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jueves, octubre 16, 2008

Informe sobre un pueblo bárbaro


Creen, las tribus del Nuevo Mundo, en un antiguo Inca que jamás llegó a reinar.
Dicen que murió por salvarlos aplacando la ira de un anciano dios, que era el padre de aquel Inca.
No obstante, desconfían de estos grandes dioses tan terribles y prefieren suplicar a divinidades más pequeñas y comprensibles, como la Mamma Coya de aquel Inca.
Cada tanto, los nativos se matan entre ellos para complacer a alguno de estos dioses, pero he sabido que no es la sangre lo que ellos quieren, sino la entrega y la sumisión del alma y del cuerpo.
Dicen los amautas que está bien que crean en estos dioses sanguinarios y despóticos porque está profetizado que, el día en que dejen de adorarlos, otros, aún peores, tomarán su lugar y entonces ninguna tierra estará a salvo de su furor.


Tomado del tokapu de Qhapaq Ayni conocido como Viaje a las Tierras de Ultramar. Versión libre.

jueves, septiembre 25, 2008

Apostillas al Péndulo de Foucault







Voy por la cuarta lectura del libro y realmente me atrapó.

Ya ni recuerdo cuando lo leí por primera vez, la última fue hace un par de horas... mi novia hablaba por teléfono (ya se sabe como suelen ser las chicas) y yo me aburría soberanamente, tanto por distraerme como por alejarme de una conversación que no me concernía me fui hasta su biblioteca. Allí estaba, entre Ionesco y el Larousse ilustrado, el mamotreto de Umberto. Lo tomé con desgano, ya lo conozco me dije, y comencé a leer.

Y seguí leyendo...

Y continué...


No pude desprenderme de ese mundo ilusorio que es cualquier novela sino por algunos momentos.


Mis largos viajes en bondi (rosarinismo por ómnibus urbano) se convirtieron en fantásticos paseos por el Milán de Casaubon, Jacopo Belbo (entrañable) y el desvaído Diotallevi.

Con ellos me reí de esas bromas rebuscadas y académicas, en su minúscula oficina de Gallimard asistí a sus debates insustanciales y compartiendo un martini en el Pílades escuché esas bizarras e irrelevantes conversaciones sobre todo lo divino y lo humano. Estuve presente en su insensata creación de El Plan y me dejé llevar por el vértigo de reinventar la historia; en el ínterin me conmovió la siempre elusiva búsqueda de Jacopo, compartí su fascinación por la hermosa y fútil Lorenza y odié con ganas al impostado Aiglè.


En esta trama encadenada, densa a veces, con baches literarios que sólo son disimulados por la potencia del tema, hay de todo: sueños, fantasías, desengaños, obsesiones y redención.


Un canto a la simplicidad es la intervención, breve y decisiva, de Lía, (me recordó a Sabri)

explicando que que los grandes misterios son mucho más prosaicos y, mirados de cerca, más maravillosos que todas esas mixtificaciones de templarios,

sociedades secretas y poderes ocultos... El nacimiento de un hijo, la cotidianeidad de un mercader resultan, así, en el fondo, el verdadero sentido de la Historia.


Durante toda la lectura sentía que la novela, ¿puede llamarse así? me hablaba personalmente. No, no es que tuviera un mensaje o apelase de alguna manera a mis sentimientos, tampoco porque su historia se pareciese a la mía, sino porque me fascinan los mismos temas y motivos que a Eco; la Historia como juego de interpretaciones y la duda ante ellas, expresada en ese permanente no tomarlas demasiado en serio, la alusión constante, la investigación estética y lúdica de los saberes ocultos.




Alguna vez chapoteé en las aguas de cierto ocultismo y, con una mezcla de credulidad y suspicacia, leí muchas de las obras que cita Eco (también a Salgari en otro tiempo)… mi padre, eterno niño, adoraba esos temas mágicos. Creía en Pauwels y Bergier, en von Däniken, en Fulcanelli y se quejaba porque Borges insinuaba que el Aleph era un falso aleph, de él me vino el gusto por esos temas, y en reacción hacia esas lecturas comencé a devenir escéptico. Nunca le estaré lo suficientemente agradecido por ese don, por ese inadvertido regalo de la duda...


Un estudio cuidadoso de la Historia, un no siempre cumplido afán de comprobar (eran tiempos pre internet) las citas, la verificación de que “los diabólicos” eran”diabólicamente deshonestos”

y el triunfo de una sana crítica en mi espíritu me llevaron a descubrir que no hay nada en el ocultismo (y sus acólitos) que no sea una mentira o un engaño, engaño en el que ellos mismos caen una y otra a vez.


Por eso hago mías las piamontesas palabras de Jacopo Belbo en el momento de su triunfo; y de su muerte....

A todos los místicos, ocultistas y pretensos "nobles":


Ma gavte la nata…

sábado, septiembre 20, 2008

De tristezas, esperanzas y filósofos occisos



Una de esas semanas...

Sitiado por la pena. Tragedias cercanas que golpean, desencuentros, deseos imposibles, enfermedades y el suspiro cercano de la muerte, esa compañía permanente que, nos complace imaginar, nunca se mudará a nuestra casa.

