto de Manetón, pues, nos dice en la cita de Josefo:

Durante el reinado de Tutimeos, por una causa que ignoro, nos golpeó dios e, inesperadamente, unos hombres de estirpe desconocida, procedentes de oriente, con osadía invadieron nuestro país, al que sometieron mediante la fuerza, sin dificultad ni combate... proclamaron rey a uno de los suyos, cuyo nombre era Salitis...Su raza era denominada hicsos, que significa "reyes pastores" pues hyk en la lengua sagrada significa rey y sos en el lenguaje vulgar es pastor... (Flavio Josefo, Contra Apión 1, 14)

Hoy conocemos que el término alude al compuesto egipcio hq3 h3st.u (Heka Jasut) Gobernantes extranjeros y que seguramente son un eco de los gobernantes de origen a medias egipcio a medias cananeos que formaron la dinastía XVI en un período durante el cual el poder central se había debilitado en Egipto. Sabemos, también, que no eran los conquistadores que se presumía y que su "imperio" no era otra cosa que el testimonio de una continuidad cultural, basada sobre todo en el comercio, entre los pueblos del Levante y el Mediterráneo oriental (con extensiones hasta el lejano Occidente).

Hasta aquí lo que se conoce acerca de los Hicsos

Los Pueblos del Mar toman entidad en una época más reciente que la de los hicsos.

Los egipcios de los tiempos de Merneptah y de Ramsés III asistían, un poco con asombro, un poco con alivio por estar "protegidos", a un fenómeno sin precedentes.


Entre los años 1230 y 1170 (un lapso de apenas una vida humana) las grandes potencias y los medianos estados comerciales de oriente colapsaban; hititas, mitanios, ugaríticos, cananeos, asirios y hasta los reyes micénicos veían desmoronarse su economía, derrumbarse sus palacios y acampar, entre las ruinas de sus ciudades, a una multitud de advenedizos que ignoraban todos los refinamientos del civilizado mundo de la Edad del Bronce; algunos de estos recién venidos usaban el novedoso hierro, y éste le daría nombre a la nueva edad, pero eso era cosa del futuro...

Los egipcios, sus faraones, en realidad, primeros maestros de la propaganda; les dieron un nombre que sintetizaba los terrores de su propio pueblo: n3h3t.w n p3 ym (Nahat wen pa yem o algo a así) Extranjeros del medio del Mar. Nombre bien escogido, pues nada desazonaba más al egipcio que el mar y los extraños...

Como sea, por agotamiento, por la dificultad de invadir el país o por la acción acertada de Ramsés III, lo cierto es que estos invasores, que no eran en modo alguno marinos, sino bandas de pueblos en marcha, acompañados por algunas naves, pero sobre todo de carromatos, no pasaron de algunas incursiones en el Delta y la zona norte del Sinaí. Un grupo de ellos se asentó en las antiguas posesiones egipcias de Gaza y aledaños, "el camino del Mar" nominalmente como vasallos del Faraón, en la práctica como gobernantes independientes; recibieron el nombre de Filisteos (Pelistim en hebreo) el cual, con el transcurso de los siglos, daría el topónimo de Palestina (País de los Pelistim/ Filisteos).

Y esto es cuanto, datos más, datos menos, se puede decir de los Pueblos del Mar.

Hasta aquí los hechos.

Hasta aquí el motivo de mi perentorio no.

Sin embargo mi camarada me dejó pensado, porque la Historia es un problema (detectivesco) y no me gustan las soluciones fáciles o demasiado obvias.

¿Cuánto del recuerdo de los heka jasut había en Manetón y cuánto de la memoria de los Pueblos del Mar?

¿Quienes eran, después de todo, realmente estos Pueblos del Mar en los cuales la lingüística cree reconocer ecos de nombres homéricos como aqueos, dánaos y teucros?

¿Qué relación tenían los shardana, sakelesh y tursha de las inscripciones de Merneptah y Ramsés III con los sardos, los sículos y los tirsenos o etruscos?

¿Por qué algunos nombres hicsos también nos remiten a un contexto egeo, pues podrían derivar de palabras del griego arcaico?

¿Qué hay del fresco de un toro, análogo a los minoicos, hallado en Avaris, la "capital" de los hicsos? (ver http://www.foroswebgratis.com/tema-studioso_del_antiguo_egipto_identifica_a_los_misteriosos_reyes_hicsos-70802-526096.htm)

Es verdad, hicsos y pueblos del mar están separados por más de medio milenio, pero también presentan notables similitudes (y diferencias) de las cuales la investigación recién comienza a dar cuenta.

Y es verdad, también, que en la Historia no se pueden emitir juicios apresurados, pues acerca de lo que fue bien poco es lo que podemos decir con certeza... yo mismo no me acuerdo si anoche saqué la basura...