Tuve un dios que murió, bien muerto está, y una diosa por la que solo puedo sentir desprecio. No hay odio en mi corazón, no hay nostalgia excepto la de tanto tiempo perdido. Mis hijos serán libres y eso es lo que importa, yo, aún tullido, podré seguir mi marcha a trompicones, ella está a mi lado, no es adoración lo que me liga sino deseo, sino ternura, sino la suave sensación de una tarde compartida en el silencio de la siesta.

El camino ha sido solitario, nomen omen, pero no me quejo de lo andado. Caminé por húmedas selvas de lujuria, me extravié en fantasmagóricos senderos de mentiras, demoré mis pasos ante murales de otros tiempos y no fui avaro con mi mochila al emprender la jornada. Que los dioses bendigan su camino, es la madre de mis hijos, que los demonios perdonen su ignorancia, tampoco ella conocía demasiado de la vida. Que la maldiga es sólo consecuencia del dolor fantasma, la herida supura en ocasiones y no me siento muy ecuánime en esos días. Mis hijos sabrán algún día toda la historia, quizás sientan vergüenza, quizás me odien (sobre todo si es ella quien la cuenta) pero a la larga comprenderán que fue sólo ceguera mi pecado. Como sea no estoy arrepentido, valió la pena el riesgo, fue doloroso el precio, pero pude encontrarte y ello hace ganancioso mi balance.

Busqué amigos y dí con algunos que llevan muchos años enterrados. No puedo hablar con los hombres de ahora, poco los soporto y el sentimiento es mutuo, pero siempre es grato volver a los maestros. Escuché rugir verdades a Friedrich y Mijaíl me consoló en la tarde destemplada con la dulzura de su grito de rebelde. Siempre me guiña un ojo Karl, aunque no aprueba que pierda el tiempo con los filósofos de la miseria, es inútil discutir con él y sólo se calma cuando nos quedamos hablando de Historia hasta la madrugada. Es poco sano, lo sé, debatir con los muertos, pero ¿qué puedo hacer? Los contertulios no abundan en Beocia.

Dejo atrás temores, atriciones y tristezas.
Amanece un nuevo día y ella, que no es una diosa sino una mujer hermosa como debe ser, me despierta con un beso.
- ¿Dormiste bien?
- Tuve pesadillas- le contesto incapaz de una mentira- pero todas se han ido cuando ví tus ojos. Creeme, amor, ya las he olvidado.

martes, septiembre 09, 2008

Toyotismo

El toyotismo corresponde a un cambio notable en el sistema de producción industrial.
Después de la crisis del petróleo del ‘73 comenzó a desplazar al fordismo como modelo referencial para la producción en serie.

Los conceptos centrales del modelo son:
  • Flexibilidad laboral y alta rotación en los puestos de trabajo/roles.
  • Estímulos sociales a través del fomento del trabajo en equipo y la identificación transclase entre jefe-subalterno.
  • Lógica de menor control del obrero en la cadena productiva y un aceleramiento de la demanda que acerca al "stock cero" y permite prescindir del almacenamiento.
El sistema toyotista se complementó con la serie de reformas neoliberales que el mundo presenció en la década de los 80 y que maduraron en los años 90 bajo la idea de globalización.
Este complemento ha sido exitoso al cumplirse efectivamente las metas de expansión del consumo y reducción de costos derivados. A la vez que ha derivado en la destrucción de la clase obrera como tal.


Otras consecuencias negativas están a la vista; la desaceleración en la innovación tecnológica en términos de creatividad. Lo que algunos llaman el fin de la era de “los grandes inventos”.

La desaparición del Estado de Bienestar, la intensificación del individualismo y el desempleo estructural son otros de esos “efectos colaterales” y…

Bla, bla, bla… ¿A qué tantas palabras?

Miren bien esta publicidad.

Esto es el toyotismo!


domingo, septiembre 07, 2008

Qué es lo que quiero decir cuando digo: Te amo... ¿me amás?



Como un aporte a la comprensión entre ambos géneros daré a conocer este estudio lingüístico acerca del castellano (argento) hablado por los varones y por las mujeres.

En todos los casos el texto en mayúsculas corresponde a “lo que se dice” y el texto en minúscula a “lo que se quiere decir”…

El castellano (argento) de los varones (manual práctico)

TENGO HAMBRE = Tengo hambre.

TENGO SUEÑO = Tengo sueño.

ESTOY CANSADO = Estoy cansado.

HABLEMOS = Estoy tratando de impresionarte, para que pienses que soy un hombre profundo y accedas a tener sexo conmigo.

PARECÉS TENSA, ¿TE DOY UN MASAJE? = Primero te meto mano, después quiero sexo con vos.

¿BAILAMOS? = Quiero sexo con vos.

¿TE GUSTARÍA IR AL CINE CONMIGO? = Quiero sexo con vos.

¿QUERÉS CENAR CONMIGO HOY EN LA NOCHE? = Quiero sexo con vos.

¿TE PUEDO LLAMAR EL VIERNES? = Quiero sexo con vos.

¿TE QUERÉS CASAR CONMIGO? = Quiero que sea ilegal para ti acostarte con otro hombre que no sea yo. Usado sólo como último recurso.

(DE COMPRAS) SÍ, TE QUEDA LINDO = Compralo de una vez y vámonos de acá.

¡QUÉ LINDO ESE VESTIDO! = ¡¡Qué buena estás!!

SÍ, TE QUEDA BIEN EL NUEVO CORTE = Te quedaba mejor el anterior.

SÍ, TE QUEDA BIEN EL NUEVO CORTE = ¡¡$250 a la basura!!

PERO ¿CUÁL ES EL PROBLEMA? = No entiendo de qué estás hablando ¿cuál es la tragedia?

¿QUÉ TE PASA? = ¿Qué trauma psicológico auto-inventado te afecta hoy?

¿ESTÁS ENOJADA? = Me imagino que esta noche, nada de sexo.

ESTOY ABURRIDO = ¿Tenemos sexo?

TE AMO = ¡¡Necesito sexo YA!!

YO TAMBIÉN TE AMO = OK, ¿estás contenta?... ¿podemos comenzar con el sexo?

NO ME PASA NADA= No estés jorobando, dejame en paz.



El castellano (argento) de las mujeres (manual práctico)


NO = Sí

SI = No

TAL VEZ = No

LO SIENTO, PERO... = Lo volvería a hacer igual

DECIDI VOS = …pero hacé lo que yo quiero.

SOS LIBRE DE HACER LO QUE QUIERAS = Ni se te ocurra hacerlo.

HACÉ LO QUE QUIERAS… = …pero la pagarás cara

NO, NO ESTOY ENOJADA = Por supuesto que estoy furiosa.

¿TE ESTAS DURMIENDO? = ¡¡No te duermas, imbécil!!

ESTA NOCHE ESTÁS MUY CARIÑOSO = No tengo ganas de hacer el amor.

¿ESTOY GORDA? = Decime que estoy buenísima.

APAGÁ LA LUZ = Tengo celulitis.

QUIERO CAMBIAR ESTAS CORTINITAS = y las alfombras...y la pintura...y los muebles...

ES QUE ESTA COCINA ES TAN CHIQUITA = Quiero una casa nueva.

¿ME AMÁS? = Te voy a pedir algo.

¿CUÁNTO ME AMÁS? = y cuesta mucho dinero.

NECESITARÍAMOS = Yo quiero.

TENEMOS QUE HABLAR = Necesito quejarme de algo.

CREO QUE NO NOS COMUNICAMOS LO SUFICIENTE = Tenés que estar de acuerdo conmigo.

NO ME REGALÉS NADA, ASÍ ESTÁ BIEN = Quiero que me des una súper sorpresa.

NO TE MOLESTES = Preocupate.

ES QUE VOS YA NO ME QUERÉS = Besame y decime que me amás.

SÓLO PENSÁS EN VOS = Incluíme en todos tus planes personales.

NO TE PREOCUPÉS, ANDÁ CON TUS AMIGOS = Total, después me vengo y me voy yo con las mías (o con los míos…)

TE TENGO MUCHA CONFIANZA = Decime con quién vas, a dónde vas y a qué hora regresás.

Traduciendo cada expresión que se oye por su significado correcto no sé si te evitarás los problemas, pero al menos sabrás por qué hace días que ella (o él) ya no te habla…

Ahora los/las dejo… tengo cosas que hacer…

Mí amor, ya terminé con el blog:

¿TE GUSTARÍA IR AL CINE CONMIGO?

sábado, septiembre 06, 2008

Verídica historia de la ciudad de Rib. Segunda parte


...Sí, así era la vida en aquellos días lejanos, en la época del mundo que llaman el Cuarto Sol.
Entonces llegaron ellos.
Vinieron en balsas extrañas, henchidas de velas y crujientes al navegar, tan grandes como una casa, tan feas e inesperadas como una tormenta de la víspera del verano.
Los hombres menearon la cabeza al ver los navíos.
Las mujeres espiaron desde las ventanas aquellas amenazadoras barcas que, decían, ensuciaban el agua a su paso.
Los chicos y las chicas estaban, por el contrario, encantados con aquella esperanza de nuevas gentes y desconocidas aventuras.
Los barcos pasaban, uno a uno, río arriba hacia los salvajes países del norte. A veces se los veía volver, a veces llegaba la noticia de un naufragio, o algo peor, en los traicioneros recodos de aquella madre, ajena para los extranjeros.
Y pasaron los años. Los barcos pasaban, pero nunca se detenían, de vez en cuando los viajeros de paso contaban, ante el asombro de los habituales concurrentes de la Ración Generosa, de La Glorieta o de El Viejo Pescador (las tres posadas de Rib), acerca de aquellos exiliados, gentes con el mar en sus ojos, los cabellos como trigo o como noche, brazos fuertes y hablar incomprensible. De cómo habían levantado sus casa en los vírgenes claros del norte, o en las orillas de los indomables ríos occidentales y hasta se habían atrevido a subir hacia las tierras de arriba en busca de los Señores de la Piedra.
Pero muy pocos en Rib quienes los habían visto alguna vez. Y nadie creía en sus historias.
Un día, no obstante, ellos y ellas llegaron, era inevitable, por supuesto, pero las buenas gentes de Rib tenían las cosas muy en claro; vivían bien, vivían felices, contentos de como estaban las cosas y lo mejor que podía pasar era que siguieran como estaban.
El barco echó la pesada piedra que le servía de ancla a unas cuantas cuerdas de la orilla, Rib alguna vez tendría un puerto, pensaban todos, pero no por ahora,
Era la hora de la siesta.
Aquel día cambiaron las cosas.
Dicen que fue Don Doribio Guijarro quien los recibió, de ser así es seguro que al viejo arriero eso no debió gustarle nada pero, generoso como era, les habrá convidado con mates y, si era la época de lluvias, con esas sabrosas tortas fritas de su mujer; Doña Grisia. Sólo por eso, aseguran algunos, los extranjeros se quedaron en Rib.
Eran Exiliados del otro lado del mar; hombres en su mayoría, pero también venían silfos con ellos, y, dicen, unas personas parecidas a los karuyarí del norte, pero más rubias y sonrosadas. Usaban nombres sonoros y tenían sueños de grandes y nobles hazañas, pero el recodo del río los atrajo, el Agua Madre los llamaba con nombres que ellos y ellas jamás habían oído, pero que les llenaban el alma de nostalgia.
Levantaron sus casas en torno a la desdibujada plaza central; Plaza de Mayo, quisieron llamarla, en recuerdo de las fiestas primaverales de sus tierras septentrionales, pero pronto los ribarinos les aseguraron que para ellos los tiempos eran diferentes, y la llamaron la Plaza de Noviembre, y con este cambio de nombres los Exiliados renunciaron a su exilio y se volvieron, también ellos, sureros, gentes de esta parte del mundo.
Así, pues, en Rib habitaron las gentes de la tierra y las gentes venidas de fuera que se llaman qillca. Todo había cambiado, pero todo era igual, aunque ahora hubiese un palacio de piedra frente a la Plaza, se hablase una lengua mezclada entre la de los nativos y los exiliados y se viesen algunos cabellos rubios entre los ribarinos.
La ciudad prosperó con su nuevo puerto.

Hubo artesanos que se establecieron en ella para construir delicadas obras de maestría sólo comparable a la de los Antiguos.

Hubo comerciantes que traficaban con los lejanos Señores de la Piedra, con los Poderosos de Ultramar y hasta con los reyes boreales de más allá del cinturón del mundo.

Hubo guerreros que defendieron las tierras de los labradores.

Hubo grandes oradores que exigían mayores privilegios para la ciudad.

Hubo, en fin, una historia rica en sucesos, guerras y maravillosas creaciones de belleza trascendente.
No hubo, pese a todo, nunca un rey en Rib y los rectores, como ahora llamaban a los líderes locales, eran elegidos por sus iguales, los ciudadanos libres de Rib.
Así fue por largos años.
Entonces llegaron los días del imperio.


Una ciudad, ni tan lejana, ni tan cercana, extendió su hegemonía por toda la Tierra del Sur, se hizo llamar reina y proclamó la libertad para todos los habitantes del Sur... siempre que obedecieran sus dictados.
Aquella ciudad se llamaba Argyria y había sido construida por los Qillca que aún mantenían aquellos sueños de dominio traídos del otro lado del mar y de más allá del cinturón del mundo.

Era muy parecida a Rib, pero a la vez muy diferente, pero entre los ribarinos muchos la envidiaban y aspiraban a ser parte, siquiera, de su gloria. Entonces Rib se sujetó a su dominio y los ciudadanos libres se ufanaban de ser considerados argyrianos.


Con el tiempo Argyria llegó a sojuzgar a todas las tierras circundantes y aún más allá, hasta los países de los Señores de la Piedra. Antiguos, silfos, djinns y otras muchas gentes entre los pueblos que saben hablar, obedecían, o al menos no discutían, sus mandatos.
Argyria trajo paz a las tierras del sur, pero era una paz pesada y oscura, parecía la paz de los días de verano, nublados y opresivos, hasta que estalla el relámpago.


Rib creció entonces, sus calles fueron empedradas y se construyeron palacios a la vera del Agua Madre.

Hubo una plaza y hubo un gobernador, pero los ribarinos no habían cambiado; la plaza fue ocupada por los vecinos para intercambiar artesanías y noticias y el gobernador fue reemplazado por un concejo de padres.

Los argyrianos no intervinieron, porque Rib pagaba sus tributos, excepto en una ocasión, cuando los siervos (entonces había muchos siervos en el Imperio) se rebelaron y durante un año fueron los amos de Rib.

En aquella ocasión se combatió en las calles y los vecinos de Rib se dividieron, y muchos murieron en las mismas barricadas que los siervos cuando los legionarios qillca penetraron en la ciudad.
El sueño de libertad de los esclavos fue aplastado, pero no murió, y muchos ribarinos hablaban con orgullo de aquella ocasión cuando se enfrentaron, solos, al Imperio: la llamaban El Levantamiento.

Sin embargo nada dura para siempre y puede suceder, en ocasiones, que una heroica muerte honre una vida sin dignidad.

Continuará

jueves, septiembre 04, 2008

Verídica historia de la ciudad de Rib.




La ciudad de Rib existe desde siempre.

Los pobladores suelen decir que no tuvo fundador, pero esto es sólo una manera de expresar lo que todos saben; Rib es parte esencial de ese rincón del mundo, allá, en las provincias de abajo, en la Tierra del Sur.

Rib se llama así debido a que está ubicada sobre las riberas del río.

Es cierto que tuvo, otrora, otros nombres; fue una comarca, un paraje a la vera del camino hacia las provincias de arriba, un amplio espacio vacío entre una cañada barrosa y un arroyo con pretensiones de río, fue, también, un santuario olvidado y una próspera colonia de mercaderes; y cada vez le daban un nuevo nombre. Seguía siendo Rib y esos apelativos pronto fueron olvidados, había uno, sin embargo, que siempre recordaba; era un dulce, un sencillo nombre de mujer.

Como una mujer Rib se dejaba amar y odiar con la misma facilidad.

Estaba edificada a orillas de un río tan ancho y tan manso que no lo llamaban río; sino el Agua Madre, porque a ella le debían su vida, porque cerca de ella se sentían felices y, sobre todo, porque era tan serena y suave que los acunaba como sólo una mamá puede hacerlo.

Rib se decía ciudad pero era pequeña; unas pocas casas sobre las barrancas, una plaza donde se reunían a tomar sol por las tardes y muchos árboles generosos de sombra y frutos. Y muchos, muchos suburbios que se abrían en abanico desde la calle central, cada suburbio era, por cierto, una reproducción en pequeño de toda la ciudad, casi como esos espejos que se reflejan en otros espejos.

Rib era vieja, más vieja que el tiempo, y era joven, como una niña que despierta a su juventud.

Rib, finalmente, estaba habitada por gentes sencillas y laboriosas; pescadores en las cañadas de la orilla, labradores en los campos cercanos, artesanos un poco por todos lados. Tres tabernas, una sencilla torre, más vieja que el tiempo y deshabitada, algunos comerciantes venidos quien sabe de dónde. Muchos chicos, muchas niñas, muchos viejitos de mirada pensativa y muchas abuelas que amasaban el pan y preparaban el mejor dulce de leche de toda la provincia.

Eran gentes venidas un poco de todas partes, arribeños de rostro color tierra y ojos de miel, paisanos de a caballo de las extensas pampas del sur, canoeros, aventureros de las selvas del noroeste, serranos de cantarina habla y gentes del otro lado de la cordillera de voces suaves y de pausados gestos. Había pasado, sin embargo, tanto tiempo desde aquellas llegadas que todos las habían olvidado, eran ribarinos (así les gustaba llamarse) y no había un lugar mejor para vivir que esas barrancas altas y terrosas al lado del Agua Madre.

Los primeros, como todos saben, fueron los Antiguos. Ellos descubrieron la belleza de la Tierra del Sur y la amaron por primera vez. Establecieron los tiempos e impusieron los nombres, los verdaderos nombres, de las cosas. Partieron hace mucho aunque, en realidad, siguen presentes para las gentes de ojos y corazón abiertos, y uno puede verlos en los caminos solitarios, en las sombras del follaje a mediodía, en el claro de luna.

Después de ellos, oyentes rebeldes de los Antiguos, llegaron las gentes de la tierra; los Abuelos y las Abuelas que bajaron desde las selvas del norte después de andar largas lunas buscando una casa. Muchos la encontraron aquí, entre la cañada y el arroyo, sobre la barranca y frente a las islas. Y se quedaron.

Eran de distintas familias; las gentes de las pampas y las gentes de los montes, cada una con su habla, cada una con sus pequeñas o grandes historias, cada una con sus secretos anhelos.

Cada uno que venía se enamoraba de la ciudad.

Y se sentía un ribarino de pleno derecho, y era capaz de cualquier cosa para defender los títulos y los, dudosos, privilegios de Rib. Alababan a sus mujeres, doncellas alegres y hermosas de cuerpos torneados y andar sugerente, se enorgullecían de sus libertades, se complacían en su inmenso río, el Agua Madre, a veces una cinta de plata, a veces un camino azulino.

Y no querían alejarse de allí.

Cada uno que llegaba maldecía a la ciudad.

Y murmuraba de sus calles, nunca rectas y bastante estropeadas, de sus comerciantes rapaces y mezquinos, de su eterna condena a no ser lo que soñaban, de la humedad, del calor, los mosquitos y la lluvia.

Pero no se iban.

No había rey en Rib, ni tampoco había nada que pudiera llamarse ley, cada cual vivía con sus familias, familias de muchos tíos, primos, sobrinos y más parientes de los que uno puede acordarse, o con las familias vecinas, y todos estaban a gusto con la presencia de los demás. Desde hacía más de mil años, o quizás menos pero en Rib nadie sabía llevar muy bien las cuentas, no había habido guerras, robos, muertes o destierros, muchos chismes sí, alguna que otra niña en brazos ajenos también, bromas pesadas, unas cuantas (a los paisanos de la pampa surera les encantan las bromas pesadas) y discusiones, demasiadas e interminables, pero todo se arreglaba en las fiestas, y en Rib nunca faltaban las excusas para las fiestas.

Sí, así era la vida en aquellos días lejanos, en la época del mundo que llaman el Cuarto Sol.

Entonces llegaron ellos.


Continuará...

jueves, agosto 21, 2008

A long time ago, in a galaxy far, far away...

Uno de los post que más comentarios reciben es el dedicado al Libro de Mormón, es evidente que los muchachos LDS (Latter Day Saints=Santos de los Últimos Días) están muy activos en la Red...En éste agrego detalles poco conocidos de su mitología. No tengo intención de ofender, sólo de contar una buena historia...

En algún lugar del espacio profundo se encuentra el planeta (otros dicen estrella) Kolob. Un mundo paradisíaco con un extraño periodo rotatorio de mil días (es decir que un día kolobiano es un milenio terrestre) lo cual seguramente trae serios problemas a su medio ambiente.

En Kolob, o cerca, reside Dios. Un ser maravilloso, de gran poder cuyo cuerpo es el de un hombre maduro, de raza blanca.

La serie televisiva Battlestar Galactica estaba basada, en parte, en los mitos mormones.

Fuerte, autocrático y omnisciente, este súper ser no ha creado el Universo, ni la materia, que es eterna, y convive con miles, quizás millones, de inteligencias espirituales.

El nombre de este Dios es Elohim, pero también se lo conoce como el Padre Celestial y es posible que comenzara siendo un hombre, como nosotros, pero que con el devenir de las edades haya llegado (por caminos de los que poco y nada se nos dice), a convertirse en una divinidad.

De un modo misterioso, o no tanto porque algún himno mormón habla de la Madre Celestial, Elohim creó cuerpos espirituales (sea lo que sea eso) para algunas de esas inteligencias que vinieron a ser, así, su hijos. El primero de estos seres no fue otro que Jehová (el dios hebreo Yahvé), conocido desde su encarnación en el planeta Tierra como Jesús. Jehová, pues, es Dios pero un tanto menor que Dios, un igual no tan igual...

El Padre, quizás en sus noches de insomnio, diseñó una suerte de proyecto o plan director con la finalidad de que todos estos cuerpos espirituales llegasen a tener un cuerpo físico como el suyo y de este modo lograr "la completa felicidad" convirtiéndose en dioses de mundos por venir. Como el régimen de Kolob era una especie de monarquía constitucional, Dios convocó a un concilio de todos sus hijos para exponer los fundamentos de su proyecto. No parece que se tratara de una asamblea deliberativa, sino más bien informativa, y no se registra que, al menos en la sesión, hubiese voceros de la oposición...


El plan divino era de una sencillez asombrosa; los cuerpos espirituales serían enviados a un lejano planeta; la Tierra, donde recibirían un cuerpo físico. Allí, olvidados de su vida previa, deberían hacer la experiencia de ejercitar su libre albedrío escogiendo el bien, es decir la voluntad divina que podía incluir algunas acciones moralmente cuestionables como la guerra, la coerción y el robo de tierras, antes que el mal.

Como un auxiliar para estos seres exiliados; Elohim enviaría a un Líder plenipotenciario de manera que, siguiendo sus enseñanzas, aceptando su autoridad y renunciando al libre albedrío, fuese más fácil el ejercicio de la libertad...

Esquema simplificado, y traducido al inglés, del Plan Divino

Como si de una clase de obsequiosos alumnos se tratase; varias manos se alzaron para solicitar el privilegio de ser nombrado Líder de la misión, la elección divina, empero, recayó en Jehová (el futuro Jesús, ¿me siguen?) quien quedó designado desde entonces como Mesías.

No todos estuvieron de acuerdo con esta decisión. Lucifer, otro de los hijos de Dios, quería el puesto y tenía sus propias ideas al respecto. En efecto, su pretensión era que los futuros humanos fuesen obligados directamente a obedecer, más bien que guiados por sutiles presiones, y que se le otorgase esa misión a él mismo, quien sabría llevarla a buen término. En fin, la vieja disputa entre los incentivos morales y los materiales, condimentada con un debate acerca del liderazgo, lo que prueba que hasta en el Cielo "se cuecen habas".


Como resultado de esta discrepancia estalló la Guerra Celestial. Lucifer logró el apoyo de un gran número de rebeldes y se enfrentó con Jehová y sus tropas leales. No hay crónicas certeras de este conflicto, pero se sabe que Jehová fue el vencedor y que los rebeldes fueron expulsados de Kolob, quitándoseles la Tarjeta Verde (o su equivalente) que les permitiría encarnarse en cuerpos físicos.

Lucifer se convirtió de este modo en Satán, y sus aliados en demonios, dirigiéndose raudamente a la Tierra para molestar a sus futuros moradores e incitarlos a escoger el Lado Oscuro. Algunos añaden que, en consonancia con esta elección, su apariencia se volvió desagradable; es decir que se convirtieron en ángeles de piel negra.

El caso es que la Tierra no estaba todavía creada, por lo cual Elohim tuvo que proceder a formarla.

La tarea fue confiada a Jehová, para lo cual le fue otorgado el sacerdocio de Melquisedec (el mismo que hoy ostentan muchos líderes mormones), sacerdocio que es definido como un "dominio soberano".

En este trabajo de construcción, que hace recordar al Demiurgo gnóstico, Jehová contó con el auxilio de varios seres espirituales, ansiosos por ornamentar su futuro hogar, entre los cuales estaba Miguel, el famoso arcángel que se había destacado en la Guerra Celestial.

Una vez que se terminó de formar la Tierra, Dios mismo, con la asistencia de Jehová, hizo el cuerpo del primer hombre: Adán, tomando como modelo su propia persona, es decir que Adán era rubio, alto y de ojos celestes... ¡bueno tal vez, verdes!.

En cuanto al espíritu o alma del primer hombre, el propio arcángel Miguel se encarnó en él.

En cuanto a Eva no se sabe quien sirvió de modleo, ¿la Madre Celestial tal vez?, pero lo cierto es que recibió el espíritu de una de las hijas de Dios.

Adán y Eva, como se sabe, fueron colocados en el hermoso Jardín del Edén, (que no estaba, según una errada y extendida interpretación, ubicado en algún lugar del Medio Oriente sino en las cercanías de Independence, Missouri, Estados Unidos) y allí Dios les dio dos órdenes fundamentales; una de ellas positiva: tengan chicos (habría que imaginarlo a Dios con la voz del Padrino) y la otra negativa, la relativa al famoso Árbol del Conocimiento.


Es de público dominio que Eva y Adán tentados, según declararon el juicio sumario que siguió, por Satán comieron del fruto, fueron expulsados del Paraíso y tuvieron que avenirse, ellos y sus descendientes, a sufrir la muerte. Hete aquí, sin embargo, que esto no fue tan malo después de todo.


En efecto, los LDS aseguran que todo ya estaba previsto y que la caída les permitió, además de conocer el bien y el mal, ser capaces de hacer bebés…por lo cual se considera que el pecado de Adán fue la condición necesaria para que los humanos existiéramos, así lo afirma la misma Eva en el Libro de Moisés (inútil buscarlo, no está en la Biblia):

"Y,Eva su esposa, oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: De no haber sido por nuestra trasgresión, nunca habríamos tenido posteridad ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes".

Es decir que por ser desobedientes lograron el premio de aquellos que son obedientes ¿está claro?

Como sea, el caso es que los nuevos nacidos no podían regresar a la presencia de Dios, por lo cual el Plan se estaba cumpliendo y sólo faltaba la llegada del Mesías.

Unos cuatro mil años después de que Adán fuese enterrado en Adam-ondi-Ahman (un valle de Missouri ¿dónde sino?) Jehová vino al mundo en "el país de Jerusalén", engendrado por Elohim en María (dicen que de un modo parecido al que utilizaba Zeus con las mujeres mortales), momento en el cual tomó el más conocido nombre de Jesús.

Jesús, de quien también se dice que estuvo casado, organizó no una, sino dos iglesias como puntales para su misión terrestre, que consistía, como vimos, en preparar el regreso al planeta Kolob de los hijos de Dios; ahora con cuerpo físico.

Una de estas iglesias estuvo ubicada en el Mediterráneo Oriental, la otra en algún lugar de América (el istmo de Tehuantépec para algunos, la región de los Grandes Lagos para otros).

Ambas, sin embargo, fracasaron en su cometido.

La iglesia del Viejo Mundo fue presa temprana de la corrupción y se volvió una entidad abominable.

Más pura, la iglesia americana duró casi cuatrocientos años hasta ser destruida por sus enemigos, los indios lamanitas...

El plan parecía fracasar, Lucifer era ahora el Líder indiscutible del planeta Tierra y el retorno a Kolob parecía imposible para los hijos de Dios.

No todo, sin embargo, estaba perdido, mil ochocientos años después surgía una nueva esperanza destinada a reparar los errores de Jesucristo.

Érase un joven granjero, que vivía en un remoto rincón del condado de Wayne, estado de Nueva York…



Todo cuanto se cuenta aquí ha sido tomado, y chequeado, en fuentes del movimiento LDS y se basa, sobre todo, en las traducciones que hizo José Smith de unos papiros egipcios que resultaron ser escritos de la "propia mano" de Abraham, el Patriarca bíblico. Investigadores modernos, incrédulos, sostienen que en realidad se trataba de vulgares copias de un texto egipcio tradicional; El Libro de los Muertos pero, por supuesto

¡ellos no han orado para recibir sabiduría!

Facsímil de una parte de los papiros traducidos por Smith. Según él es una escena de la estancia de Abraham en Egipto, según los egiptólogos parte de los rituales funerarios en el país del Nilo.


Este video, un joyita, resume muy bien las creencias mormonas y lo hace en forma de dibujos animados. Tengo entendido que ha sido "prohibido" por la Iglesia LDS, pero vale la pena verlo (aunque esté en inglés)


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gadores modernos, incrios. odo enpados morales y los materiale ha llegado por caminos porco

miércoles, agosto 20, 2008

Primera Directiva







Lo confieso, soy un fan de Viaje a las Estrellas (Star Trek), un poco por "aparato" como dice una amiga, un poco porque es una de las series de Ciencia Ficción más inteligentes y además porque... pero no es ese el tema.


En los viajes espaciales que imagina la serie, los protagonistas; pertenecientes a la muy democrática y multicultural Federación Unida de Planetas, (una especie de EE UU como deberían haber sido, una suerte de ONU más eficaz) suelen encontrarse con civilizaciones alienígenas en distinto grado de evolución tecnológica.


Las relaciones que entablan con ellas, y que dan origen al conflicto dramático, están codificadas en una suerte de código ético conocido como Primera Directiva (o Directiva Principal, según las traducciones, en inglés es Prime Directive) que establece básicamente la no interferencia de los viajeros en el desarrollo social o cultural de las sociedades que estén en una etapa tecnológica "inferior"; es decir que no tengan naves capaces de viajar entre sistemas estelares.

En otro momento y lugar podríamos hablar de lo que implicaba esta característica de la serie (ideada por su creador Gene Roddenberry) para la narrativa televisiva de su época y en relación con una visión filosófica que es, en último término, de raíz iluminista. Hoy quiero concentrarme en un aspecto más cotidiano.

Sin necesidad de exploraciones estelares podemos encontrar, en este mundo nuestro, diversas culturas diferentes. El proceso de globalización, iniciado en el siglo XV, hace que unas y otras se relacionen cada vez más, pero hoy sabemos que siguen existiendo grandes diferencias entre ellas.

La Historia ha sido la gran forjadora de estas distintas visiones y maneras de estar en el mundo.

A lo largo de los siglos cada comunidad humana ha desarrollado su propia escala de valores y la ha codificado en la forma de costumbres ancestrales, tradiciones religiosas, relatos mitológicos o fórmulas legales. También el contacto entre estas culturas; que puede ir desde las relaciones de dominación, incluso de explotación, hasta las de simple vecindad determinó respuestas que hoy nos afectan a todos.

El problema es, entonces, el de la convivencia y el respeto.

Algunos pensadores plantean que las costumbres y la moral de una de estas culturas, en concreto la Occidental, deben servir de norma para todas las demás. Señalan que Occidente, en alguna de sus variantes; anglosajona, latina o eslava, es la única cultura capaz de reflexionar sobre sí misma, la única que se plantea la moral de sus actos y la única, en fin, que puede garantizar un equilibrio entre deberes y derechos entre todos los humanos. Otros añaden, aún, que el formidable desarrollo tecnológico de Occidente es prueba de su capacidad, que ese mismo desarrollo es consumido ávidamente por las demás culturas del mundo y que, por lo tanto, el modelo occidental debe prevalecer sobre los demás.

La Primera Directiva, para los sostenedores de esta posición, no podría aplicarse en nuestro planeta por la sencilla razón de que la cultura occidental es la meta que deben alcanzar, más temprano que tarde, todos los seres humanos.

En otros ámbitos se cuestiona esta postura y se marcan los enormes crímenes que promovió la conquista occidental del mundo, así como el desprecio por las demás culturas de la Tierra a las que, muchas veces, calificó como inferiores.Proclaman que la tolerancia y el respeto son valores esenciales para la convivencia entre los seres humanos, por lo que toda cultura tiene derecho a seguir sus propias costumbres y normas. El avance tecnológico no da derecho a ninguna prerrogativa y de hecho muchas de las sociedades consideradas “inferiores” poseen principios y valores que superan a los de Occidente y, en algunos terrenos, como la medicina, la ecología o la filosofía lo superan ampliamente.

Los defensores de esta tesis abogan, pues, por una suerte de Primera Directiva adaptada a nuestro planeta en la cual se supriman los juicios de valor sobre otras culturas y no se interfiera con su desarrollo interno.

Estas dos posiciones dejan de ser teóricas cuando nos encontramos con la necesidad de dar una respuesta concreta a la realidad de los movimientos masivos de población, a la presencia de grupos étnicos de diverso origen conviviendo en el mismo territorio, a los reclamos de autodeterminación de distintos colectivos humanos que reivindican sus culturas ancestrales, a los enfrentamientos entre portadores de diferentes visiones del mundo, al miedo al extraño y a la xenofobia.

Si nos decantamos por la solución de los que ven en Occidente la expresión más avanzada de la cultura humana y el modelo a seguir, debemos preguntarnos:

¿Se deben imponer esas normas por encima de aquellas que son tradicionales entre gentes de otro origen? ¿Cuál es el límite? ¿Debe existir algún tipo de respeto o consideración para con las costumbres ajenas? ¿Se obligará, por caso, a hablar inglés o alguna otra lengua occidental al resto del mundo? ¿Se impondrá este modelo a como dé lugar, usando la fuerza si fuera necesario?. Y, más importante, ¿es posible hacerlo? ¿Cuál es su costo? ¿No se generará una mayor resistencia por parte de la cultura “invadida”? ¿No se reforzarán aquellas características que, Occidente, considera indeseables?

Por el contrario, si se defiende la tolerancia y la multiculturalidad: ¿Debe guardarse respeto también a las culturas que resultan irrespetuosas? Dicho de otro modo; ¿se puede ser tolerante con gentes que defienden la intolerancia? ¿El hecho de ser el fruto de tradiciones ancestrales, les confiere algún derecho especial? ¿Qué hacer con respecto a la discriminación cuando los que la llevan a cabo pertenecen esa misma cultura que no se quiere discriminar? ¿Cómo actuar cuando el otro pretende imponer su escala de valores, más aún, cuando sostiene que de no aceptar esta imposición se lo está oprimiendo? ¿No se fomenta de esta manera aquello que se desea evitar? ¿Cuál es, otra vez, el límite, esta vez del respeto?

A poco que miremos a nuestro alrededor descubriremos que no se trata de preguntas ociosas, por el contrario, la aplicación o no de la Primera Directiva en el trato entre las culturas mundiales es, seguramente, el dilema fundamental del siglo XXI.

Y ya no se trata de Ciencia Ficción…